El día más feliz

Veamos, comencemos en tiempo presente, por la boda, a lo que mi padre llamó a partir de sus cincuenta años: el final. Imagina la iglesia llena de católicos de clase media, de los que nunca van a la iglesia y sólo rezan cuando desean algo. Mira cómo Miriam se aparta el velo de la cara y me mira mientras suda por la frente, toda seria. El final. Mi padre me dijo una vez que en su época era siempre así si se rompía un condón y tu novia comenzaba a engordar; era la forma con que los padres castigaban siempre a sus hijas de por vida. Y a los novios adolescentes de estas.

Y ahora demos un salto de tres años hacia atrás, cuando ella apenas me conocía y yo sólo podía masturbarme pensando en ella. El principio del final. Cuando yo tenía un curro de mierda y ella ganaba el doble que yo y aun así me quiso. Fue la época en que un día conocí a sus padres y les dije que no pasaba nada porque yo saltara de trabajo en trabajo; ¿acaso no confiaban en su hija para cuidarse solita? Su padre se levantó de la mesa durante los postres y me dijo que por favor saliera de su casa.

Pero vuelve al aquí y ahora, y observa cómo todos los invitados pasan por parejas a felicitarnos mientras Miriam intenta susurrarme algo sin que nadie más la oiga. Lo que finalmente me dice es: “No estoy segura de lo que hemos hecho”.

Y mi mente se va a dos meses atrás con pequeños flashes de haces dos años. Recuerdo cómo mientras decidíamos los invitados del día final, había silencios en nuestras conversaciones y yo me preguntaba si aún todo era igual que al principio, cuando ella sólo era mi novia cachonda y mi hermano ya llevaba casado cinco años con su mujer. Mi hermano sigue casado y cada domingo come con su mujer en casa de mis padres y todo parece ir sobre ruedas. Absorbidos por la rutina y contentos de estarlo. Y aunque yo sé que mi hermano no es ningún referente para mí, también sé que tal como vivía, y como vive, todo encaja en su universo a la perfección. Dos sueldos al mes y cientos de semanas todas idénticas entre sí, a las que sólo se suman algunas arrugas al año. El conformismo tradicional es la felicidad. Aunque no sé si para todo el mundo. Y tal día de hace dos meses mientras pensaba en lo bien que estábamos hacía dos años, ella me dijo que no teníamos que hacerlo si no quería. Yo pensé en sus padres ultracatólicos y decidí que qué coño, nada iba a cambiar porque un día un cura nos diera la brasa. Solo había que soportar ese formalismo de veinticuatro horas y todo volvería a ser como antes. La boda podía ser un punto de inflexión, para reavivar la relación, como esa gente que tiene hijos con el mismo propósito, pero sin tener que comenzar a comprar ropa diminuta.

Ahora retrocede a cuando solo llevaba un mes de noviazgo con Miriam, a propósito de los críos. Durante esa época comenzamos a leer a Nietzsche por algún motivo, y cualquier libro que fuera de la generación beat. Autorrealización influenciada por la decadencia histórica del ser humano. Follar sólo era otra forma de ocio, nada de procreación, nadie necesitaba un bebé más que acabaría creciendo para chocar de frente con su dudas, para sufrir y descubrir un mundo hostil y acabado, o mucho peor, un mundo hostil, acabado y orgulloso de estarlo. Como pareja, invadidos por una mezcla de egoísmo existencial y asqueo por el sistema que nos rodeaba, decidimos que si acabábamos formalizando lo nuestro, no tendríamos hijos. Podíamos pasar sin eso.
Y al contrario de lo que cabía esperar, Miriam no miró con el tiempo a los bebés de los demás como si eso pudiera reportarle algo positivo a ella. En rigor, ese ha sido el acuerdo más sólido de nuestra relación. Lo cual fue un pequeño disgusto para mis padres, y una autentica tragedia para los suyos, ya que ella era hija única. Nosotros éramos felices, y mis suegros jamás serían abuelos. El mundo se desmoronaba, el ser humano se iba a extinguir. Íbamos a ir de cabeza al infierno junto a las madres abortistas y los homosexuales, junto a los violadores y los abogados defensores. Así eran mis suegros.

Ya superada la ceremonia, mientras los invitados se distribuyen por el restaurante preparado para el convite, Miriam no para de estornudar y quejarse por el calor que le da el vestido en las tetas. Maldice entre sonrisa y sonrisa a los invitados y no para de murmurar que ella no piensa pisar ninguna discoteca luego, joder. Recuerdo cómo cada vez que estábamos en una durante nuestro primer año de noviazgo, cuando veía alguna novia rodeada de tíos ya borrachos y engominados, siempre me decía: “Tu padre tiene razón”. Éramos modernos y avanzados y mis suegros estaban virtualmente muertos, no pensábamos ceder en nada; cuanto más me odiaban sus padres más me quería ella. Si su padre una noche insistía con la precaución en el sexo, ella esa noche quería la marcha atrás. Si su madre avisaba sobre el peligro de los coches, ella no se ponía el cinturón de seguridad y subía el volumen de la música. No podíamos envenenar nuestra generación con sus putas costumbres católicas, con su actitud recta y gris. Y una forma de revelarse era llevar la contraria, dejar claro que nosotros no íbamos a ser como ellos. No se trataba de evolucionar, era simplemente nuestra intención de dinamitar lo que ya había, lo que venía siendo igual desde hacía cientos de años, a sabiendas de que el mundo había avanzado en laboratorios y talleres y en cómo la gente se vestía y se peinaba, mientras en lo esencial, continuábamos siendo retrógrados y estúpidos.

Durante la cena, suntuosa y almibarada, antes de que salga cada puto plato de la cocina, alguien apaga las luces y pone música mientras un montón de camareros desfilan entre las mesas con la carne o lo que toque, y todo el mundo nos obliga a besarnos otra vez, a ser felices. Nos lo gritan en la cara. Nos miran mientras piensan: “Estoy dedicando otro sábado de mi vida a una boda, y vosotros vais a sonreír, joder”. Así es como lo veo yo con mi filtro ateo/fascista, y no me cabe duda de que Miriam lo ve más o menos igual. Y relájate, respira, retrocede treinta años y mira cómo lloraba yo en la guardería, como lloraba sin parar en el parvulario y cómo ir al colegio unos años más tarde sólo era rutina. Mira cómo me hice adulto y mi madurez se congeló algún año antes de los dieciocho. Mi generación no es una generación fácil, no hay un gran reto a priori, la gente en el tercer mundo no se preocupa por los hidratos de carbono o por si no toleran la lactosa. El final del que habla mi padre aquí ya es un Apocalipsis, aunque solo sea conyugal. Miriam ya sabía todo eso aunque no fuera consciente, cuando a los veinticinco hurgaba en foros de internet dando consejos a otras anoréxicas para aguantar dieciocho días sin comer. Y no me preguntéis cómo acabé encontrando uno de esos foros. Ya he dicho que mi generación no lo ha tenido espiritualmente fácil.
Pero vuelve al presente y observa cómo cada cinco minutos Miriam y yo nos tenemos que besar para contentar al público, y ya todos los platos me saben a pintalabios. Luego mi madre me pasa un pañuelo por la boca para limpiarme y toda la comida me huele a su colonia. Si alguien pregunta dónde están mis gafas les digo que llevo lentillas, les miento. No ver bien a la gente a cierta distancia puede ser útil cuando eres el centro de atención sin quererlo.
Antes de que salga el gran pastel de bodas, la luz se vuelve a apagar. Lo sacan entre tres camareros y todo el mundo aplaude. Al pastel.
El día que fuimos a elegirlo estábamos muy preocupados por no parecer demasiado hastiados, no queríamos que se notara que queríamos quitarnos el trámite de encima cuanto antes. Especialmente Miriam, ya que supuestamente la parte femenina ha de estar más atenta a estos detalles, como si el restaurante, el vestido y el pastel ya lo dijeran todo sobre la pareja y su futuro. El pastelero nos daba a probar los distintos sabores, elaborados según dijo con mucho amor ( Miriam hizo una mueca cuando el hombre no miraba), ya que las recetas eran de su abuela, o de su bisabuela o algo así. Así que nosotros probábamos los distintos cortes y hacíamos gestos de aprobación. Los dos acordamos elegir el quinto que nos diera, fuera lo que fuera. Prométemelo, me dijo Miriam, aunque sea todo de kiwi o cualquier mierda. Así que al quinto trozo los dos cerramos los ojos con el trozo de pastel en la boca (a decir verdad muy parecido a los otros cuatro), y Miriam dijo alto y claro: “Este, sin duda”.
Y ahora todos los invitados hablan entre sí sobre lo bueno que está, aun siendo una letal mezcla de trufa, chocolate y algún tipo de licor, algo muy innovador según mi madre, aunque yo no pueda entender cómo puede saborear nada de verdad con sus tres capas de pintalabios y el baño de colonia.

Miriam se levanta con medio trozo de pastel aún en el plato y dice que lo siente, pero que tiene que ir al lavabo. Mi madre y su madre se sobresaltan como si hubieran oído una explosión cerca del restaurante. Porque tiene que mear aun vestida de novia. Antes de irse con ellas me susurra: “Quiero que esto acabe, haz que acabe”. Y mientras me lo dice intento afinar la visión hasta la mesa de sus amigos, y creo que veo a Tania, o alguien borroso muy parecido a ella. Cuando Tania tenía veinte años, entre Miriam y ella pesaban unos sesenta kilos. Por más maquillaje que se pusieran siempre parecía que estaban muertas y el de la funeraria había hecho una chapuza. Ahora a veces, cuando estamos solos en casa, Miriam bromea y me dice que cuándo voy a querer aprender a vomitar sin hacer ruido. Ahora ella pesa unos sesenta kilos, pero Tania, durante la cena, ya se ha levantado cuatro veces para ir al lavabo.

Recuerdo cómo cuando tenía diez u once años, una vez, en el comedor del colegio, me negué a comerme la sopa. Entonces una cocinera vino, acercó su cara a la mía y dijo: “Niñato, cada año mueren de hambre seis millones de niños”.
Y no funcionó. Me castigaron sin postre al día siguiente y la cocinera fue duramente reprendida por el director del colegio en persona. Desde entonces, si el cálculo es cierto, habrán muerto de hambre unos ochenta millones de niños. Pero yo no volvería a probar aquella puta sopa. Y cuando pienso en eso, es cuando llego a la conclusión de que el mundo acabará mucho después de que deje de existir el ser humano. Lo vemos todo de cerca, ritualizamos cada paso. Hacer cosas como ocupar tu mente rezando, o incluso casarse en nombre de Dios, o defender la patria, luchar por tu país o cruzarse de brazos intelectualmente olvidando que evolucionar no quiere decir poder meter cada vez más música en tu Ipod, podría acelerar el proceso. Pero por suerte, para cada uno el final del mundo llega en una fecha distinta. Así que supongo que es más cómodo creer en Dios que preocuparse por lo que pueda pasar en unos miles de años.
Mientras recuerdo cómo aquella puta intentó hacerme chantaje para que me comiera aquella mierda aguada, Miriam viene y me dice que Tania estaba en el lavabo y se la oía vomitar. “Hasta podíamos oler esa trufa asquerosa y la bilis”, me dice. Pero que ni mi madre ni la suya han hecho preguntas.
Atardece y vemos cómo entran en la sala cuatro músicos. Tienen pinta de venir con todo el repertorio que solo puede disfrutar la gente borracha de verdad. Miriam resopla y me dice que venga, que hagamos lo del baile, porque quiere salir a fumar y “en este antro de los cojones no dejan”.
Los músicos comienzan a tocar y Miriam y yo comenzamos a girar, mirándonos más los zapatos que a los ojos. Y luego todo pasa muy rápido. Oigo una especie de chasquido, muy fuerte. La música deja de sonar, y cuando me doy la vuelta le veo. Unos de los cuatro músicos está en el suelo y un charco de sangre comienza a crecer bajo su cabeza. Una pistola que parece de juguete yace a su lado en el suelo. Se oyen gemidos y gritos y alguien saca el mantel de una mesa para tapar rápidamente el cuerpo. Miriam tira de mi brazo.
- Venga, vámonos.
Me hace salir rápidamente a la calle.
- Creo que hay un hotel cerca – dice -, por lo menos así ya se ha acabado la noche… Lo siento, no quería que pasara eso… de verdad.
Comienza a lloriquear, y creo que nunca la he visto hacerlo.
- Le contraté porque pensé que ya lo tenía superado… en serio.
- ¿El qué? ¿De qué hablas?…
- Ese tío fue a la universidad conmigo… estuvo mucho conmigo cuando…
- ¿Es que se ha suicidado por ti? – interrumpo.
- Oye…, dime que no me quieres dejar… que no lo tienes planeado.
Otra vez alguien tiene que morir para que otros puedan ser felices.
- ¿Se ha suicidado por ti? – repito.
- Es muy religioso, si yo me casaba… Pero tenía más miedo de no tenerme que del Limbo… Joder…
El final.
- No – le digo -, no tengo planeado dejarte.
Ahora ya no.

[Me voy a poner pesado con esto. Pero es que cuando uno ha leído un cómic que supera al ochenta por ciento de las novelas que se ha tragado, y ve esa historia tan bien plasmada en imagenes, aunque solo sean dos minutos, pues bien, a uno se le pone la piel de gallina. Daría el dedo meñique de un pie por poder ver esta película ya (y espero que ningún productor se la cargue con sus tijeras..) "Watchmen", segundo trailer, (video).]

watchmen

16 comentarios en “El día más feliz

  1. Acabo de oír en la tele: “Me gustaría casarme algún día, como a todas las mujeres”. It sucks!
    Las celebraciones son horribles, al menos jamás me lo he pasado bien siendo protagonista de una…
    ¡Buen relato! Lleno de reflexiones que había oído hace poco… :)

  2. ME HAS DEJADO SIN PALABRAS……….hay tanto conformismo en esta sociedad, tan pocas ganas de cambiar la forma de vida…………tan acostumbrados a todo lo que nos imponen…………..y muy pocos que lo saben ver………y menos los que sufren por ello.

  3. He disfrutado con tu relato, como hacía pocas veces que no hacía, tratas muy bien los tópicos y por cierto el final es impredecible y muy tierno a pesar de lo aparatoso del suicidio del músico. Me lo he pasado bien leyendote
    Excelente trabajo !!

    Un abrazo

  4. Romanticismo crepuscular. El infinito puesto al alcance de los perros, como diría Céline; personajes que luchan por conservar la poco dignidad que les queda. Todo acompañado de reflexiones que te conducen directamente a la tragedia, al desafío de lo insalvable. Sangre sobre sangre.

    Probablemente estemos viviendo en directo la consolidación de una figura clave de nuestra literatura.

    Pd) Dudo que vaya a gustarme Watchmen, la película, pero el trailer está cojonudamente realizado, perfectamente integrado con la música y el movimiento interno de los planos respecto al montaje.

    Un abrazo.

  5. Ego Extender
    Ego Extender
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    ¿Te crees buen bloggero?

    Podrías serlo aun mejor si usas

    EGO EXTENDER.

    Ego extender. Cuando tu blog ya no incrementa tu egocentresimo, los profesionales recomienda Ego Extender.

  6. ¡Me ha encantado el relato! Vamos, que ya lo han dicho varias veces, pero he disfrutado leyendo…

    Y en otros temas, te diré mi opinión (que nadie ha pedido) sobre Watchmen -por supuesto, la película, que el comic es otra cosa- ¡¡ya estoy odiandola!!…. Hay historias que estan hechas para el cine, otras para la literatura, no puedo creer que simplemente pases Watchmen, de su medio más puro, más auténtico, vomitando todas las imágenes a la pantalla…. Ojalá que me equivoque y tenga que tragarme mis palabras, pero es que no lo veo….

    ¡Saludos! y nuevamente, fantástico relato…

  7. Gracias, Maya. En cuanto a Watchmen tienes razón, es una historia ideada para el comic con subtramas y tramas paralelas muy dificiles de adaptar al cine. De todos modos yo tengo puesta toda mi fe en Zack Snyder, creo que como muchos otros fans del cómic, porque es un tipo que demostró con “El amanecer de los muertos” que sabe hacer una gran peli, y con 300 dejó claro que su punto flaco no está en dejar a un lado el aspecto visual del lenguaje. En fin, yo confio; rezémosle a Alan Moore o a quien haga falta. (Eso sí, de las dos horas y media no puede bajar..).

  8. Una cosa que me gusta de tus relatos es la presencia recurrente de la ‘femme fatale’, siempre con apariencia y mensaje diferentes.

    Yo aquí veo talento (hay un concurso literario para ti). Alimentar el ego es poner Antena 3 y ver cómo comentan el libro ‘Querida mamá’. Lo jodido es cuando va tu madre y te dice ‘yo me compré el libro hace tiempo y está muy bien’.

    Con respecto a la bodas aprendí dos cosas de mis anteriores compañeros de trabajo, gente de vientimuchos y de treintaypocos, de diversos puntos de la geografía española:

    1. Hay boda cuando la novia tiene ganas de casarse. En ese caso el novio suele decir ‘amén’.

    2. Ni Dios se lleva bien con sus suegros, o mejor dicho, suegra (alias ‘la innombrable’).

    Cuando tenga algo formal para vicaría podré contar mi experiencia. Mientras tanto seguiré recabando datos ‘estadísticos’

    Un muy cordial saludo.

  9. Me ha gustado mucho tu relato sobre todo porque conozco a dos que se asemejan mucho.Bodas.. yo la verdad es que no soy de las que piensan en casarse pero no lo descarto aunque no tengo claro porque me casaria, por tener un crio? no todas las mujeres queremos casarnos, ni soñamos con el dia de nuestra boda, el vestido, el banquete, el viaje … dios, solo de pensarlo me agota y me tiembla el bolsillo.Para mi que ya hago vida de casada realmente me importa una… estalo o no y por ese dineral me hago un viaje increible y paso del resto mas claro, agua.

    No veo bien que se diga que si un tio se casa es porque la novia quiere porque conozco a mas de uno que quiere casarse y es ella la que por nada del mundo quiere.
    Muchos tienen miedo al matrimonio en plan si me caso mi vida acaba, es que ahora estoy atado/a, menuda gilipollez, igual que muchas parejas que poco despues de casarse se separan ¿culpa del matrimonio? pues o esa pareja no era solida antes de o es que simplemente son cortos de mente y se emparanoian con el hecho de estar casado y querer libertad cuando una cosa no quita la otra y a eso se le llama , respetar el espacio del otro, algoque muchos/as no saben que es ni aunque se lo estampes en la cara.

    Se spone que para que un matrimonio marche ambos aparte de conocerse han de tener las ideas claras de como son ,que quieren y como desean vivir juntos y no aplastarse uno a otro quitandoles su forma de ser y demas.Vamos que me pone de mala hostia comentarios de ese tipo y como aqui cada uno pone lo que le da la gana una servidora se desahoga jajajaja.

    Nada que me gusta mucho tu forma de escribir ^^

  10. yo también estoy ansioso por ver si se ha respetado la obra de Alan Moore y Dave Gibbons, me muero de ganas de ver uno de los mejores comics que he leido jamas en la gran pantalla, ojalá esté de puta madre

  11. Jordim, no hagas caso a Lorzas, es un güelebraguetas. Nosotros a lo nuestro, las letras. Vas bien, pero hay que cuidar la adjetivación. Prueba a hacer variaciones semánticas sobre una temática concreta. Es un poco efectista pero el público lo agradece. Una cosa más, versos. Ha llegado el momento. Demuéstrales a esos cabrones de lo que eres capaz. Queremos ver de que pasta estás hecho. No tengas miedo, jordim.
    Ánimo!

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