Conecto mi voz interior, cansada. La rayita parpadea en la pantalla, sin parar. La hoja electrónica blanca sigue vacía, desde hace días. La torre del ordenador respira largamente, con ese ruido constante. Debería escribir algo ya de una vez. Algo que no apeste tanto como lo anterior escrito por mí, días y años atrás.
Y como tanta gente ha hecho, me pregunto: ¿Hay alguna idea original en mi cabeza? ¿Hay algo que esté cerca de hacer sentir algo a alguien? ¿Puedo escribir algo que no se limite a ser un pasatiempo sin más? ¿Se puede forjar el talento?
Y me respondo no, no se puede forjar el talento. Eso creo. El talento solo se tiene, como el que tiene los ojos verdes o el pelo rubio de verdad. Puedes escribir con frases cortas y minimalistas como Bret Easton Ellis, o sin puntos y a parte como Saramago. Puedes hablar de sexo y de drogas, como Burroughs o Bukowski, o como Irvine Welsh. Pero con todo, en la raíz, sigues siendo tú, con tu cara y ojos anodinos, y tus entradas, sin poder disimular nada con un tinte. Sigues siendo tú delante de la página vacía, con el reto de crear algo realmente propio que sobrevuele sobre exactamente los mismos temas de siempre, pero de otra manera. Otro estilo fresco y original, con el que probablemente nunca des, porque lo sabes, puede que no tengas talento.
Lo malo es que no puedes mejorar tu creación artística igual que puedes mejorar tus abdominales; no basta con ponerse cabezón. Lees novelas y ves películas y escuchas música, y piensas que deberías ir al teatro de vez en cuando. Te alimentas de nihilismo cachondo de escritores americanos, y tomas nota de los diálogos que te hacen gracia cuando ves una película de Woody Allen o Robert Altman. Caminas por la calle y te fijas en los detalles a partir de los cuales puede saltar la chispa para escribir algo interesante que no haga bostezar. Procuras evitar los tópicos y no resaltas las instantáneas bonitas ni las piernas desnudas de alguien con quien te topaste en el tren ayer. Escribes como quien cocina y te sirve el chuletón aún sangriento, para que la gente haga como mínimo una mueca mientras te lee. Intentas paralizar a una lectora imaginaria muy guapa cinco líneas antes de llegar al final de tu relato; imaginas a un amigo no pensando: “Qué coñazo”. Intentas atrapar a cualquiera que comience a leer tan sólo por la primera y genial frase. Y mientras piensas en todo esto, lo escribes, para hablar sobre el bloqueo: sobre la rayita que parpadea y sobre la hoja electrónica blanca que sigue blanca; lo escribes para buscar alguna metáfora que esté bien: “La torre del ordenador respira largamente…”. Lo escribes para reflexionar sobre la posibilidad de aumentar tu talento con la practica: “¿Se puede forjar el talento?”, y así poder dar tu opinión sobre el tema. Lo escribes para sacar a relucir nombres de algunos escritores que hayas leído: “Ellis, Bukowski…”, para que el que lea esto piense: “Este tío ha leído mucho”. Lo escribes para encubrir tu insatisfacción con tu físico disfrazando el tema de metáfora: “…en la raíz, sigues siendo tú, con tu cara y ojos anodinos”. Lo escribes para hablar sobre “el chuletón sangriento”, concepto que, al haber pensado en él, has creído que era genial para no hablar otra vez del “estilo crudo”. Escribes, finalmente, para sacar a relucir el mito de la lectora atractiva que muchas veces imaginamos cuando escribimos, como motivación. Y cuando llegas a ese punto, lees el texto y piensas: Qué coñazo. Y entonces se te ocurre una idea tramposa, que es ir repasando el texto que has escrito sin dejar de escribir, insistiendo sobre los mismos temas a la vez que desmitificas tus propias ideas, buscando la sonrisa congelada en la lectora atractiva y engañándote a ti mismo, creyendo finalmente que no estás bloqueado; y que lo de la rayita que parpadea en la pantalla y la hoja blanca que quizá sigue vacía, en el fondo, es solo otra excusa para comenzar el texto de alguna manera, para llegar hasta un punto en el que no sabes como acabarlo.

[Brutal, repito, brutal trailer de “REC 2” (video), con mensaje claro y conciso para el cine de comedia cutre al que nos tiene acostumbrados el cine español, y por el cual se arruina. Este minuto de video ya vale por lo menos mi entrada segura a ver la peli. Y para la foto, para seguir en mi línea últimamente entre misógina y pajillera, mi homenaje al bikini, protagonista indirecto del próximo relato, y la prenda más deliciosa que ha inventado el ser humano. Como modelo, la que ya podría proclamar musa del blog, Elisha Cuthbert.]

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