Natalie Pink

Natalia nunca pensó dos veces las cosas. Para qué, se decía. Tenía esas tetas que hacían que otras mujeres buscaran costuras pos-quirófano cerca de sus axilas mientras paseaba por la playa. Cuando tenía diecisiete años ya estaba apunto de descubrir la gran capacidad de dilatación de su ano. Sus decisiones irrevocables provocaban hechos así. La vida tenía que ver sobre todo con una buena lubricación. El futuro era percatarse de que no siempre iba a conseguir llegar al orgasmo.

Y fue en la playa, el día en el que su vida se enfocó hacía la industria del sexo. Alguien habló con ella. Había mucho dinero de por medio. Y Natalia pensó: Sí. Y no pensó nada más respecto a ese tema. Muy bien, ya está, lo haría. No lo pensó; no entonces.

A los productores les gustaba su nombre. Solo le faltaba el toque anglosajón, cool. Ella iba a ser Natalie Pink.
Su padre la echó de casa. Su madre lloró. Hubo unos cuantos portazos, y lágrimas, todo eso; la versión moral y comercial de quien se declara homosexual a sus padres sesentones.
A los veinte años trabajaba en España, en Estados Unidos y en cualquier país en el que el porno moviera dinero. Así que Natalia viajaba por todo el mundo, sonriendo, buscando siempre el ángulo adecuado para que se viera cómo la polla de turno cambiaba de su bulba a su ano. Y después lluvia de esperma en la cara. Todo era mecánico, la cadena de montaje del sexo. El porno al sexo era lo que una novela rosa al amor. Demasiado cuadrado. Natalia solo se concentraba en no pensar en el tío a quien se la chupaba. Se centraba en la siguiente jugada. Mamada de ella, mamada de él, penetración vaginal, penetración anal y orgasmo masculino: fin de la cadena. Y vuelta a empezar cuando el teléfono volvía a sonar y había que hacer la sexta o séptima parte de una saga de colegialas de éxito.
Y dinero a mares.
Y pronto comenzó a notar cómo de repente algunos hombres se la quedaban mirando por la calle, aún más que antes. Todos esos tipos responsables. Y al paso del tiempo seguía pensando que un día surgiría alguien. Y a ese tipo encantador que haría que ella se replantease su vida le tendría que contar cómo se quedó sin amigas, y cómo todo aquel que parecía quererla la había abandonado, para comentar a sus conocidos que tenía una amiga que era actriz porno, y que sí, seguía siendo muy amiga suya.

Hay un subgénero pornográfico llamado “Bukkake”.
Natalia no tuvo que enamorase para dejar el porno. Un día el teléfono sonó, y al otro lado de la línea, su representante preguntó que si quería rodar eso, el Bukkake. Y Natalie Pink dijo que sí. Aunque Natalia estaba algo preocupada. Ella había visto eso antes. Las actrices porno saben cuánto esperma pueden tragar antes de comenzar a vomitar.
El Bukkake consistía en que siete u ocho tíos se turnarían para montárselo con ella. El verdadero objetivo del Bukkake es que la actriz quede tan bañada en esperma que ni tan siquiera pueda abrir los ojos. Al final queda una sonrisa mecánica y los ojos cerrados hasta que alguien grita corten.
Y la verdad es que no comenzó demasiado mal. Todo parecía ir como siempre. Ella recibiendo embestidas y ellos con la cara roja, las venas hinchadas; algunos hasta arriba de métodos artificiales para erectar.

Pero todo se complicó cuando comenzaron a correrse; la cumbre del sexo comercial, el momento clave. Natalia comenzó a tragar casi sin querer, y después algunos de los tipos empujaban la cabeza de Natalia para correrse dentro de su boca, en su cara. Nadie detenía la escena porque la escena era así. Lo que te venden como algo excitante.
Natalia vomitó el desayuno con todo el esperma. Y al ver el chocolate de por la mañana salpicado por el suelo, se dijo que lo iba a dejar. Ella sólo quería a alguien. Eso tenía en la cabeza. Pero aún no había nadie. No surgía nadie. Y además, tenía tanto dinero que no iba a pasar nada por pasar una temporada mirando al techo de su apartamento con la televisión gritando de fondo.
Con veinticinco años Natalia intentó volver a comenzar. Intentó labrarse un futuro y conocer a alguien que no la viera como la gallina de los huevos de oro. Los antiguos amigos no contestaban sus llamadas. Sus padres no creían que lo hubiera dejado y no la dejaban entrar en casa. Porque a cierto nivel estaba muerta. No tenía hermanos. Y los familiares eran demasiado lejanos; eran desconocidos en realidad, y ella ya era el deshecho de la familia. Todo el que la conocía esperaba que un día la encontraran muerta intoxicada en un callejón, con la ropa hecha jirones. Todo el mundo creía saber cómo acaban estas historias.

Después de dos años, ya con veintisiete, Natalia había conocido a algunos chicos. Todos se la follaban y ya no había nada más en ellos. Natalia esperaba que alguien se interesara por ella de verdad.
Y se casó. Una boda pequeña con testigos, baile y noche loca. Un día pequeño con pequeñas dosis de presente y muchos comentarios sobre el pasado.
Y fue a fiestas:

Tumultos de gente en los que al final siempre se corría la voz. Sus amigos sólo eran un saco de nervios que en cualquier momento comenzarían a hablar con medias sonrisas hasta que cualquier capullo con la suficiente pornografía en su ordenador supiera quién era ella realmente.
Trabajó como secretaria. Una mamada a su jefe, al jefe de turno, a su superior, no era nada para ella. Encontrar un trabajo entre supuesta gente normal se convertía en un montón de entrevistas en las que ella acababa desabrochándole la cremallera del pantalón a alguien. Ya te llamaremos.
Tuvo hijos. Dos. Su marido la dejó porque eso de dejar atrás el pasado sólo depende de hasta qué punto los que te rodean te dejan hacerlo.
Porque Natalia quizá había querido convertir su vida en una novela rosa.
Y Natalia esperaba que alguien se interesara por ella de verdad. Pero no, eso nunca le pasó. Nunca nadie la quiso. Y el porno a una novela rosa resulto ser lo que el sexo al amor.

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11 comentarios en “Natalie Pink

  1. Como se van a poner los del colectivo A.G. con lo que has proyectado de su amiga.

    Triste, muy triste. No creo que una actriz porno tenga que tener un final tan desgraciado. Me imagino incluso a unos padres presumiendo de que su “niña” es muy famosa.

    ¿El género Bukkake existe realmente? ¡Qué fuerte!

  2. Muchas veces,”se cruzan lineas”,de las que luego es imposible retroceder…no está permitido dentro de la sociedad tan “moralista” en que vivimos…
    Un beso Jordi.

    Blanca:Pon Bukkake en Google…y veras si existe…

  3. @Oswaldo
    ¿Eres del colectivo A.G.? ¿Sabes cosas que otros lectores del blog no sabemos?
    Estoy interesadisima en saber de Natalio Portman porque no nos cuentas más cosas.

  4. Hola… He llegado hasta aquí por casualidad y, tras echar un vistazo a varios relatos de la web, aquí estoy dejando mi opinión. En primer lugar, animarte a seguir. Es complicado mantener un blog de literatura, escribir con regularidad, hacerse un público y todo eso (te lo digo yo, que tengo uno, aunque ahora esté cerrado por reformas). Pero merece la pena, sobre todo cuando pasa el tiempo y uno ve el volumen de páginas publicadas.

    En segundo lugar, felicitarte por la constancia, y también por el estilo, que es rápido y fresco. Es un alivio, entre tantísima pedantería suelta por ahí (coñe, que parece que para escribir hace falta ser un intelectual al que no le entienda ni Dios), algo de naturalidad en las historias.

    En tercer lugar, sólo una nota que, en cualquier caso, es una mera cuestión de gustos, pero que a mi entender lastra un poco los cuentos: en todos los que he leído hasta ahora hay cierta moralina, o como mínimo un claro posicionamiento del autor. Habrá, sin duda, muchos que lo prefieran así; personalmente, creo que es más productivo literariamente olvidarse de cualquier cuestión (moral, política, social o del tipo que sea) que no sea construir una buena historia. Que sea el público quien dé una opinión, no la historia. Como ya digo, en cualquier caso, es cosa de mi propio nihilismo estético, así que lo dicho, a seguir avanzando. :)

  5. Entiendo lo que dices en cuanto a la moralina, Santo. Pero de todos modos hay relatos escritos en primera persona que inmiscuyen sólo al personaje en cuestión. Procuro que los escritos no suenen a aleccionamiento, aunque a veces doy un tono más agresivo por darle algo de ambigüedad a los escritos, algo de provocación. Todo eso debe venir por las influencias que tengo. De todos modos es muy a tener en cuenta tu comentario. Un saludo.

  6. pobre chica :S que vida tan dura ..

    i eso que solo buscaba mi apodo en el google i lo vi …

    bueno ojala que encuntre alguien que la sepa entender ..

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