Soltera

- Sí. – contestó Pablo, con la cara blanca, sin una gota de sangre.
– ¿Solo sí?

Y Pablo dijo:
– Bueno… qué quieres que te diga…
– ¿Y con esa puta?

Entonces Pablo dijo:
– No la llames puta, no la conoces, ella no sabe lo nuestro.

Y Noemí, treinta y cinco años, tres meses, dos días y diecisiete horas con treinta y cinco minutos después de nacer, dijo:
– ¿Lo nuestro, gilipollas? ¡Llevamos cinco años casados!
Los ojos de Noemí rezumaban asco. Ni tan siquiera sentía cabreo. Solo asco de su marido, que había sucumbido a la piel mas tersa de una chica de diecinueve años. Diecinueve. Y sí, Noemí tenía treinta y cinco. Quince años de relación al traste porque los pechos de Cristina, la amante, aún eran jóvenes, y señalaban, amenazantes, a cualquier cosa que estuviera frente a ellos. Diecinueve años de carne. Quizá sea la debilidad humana, o que los hombres son más débiles que las mujeres, o vete a saber. O a lo mejor es la libertad relativa que da el no tener hijos. O quizá no es nada de todo eso. Quizá solo sea cuestión de fricción.
Y todo se transforma en un divorcio frío y material, con repartición de bienes y todo cuanto conlleva el hecho de que el culo y los pechos de Cristina fueran aún perfectos. Pablo tenía treinta y cinco también, y su mujer esperaba a que Pablo terminase su libro. Así que, supuestamente, Pablo ese día tenía que estar escribiendo cuando Noemí volvía del trabajo, inesperadamente, por un día festivo que le tocaba y no recordaba.
Y Noemí llegó a casa y vio a Pablo en la cama desnudo, y escuchó la ducha, y una voz de chica canturreando. Y entonces Noemí frunció el ceño. Noemí preguntó: ¿Me la estas pegando?

Dos años. Y con el tiempo la esperanza de Noemí va desvaneciéndose; la esperanza en general. Treinta y siete años. ¿Algún tío de cincuenta dejaría a su mujer de cincuenta para liarse con una de casi cuarenta? ¿Eh? Eso se pregunta Noemí cada vez que se mira al espejo. Y hace siempre que no con la cabeza. La piel suave de la juventud tiene la exclusiva para los hombres. El piso de soltera se hace cada vez más pequeño, o más grande, no lo sabe. Se siente como una yonki de compañía amorosa, aunque solo sea temporal. Las amigas ayudan, pero no puedes hacer ciertas cosas con ellas, ni demostrarles según que, y no, no se trata solo de sexo. Muchas veces ha pensado en probarlo con una mujer, pero le extrañaría besar a alguien que no tiene un bulto en el pantalón.

Ir a cualquier centro comercial se convierte en pasar una hora en la sección de belleza. Quizá la industria del rejuvenecimiento pueda hacer parecer a Noemí más apetecible. Cremas, tintes, colonias destiladas con líquido extraído de las ballenas, atrocidades, anuncios de madrugada, milagros embasados, ventosas… Esas máquinas del tiempo con las que cuenta Noemí. Potingues, Bisturí. Y con todo, las chicas que salen en los anuncios tienen cara de haber usado apenas unas cuantas compresas. Cremas antiarrugas para gente sin arrugas, piensa Noemí. Mucho dinero para los que tienen mucho dinero. Y se mira siempre en el espejo. Bienvenida al mundo, a tu vida.
Ser soltera es duro. O eso le hace creer a Noemí todo lo que le rodea. Se siente como una reclusa. Una jaula enorme llena de publicidad e intereses. Mire a donde mire ve bodas y parejas agarradas de la mano. Anuncios y películas le hablan de la familia, y hasta las series supuestamente más modernas hablan de personajes en su continua búsqueda del puñetero príncipe azul; hasta los personajes masculinos lo buscan.
Y sus padres son los peores. Ella es influenciable como cualquiera, pero sus padres son directamente esclavos, y no lo saben. La gente que te rodea y la publicidad. Esos barrotes perfumados invisibles. Suena a tópico pero es tan cierto como que la sangre es roja. La libertad individual no existe, piensa Noemí, lo mas cerca que estarás de eso es hacerte rastas.

Así que todo parece valer hasta que la verdad te da en la cara.
– ¿Prostituta? Vale…
– Lo digo porque hay gente que no quiere meter a una puta en su coche, y solo quiero transporte.
Noemí decidió salir a la aventura. Navegó de trabajo en trabajo y ahora esta en el paro. Hoy cogió el coche y salió sin rumbo; eso tan romántico, que lo es, sobretodo, los momentos antes de subirte al coche. Lara es prostituta y estaba haciendo dedo. A Noemí le da por parar y recogerla.
Paran en una cafetería, en una estación de servicio. Están sentadas con sendos cafés delante, hablando, y con un cenicero que suma siete colillas. Cinco son de Lara.
– ¿Y dónde guardas el dinero? – dice Noemí.
– No te importa…
– Perdona.
– …
– No sé, yo solo quiero encontrar alguien que me atrape, como mi ex, pero sin lo de los cuernos.
– ¿Y quieres tener hijos?
– Me gustaría…
– Pues espabila, o lo único que te atrapará será la menopausia. Yo ya no me preocupo de los niños, tengo cuarenta y siete años. Y una puta no cotiza.
– ¿Tienes… tienes hijos?
– No.

Tres cafés y varios cigarrillos después, se marchan. Noemí deja a Lara en su casa, un piso con una pinta horrible, visto desde fuera. Lara es la única persona que le ha sido sincera en mucho tiempo, piensa Noemí. Y también piensa que debe ser porque ya no tiene nada que perder. Las personas que tocan fondo a ojos de la sociedad, a cierto nivel, sacan lo mejor de si mismas sin esfuerzo. Si lo piensas detenidamente es para ponerse a temblar. Dale la vuelta al asunto, y sentirás terror.
Era, el de la sinceridad, un motivo más que suficiente, y Noemí y Lara intercambiaron teléfonos. La persona que te dice la verdad será la que te quiere. La mentira por compasión es autocomplaciente, piensa Noemí, hipócrita; lo es la mayoría de veces. Se hace para evitar discusiones y problemas. Si tú no lloras yo no tendré que esforzarme por consolarte, y poco a poco te mueres, rodeada de mentiras, por culpa de los que decían quererte.

Noemí, al cabo de un tiempo, propone a Lara que se venga a su piso y que deje el suyo. Entre las dos pagan el alquiler. Una amistad a primera vista. Dos mujeres que se quieren y se dicen la verdad. Alegría, y sin maridos; y sin niños alrededor. Qué más puedes pedir que tener a tu lado a alguien buena y sincera. Muy pocas tienen esa suerte, otras aguantan, y algunas hasta mueren, asesinadas. Pero ellas dos no, ellas se quieren y se dicen la verdad. No hay medias tintas. Todo es transparente. Y además Lara ya no se prostituye. Lara encontró trabajo como cajera. Eso dijo. Y Noemí le dio un abrazo.
Con el tiempo las dos tienen trabajo. No serán ministras. Pero follarán más que ellas. De vez en cuando llegan ligues a casa, siempre a pares. Algunos dirán que son chicas fáciles, piensa Noemí. Y tendrán razón, pero se es lo que se quiere.
En el nido de Noemí y Lara no hay sitio para la hipocresía. No hay sitio para la doble moral. Solo hay sitio para la verdad. Transparencia, crudeza, irrealidad. Es lo que se llama independizarse de la demás gente. Basta con no modelar una pose, que es la que enseñas, piensa siempre Noemí. Basta con no esforzarse por parecer otra cosa.

Un día, Noemí, se encuentra un folio doblado dentro del buzón. Es una carta de amor. No va firmada, ni aclara a quién va dirigida. Noemí entra en el piso con la carta en la mano. Nada mas ver a Noemí Lara comienza a hablar;
– Me he pasado la mañana temblando de nervios en el curro. No se puede fumar allí.. Quieren un mundo sin humos. ¿Has visto la fábrica que hay en los morros de nuestro piso? …

- Es igual Lara… mira.
Noemí le pasa la carta a Lara.
– ¿Es para ti?
– No lo se, no pone para quién es…
– Será para ti, para quién sino. Vale que los tíos se me follen, pero de ahí a escribirme declaraciones de amor…
– ¿No podría ser un antiguo cliente tuyo?
– No, dejemos las cosas claras, tú eres la guapa, ya lo tengo asumido, tengo cuarenta y siete años.

Y así, día tras día alguien deja un folio doblado, que no aclara nada. Solo prosa que intenta ser bonita. Poesía barata, como de alguien que lleva demasiado tiempo dedicándose a otras cosas que no son escribir. No hay descripciones de la mujer amada. No hay nada; solo flores, amaneceres, el mar, tus labios, tus ojos y más y más cartas.
La curiosidad crece entre las dos mujeres. No saben quién es la elegida.

Al cabo de los días Noemí coge el teléfono, que suena. Cuando Lara debe estar apunto de llegar del trabajo.
– ¿Diga?
Y después de un silencio;
– Ya sé como te llamas, Lara, mira por la ventana…
Y cuelga.
Noemí asoma la cabeza por la ventana. Un hombre de unos treinta años y cierto atractivo sonríe guardándose el móvil, y dice;
– ¡He dejado la última carta! ¡Perdona si te he molestado! ¡Si te intereso da a devolver llamada!
– ¡Oye!
Pero el tipo ya casi ha doblado la esquina.
– Yo no me llamo Lara… – dice Noemí para sí misma.
La ha visto claramente. Alguien le ha informado mal. Nadie las confundiría. Seguramente algún vecino de los que piensan que son lesbianas se ha ido de la lengua. Alguien la ha cagado. O quizá haya sido únicamente por joder. Todo el mundo sabe que Lara ha sido prostituta. Es la puta. De hecho aún lleva la misma ropa. Pero no. Solo es puta por fuera, piensa Noemí. Por dentro ninguno sabemos lo que somos.
Noemí baja corriendo las escaleras hasta los buzones, pero bajando se tropieza con Lara, que lleva un folio doblado en la mano.
– Otra carta de tu admirador. – dice, con una sonrisa cansada.
– Eh… ya… – murmura Noemí, que no sabe si decir algo. Si alguien necesita arrumacos en el mundo, esa Lara. Y todos los seres humanos tenemos esa droga, piensa Noemí, esa droga, en la sangre; eso que llaman esperanza. Eso te puede matar por dentro en pequeñas dosis.
Lara se sienta en el sillón y lee la carta. Al acabar, los ojos se le humedecen. El papel tiembla un poco. Una sonrisa aparece. Porque la carta acaba. Y porque al final pone:
“Para LARA”
Y quién es Noemí. Quien es ella para truncar ese momento. Cómo decir lo correcto cuando lo que más quieres intenta disimular su satisfacción.
Y no, Noemí no dice nada. Con el primer gesto que hace Lara después de leer la carta, tumba una jarra de agua de la mesita que tiene al lado del sillón. Después se queda quieta otra vez, incrédula. Noemí, sin decir nada, aparta la mesa y en el reflejo del charco cada vez se ve más de Lara, sosteniendo aun el papel entre las manos. Su droga.

Pasan dos días y Noemí no encuentra el momento de ser fiel con sus principios. No sabe en qué momento decirle que todo es un error. Joder, la vida es un error. Treinta y siete años, dos meses, tres días, diecinueve horas y cuarenta minutos después de nacer, Noemí se pregunta: ¿Quién coño planea estas cosas?
En un impulso le da por ir al supermercado y decírselo allí mismo, pero no la encuentra. No la ve. Vuelve a casa. Tiene que esperar a que llegue a casa. Hoy tenía el turno de tarde. Espera, piensa. Espera.

Cuando hace una hora que debería haber llegado Lara, suena el teléfono;
– Oye… – dice la voz de Lara, renqueante – p… puedes pasar a r…. recogerme
Se empiezan a oír sollozos. Se oye tráfico de fondo, coches pasando a mucha velocidad.
– Un tío… u … un tío me ha pegado y… y me ha dejado tirada en … en el arcén de la autopista… No… no para ningún c… coche…
Se la oye sorber un par de veces, y cuelga. El arcén de la autopista. Noemí coge la salida más habitual de la ciudad. Pasan siete minutos, y al fin la ve, tirada a un lado cerca de la línea pintada, y muy cerca de los coches, que pasan a toda velocidad, aminorando un poco si ven el lastre, volviendo la vista atrás.
Noemí aparca cerca de ella. Sale del coche. Está tirada boca abajo y sangra por la cabeza. Ya no se mueve. Noemí se sienta al lado de ella. Se comienza a atragantar, solloza. Se da cuenta de muchas cosas; de los errores. Nadie contrataría a Lara como cajera. Y un cliente la ha matado.
Noemí llora porque ahora piensa que un día se sintió inferior a una chica de diecinueve años y quería a Lara porque se sentía muy superior a ella y, ni que decir tiene, mucho más joven. Porque todo parece valer hasta que la verdad te da en la cara. Noemí se calma al paso de los minutos y de los coches que pasan como flechas. Noemí ve caer otro castillo de naipes en su vida. La vida de soltera. Saca un cigarrillo al lado de la mujer muerta en la que ahora piensa que solo proyectaba su furia. Al llegar a casa cogerá el teléfono y dará a devolver llamada. Aún, todo parece valer. La noche es limpia y el cielo claro. Noemí se acerca a la cabeza reventada de Lara. La observa. Y en el charco de sangre que brota de la cabeza de una puta, cada vez se reflejan mas estrellas.

 

 

 

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12 comentarios en “Soltera

  1. Hola:

    Interesante historia, pareces no cambiar tu fijación con las putas. Mala experiencia te han dejado, hijo. Que pena. La persona del encargo dijo haber tratado de ayudarte cuando se lo pediste a Carlos el día que la llamaste puta por el msn, pero no ha podido y pareces seguir enfermo. Vana preocupación y gran perdida de tiempo pasear entre tu chanchada escrita. Qué más da, igual a cumplir el encargo.

    Este es el mensaje de alguien más y del grupo de personas que le hacemos compañía, -entre ellas, 2 psiquíatras, 1 Dr. en Literatura, otro en Antropología y un sociólogo, 3 amigos dedicados al ejercicio de la Ingeniería Administrativa, 2 psicólogas, 1 master en Economía, 3 estudiantes de pre-grado en Humanidades, más 5 amigo/as agregad@s en las últimas semanas-:

    Solo venimos por una vez a comentar, invitados por alguien más-te leemos/analizamos en grupo- para ahora venir a decirte unas cuantas.
    Primero, para tranquilizar la paranoia que te ha carcomido con los insultos durante tantos años y meses hacia ella. “Lara” -si quieres llamarla así-, sabe quién eres, X, lo sabemos todos. Sabemos quién es Maria**, Grotxo el terrorista de la internet, la Señorita Decente, Álvaro, La mujer Desesperada, Banderas, Martha de Esparta y Dani Demente, y otros tantos. ¿Este último tiene problemas de identidad, hijo?
    Qué te parece esto: “Lara” supo quién eras cuando la invitaste por “n” vez al cine haciendote llamar “Emilio” y te adjudicaste una edad de mocozuelo como los otros seudónimos de tu calaña. Ella no fue sola -precavida si lo es-, fue porque sabía que eras tú y estaba acompañada de otras 3 personas separadas a tiempo antes de ingresar a la sala cinematográfica el año pasado. ¿Que os parece? ¿Sorpresa, sorpresa? Corroboraron su sospecha ese mismo día dos de los acompañantes. ¿Quién es el suspicaz, ¿quién el/la inteligente? Subestimas a la gente, ñaño. Hay otras anécdotas graciosas, seudónimos varios intentando hacerse pasar por ella para mellar su persona sin lograrlo. Rabia barata tienes para sofocarte cuando ella te ignora e ignore soberanamente tus insultos. ¿Crees que se podría dar el trabajo de responder cojudeces cuando tiene tantas cosas qué hacer? Todos sabemos de que parejita provienen ;)

    Segundo, “Ella” no es una mujer de la “vida alegre”, nunca lo ha sido ni lo será, así no te cuadre detective de las moscas, acepta la verdad, no hay otra. Esa fue la invención deformada e insultante de Aladino Antonio un día que no midió las consecuencias de sus grandes ingenios en sus afrodisíacas clases universitarias. Qué bien enterado, ¿cuál de tus amiguitos dateros te pasó la voz, retoño? Caro te ha costado, hijo. Caro le sigue costando a él, pero nos da lástima por ti. Al salir de clase ella habló con la “abuela Carmela” sobre el gesto del teacher, la historia siguiente es larga y no tenemos tiempo para el dato. ¿Qué te parece?

    Tercero, ella es superior a todas la historias llenas de humo que jamás podrás imaginar porque jamás la has tenido ni podrás tenerla. Si algo la convenciste una vez literariamente con tus lágrimas de Cocodrilo Verde, hace tiempo lo perdiste porque alguien superior a tus despojos miserables siempre ha estado triunfante en su corazón y se la ganaba. No es lo mismo, hijo, Abre los ojos. Una mujer hecha y derecha como ella es superior a la imaginación y a la invención asquerosa que llevas en el cerebro por causa de tanto acto manual -te falta trabajar, hijo. Ni sueñes, fijarte en ti sólo las putas que te gustan.

    La bondad no la comprendemos, mas para comprobar la de esta mujer agregamos algo. Todos estos meses esta mujer hecha y derecha ha tratado de ayudarte por todos los medios posibles. Has visto como se ayuda a un perro sarnozo tocado de rabia únicamente por conmiseración y bondad, pues esas virtudes no olvidadas por ella pese a todas tus innumerables faltas, bajezas e insultos reiterativos en ciertas páginas de tu parte, no la han separado de ese camino recto. Hasta la fecha seguimos tomando nota de todas las veces en que has continuado involucrándola con todas tus cojudeces, con tus comentarios disfrazados de una mujer inimitable. ¿Tan ociosa estás, niñ@?, ¿la homosexulidad te trae louita caliente, chavo? El consejo: Practica deporte o algún otro hobbie en las horas libre, hijo.

    Todo eso y más la ponen a ella por encima de ti y la “Vendetta de la vida alegre, Miriam, Martha, Alba” por la que clamas desde hace tiempo. La muchacha no te ha perdonado pues ni disculpas le has pedido, pero tampoco te denuncia frente a nadie, sobretodo por una gran conmiseración que ninguno de nosotr@s poseemos ni tendremos paciencia de alimentar. Queda entre nosotros, Álvaro de aguas calientes. Esa será tu carga, tu asco y tu culposa vergüenza saberte descubierto por nosotros. Te guardaremos celosamente el secreto hasta que alguien más lo descubra. Animalejos de tu calaña solitos se pierden, si no logran salvarse.

    Si algo ama y a alguien ama ella no eres tú. Jamás podrás ser tú, así que baja de tu nube niño malo que nadie está tras tu miseria ni tu afán escrito. Diversión a rabiar tenemos con la cuenta comunitaria sin palabras. A lo mejor y aciertas quienes somos. Échale una apuesta al acierto. ¿Qué te parece? Tus minucias para las per-ras, retoño.

    Si sigues enfermo pese a la ayuda brindada por meses no es la culpa de nadie, en tus manos estás. En alguna oportunidad mírate al espejo, evalúa las cosas y luego búscate un psiquiatra hijo, a nadie engañas más que a ti. Te vendrá bien, lo verás. Sino nos crees, te hacemos saber algo: los problemas tienen arreglo si nos empeñamos en buscar soluciones cuerdas y honestas sin dañar/engañar a ajenos. A nosotros hace meses no nos engañas.

    Todo tiene su final, tu equipo de lectores se despide de ti deseandote buena suerte.

  2. Jordi,no sabía que tenias “un equipo de lectores”…que importancia chico…no me extraña,donde hay categoria…
    El relato como siempre,para pensar mucho: La mentira por compasión,el miedo a la soledad,la hipocresía de la sociedad…
    Tienes una imaginación desbordante,(ya sabes que te envidio)…pero me conformo con poder leerte.
    No cambies
    Un beso enorme…

  3. Está claro, A. G, que has perdido un montón de tiempo escribiendo todo eso. También está claro que para algunos estoy creando un monstruo con este blog. Tú y todo tu equipo de analistas (te juro que alucino) habeis estado analizando FICCIÓN, y sacando conclusiones que se basan en ideas que yo he tenido para escribir ficción. Supongo que me confundis con alguien. Este relato lo escribí hará como tres años. La tal Lara solo existe en el relato, y no se basa en ninguna persona real en concreto.
    Por algunas de tus expresiones parece que eres sudamericano. Bueno, pues yo soy catalán (España), me llamo Jordi, y no sé con quien me confundis, pero estáis en un error. A no ser que os gusten los relatos, no sigais perdiendo el tiempo.

  4. Oye Jordi, aquí hay tema para un posible relato, ¿no? No sé si has clicado en el enlace del primer coment. Es de un blog de alguien catalán, aunque si es verdad que el estilo es de sudamericano…que raro…

  5. @jordim
    Una puntualización: Noemí llora al lado del cuerpo de Lara muerta, hay una frase que escribes que dice: “Lara se calma al paso de dos minutos…” ¿Realmente quieres decir Lara, que ya esta muerta, o quieres decir Noemí?

    @A.G.
    ¡Qué bueno que viniste! Jajajajaja.
    No me preocupa el grupo de personas que os habéis asociado, ahora en nuestro país esta permitido, en el que solo encuentro a faltar una bibliotecaria y un sifilítico..¡perdón! filatélico.
    Me preocupa el alguien más a quien hacéis compañia ¿Podrá superar el grupo que habeis formado?

    @Lara(la real)
    Me veo obligado a llamarte así, cuidadín con la santa compaña que te asesora, dan un poco de miedo. Sin duda Jordim con toda su imaginación es mucho menos peligroso.

    @Noemí(la ficticia)
    No esta sola/o quien no tiene a nadie al lado sino quien vive esa circunstancia como algo insoportable.

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