Vivir da muchísimo trabajo, con todo el cansancio y la falsedad y la culpabilidad acumulada. Y por favor, no me agobiéis, ya hay suficiente mala poesía; yo me conformo con escribir mi nombre con orina en las paredes. Con mostrarles a todos algo divertido y asqueroso a la vez, como mucho.
Hace unos días todo el mundo vio a mi vecino de arriba espachurrado abajo en la acera. Llevaba en un bolsillo trasero un libro de relatos de David Foster Wallace. Y encima no se mató.
Eso no es divertido, pero la eutanasia es ilegal y el hombre ahora vive en estado vegetativo sin poder volver a intentarlo. Y eso sí tiene algo de gracia malsana. El libro era La niña del pelo raro, cuyo primer relato es para manchar los calzoncillos. Y además, en su momento Wallace también murió (en este caso del todo) suicidado; lo cual, le da al asunto otra anécdota absurda con la que poder sonreír a la vida con habilidades motrices de la que los demás aún disfrutamos.
Creo recordar haber tenido un par de conversaciones sobre el tiempo en el ascensor con el fiambre consciente. Ni siquiera llegamos a hablar de fútbol; y sé que le gustaba…, se reunía en su piso con sus amigos ahora aún vivos de verdad para ver algunos partidos… En fin, supongo que cuando ellos se enteren del asunto procurarán pasar página rápido con una visita incomodísima al hospital… Y luego, adiós vida social.
Así que si vivir ya da muchísimo trabajo aun sin necesitar a dos personas todo el día, imagínate siendo un cactus.
Cada semana me piden artículos concretos o relatos guarros en esta revista, y cada semana les mando estos rollos pasados de rosca. Me piden amor y les doy cinismo; me piden sexo y al final el relato se escribe solo y nunca consigo incluir sexo. ¿Esto es autobiográfico? Sí y No.
Lo siento, gente sana del mundo; estoy conmocionado con la muerte social de mi vecino. Podía haberme tocado a mí. Nunca sabes cuándo el de arriba te va a señalar con su dedo divino; ese cerdo al parecer a veces ni tan siquiera quiere currárselo, se limita a amargarte la vida hasta que tú mismo haces el trabajo sucio. Y luego qué, ¿qué pasa si sólo quedas a medio morir? Pues que sigues tu camino sufriendo cien veces más, y te das cuenta de que siempre has estado completamente solo.

Y encima, ese Dios, el mamón de ficción mencionado, tiene aquí en la realidad a todos sus ejércitos luchando contra la eutanasia, el aborto, los condones… En fin, gracias al amor católico somos como somos; unos más cínicos de lo aconsejable, y el resto idiotas con ínfulas.

Alguien del edificio me ha dicho que los padres del chico están indignados. Que alguien dejó una nota en su habitación del hospital: “Espero que a tu madre le guste hablar con las plantas.”
No soy el más indicado para hablar, pero es un acto muy feo, sin duda, muy malicioso; aunque hay que decir que quien fuera también dejó flores; cosa que, bien pensado, tampoco debían dar muy buena impresión teniendo en cuenta el contenido de la nota. El hecho es que dicho suceso podía haber dado pie a una investigación, si no fuera porque cuando Cactus saltó desde la cornisa hubo unos quince testigos oculares; me imagino que invitándole a dar el paso con frases hechas: ese ¡Hay mucho motivos para vivir! en sus distintas variantes, y otros grandes éxitos de gasolinera…
Ya sé que acabo de referirme a él como Cactus. Pero es que no puedo evitarlo. Sé que los menos hipócritas y falsamente moralistas lo entenderéis. De algún modo tengo que aplacar mi dolor… A nadie le gusta ir por ahí mientras los demás se espachurran contra el suelo a su alrededor hartos de vivir. Además los cactus son vegetales fuertes, capaces de aguantar largos periodos de sequía. Son nobles. No pueden ir a comprar el pan o follar con animadoras, pero tienen más cojones de los que cualquier ramo de flores que mi vecino reciba puede decir.

No sé cuántos días han pasado desde que Cactus dio el gran salto, pero sí sé otras cosas: rollos muy chungos. La verdad es que no quería escribir sobre este tema para la revista, porque sabía que iba a pasarme de la raya. Pero me está sentando muy bien. Ya sabéis, ¡cerrad los periódicos y abrid un fanzine!
El caso es que mi vecino muerto consciente tenía una novia. O tiene. Y también es vecina del bloque, ahora ya soltera del todo… ¿Y de haber estado casada con él ahora se la podría considerar viuda?… Es igual. No sé en qué fase está la relación, pero supongo que cuando Cupido te da con una de sus flechas no tiene en cuenta las posibles lesiones de espalda que puede sufrir tu futuro amante. Me imagino que la chica en cuestión se desentenderá del asunto; quizá vaya a verle al hospital, se pase dos meses llorando y comience a salir para conocer gente, o… (ups…). Y ahí voy, mi información privilegiada tiene que ver con la nueva vida de la ya casi seguro ex de Cactus.

A partir de ahora no te vayas a tomar esto muy al pie de la letra. No digo que la muchacha sea una puta sin escrúpulos. Claro que, si lo dijera, no sería ninguna tontería. Y eso que la chica dice ser muy creyente.
Tengo en mi poder un video porno; la grabación es de una semana después de la muerte sin calorías de mi seguramente ya ex-vecino. En dicha grabación la muchacha se lo monta con un negro (tal y como lo imaginas, musculoso y con su correspondiente botella de coca-cola de dos litros). Su duración es de más de dos horas. Dos horas sin parar. Y ya sé que he divagado mucho, pero parece que finalmente voy a saber incluir algo de sexo en un artículo…
El video es el típico plano fijo enfocando una cama, como el de tantos aficionados al porno amateur. Mal iluminado, sin encuadres alternativos, sin cortes, sin gemidos falsos; vaya, una sucia delicia. La ex-chati de Cactus ofrece un buen espectáculo; habla sin parar y dice toda clase de guarradas; hasta da la sensación de que nuestro amigo de color se siente algo utilizado. Llegas a empatizar con él al ver los esfuerzos titánicos que hace para no correrse. Al comenzar el video crees que lo vas a quitar a los cinco minutos; al fin y al cabo su contenido tiene más sentido por lo que significa que por el sexo en sí. Pero cuando te das cuenta ya llevas media hora mirando, y luego ya no puedes dejarlo. Irremediablemente, te masturbas, y después sigues ensimismado en tu yo voyeur y comienzas a sospechar sobre si esa polla no será de mentira (el color no ayuda…).
Realmente acabas por admirar al tipo. Cuando ya llevan hora y media, para ella sigue siendo sexo, pero el tío ya parece estar sufriendo de verdad, preparándose para unas olimpiadas, autoimponiéndose el esfuerzo. Al final esa jamelga, para él, no parece tanto una mujer como una cinta de correr o hacer abdominales. Es excitante, pero también inhumano. Y no sé de qué me suena a mí todo ese rollo…
El video acaba con la inevitable eyaculación masculina, que deja bastante que desear después del polvo épico que has presenciado hasta llegar a la misma.

¿Y por qué yo tengo ese video en mi poder? Pues resulta que soy el delegado del bloque, y en la anterior reunión alguien tuvo la maravillosa idea de proporcionar al delegado en funciones una llave maestra. A veces la gente lleva su gilipollez a límites insospechados. Hubo que gastarse una pasta, pedir permisos, cambiar cerraduras… El porqué de tan bizarra decisión es el miedo; siempre suele serlo… Hace dos años uno de los vecinos fue encontrado muerto meses después de haber sufrido un ataque al corazón. Llegó un momento en el que, aunque todo el bloque comiera el mismo día carne a la brasa, sólo olía a podrido en toda la escalera. Unos cuatro años antes, otro episodio similar; esta vez una mujer, también sola, y muerta en las mismas circunstancias, un ataque, o una apoplejía, o vaya… que también murió de vieja. Supuestamente, según ellos, el hecho de que alguien tenga una llave maestra puede cambiar las cosas.
Así que pocos días después del salto al vacío, voy y me meto en casa de la muchacha estando ella en el trabajo. Como a echar un vistazo. Si no había nada interesante, siempre podía robarle unas bragas… Así que encontré el video, lo vi y lo devolví a su sitio. Al día siguiente volví a entrar, y el video estaba en el mismo lugar. No se deshacía de él, no tenía miedo, y lo más importante: pensaba que yo era una buena persona. Rebusqué como un sabueso loco por todos lados por si había más grabaciones de ese tipo. Pero no. Al parecer fue un capricho, con el negro le apetecía tener un recuerdo.
Hace tres días decidí quedarme el video para mí. Quería que ella subiera de su primer piso y se enfrentara a mí, el único sospechoso factible de hurto. Pero Silvia no ha subido aún, ¿verdad, Silvia? Para los cuatro lectores frikis que aún le queden a este fanzine reconvertido en revista más-de-lo-mismo, por si algún día llegan a leer esto, Silvia es la editora, la mandamás. La ex-novia de Cactus. La maquina de follar.

Silvia ha acabado representando las aspiraciones de cualquiera que haya venido a este mundo para joder a los demás. Ella sabe de qué hablo. Silvia me reclutó para su equipo de escritores fracasados para nutrir su fanzine de tacos y sarcasmo. Silvia fue la misma que rechazó varios borradores míos cuando aún tenía su editorial; según ella yo sólo sabía escribir sobre putas, drogas y tabaco; yo sólo sabía hacer apología sobre el suicidio y contar chistes de pollas. Eso decía. Y lo más importante y a la vez aburrido: Silvia estuvo conmigo y me puso los cuernos tropecientas veces, la última de las cuales fue con mi nuevo amigo y colega desde que se tiró de su noveno piso, mi ex-vecino reconvertido en vegetal baboso. Sí, el ya indestructible Cactus.

Y es que aparte de haber elaborado todo este artículo en gran parte para joder a la zorra de turno, no hay que olvidar quién es aquí el protagonista. Y el protagonista es Cactus, quien incluso tiene padres y nombre propio, y sabía cuando se follaba a esa pilingui que la pilingui llevaba dos años conmigo. Y durante esos dos años yo dije: perdonada, perdonada, perdonada y perdonada. Cuatro veces. Dos de ellas con el mismo tío. Y entonces va Cactus el cachondo y alquila un piso en nuestro bloque.
Muy bien, sé que este es mi último articulo para esta revista. Y no sé si alguien va a publicarlo. No te esfuerces en quemarlo ni nada de eso, y ahora me dirijo a la roba-planos del artículo; tienes que saber que he enviado copias a todos los fanzines underground que aún se acuerdan de mi culo. Del video ni te preocupes, iba a colgarlo en internet, pero creo que ya nadie duda de que eliges los plátanos a conciencia en la frutería.

Y no quiero acabar sin tener un afectado recuerdo para el, repito, auténtico protagonista de este rollo que no se acaba, y quien también recibirá esto (sin flores, tranquilo, yo no tendré tan mal gusto). Mi adorado y semi-muerto Cactus. Espero que pronto puedas dejar esa habitación de hospital y vuelvas a casa, que supongo que a partir de ahora será el piso de tus padres. No te preocupes por aquella nota desagradable que te llegó, no soy el único afectado por el huracán Silvia. Sólo quiero que sepas que si no puedes salir a correr o ni tan siquiera cambiar la puñetera tele de canal, pues bueno, eso son cosas que yo tampoco hago muchas veces por pura pereza. En realidad te vas a ahorrar un montón de disgustos.
Y si lo que deseas es morirte de una puta vez, aquí tienes una opción segura para darte el golpe de gracia. Sólo tienes que decírmelo y ese día para mí el sol brillará más que nunca. No sé por qué quisiste matarte, supongo que no querías seguir follando a ese ritmo… Es broma. Todo es broma. No hagas caso. Ya lo sé… voy a ir acabando. Conozco tu fama; sé que todo esto te habrá parecido de muy mal gusto, que tú estás muy por encima de toda esta amargura. Pero has leído hasta aquí, hasta el final. Puede ser interesante que te preguntes por qué.

[En el video, trailer de “Prince of Persia”, adaptación del mítico videojuego. Dirigida por Mike Newell y proyectada por la misma peña de “Piratas del caribe”; sólo en el trailer (bastante rajón) podemos comprobar que va a ser una flipada considerable. Lo único que queda por ver es si será una buena película comercial o más bien se va a parecer a “El rey Escorpión” (dios no lo quiera...). Interesante es el hecho de que el protagonista sea Jake Gyllenhal. Un tío que suele dar el pego, cuando directamente no se come sus papeles. La respuesta femenina llega por parte de Gemma Arterton, ex-chica Bond, y todo lo demás se puede ver en la foto...]

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