<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	xmlns:georss="http://www.georss.org/georss" xmlns:geo="http://www.w3.org/2003/01/geo/wgs84_pos#" xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/"
	>

<channel>
	<title>Proyecciones blog</title>
	<atom:link href="http://jordim.wordpress.com/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>http://jordim.wordpress.com</link>
	<description>&#34;La función de la literatura es la de darles calma a los perturbados y perturbar a los que están calmos” - David Foster Wallace</description>
	<lastBuildDate>Fri, 27 Jan 2012 17:54:44 +0000</lastBuildDate>
	<language>es</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
	<generator>http://wordpress.com/</generator>
<cloud domain='jordim.wordpress.com' port='80' path='/?rsscloud=notify' registerProcedure='' protocol='http-post' />
<image>
		<url>http://s2.wp.com/i/buttonw-com.png</url>
		<title>Proyecciones blog</title>
		<link>http://jordim.wordpress.com</link>
	</image>
	<atom:link rel="search" type="application/opensearchdescription+xml" href="http://jordim.wordpress.com/osd.xml" title="Proyecciones blog" />
	<atom:link rel='hub' href='http://jordim.wordpress.com/?pushpress=hub'/>
		<item>
		<title>Ilusión de seguridad</title>
		<link>http://jordim.wordpress.com/2012/01/27/ilusion-de-seguridad/</link>
		<comments>http://jordim.wordpress.com/2012/01/27/ilusion-de-seguridad/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 27 Jan 2012 02:38:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jordi M. Novas</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://jordim.wordpress.com/?p=4256</guid>
		<description><![CDATA[Por la ventana se veía a tres niñas, jugaban. Estaba como embobado mirándolas, aislado. Dentro la gente se reunía en grupos y bebía. Esa parecía ser la solución a todo otra vez. Era por la tarde y un amigo había decidido montar una fiesta de despedida. Se iba a trabajar fuera un año. Su novia &#8230;<p><a href="http://jordim.wordpress.com/2012/01/27/ilusion-de-seguridad/" class="more-link">Leer Más</a></p><img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=jordim.wordpress.com&amp;blog=679981&amp;post=4256&amp;subd=jordim&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por la ventana se veía a tres niñas, jugaban. Estaba como embobado mirándolas, aislado. Dentro la gente se reunía en grupos y bebía. Esa parecía ser la solución a todo otra vez. Era por la tarde y un amigo había decidido montar una fiesta de despedida. Se iba a trabajar fuera un año. Su novia se quedaba aquí. Las niñas de fuera eran niñas ajenas, hijas de algún vecino. Niñas de entre cinco y ocho años. Había una suerte de jardín comunitario, un “columpio”, un neumático colgado de la rama de un árbol. Dentro conocía a unas cinco personas de las treinta que podía haber.<br />
La idea de celebrar por la tarde el encuentro tenía que ver con el avión mañanero que al día siguiente tenía que coger mi amigo. Se iba a Alemania, creo. La novia del muchacho iba de un lado a otro de la fiesta comentando que no pasaba nada, que todo iba a ir bien y demás. La distancia no iba a ser un problema. Había confianza mutua. Ella parecía ser la parte de la pareja que realmente había sufrido por él irracionalmente antes de que comenzaran a salir (y después), y él parecía quien había cedido. Era algo que ambos sabían, y que todos los invitados sabían, y que hacía que la gente asintiera sonriendo demasiado vehementemente cuando ella hablaba solapadamente de fidelidad asegurada.<br />
Al cabo de un rato de observar a las crías jugando en el jardín, se me acerca un tipo joven y se me presenta. De unos veinticinco años, quizá algo más, se podría decir que albino. Gafas de pasta negras, piel casi traslúcida. Borracho a la seis de la tarde. Y el tío me da un codazo y sonríe y dirige el mentón hacia las niñas. Su expresión resulta claramente enfermiza. Arrugo el ceño y me susurra que ya, que no disimule, que a él también le va «el rollo». Estoy demasiado apático para librarme de él, así que el tío comienza a sacar conclusiones enseguida como hace todo el mundo con todo. Le doy el regalo de la ilusión de control, suelo ser generoso con eso. Y me dice que se le está poniendo dura. Resoplo y miro hacia la fiesta, y me pregunto de dónde habrá salido este tío, ¿esto es lo que hoy en día llaman amigo? Por un momento me imagino al colega del viaje intercambiando material pedófilo con albinos. Y su novia enamorada. Y yo metido en medio de todo, junto a vete a saber cuántos pederastas más en la fiesta.<br />
El tío comienza a describirme lo que haría con las niñas. Luego me dice que hace poco se licenció y que la universidad era un rollo, todo tías estiradas, todo pijas, todas «tan listas y tan modernas, qué asco». ¿Demasiado mayores?, dije. A esas alturas de la conversación ya había entrado a su juego. “Sí, tío”, me susurró, desgañitándose en risas mal disimuladas dentro de mi zona de influencia. Demasiado mayores, demasiado desgastadas, demasiado todo. Le pregunto si es muy colega del viajante. Lo que recibo por respuesta, es toda una serie de confidencias que convierten de golpe y sin más a la novia enamorada en la tía con más cuernos que haya conocido en mi vida. Pero no digas nada, me dice el albino. Desde universitarias, pasando por todo tipo de mujeres de todas las edades, y hasta prostitutas. La lista de amantes del señor viajante. Uno de mis colegas desde hace años, cambiado radicalmente desde que tocara su primera teta. Antaño era un adolescente inteligente y se podría decir que bondadoso. Me pregunté si el albino no me estaría soltando una sarta de mentiras. Pero la verdad es que quería creerle. La fiesta era poco más que uno de esos intentos desesperados de protagonismo, de conseguir palmaditas en la espalda. Era la forma de reunir a familia y amigos y declararse tan maduro y responsable como para ir al extranjero a currar, pero no sin antes dar un abrazo a todas las «personas importantes de su vida». Hay gente que hace esas cosas por amor (aunque no sé cuánta, la verdad). Y luego hay gente como mi colega, cuya forma de actuar desde hace muchos años no ha dejado de ser la de un cazador que sale cada mañana rifle en mano en busca de alimento para su ego.<br />
Lo que ese día hacíamos todos, pues, era darle su jugosa presa del día. Y él la devoraba a gusto con su novia paseando la cornamenta y siendo encantadora con todos. Me pregunté cuánta gente más sabría la verdad. Hasta qué nivel la reunión podía no ser más que una auténtica mierda de olor dulzón y buen aspecto. Con la chica en el centro de la diana de cada susurro. Buenas personas todos otra vez. Aquí no pasa nada. Míranos, bebemos y charlamos y lo pasamos bien, y mi colega albino me vuelve a describir cómo se pirra por las niñas menores de ahí fuera; sus cuerpos sin curvas ni vello, lo fácil que sería engañarlas, insertarse en sus orificios, el chantaje emocional posterior a cambio de silencio. Él lo ha hecho montones de veces, dice. Está chupado, dice&#8230; Y si nos ves desde cierta distancia, parece que simplemente hablamos de alguna peli que casualmente vimos los dos ayer en la tele.<br />
Ya metido en harina, decido indagar. Le pregunto -con cierto miedo- al bicho enfermizo que tengo al lado si al colega del viaje también le va «el rollo». ¿Estás de coña?, murmura el albino sin apartar la vista de las crías, y asegura: Ése podría convencer a cualquier crío. Me atraganto con la bebida y la echo en parte por la nariz. Media fiesta me mira. ¡Tranquilo, tío!, dice el albino sonriendo a la galería, mientras todos vuelven a sus conversaciones.<br />
A él le va, me dice en voz baja, claro que le va el rollo, pero también le van las mayores. No es gay, eso sí, me aclara; bueno, añade, sólo si se trata de niños, varones, tú ya me entiendes.<br />
Comienzo a sentirme realmente revuelto. Yo sabía que algo olía raro siempre en el ambiente, en estas reuniones, en todos los objetivos y las metas y los logros personales alcanzados. Aunque incluso había llegado a sentirme mal por no ser más ambicioso en comparación con colegas como el del viaje. Pero de golpe la realidad es demasiado aplastante. Comienzo a ponerme blanco, casi al nivel del albino. Joder, me dice, pensaba que tú ya lo sabías&#8230;<br />
Tengo que preguntar dónde está el lavabo. Me dirijo a él con todo el ponche cogiendo la dirección contraria por mi cuerpo. Mis tripas se contraen. Recorro un largo pasillo. Empujo la puerta que me indicaron, y por suerte no me he equivocado. Me arrodillo y me aferro a la taza. Convulsiono con mucho esfuerzo. El albino ha venido conmigo y me espera fuera.<br />
Mientras intento librarme de las últimas arcadas, decido que todo el asunto tiene que ser una broma, una coña de ese capullo albino; decido que en cuanto salga del baño él me lo confirmará. Nadie de esta casa tiene sexo con niños, ni maneja ese tipo de pornografía. Eso me dirá, y yo podré volver a saludar a mi colega y decirle lo cabrón que es el colega ese lechoso que tiene. Ese hijo de puta. Ese hijo de puta me hizo vomitar todo lo que había bebido, le contaría recurrentemente en el futuro.<br />
Pero no fue así.</p>
<p>Al salir del baño le pregunté al albino que si todo aquello que me había contado iba en serio. Y el tío dijo que sí, y me preguntó qué pasaba, si yo también&#8230; ¡Yo no soy así!, grité. No pensaba que llegaría a ese punto de indignación, pero acababa de vomitar, y eso siempre me pone poco comprensivo o mesurado. Caminé hacia la fiesta otra vez, con el albino detrás susurrándome que por favor no me chivara, que por favor&#8230; que por favor&#8230; Pero en ese momento sólo podía intentar respirar y valorar el estado de mi estómago. Frases inconexas pasaban por mi cabeza. Quería quedarme e irme a la vez. Quería actualizar mi blog a lo grande. “El día que descubrí que todos mis amigos eran pederastas”. Tonterías así llegué a pensar. Debería coger a esa chica cornuda y contarle una historia, pensaba. Me acordé de Olga, una niña de primaria que se fue del colegio en tercer curso; una semana más tarde despidieron a un profesor y nadie nos quiso contar directamente lo que había pasado (lo cual no significaba que los niños no tuviéramos oídos).<br />
Volví al salón con el resto y me ofrecieron un sillón en el que descansar. La anfitriona se quedó conmigo, se sentó en una silla. A no mucha distancia, albino y mi colega se hablaban al oído, muy serios. Mi colega pasó de su habitual sonrisa socarrona a un notorio estado de lividez. Apenas sabía responder alegre cuando alguien volvía a bromear con él. Me miraban y realmente creían que iba a delatarles. Supongo que se trataba de mi semblante serio, les comenzó a alarmar. Lo que les asustaba más, obvio, era el hecho de comprender poco a poco cierta verdad: que yo no era «de los suyos».<br />
Al principio pensé en no decir nada. Es mi primer impulso natural. Pero luego caí en la cuenta de que esto no iba de simples cuernos o monogamia alegre. Esto era serio, un delito, y tendría que soltar la bomba: enchufar el ventilador industrial y comprobar cómo sería de grande la mierda que esparciría. Lo cual era algo que no sabía. No sabía si se trataba sólo del albino y mi colega o si habría mucha más gente conocida implicada. La anfitriona intentaba darme conversación. Toda mi visión sobre las personas que tenía delante estaba mutando. No podía imaginar a ninguna de las mujeres presentes metidas en algo así; el sólo hecho de ser mujeres las excluía para mí. Fue algo que me dio que pensar. Obviamente la anfitriona no estaría metida en chanchullos de pederastia. Al verla interesada por mi salud, comencé ser consciente de que pronto le destrozaría la vida. Puede que incluso tuviese que marcharse de la ciudad, empezar de nuevo en otro lugar. No pensaba que ella fuera tonta en realidad, me imagino que ya se olía que su novio no era lo que se dice un santo; pero estaba claro que de ahí a lo que acababa de provocar mi huida al baño, había un trecho.<br />
Me quedé sentado un rato, intentando recuperarme y ser cortés con ella. Albino y el otro no dejaban de controlarme. Sabían que cualquier gesto por mi parte era sumamente peligroso. Cualquier cosa que dijera. Decidí mandarlos al cuerno y le dije a la mujer que tenía que hablar con ella, pero que tenía que ser en privado, teníamos que estar solos, era algo serio.</p>
<p>Hay ciertas cosas que piensas que nunca te van a salpicar en la vida. Supongo que forma parte de nuestro mecanismo de supervivencia de serie. Yo nunca me he considerado optimista. El ambiente a mi alrededor nunca me pareció ejemplar o muy fiable, siempre supe que había muchas carencias que suplir con méritos y medallas, había mucho que «demostrar», todos andaban muy preocupados por dejar clara su valía. Lo denotaba el hecho de que no te permitieran dejar de saber que ellos no paraban de «hacer actividades», de «prepararse y formarse». Necesitaría un buen rato por ejemplo para completar la lista de títulos y cursillos y talleres sumados a las dos carreras de mi colega el viajante. Él siempre fue de los que hablaba con mucho desdén de la vagancia y la apatía, dos conceptos que por cierto se solían asociar con frecuencia a mi persona; y no porque yo me dedicara a ver la tele todo el día tirado en un sillón, sino simplemente porque cada paso que daba no tenía una meta concreta lo suficientemente ambiciosa al final del trayecto. Eso era una perdida de tiempo para muchos. Para mí, esa clase de integridad de la que mi colega y tantos otros hacían gala, acababa siendo irritante, y después sospechosa. Demasiado esforzados por ser ciudadanos modelo, no era muy de extrañar que escondieran algo. Aun así, nunca hubiese sospechado que fuera algo más allá de alguna prostituta de vez en cuando, o quizá incluso chanchullos relacionados con drogas.<br />
Te lleva a preguntarte qué clase de frustración personal profunda te puede abocar a sentirte atraído sexualmente por niños pequeños. En relación con mi colega y el albino, parecía una cuestión de control. Se sentían seguros con niños porque los niños no podían manejar la situación. El pederasta manda, y he de suponer que eso es parte del motivo de su excitación. Aunque no se le pueda dar una explicación lógica al asunto más allá de una ristra de insultos justificados y alegaciones con relación a alguna enfermedad mental, pasé bastante tiempo intentando hilvanar cierta correlación entre el carácter de esos tíos y su idea de una buena noche de sexo. En ciertos aspectos relacionados con el intelecto, supongo que un crío es lo que hay justo al otro extremo de una mujer. Supongo que si llevas exactamente la clase de vida que todos te han dicho siempre que tenías que llevar, eso ha de conllevar toneladas de represión asociadas con cualquier faceta de tu carácter, incluida la de tu apetito sexual. Eran solo divagaciones, lo admito, pero era posible que todo ese «adaptarse» y «tragar» como buenos adultos, pudiera acabar desquiciándote. Según esa premisa, no era raro que los curas  fueran propensos a tocar a los niños. Aunque la verdad, no sé si ese proceder tiene mucho que ver con el celibato o esa profesión en concreto. Diría que el asunto debe ser aún más genérico y aterrador, y podría guardar relación con lo mismo por lo que alguien se harta y mata a tiros a toda su familia. Hacer algo ilegal o hasta repugnante podía quizá acabar siendo la válvula de escape de algunas personas, que de alguna forma se han vuelto locas de remate debido a su constante ímpetu forzado por respetar las convenciones y el supuesto «camino correcto» a seguir.<br />
Ahí puede entrar el papel de los niños. Un niño es una víctima fácil.<br />
Y mientras la chica cornuda y yo salimos al jardín por la parte de atrás de la casa, un silencio horrible se adueña de nosotros. Ella no se atreve a preguntar nada y yo no sé qué decirle. Una cosa es aceptar la realidad en silencio y otra muy distinta saber exponer los hechos. No pude evitar recordar la anterior reunión habida en la misma casa hacía un mes, y con más o menos la misma gente (exceptuando al albino); era el cumpleaños de alguien, no sé si del colega viajante o su novia cornuda (nunca recuerdo los cumpleaños). Pone la piel de gallina la precisión con la que encajan ciertas insignificancias del pasado una vez se te revela un dato importante que ignorabas. Aquel día había varios niños en la fiesta. Mi generación ya estaba en esa edad que rodea los treinta en que las parejas que llevan cierto tiempo juntas deciden tener hijos por un motivo u otro; unos por, digamos, obligaciones de agenda conyugal, y otros por sentimientos más sinceros, y no sé si muy habituales. Aquel día vi a mi colega muy juguetón con los críos, y me extrañó y costó asociar su habitual e íntegro cinismo con esa vertiente que yo no conocía o de la que no me había percatado.<br />
Pero tuve que poner freno a mi memoria, la mujer que tenía delante se moría de impaciencia por saber qué había pasado. Sonreí como si el cielo no se hubiera abierto o el mar no fuera a tragársela. Un estúpido intento de calmarla.<br />
Di varios rodeos hasta que le expuse mi conversación con el albino y lo que me había revelado pensando que yo era «de los suyos». Ni tan siquiera le comenté que su inteligente y preparado novio se acostaba habitualmente con otras, ya fuera pagando o no. Me limité a dejar claro que, o el albino era un cabrón retorcido que se había querido quedar conmigo, o mucho me temía que al menos él y el viajante no veían a los niños con los mismos ojos que ella.<br />
Recuerdo que por aquel entonces para mí los niños -en calidad de hijos potenciales, que era la única forma en que los veía- eran una de esas cosas que quería evitar; apenas me sentía responsable para mantenerme y procurar no desquiciarme yo mismo, así que ni mucho menos iba a tener un crío para proyectar mis debilidades en él como muy claramente hacían ciertos padres que yo conocía, y que funcionaban a partir de los típicos prejuicios de base: las mujeres están locas, los hombres son simples, y los niños son tontos a los que hay que darles un guantazo a tiempo. Yo no veía así a las personas; y era curioso comprobar cómo esas parejas de actitud aparentemente optimista y centrada podían tener una visión tan sesgada y estúpida de la vida y las responsabilidades. Parecía la explicación sobre por qué tanta gente cree que educar a un crío es simplemente una tarea más (siempre esperando, eso sí, amor incondicional y obediencia por parte del niño), o que incluso se puede delegar y que otros se encarguen de ello (como si ellos ya hicieran suficiente con haberlos traído al mundo con el gasto que eso supone). Y con esa mujer delante, que sabía que proyectaba tener hijos, y que sé de buena tinta que hubiese sido puro amor para ellos, no me extrañó nada la subsiguiente reacción general a mi revelación. Sin decirme nada, se encaminó enérgica hacia el interior de la casa. Yo decidí quedarme fuera. No quería compartir la escena; además decidí que si alguien salía a por mí correría hacia mi coche y huiría; no me importaba que la carrera pareciera de dibujos animados. Ese día yo ya había tenido suficiente fiesta, se me había proporcionado demasiada porción de realidad. No sabía si quería saber aún más. De momento había una más que seria posibilidad de que uno de mis mejores amigos fuera un auténtico hijo de puta; mucho más allá del típico que siempre te debe pasta o le echa morro o flirtea con tu novia y demás. Aquello no había forma natural de digerirlo o afrontarlo, así que de algún modo me negué a ello. Intenté aceptar y asimilar los datos, y guardarlos en alguna carpeta de mi disco duro que evitaría volver a abrir (en el cerebro no había papelera de reciclaje ni opción de eliminar nada). Solo de saber la información, me sentía sucio. Me imaginaba a mí mismo quedando con chicas y evitando a toda costa que se enteraran de que quizá varios de mis amigos no tenían precisamente porno del de toda la vida en su ordenador. El solo hecho de haber pasado tantos años con alguien así en tu órbita, te podía convertir en sospechoso.<br />
Lo siguiente que sucedió fue que el albino y mi colega viajante salieron escopeteados de la casa hacia mí. Me quedé paralizado. La novia cornuda iba detrás y lloraba y les daba manotazos a ambos. Era más cómico de lo que la situación merecía. Otros invitados salieron e intentaron reducir a la mujer cuando comenzó a cerrar los puños para hacer más daño. Mi colega me miró a los ojos y comenzó a preguntarme Por Qué, Por Qué, Cómo Había Podido, ¿No Eramos Colegas?&#8230; Rompió a llorar y cayó de rodillas al suelo (era todo lo patético que se pueda imaginar). El albino nos miraba sin hacer nada, su cara completamente roja, el resto de invitados ya fuera de la casa. Había incluso uno grabando con su móvil. Ensayé un semblante de dureza ante la situación. Era horrible, pero una parte de mí disfrutaba de todo aquello; aquel capullo que ahora lloraba había sido altivo siempre, se había sobrado toda su vida. Se había mostrado como el hombre Capaz que todos admiran, el yerno ideal y demás monsergas. Y ahora sólo era basura. Excremento de Dios. Tenía un profesor que llamaba Excrementos de Dios a los alumnos que se negaban a hacer los deberes o que fastidiaban a los demás: yo, por supuesto, por pura apatía, era uno de ellos. Desde aquella época, el tío que ahora tenía delante llorando, había sido la Figura que mis padres me restregaban, aquello que yo no era capaz de ser por inútil y vago. Yo sólo quería meter mano a ciertas chicas (algo que, incluso con mi timidez, acabé consiguiendo a menudo, por cierto, y de lo cual nadie me reconoció el mérito). Yo estaba al final de la cola, y seguí allí hasta que aquel albino me tomó por su semejante.<br />
Luego el albino y mi colega comenzaron a discutir enrabietados. Mi colega se puso de pie. Ahora ya había al menos unos cinco móviles grabando con descaro. Esa escena me tranquilizó, parecía que allí los únicos tarados eran esos dos idiotas, y me convencí de que a nadie más de mi entorno le iba «el rollo». La chica cornuda lloraba con tal fuerza que a ratos se atragantaba, arrancaba césped del suelo, una vecina la acunaba. De las casas de alrededor habían salido ya varios vecinos a espiar sin reparo. Pude ver muchos más móviles grabando, incluso un par de cámaras digitales. Mi colega pasó de la desesperación a la rabia. Cuando hice ademán de ir hacia mi coche, me sujetó y me miró a los ojos fíjamente. Tenía la cara roja, como a punto de estallar. Cuando me zarandeó antes de comenzar a gritarme, creo que oí algún flash. Yo seguía con la sensación de haber hecho justicia y a la vez aplastado a alguien que en el fondo siempre había sido un enemigo; una persona que siempre me vio a mí y a otros como bichejos que jamás conseguirían lo que él ha conseguido. Yo sabía que había en él una buena dosis de rabia acumulada. En realidad, estas cosas son más sencillas de lo que aparentan. Yo le odiaba por ser “el ciudadano modelo” y una prueba occidental de por qué el mundo siempre está podrido, y él me odiaba porque a los quince años, cuando yo fracasaba en los estudios, una chica que salía con él lo acabó abandonando por mí; lo cual era quizá la única prueba que la vida la había puesto delante en relación a la idea de que por más que seas el mejor en todo, a veces las cosas no salen como tenías previsto. No fue algo premeditado. Según él, yo «le había quitado la novia», pero en realidad lo que pasó es que a menudo quedábamos los tres y yo no mostraba el más mínimo interés por ella (no por nada, sólo era timidez, la cual se suele confundir con mil cosas), a lo que ella respondió con interés, y a lo que yo respondí dejando que me metiera la lengua en la boca en cierta discoteca un sábado por la tarde (recordemos que teníamos 15 años). No se trataba de la chica (bueno, para mí sí), se trataba de ganar o perder, y él no podía perder, y por lo tanto, tampoco sabía.<br />
Después de zarandearme, me señaló con el dedo. Me gritó que yo estaba deseando joderle, ¿verdad?; yo quería joderle la vida, ¿a que sí? Me roció la cara de saliva. Un chico se acercó tanto arrodillado y grabando con su móvil, que estuvo al menos un minuto sacando un plano contrapicado de mí siendo empapado por mi colega en su proceso de ira. Yo no decía nada, me sacudí el flequillo de modo inconsciente. El albino comenzó a llorar como si acabara de darse cuenta de dónde se había metido. ¿Qué haces?, dice entonces mi colega volviéndose hacia él. “¡Aquí nadie es culpable hasta que no se demuestre lo contrario!, ¿estamos?”, gritó con los brazos en alto, procurando que todos le oyeran. Además, ¿qué coño pasa aquí?, añadió, ¿es que vais a hacer caso a este paleto?, y se volvió hacia mí: ¿es que acaso tienes ni trabajo, paleto?, ¿qué eres ahora?, ¿camarero? Guardé silencio. Durante un minuto, mi colega parecía contenerse para no darme un puñetazo, y sólo se oían los lloros del albino. Eres un paleto, me dijo mirándome fijamente. En ese momento se volvieron a escuchar flashes, ya estaba claro que alguien no dejaba de hacer fotos. Eres un paleto, me repitió, y lo has sido toda tu puta vida, paleeeeeeto. La chica cornuda me miraba desde el suelo, le miraba a él y me miraba a mí, la cara hinchada, los ojos fuera de sus órbitas. Lo siento, dije mirándola, pero también se ha acostado con otras mujeres, también con prostitutas&#8230; En ese momento, varias personas se situaron detrás de mí, al menos había dos fotografiando la cara de mi colega. Él retrocedió y le gritó a su novia que eso era «una puta mentira». Ella volvió a llorar con fuerza. Aun así, parte del publico, creo, se sintió algo decepcionado; lo de las putas no era gran cosa en comparación con los niños violados. Sea como fuere, el colega que ya no sería viajante al día siguiente, volvió a hundirse y quedó hecho un ovillo en el suelo. Lo más absurdo de todo, es que seguramente sólo podía pensar en aquella cría de quince años que él no pudo mantener consigo, y que si ella hubiera seguido con él ahora todo iría bien. Ese fue el punto de desequilibrio. Era una injusticia, eso pasaba por su cabeza. Todo su esfuerzo&#8230; y esto era una injusticia. Entonces yo me volví y me dirigí hacia mi coche. Detrás estallaron los flashes y continuaron los lloros.<br />
Una vez dentro del vehículo, busqué cierto disco de <em>Metallica</em>. Arranqué y vi por el espejo retrovisor cómo un par de personas me enfocaban con el móvil, cómo la gente se arremolinaba alrededor del albino y mi colega y la mujer cornuda. Muchos grababan, algunos toqueteaban sus cámaras, se hacían consultas técnicas entre ellos. Era el mundo del que mi colega había dejado de ser el rey. Al doblar una curva, y sin ninguna sensación de vergüenza o tristeza, puse la música a todo volumen, y me sentí realizado por primera vez en muchos años.</p>
<p><iframe width="545" height="307" src="http://www.youtube.com/embed/7V97ahVeoas?fs=1&#038;feature=oembed" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>
<p>[Para el video, un poco de Nick Cave, que hace tiempo que no le escuchaba. Abajo + pin up.]</p>
<p><a href="http://jordim.files.wordpress.com/2012/01/500full-keri-russell.jpg"><img src="http://jordim.files.wordpress.com/2012/01/500full-keri-russell.jpg?w=545" alt="" title="500full-keri-russell"   class="aligncenter size-full wp-image-4257" /></a></p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/jordim.wordpress.com/4256/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/jordim.wordpress.com/4256/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/jordim.wordpress.com/4256/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/jordim.wordpress.com/4256/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/jordim.wordpress.com/4256/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/jordim.wordpress.com/4256/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/jordim.wordpress.com/4256/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/jordim.wordpress.com/4256/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/jordim.wordpress.com/4256/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/jordim.wordpress.com/4256/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/jordim.wordpress.com/4256/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/jordim.wordpress.com/4256/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/jordim.wordpress.com/4256/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/jordim.wordpress.com/4256/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=jordim.wordpress.com&amp;blog=679981&amp;post=4256&amp;subd=jordim&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://jordim.wordpress.com/2012/01/27/ilusion-de-seguridad/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>1</slash:comments>
	
		<media:content url="http://1.gravatar.com/avatar/5a00494a20dbd7b3f9b81feaa45b8216?s=96&#38;d=identicon&#38;r=G" medium="image">
			<media:title type="html">Jordi M. Novas</media:title>
		</media:content>

		<media:content url="http://jordim.files.wordpress.com/2012/01/500full-keri-russell.jpg" medium="image">
			<media:title type="html">500full-keri-russell</media:title>
		</media:content>
	</item>
		<item>
		<title>Principios del siglo XXI</title>
		<link>http://jordim.wordpress.com/2012/01/22/principios-del-siglo-xxi/</link>
		<comments>http://jordim.wordpress.com/2012/01/22/principios-del-siglo-xxi/#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 22 Jan 2012 22:26:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jordi M. Novas</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://jordim.wordpress.com/?p=4242</guid>
		<description><![CDATA[En aquel momento era la moda que se llevaba, dice siempre todo el mundo. Así era como éramos, dicen. Actuábamos y vestíamos así. Era «lo que tocaba». Pasan otra hoja del álbum de fotos digital. Y te siguen contando entre líneas por qué nunca tuvieron lo que se llamaría carácter propio en el momento de &#8230;<p><a href="http://jordim.wordpress.com/2012/01/22/principios-del-siglo-xxi/" class="more-link">Leer Más</a></p><img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=jordim.wordpress.com&amp;blog=679981&amp;post=4242&amp;subd=jordim&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En aquel momento era la moda que se llevaba, dice siempre todo el mundo. Así era como éramos, dicen. Actuábamos y vestíamos así. Era «lo que tocaba». Pasan otra hoja del álbum de fotos digital. Y te siguen contando entre líneas por qué nunca tuvieron lo que se llamaría carácter propio en el momento de la historia en que más se reivindicaba el carácter propio. Querer demasiado a alguien no se llevaba mucho, la verdad, dicen. Era más apropiado aparecer una vez al mes por alguna red social y decir algo como «¡Eh, a ver cuándo quedamos para un café!», cosas así. Ni mucho ni poco. Donde sí había intensidad era en frases como «¿Me lo puedes envolver para regalo?» o «Cómo molan los X (sustituir X por el nombre de algún grupo que moriría durante el parto)». Hacíamos quedadas desvirtualizadoras, te dicen, conocimos a poetas de veinte años que llevaban sombreros y chalecos. Para ellos era importante que supieras que tenían mundo interior, eran pacientes e inteligentes y resultones. Todo el mundo era un genio, dicen. Todos eran genios y sabían en qué ambiente había que moverse. A veces parecían los nuevos yupis de los años dos mil. Convirtiendo en vigentes otra vez las correrías conceptuales de <em>American Psycho</em>. Sustituyendo drogas y violencia por otra clase de vacío mejor visto. No fumábamos, te dicen, y sabíamos lo que teníamos que comer dos meses antes de que llegara el verano. No es que tuviéramos sobrepeso, es que ya sabíamos cuándo nos sobraban dos kilos. Podíamos clasificar cualquier tipo de obra de arte, contextualizarla, decirte la fecha en que se gestó y en qué etiqueta encajaba durante nuestra época. A veces no sabíamos valorar la obra en sí, pero eso era lo de menos. No aprobabas exámenes con eso; nadie te daba un título por emocionarte con una película o maravillarte con un cuadro. Tenías que saber quién hizo el marco, cómo era el tapiz, cómo se transportó, en qué galería se expuso (por decirlo así), ¿en qué corriente literaria encajaría el siguiente fragmento?, etc. Eso era lo importante, y nosotros controlábamos todo eso. No estaba muy vigente eso del amor o el placer implícitos en las relaciones personales o el arte. Nosotros queríamos trascender eso. Era el mundo en el que vivíamos y ser moderno era tener cierta clase de fe. Los símbolos y los tatuajes y las cubiertas de los discos, daba igual lo que significaran, lo importante era el símbolo en sí y cómo quedaba serigrafiado en tu bolso. Eso decía mucho de ti. Todo hablaba de ti, cualquier complemento; y tu boca como herramienta estaba al final de la cola en eso, no digamos ya tus sentimientos u opiniones reales. Pero claro, obviamente la idea era que eso quedara soterrado. Había miles de artículos que defendían ese estilo de vida desde múltiples ángulos. Lo que debía imperar era que podía leerse cómo eras, tu auténtica naturaleza, según tu perfil como consumidor. Cambiabas como “persona” según cómo fueras encajando en el decorado general. Era esa certeza impepinable de chico que empieza a salir con chica y de golpe siempre va bien afeitado y su vestuario comienza a ser mucho más cuidado (aunque el chico sea igual que antes en lo que no está a la vista); era eso extrapolado a todo lo demás. La chica era nuestra época, el chico eran las personas que la poblábamos.<br />
Lo cierto es que siempre había sido así, pero nosotros, nuestra generación, estaba llegando a cimas de mediocridad meticulosamente disfrazada difíciles de asimilar y analizar. Todo se había fusionado a muchos niveles. Tenía que ver con seguir comprando ropa cada semana, tenía que ver con las dietas, con una obsesión por la salud rayana en lo absurdo (casi con la idea de inmortalidad y juventud eterna como soporte); tenía que ver también con cientos de explicaciones aplicables a cualquier época. Pero una de las grandes diferencias, uno de los grandes aportes a esas corrientes ridículas para la despersonalización de las masas, era la revolución tecnológica. La misma tenía sus grandes ventajas y herramientas, pero una vez más da igual el medio, lo que importa es lo que se hace con él.<br />
Aún había gente que conservaba televisiones en casa que tenían más años que sus hijos universitarios, mientras estos ya habían cambiado de móvil hasta cinco y seis veces.<br />
Con la revolución tecnológica se hizo patente otra vez la patética realidad de siempre. Nuestra generación indie insultantemente preparada y con la agenda permanentemente llena, era igual de estúpida en lo esencial que cualquier otra generación. Nuestra generación de genios, de blogueros, de licenciados y poetas de veinte años. Lo adoradores del medio por encima de todo lo demás.<br />
Por ejemplo un teléfono no era un teléfono. Y si lo era, habían conseguido convencernos de que no, de que qué ibas a hacer por ahí todo el día sin tener una lenta conexión a Internet en el bolsillo. Los avances que podían dar servicio como mucho a viajantes constantes que se pasaran meses fuera de casa, pasaron a ser imprescindibles para todo el mundo. Así pues, un teléfono dejó de ser un teléfono, y pasó, como tantas otras cosas en el pasado, a ser otro artículo más definitorio de tu personalidad. Otra vez quedaban al margen tu verdad, sentimientos o pensamientos profundos, o estos estaban limitados por el tema de actualidad vigente o el número de caracteres permitidos en Twitter. Un chat no era un chat. Un chat también definía tu modernidad en relación al tiempo que tardaras en pasarte al chat nuevo de moda. Otra vez lo importante era el medio y no la conversación o el intercambio de información.<br />
El mayor argumento que tenían los amantes de toda esta vorágine de nuevo consumismo, era el de la desconfianza que pudieron tener nuestros antepasados con avances como el del pergamino al libro o el de la máquina de escribir al ordenador. Nunca tenían en cuenta, por supuesto, que en aquellos avances, en aquellas épocas, había un ánimo de facilitar la vida a las personas, además del ímpetu mercantilista. Con lo cual, un invento o nuevo paso tecnológico se producía cuando el creador de turno -errara o no- creía que aquello era una ventaja de verdad para el consumidor. Sin embargo, muy sospechosamente, en nuestra época, esos supuestamente grandes y útiles avances, se producían de año en año, a veces en pocos meses. Se trataba de dar un imaginario paso más enseguida para que la gente volviera a renovar el fondo de armario tecnológico. Y por supuesto, la gente picaba, la gente, todos, íbamos como moscas a la mierda, ya que la mierda era plateada y elegante y había una manzana mordida dibujada en ella, Steve Jobs moría en aquel momento, y la sociedad había adoptado por fin sus artilugios tecnológicos como la nueva ropa, las nuevas prendas y complementos, con tendencias que se renovarían enseguida y a las que tendríamos que estar atentos si no queríamos ser unos carcas de un año lectivo para otro.<br />
Era algo así como el paso lógico occidental. En cualquier campo, ya se había perdido la esperanza de asociar la calidad o profundidad de algo a una respuesta comercial satisfactoria. Salía cada poco un juguete nuevo por la misma razón por la que grandes productoras como Fox batían records de mediocridad cualitativa en todo artefacto que hicieran realidad. Así pues, la respuesta estaba más en educar al consumidor que en pensar qué era lo que el consumidor quería. Si conseguías que todo el mundo creyera que un nuevo teléfono con el que ibas a hacer lo mismo que con el anterior era lo que tenías que comprar en navidad, ya no había que pensar. Y de todas formas, si el producto no calaba, enseguida saldría otro. La idea de la evolución y adaptarse a los tiempos, siempre era una excusa blindada. Si no sabías verlo eras un cascarrabias. Todo estaba asociado, claro está, con cierta filosofía sobre el joven emprendedor y optimista. No solo se había hecho patente el concepto de la valoración del ciudadano según su impulso consumista. Además, de repente esa idea era guay. Indie, Trendy, Hipster, Ecétera, Etcétera, Etcétera.<br />
Había un sinfín de nombres y palabras. De repente los productos a la venta estaban agrupados en etiquetas de ese tipo, lo cual los dotaba de una credibilidad que para muchos iba a misa. Daba igual si luego el producto en sí moría enseguida en la mente de todos, lo importante eran los beneficios en el momento en el que se comercializaba. Y era cuando comenzaba a dejar de venderse, cuando enseguida había que sacar otro asociado a la nueva etiqueta que lo vistiera a la medida para atraer a todos aquellos que no estaban dispuestos a «quedarse fuera» o «no adaptarse a los tiempos». Es decir, a la mayoría.<br />
No importaba mucho el clima actual, había inflación académica y crisis económica, pero lo que importaba era que, siempre, el marco, el medio o el camino continuaran siendo mucho más importantes que el fin o el contenido. Y así, sonreíamos porque estábamos al día, aunque en la gran mayoría de “polvos” que echáramos nos negáramos a llegar al orgasmo simplemente porque eso no estaba de moda.</p>
<p><iframe width="545" height="307" src="http://www.youtube.com/embed/zTTGMWQUhQ8?fs=1&#038;feature=oembed" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>
<p>[Arriba, escena de "Los Descendientes", nueva peli de Alexander Payne que hay que ver. Abajo + pin up.]</p>
<p><a href="http://jordim.files.wordpress.com/2012/01/pin-ups-de-irina-davis-3-540x629.png"><img src="http://jordim.files.wordpress.com/2012/01/pin-ups-de-irina-davis-3-540x629.png?w=545" alt="" title="pin-ups-de-irina-davis-3-540x629"   class="aligncenter size-full wp-image-4243" /></a></p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/jordim.wordpress.com/4242/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/jordim.wordpress.com/4242/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/jordim.wordpress.com/4242/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/jordim.wordpress.com/4242/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/jordim.wordpress.com/4242/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/jordim.wordpress.com/4242/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/jordim.wordpress.com/4242/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/jordim.wordpress.com/4242/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/jordim.wordpress.com/4242/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/jordim.wordpress.com/4242/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/jordim.wordpress.com/4242/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/jordim.wordpress.com/4242/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/jordim.wordpress.com/4242/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/jordim.wordpress.com/4242/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=jordim.wordpress.com&amp;blog=679981&amp;post=4242&amp;subd=jordim&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://jordim.wordpress.com/2012/01/22/principios-del-siglo-xxi/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>2</slash:comments>
	
		<media:content url="http://1.gravatar.com/avatar/5a00494a20dbd7b3f9b81feaa45b8216?s=96&#38;d=identicon&#38;r=G" medium="image">
			<media:title type="html">Jordi M. Novas</media:title>
		</media:content>

		<media:content url="http://jordim.files.wordpress.com/2012/01/pin-ups-de-irina-davis-3-540x629.png" medium="image">
			<media:title type="html">pin-ups-de-irina-davis-3-540x629</media:title>
		</media:content>
	</item>
		<item>
		<title>Anarquista</title>
		<link>http://jordim.wordpress.com/2012/01/20/anarquista/</link>
		<comments>http://jordim.wordpress.com/2012/01/20/anarquista/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 20 Jan 2012 05:32:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jordi M. Novas</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://jordim.wordpress.com/?p=4228</guid>
		<description><![CDATA[Se han extremado el agobio y el desespero soterrados. La mujer que tengo delante no sabe a qué viene todo esto. Todo lo que digo. Esto era una entrevista de trabajo. Tal y como son ahora estas entrevistas. Llega un momento en que el entrevistador quiere que le cuentes «algo de ti», quiere ser «tu &#8230;<p><a href="http://jordim.wordpress.com/2012/01/20/anarquista/" class="more-link">Leer Más</a></p><img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=jordim.wordpress.com&amp;blog=679981&amp;post=4228&amp;subd=jordim&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Se han extremado el agobio y el desespero soterrados. La mujer que tengo delante no sabe a qué viene todo esto. Todo lo que digo. Esto era una entrevista de trabajo. Tal y como son ahora estas entrevistas. Llega un momento en que el entrevistador quiere que le cuentes «algo de ti», quiere ser «tu “amigo”». Es sorprendente cómo durante estos procesos de selección, durante los mecanismos que miden sin querer hasta qué punto pueden ser artificiales e interesadas las relaciones humanas, ambas partes hacen como si nada. La conversación de pega fluye; dos personas imbuidas cada una en su personaje en pos de conseguir un objetivo. Es la dignidad del trabajo, esta es la dignidad de la que se habla siempre. Es la profesional artificiosidad de lo “natural” en el mundo laboral. La mujer sonríe y hace que la palabra «alegría» quede a unas mil decisiones por tomar.<br />
Uno es falso cuando miente, pero lo de estas entrevistas tiene que ir mucho más allá. No se trata solo de mentir o no. La entrevistadora tiene que interpretar un personaje que debería tranquilizarte en cierto modo, a la vez que te juzga por tu pasado y tus logros demostrables a una llamada telefónica. Como entrevistado, debes, de algún modo, mostrar un gran interés general por «el puesto», aunque el trabajo en sí no te dé para otro tema de conversación que no sea el de tu sueldo, el de tu soga económica al cuello. No quieres hablar de «lo que te gusta», has asumido que el mundo es un lugar cruel en el que para subsistir has de vivir machacado al menos el noventa por ciento del tiempo, sea o no así (o pudiera haber sido o no así). Aun así, si te preguntan por tu carácter, no olvides que eres optimista. Si quieres tener hijos (y no eres mujer), sonríes y saltas el obstáculo como puedas. Si tienes hijos, bla bla bla, jiji jaja&#8230; Y así con todo. Vas quedando bien aunque te contradigas y en relación a la verdad nada en la conversación tenga sentido. No se trata del sentido común o la lógica, se trata de «encajar». Una entrevista de trabajo es algo así como el contexto en el que un político se movería como pez en el agua. Todo es tontamente enrevesado y falso, todo es interesado, todo es justo aunque no lo sea, ya te llamaremos, sonrisas, usted esto y usted aquello, cercos de humedad en la axilas. Estás muerto, eso es lo importante, es lo más importante que debes asimilar antes de afrontar la mayoría de entrevistas de trabajo, o cualquier cosa que tenga que ver con sogas al cuello y más mañanas grises.<br />
Lo que comienzo a hacer yo en mi entrevista es justo lo contrario de lo que se hace. En lugar de entrar al juego profesional de la entrevistadora, comienzo a ser yo mismo. Ser uno mismo es algo así como la primera regla en la lista de las cosas que no hay que hacer si quieres que te vaya bien en cualquier faceta de la vida. La propia vida está diseñada para que seas menos como tú y más como los compañeros de clase u oficina o lo que sea. Has vivido toda la vida así. Sigue en ello, pues; en la entrevista lo que tienes que demostrar es que sigues siendo así, fácil de manejar. Tienes que convencerles de que no han de tener miedo, tu paso por la universidad y todos tus títulos no han forjado ningún tipo de personalidad propia en ti, no se te va a ocurrir ponerte a pensar por ti mismo, así que no tienen por qué preocuparse. Eres un tío que hace tiempo que renunció a ilusión profesional alguna. Lo que quieres es hacer las horas que ellos te digan, llegar a casa, estar demasiado cansado para plantearte nada, y volver para hacer lo que ellos te digan.<br />
Es un juego más sutil de lo aparente en realidad, ya que si sigues de verdad la línea marcada por la entrevistadora, nada puede ser tan gris; tu puesto de contable es lo que perseguías desde hace años; ¿programador?, toda la vida quisiste serlo, escribir líneas de código, eso era con lo que soñababas de crío; ¿mozo de almacén?, te encanta, te encanta el trabajo repetitivo y moverte en naves industriales. Etcétera. Esos deben ser los mensajes que le lleguen al entrevistador, aunque los transmitas de un modo menos obviamente falso. De todos modos él sabrá que todo es falso, pero deberá poder leer entre líneas que en realidad lo que pasa es que estás desesperado, y que al menos durante un buen tiempo estás dispuesto a ser un monigote para la empresa. Lo que debe parecer, ante todo, es que somos dignos no siendo nosotros mismos, siendo seres desilusionados y con las manos atadas; y esa apariencia tiene tanto que ver con el entrevistador como con el entrevistado. Pase lo que pase, nos pagan o pagarán por hacer que las cosas sigan igual en esencia. Y lo siguen siendo porque la mayoría de gente es sufrida y trabajadora. Es la mayor paradoja de llegar a la edad adulta y currar sin cuartel: encima, con toda probabilidad, eres tú quien les está dando la polla de goma de cincuenta centímetros para que te la encasqueten entera a diario.<br />
El sistema laboral que conozco, le digo a la entrevistadora, es el mayor mecanismo de chantaje material y emocional que existe. Y está tan profundamente arraigado, que la gente lo respeta y venera hasta el punto de valorarse a sí mismos según hasta dónde son capaces de bajarse los pantalones. Cuanto más sangras, más vales. Si tu pasión -aquello que te hacía sentir inteligente y creativo- quedó relegada a la categoría de hobbie cuando tenías veinte años, es porque has «madurado». Todo eso le comento a la entrevistadora, algo desganado, ya que son argumentos que hace muchos años que me rondan por la cabeza. Es casi un mantra. Ya ni siquiera me suena contundente o provocador, sólo me parecen más obviedades de las que la gente echa al montón de certezas de la vida a las que no quieren enfrentarse porque tienen demasiado que perder.<br />
Entonces, me enciendo un cigarro. Aquí, en el despacho de esta mujer de treinta y tantos, guapa y apta para su puesto. Es la clase de empleadas a las que mandan para hablar contigo. Ella sabe calarte. Tiene un etiqueta que ponerte para cada minuto de tu discurso. Para ella hay un motivo concreto sacado de los libros por el cual dices cada una de las cosas que dices. Pero claro, cuenta con que te vas a rebajar, con que a lo que has venido es a intentar «seguir con tu vida laboral» a toda costa. Así te enseñaron a ser, y no has desaprendido nada. Lo acumulas todo. Es curioso, le digo, cómo la gente planea el próximo año entero de su vida y luego se lo pasa diciendo cosas como «ya me gustaría», «es que no tengo tiempo», «claro, ya quisiera yo&#8230;», «ése lo que tiene es mucho tiempo libre&#8230;». Es como comerse tres pasteles de chocolate y, luego mientras vomitas, decir cosas como «claro, como tú no te los has comido&#8230;» o «perdona, pero así es como soy yo, lo que me gusta es desafiar a mi sistema digestivo». Y ni siquiera es una cuestión de tiempo, digo, es una cuestión de energías: no vas a querer hacer según qué cosas después del trabajo por el mismo motivo por el que no vas a querer comer después de pasarte una hora vomitando.<br />
La entrevistadora respira hondo. Sé que estoy comenzando a sonar pedante y sobre todo muy pesado, pero a la vez me siento honesto por primera vez en mi vida desde los diez años o algo así. Honesto de cara al exterior. Llevo como media hora de entrevista. Fuera había otra chica preparada; llevaba una carpeta y un dossier, un traje de chaqueta y unas finas gafas de montura roja, respiraba hondo cada treinta segundos. Enhorabuena, Fulanita, el puesto es tuyo, empiezas a partir del lunes, bienvenida a nuestra gran fam&#8230;<br />
Para todo lo que digo, la mayoría de gente tendría el impulso de contestar «¿¿Perdona??». La entrevistadora arruga el ceño constantemente. Ahora mismo ya me siento como un delincuente. Soy un peligroso anarquista porque estoy fumando en un interior. Basta con eso. Pero con cierta imaginación hay formas mucho más contundentes de parecer un anarquista con argumentos que, en realidad, no parecerían tan desquiciados si no fuera por cierta filosofía muy cerrada sobre cómo ha de actuar uno para ser responsable.<br />
Si quieres molestar a alguien de verdad, pon en duda todos sus esfuerzos. Y con esto no me refiero a que dudes que se hayan esforzado. Es aún peor. Sabes que se han esforzado; sobre lo que dudas es sobre si esos esfuerzos no habrán alimentado mucho más la parte gris de la vida del individuo en general, que la parte luminosa o que le hace feliz. Aunque te sonrían, no te quepa duda que si dudas de su trabajo y noches de hincar codos a esos niveles, te van a odiar, aunque luego quieran pagar ellos o incluso te den parte de razón.<br />
La entrevistadora me pregunta que qué hago. Le pregunto que si ahora venía lo de indagar en mi vida sentimental y todo ese rollo. Le digo que venía de verdad a intentar conseguir el trabajo, pero que he hecho tantas entrevistas que ya me parecen como gotas de lluvia, no dejan de llegar y acaban en el suelo y secándose. Lo que me hace gracia o fascina o indigna o qué se yo&#8230; lo que me hace cagarme de risa sarcástica, es el modo que tiene la gente de intentar superar la tristeza antes de tiempo. Da igual lo que sea, aunque en el fondo sepan que la derrota normalmente es el final de cualquier camino, se empeñan en venderte la moto de que ellos saben manejar cualquier situación. Y que eso no va a dejarles secuelas negativas, sólo aprendizaje. Es un rollo muy infantil en realidad; como cuando se separan de alguien a quien quieren y escriben cosas como “Ya te he olvidado”, frase indicativa de que no sólo no han olvidado una mierda, sino que además siguen lo suficientemente jodidos y desesperados como para escribir gilipolleces así, intentando sacarse a toda costa demonios de dentro que se irán ellos solitos exactamente cuando les dé la demoniaca gana. Lo cual es otra realidad que no quieren aceptar.<br />
Hace como diez minutos que no sé de qué me hablas, dice la entrevistadora.<br />
Me tutea porque le he dado permiso, es una de esas tretas clásicas para potenciar el buen rollo; pero al final tiene tanto sentido como que te tutee el tío que va a poner en marcha tu silla eléctrica.<br />
Lo que intento decir, creo, es que queremos controlar facetas de la vida que son imposibles de controlar, y nos conformamos con que sigan pudriéndose las que sí podríamos mejorar. Y no solo nos conformamos, además hacemos un esfuerzo brutal para que nada de lo controlable cambie a mejor.<br />
Es decir, por ejemplo un tío conoce a una chica y decide que le gusta; y el capullo piensa que va a poder controlar esa situación siempre y pase lo que pase. ¿Hay una actitud más estúpida que ésa?<br />
Por otro lado, la mayoría de las personas son incapaces de ver las taras de los sistemas cerrados que las llevan y las dominan. Esa actitud típica de la figura del niño responsable que hace caso a los adultos digan lo que digan, mucha gente la lleva hasta las últimas consecuencias, y hasta el final de su vida.<br />
Señor, me dice la entrevistadora.<br />
Una tercera persona entra en el despacho sin llamar, alterado e interrumpiéndola. Es un tipo de corbata, le susurra algo a la mujer. Me vuelvo, la otra candidata al puesto sigue esperando fuera. Lleva un moño muy bien recogido y tiene cara de haber dejado su personalidad atrás con el último castillo de arena que hizo. Fuera parece haber algo de jaleo. La candidata tiene la cara roja y sujeta nerviosa sus credenciales. </p>
<p>Lo que se oye es el restallido de una ametralladora. En cuanto a lo que se ve, digamos que la entrevistadora, el tipo que ha venido y yo, no estamos dispuestos a salir del despacho. La mayoría de cosas uno las ve por el ojo de una cerradura. La entrevistadora cierra la puerta dejando fuera a la candidata, que ya estaba comenzando a acurrucarse en el suelo para iniciar los lloros (ni siquiera ha intentado entrar, como si esperara algo así en su vida algún día). El tipo que entró, busca algo que colocar delante de la puerta para bloquearla, pero la decoración aquí es tan minimalista que no tiene mucho sentido intentarlo, y decide simplemente agacharse en un rincón, cerrar los ojos y creo que rezar. Yo me quedo sentado en la silla. El del arma grita incongruencias sobre lo que le debe «esta empresa». Se le oye perfectamente. Grita algo a propósito de sus hijos. La entrevistadora está escondida bajo la mesa. Yo permanezco en un estado de incredulidad. Hace poco me he encendido el segundo cigarro, y solo presto atención de verdad a eso. El resto parece algo ya muy sabido. Has leído mil noticias iguales. El tipo debe ir habitáculo por habitáculo, debe llevar munición de sobras. Debe estar -casi seguro- justificadamente cabreado. Lo que no tienen en cuenta algunas empresas a la hora de despedir y chupar la sangre a sus empleados, es que algunos de ellos en lugar de tomárselo como un punto de inflexión y cambio en sus vidas, podrían darse cuenta de hasta qué punto les han chupado la sangre. El hecho de tener el impulso de «matar a todo el mundo» a veces solo depende de si tienes acceso a armamento pesado. Es fácil ponerse moralista con esto y decir que la mayoría de gente no lo haría y que a veces hay que tragar y demás. El problema es que quizá <em>esto</em> ya haya ido demasiado lejos. Lo que seguro que no es fácil es saber que te vas a quedar en la calle quizá con un par de críos y una mujer que te sigue queriendo, y que confiaba en ti. No sé si será el caso del tío que avanza por el pasillo de tiros y gritos ahí fuera, pero seguramente la historia será muy parecida. Algunas personas no saben digerir la realidad de que por más que te esfuerces eso podría no estar sirviendo de nada. No quieren aceptar que quizá hayan dedicado toneladas de sacrificio y orgullo tragado a una carrera práctica que todos te vendían como «mejor camino» en lugar del que tú hubieras elegido. Como sea, la verdad es que sólo basta la combinación de la empresa y el banco adecuados para arruinar a un trabajador, a una persona sobrepasada de madrugones a la que quizá se haya puesto como ejemplo a seguir demasiadas veces ya. Puede que el único motivo por el que esto no pasa más veces, es que en realidad nunca haya mucha gente que se acabe dando cuenta de cómo han acabado como han acabado, y que encima ellos sólo intentaban ser lo mejor para los demás.<br />
Se oyen los pasos del tío ahí fuera. Le da una patada a nuestra puerta. Me vuelvo para mirarle. El miedo es tan intenso como que espero que me dispare en cualquier momento.<br />
Fuera, la parte de pared que veo está regada de sangre. La otra canditada, tirada en suelo con la cabeza aplastada, como si además de haber recibido varios disparos el tío le hubiese pisado la cabeza. “A ver, quién hay aquí”, dice el tío. Es pelirrojo, delgado, alto, unos cincuenta años, tiene buena presencia (excepto por la ametralladora). La muy idiota de la entrevistadora se pone a gemir indicando a todo el mundo el sitio exacto en el que está. Entonces el tío dice «¡Tu!», y se limita ametrallar la mesa. Una nube de humo. Veo crecer el charco de sangre. No hago un solo gesto, mi cigarrillo se consume solo. El otro hombre llora como una niña. El hombre armado sonríe. Le pone el cañón de la ametralladora en la sien. Aparto la mirada, pero dos restos sólidos de lo que supongo son sesos, me salpican la parte derecha de la cara. Me doy cuenta de que éste es el último despacho al final del pasillo. El hombre camina para colocarse frente a mí y se me queda mirando. Sacudo el cigarrillo y decido dar una calada. Lo hago por «la última calada». Le miro a los ojos para no mirar el cañón. Él respira pesadamente. No se oyen sirenas de la policía. Estamos en un bajo. Lo que hace el tío es bajar el arma y mirarme durante algo así como dos minutos. Como veo que aún no se decide, doy otra calada al cigarrillo. Y el ya asesino de masas se deshace de una mochila y deja el arma en el suelo, y se va sin hacerme nada.</p>
<p><iframe width="545" height="409" src="http://www.youtube.com/embed/EehdIcypknY?fs=1&#038;feature=oembed" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>
<p>[He descubierto el videoblog de un tipo bastante divertido, se hace llamar Loulogio, y en el video nos hace un análisis sobre la escena de... una peli. Abajo + pin up.]</p>
<p><a href="http://jordim.files.wordpress.com/2012/01/vargas_11.jpg"><img src="http://jordim.files.wordpress.com/2012/01/vargas_11.jpg?w=545&#038;h=748" alt="" title="vargas_1" width="545" height="748" class="aligncenter size-full wp-image-4230" /></a></p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/jordim.wordpress.com/4228/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/jordim.wordpress.com/4228/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/jordim.wordpress.com/4228/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/jordim.wordpress.com/4228/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/jordim.wordpress.com/4228/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/jordim.wordpress.com/4228/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/jordim.wordpress.com/4228/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/jordim.wordpress.com/4228/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/jordim.wordpress.com/4228/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/jordim.wordpress.com/4228/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/jordim.wordpress.com/4228/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/jordim.wordpress.com/4228/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/jordim.wordpress.com/4228/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/jordim.wordpress.com/4228/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=jordim.wordpress.com&amp;blog=679981&amp;post=4228&amp;subd=jordim&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://jordim.wordpress.com/2012/01/20/anarquista/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
	
		<media:content url="http://1.gravatar.com/avatar/5a00494a20dbd7b3f9b81feaa45b8216?s=96&#38;d=identicon&#38;r=G" medium="image">
			<media:title type="html">Jordi M. Novas</media:title>
		</media:content>

		<media:content url="http://jordim.files.wordpress.com/2012/01/vargas_11.jpg" medium="image">
			<media:title type="html">vargas_1</media:title>
		</media:content>
	</item>
		<item>
		<title>Psico-</title>
		<link>http://jordim.wordpress.com/2012/01/13/psico/</link>
		<comments>http://jordim.wordpress.com/2012/01/13/psico/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 13 Jan 2012 04:05:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jordi M. Novas</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://jordim.wordpress.com/?p=4212</guid>
		<description><![CDATA[Este sitio está bien, me dice recolocándose un tirante del vestido, aunque tampoco hay mucho donde elegir en esta ciudad. Ya, pienso yo, o en la vida. Aquí dan los cubiertos fríos con las ensaladas y todo eso, dice, estamos pagando también las vistas, el servicio, la verdad es que aquí no entra cualquiera. Estamos &#8230;<p><a href="http://jordim.wordpress.com/2012/01/13/psico/" class="more-link">Leer Más</a></p><img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=jordim.wordpress.com&amp;blog=679981&amp;post=4212&amp;subd=jordim&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Este sitio está bien, me dice recolocándose un tirante del vestido, aunque tampoco hay mucho donde elegir en esta ciudad. Ya, pienso yo, o en la vida. Aquí dan los cubiertos fríos con las ensaladas y todo eso, dice, estamos pagando también las vistas, el servicio, la verdad es que aquí no entra cualquiera.<br />
Estamos en cierto restaurante, estamos pagando al menos cuarenta euros por cabeza. La comida tiene buen aspecto, y empeora bastante cuando atacas; no es mala, pero no es, digamos, golosa. Esto es la versión gastronómica de una de esas modelos angulosas, frías y sin tetas; esas que siempre son más espectaculares de lejos o por la tele, enterradas en maquillaje y envoltorio. Aquí comes y la sensación es la de quitarle el sujetador a una de esas modelos y darte cuenta de que no se estaba sujetando nada. La ensalada que ataco está bañada en algo insípido; sin embargo el trazo del chorro de vinagreta (también extrañamente insípida) hace que el plato tenga un aspecto estupendo.<br />
Lo que viene después de los entrantes, son dos platos de diseño en los que la salsa no es el condimento sino el marco, y la carne yace arrinconada en el plato, escasa, dejando espacio para el concepto artístico. Esto no es tanto comer como fardar por no haber nacido en ningún país con hambruna. Comerse esto y escupirle a un mendigo se me antojan la misma cosa. Al anarquista pasado de rosca comienzan a crecerle brazos y piernas en mi mente, va expandiéndose como una mancha de aceite por mi ser. La chica que tengo enfrente ha sido idea de un amigo. Él sabía que me gustaría, al menos físicamente. Sabía, por lo que sea, que la chica accedería al menos a conocerme. Se parece sospechosamente a la mujer que a mí me gusta de verdad desde hace un año, la que mi amigo sabe que me gusta de verdad. Y que tiene novio desde hace como tres vidas. Para él, para mi amigo, esto no es más que una cura de sexo. No quiere tanto que olvide a la chica que me gusta como que al menos me alivie proyectando la frustración en alguna otra que no sabe de qué va todo esto. Es como follarse a alguien con la luz apagada con cierto propósito. Al final, estas cosas no hacen más que agravar las obsesiones y los problemas. Ahora mismo no hago más que agrandar un mito que me está aplastando, algo que muchas veces la gente llama «vivir». Estoy triste y encima me he puesto un balada a todo volumen. Ahora <em>La lista de Schindler</em> es mi película de sobremesa favorita, es mi comedia para ver en familia.<br />
Cada vez que le sonrío estoy soltando una mentira de las gordas. Tengo a mi alcance mil formas de justificarme, de decirle la verdad de forma sesgada. De quedar bien. Es el complejo, fascinante e inacabable mundo de la falsedad aceptada. Las historias a medias. Le cuente lo que le cuente, siempre será mi versión, un <em>cover</em> de la realidad. Pase lo que pase, soy alguien del montón y algo apagado, como todos. Algo agobiado pero contento. Preocupado pero vital. Eso es lo que ella ve. Nada fuera de normal. Y de todas formas, mi verdad no es más que detalles que la gente convierte en cháchara. Mi sufrimiento carece de valor o novedad. A veces me siento como si fuera un judío en medio de un campo de concentración quejándose de las pésimas condiciones de alojo. Es ridículo. Mi única red de salvación es el escote de la chica que tengo delante, el hecho de que ella parece no tener problema en darme luz verde. La enésima perogrullada emocional, unas tetas como sustitutivo fácil del prozac.<br />
Luego llegará la ambivalencia, llamadas, sutiles preguntas, quizá decepción. A veces el futuro lo puedes adivinar paso a paso según lo vivido en el pasado; es lo que suele pasar con las cosas malas, y raramente con las buenas.</p>
<p>Bla bla bla, me suele decir el tío al que voy a ver una vez a la semana. Eso es lo que haces siempre, me dice, ponerte en plan bla bla bla&#8230; El tío me cobra cada sesión religiosamente, y al principio me habla como si me reuniera cada vez con un colega cerveza en ristre que no quiere escuchar, solo dar su versión. No le he dicho la verdad, por supuesto. La verdad sería demasiado “reduccionista”, me haría parecer gilipollas. El motivo por el cual se acrecenta mi carácter depresivo tiene que ser mucho más abstracto. La realidad es que él no me puede ayudar. Dadas las circunstancias, le sacaría más provecho a un sicario. Lo que hago es divagar. No puedo decir lo que pasa y ya está, porque lo que pasa es un problema de patio de colegio.<br />
Hoy le digo que ayer estuve con una chica. Que me soplaron un billete de cincuenta. Que ella luego no quiso acelerar nada. Mi nuevo problema, digo, es que ella quiere «ir despacio», lo cual es indicativo de que busca «algo». Quiere que sea su vehículo hacia una nueva y fructífera etapa de su vida. No sé qué vio en mí, le digo. No hice más que mirarle las tetas y asentir y sonreír. Estaba en cualquier sitio menos allí, digo.<br />
Pero claro, no le digo dónde estaba. Lo importante es tener claro que estás pagando por sesión, así que no vas a ser tan imbécil como para decir lo que pasa en realidad y que todo el castillo de naipes se venga abajo. Eres complejo, esa es la idea. Percibes capas extra en la vida y la rutina y el mundo que los demás no saben ver, y por eso ellos sí son felices. Tienes ideas y conciencia y tu cabeza nunca para; por eso necesitas estas sesiones semanales. Puedes llamar a un amigo para emborracharte; o a una amiga para que te ayude a comprarle la joya de turno a la chica de turno. Pero no puedes jugar con ellos a esto de intentar revelar algo profundo sin decir la sencilla verdad. Es demasiado mareante, ellos no se merecen eso. Alguien tiene que cobrar por aguantar semejante y retorcido estilo comunicativo. Por eso, insisto, acudo a mis sesiones.<br />
Bla bla bla, me dice el tío. Tiene los títulos colgados en la pared. Sabe que no le cuento nunca toda la historia, que oculto algo, pero no intenta dar profesionales rodeos con tacto para llegar al fondo del asunto. Es de agradecer. Lo último que querría es que el tío fuera serio y me hiciera afrontar el problema. No estoy pagando para eso. Mi objetivo, de hecho -y creo que él también lo sabe- es saber para qué estoy pagando. Eso es lo que está pasando. Y ambos estamos trabajando en ello, cada día avanzamos un poquito. Creo que nos parecemos bastante. Él no parece dispuesto a hacer de verdad su trabajo como cualquiera esperaría, y yo no quiero que lo haga. Es una sensación difícil de describir, un acuerdo emocionante y positivo para ambos, incluso original. Puede que estemos haciendo algo importante en el terreno de psicoanálisis. Cada vez que me pongo a hablar con él y entra a mi juego, me siento como si la chica menos predispuesta en apariencia accediera al sexo anal. Es la clase de situaciones en las que uno siente que ha sabido ir más allá. Es orgullo y modernidad a salvo de modas y etiquetas.</p>
<p>Mi hermana me llama un par de veces a la semana desde el extranjero, le gusta hablar de viva voz y a lo tradicional. Ella cree que no me pasa nada, que voy tirando. Estoy vivo y eso basta. Hace tres años que se fue a trabajar fuera. Se ha liado con alguien rubio y alto, nunca recuerdo cómo se llama. Lo que sé de ella lo sé por Facebook. Ahora es como una conocida con quien he comenzado a entablar amistad. Antes de que se fuera me consideraba un farsante o algo peor. Luego un día llamó y yo iba algo borracho (aquí era muy tarde y era sábado), y creo que le dije que la quería o algo por el estilo. Desde entonces bajó la guardia, y yo siempre procuro que esté satisfecha con la nueva versión de mí que se ha fabricado. Por teléfono me resulta fácil seguir alimentando la farsa. Asiento con ruidos y nunca digo <em>la</em> verdad. Digo que sí a todo; a veces es algo tan mecánico que tengo que recular y decir que no enseguida a algo a lo que tocaba decir que no.<br />
Un día le hablo de ella a mi colega de pago. Me hace preguntas. Me dice que si tengo una foto. Le digo que se la agregue a Facebook, ya tiene como seiscientos amigos, no es lo que se dice muy exigente. Pero no le hables de lo nuestro, añado. El tío me comienza a hablar de cuando fue de joven de erasmus. Follar era como cazar mariposas, me dice, y luego evitar malos rollos era tan fácil como clavar la alas de esos bichos en un corcho para ir coleccionándolos. De repente le menciono que debo haber visto veinte veces <em>La lista de Schindler</em> en dos meses. Lo bueno de los nazis, murmura, es que al menos sabían soñar. ¿Cómo?, digo. </p>
<p>No me llegan tantos mensajes de la chica del escote como esperaba. Hasta resulta fácil pasar de ellos. Con todo, uno se cree que podrá seguir siempre a su rollo, como si la gente que dejas atrás muriera o continuara con su existencia en una realidad paralela diseñada para proteger tu estilo de vida o nuevas prioridades. Pero puede pasar que un día, unos quince mensajes después, te encuentres a la muchacha aún vivita y coleando por la calle, y antes de que te des cuenta de cómo es la realidad otra vez, recibas el bofetón de tu vida sin silaba alguna de acompañamiento.<br />
El ridículo dura unos minutos, todo el mundo te mira y ella se aleja con la mano dolorida y la agradable sensación del trabajo hecho. Antes de que se me vaya el rojo de la cara, pienso que ya tengo algo más que contarle a mi colega titulado en lugar de la verdad.<br />
Creo que es en la décima sesión. Él me dice que a él nunca le ha pasado. ¿Discusiones?, sí, pero siempre ha procurado evitar esas escenas peliculeras. ¡Se me echó encima!, me justifico, fingiendo indignación. Mírate, me dice, es como querer comerse un helado de chocolate de tres bolas al sol en agosto y sorprenderse de que chorree.<br />
Le miento, le digo que vale, que en realidad me la tiré y me olvidé. Ajá, dice. En serio, le digo. Ya&#8230;, murmura. Entonces se hace uno de esos silencios que siempre procuro evitar. No pago por esos silencios, las sesiones deben ser siempre un juego alambicado, estamos investigando nuevos terrenos. Me pregunta que si mi hermana, que&#8230; que qué edad tiene. Oh, veintisiete, le digo. Mi hermana (me agarro a un clavo ardiendo), bueno, digo, mi hermana, el problema que tiene es que se coló por un tío casado: En realidad fue por eso por lo que se fue al extranjero.<br />
Pfff&#8230; no me jodas&#8230;, dice mi psicoanalista, en serio&#8230; no me jodas&#8230;</p>
<p>Alguien deja una carta escrita a mano en mi buzón un día:</p>
<p><em>Un muro de hormigón no me deja seguir. El muro se extiende en horizontal ante mí todo lo que alcanza la vista. El muro es tan alto que no se ve la cima. El muro parece tan grueso que lo sé impenetrable. Tengo cinco euros. No me da para otro paquete de tabaco y un cortado.<br />
</em></p>
<p>Mi nuevo psicoanalista es mujer. La primera visita la tuve al cabo de dos semanas de dejar a mi psicoanalista hombre. El tipo tuvo una gran decepción conmigo. ¿Mi hermana?, dijo, por dios&#8230; proyectar lo que a uno le pasa en otra persona es el truco más viejo&#8230; “a un amigo mío le pasa que&#8230;”, “a mi primo le pasa que&#8230;”. Estoy muy decepcionado, me dijo. Pensaba que teníamos algo especial, me dijo. No pensaba que la cagarías ya a estas alturas, sacando a la luz semejante tópico; lo siento, dijo, hay gente con verdaderos problemas, y tú y yo ya no podemos seguir indagando en algo nuevo después de <em>esto</em>.<br />
Me levanté de la butaca y salí de su despacho, estaba realmente compungido. Había llevado las cosas por buen camino, estaba consiguiéndolo, yendo más lejos que cualquier otro paciente, haciendo que mis visitas fueran un trabajo de investigación intensivo para el psicoanalista: yo era su proyecto, cada día pisábamos un país nuevo con cada paso que yo daba alejándome de la verdad. Y un solo momento de debilidad, uno solo, acabó con nuestra relación. Sólo se trataba de una chica. Yo no era nadie que tuviera un autentico interés en hacer avanzar el psicoanálisis, sólo estaba allí por el cliché de los clichés. Fue algo que el psicoanalista no pudo digerir.<br />
Justo antes de salir por la puerta, solté un tímido: <em>lo siento</em>&#8230; El hombre evitó mirarme y no dijo nada.<br />
La nueva psicoanalista es guapa. Y no lo disimula. Suele presumir de piernas llevando casi siempre falda. No le conté gran cosa en las primeras visitas. Solía hablarle mucho de «las mujeres en general». No es que hiciese un gran esfuerzo por ocultar mis sentimientos, pero tampoco le hablaba  de <em>la</em> verdad. Creo que lo que hacía, más que nada, es flirtear. Flirteaba sin querer con la psicoanalista. Siempre hablaba de mi ideal de mujer, de que no puedo seguir buscando algo que no existe, me perdía en divagaciones sobre lo fascinante que es una mujer como criatura, sobre cómo voy a elegir una sola entre tantas&#8230; Cosas así. De todos modos, ella no mostraba ningún interés por mí más allá de lo profesional. Y tampoco parece que yo ejerciera sobre ella ninguna atracción a un nivel meramente sexual.<br />
Mientras seguía hablando de monogamia y de buscar mujeres y demás, llego a echar de menos mis sesiones rebuscadas con mi anterior psicoanalista.<br />
Un día le enseño a “la nueva” la carta que me dejaron en el buzón. Ese trozo de papel me tuvo todo el día acojonado, hasta que comprendí que seguramente alguien lo había depositado en mi ranura por error.<br />
Da la sensación de ser un mensaje en clave para alguien que enseguida lo captaría, dice la psiconanalista.<br />
En total, lo que de entrada me parece tener, son sesiones muy aburridas, incluso con el exhibicionismo de piernas y escote de la mujer, un actitud que parece ser más un rasgo personal que una forma de mostrarse. Te enseña las tetas y las piernas por lo mismo que un anciano se pone la boina cada mañana, simplemente lo hace, por costumbre. Esa sensación da.</p>
<p>A la larga me doy cuenta de algo que a estas alturas de la historia y la vida parece casi inconcebible.<br />
La psicoanalista es ella misma. Me refiero a ella misma de verdad, a esa clase de personas que actúan y se muestran como son y no como los demás esperan. Da esa sensación casi extraterrestre de no tener apenas prejuicios ni referentes que la condicionen. Es, “sencillamente”, alguien que observa, comprueba, indaga, y después saca una conclusión propia. Para ella cualquiera es una persona potencialmente viva y frágil y fuerte como ella; lo cual hace que respete a los demás de igual forma que se respeta a sí misma: a un mismo nivel y sin gilipolleces. Lo cierto es que de forma gradual me va pareciendo una mujer cada vez más notoria. Una persona que al principio me parecía aburrida porque yo, con los prejuicios y debilidades de cualquiera, solo hacía que compararla con mi anterior psicoanalista. Donde ella se limitaba a escuchar con atención, yo seguía haciendo lo que todos, valorar la situación no en relación a lo que veía, sino comparando a través de   demasiados filtros, la larga lista de idioteces que nos meten a todos en la cabeza desde que somos unos críos (lo que la gente llama «experiencia», y que muchas veces no hace más que joderte).<br />
Dada esa circunstancia, cuando descubro finalmente que estoy ante esa mujer que se muestra completamente neutra hasta que los datos le sugieren algo, mis defensas bajan y me meto en mi “papel”; yo soy el paciente perdido y ella alguien íntegro. Ella parece la horma de mi zapato; de hecho parece la horma del zapato de casi todo el mundo. Y acepta su papel con naturalidad.</p>
<p>Esa mujer acaba logrando lo imposible conmigo. Logra que le hable de mi frustración ante la realidad de que estoy obsesionado por alguien a quien seguramente nunca podré tener. Le digo que ese es el núcleo fuerte de todo lo que me atormenta, y que mi visión negativa sobre cualquier cosa de la vida está potenciada por la certeza de que hay un tío en el mundo que cada noche podría estar <em>follándosela</em>.<br />
Le cuento que siento un dolor brutal y constante. Y además reconozco que me avergüenzo de no poder superarlo, y que me dan ganas de matar ante la sola idea de hablar con alguien sobre ello y que quien sea haga lo que hace siempre todo el mundo: tomárselo a coña a la más mínima ocasión. Le cuento que me entran ganas de llamar al timbre de la casa de ciertas parejas y decirles que están juntas solo por pereza, para no tener que afrontar alguna vez el dolor que yo siento por alguien a quien quieran de verdad. Para decirles que han creado un clima familiar de cariño, respeto y supuesto amor que en el fondo no es más que una cueva para esconderse de la vida real y los sentimientos auténticos.<br />
Le explico que de hecho creo que las estructuras de convivencia que se han convertido en los cimientos de la vida de mucha gente, no son más que ruido, formalidad para evitar en la medida de lo posible la crudeza de lo que puede significar estar vivo. Le cuento que a veces aferrarse a alguien no es más que una cortina de humo que te ahorra la posibilidad de tener que amar de verdad.<br />
Le cuento por qué creo que la gente odia el silencio y necesita estar siempre ocupada.<br />
Es rara la sesión en la que no acabe al borde del lloro.<br />
Y es en esa época, cuando al fin me libero de todo lo que tengo dentro, cuando todo empieza a cambiar.</p>
<p>La psicoanalista ofrece sus argumentos con voz pausada pero clara, siendo delicada y amable, siempre en su papel. Parece sumida en alguna clase de hermosa y sutil amargura, como si su forma de ser la hubiera hecho sufrir y llevara mucho tiempo sintiéndose sola debido a eso. En ese sentido, entiende perfectamente mi discurso. Tan sólo levanta de vez en cuando la mano cuando yo divago más de la cuenta o comienzo a soltar tacos, y me dice: “Baja el volumen, por favor”. Lo cual no pasa porque yo grite, sino que es su forma de decir que puedo seguir siendo como soy, pero que si no me acostumbro a reprimir mi rabia al menos de vez en cuando, sólo puedo acabar mal.<br />
Algo más que la caracteriza, es su forma de moverse, su modo pausado de colocar esto allí y aquello allá; sin las prisas que a veces tenemos por dejar atrás las pequeñas rutinas. Abrir un cajón, cerrarlo, contestar una llamada, revolver en su bolso&#8230; Todo movimiento suyo transmite una extraña sensación de paz. Parece tener unos treinta y cinco años. Y lo que más me atrae de ella, es que jamás nada de lo que hace parece ser una jugada para parecerte alguien amable y atento. Ella resulta amable porque <em>es</em> amable. Escucha porque <em>sabe</em> escuchar. Ella es <em>persona</em> en un mundo en que todos son <em>profesionales</em>. Te trata de un modo tan sincero, que seguramente ya quisieran muchas parejas o amigos o familias que hubiese esos niveles de autenticidad en sus relaciones. Es así como ha atravesado las cien barreras que había entre mi anterior psicoanalista y yo, aunque aquella relación fuese algo completamente distinto.<br />
No hay nada forzado. Ese es el secreto. No hay una meta concreta. Nadie quiere quitarle la ropa interior a nadie (al menos por ahora), ni conseguir el trabajo, ni el aumento; nadie pelotea a nadie ni desprecia gratuitamente a nadie, no hay jerarquías ni línea de meta ni primeros ni segundos. No hay acumulación de datos. Nadie te quiere demostrar quién es a través del contenido de alguna carpeta o cartera o con diplomas en la pared. No hay tarjetas de visita. Lo único que nos conecta con el mundo que hay fuera del despacho de la psicoanalista, es el reloj de nuestros móviles.</p>
<p>Y por supuesto, como el ser muy inferior a ella que soy, pronto comienzo a preocuparme por cómo me verá. Qué pensará de mí. Hasta qué punto me comprenderá realmente. Etcétera. Y de ahí, paso a ver sus escotes y faldas como una prueba. En cada sesión me paso la mitad del tiempo procurando mirarla a los ojos.<br />
Obviamente ella se acaba dando cuenta, y de golpe, de una semana para otra, llega a su despacho con unos tejanos y un discreto suéter. Creo que pocas veces he pasado tanta vergüenza en mi vida. Aun siendo consciente de que ella no iba a decir palabra sobre ese asunto (ella no perdería el tiempo en valorar el hecho de que un tío le mire o no las tetas), me siento como si cada vez que me toca visita, fuera yo el que ha condicionado su vestuario ese día.<br />
Aun así, creo que es posible que la mujer se haya preguntado por qué durante algo así como veinte sesiones no he mostrado excesivo interés en ella como “objeto sexual”, y de un tiempo a esta parte he comenzado a no poder controlar hacia dónde van mis ojos.<br />
Es con ese cambio de vestuario cuando me empiezo a asustar. Es indicativo de mi cambio de actitud hacia ella a varios niveles. Lo de pasar de verla como una mujer atractiva con quien puedo charlar sin problema, a verla como alguien que, además, necesitaría&#8230; eso, follarme a toda costa.<br />
Y es importante aquí la palabra «necesitar».<br />
Creo que, en lo que a mí respecta, hay dos clases de apetitos en relación al sexo. Está el apetito que en principio cualquier persona que se ha dado la vuelta para mirarle el culo a alguien alguna vez tiene. Y luego, están las ganas de follarse a alguien durante horas (un decir) de una vez, porque ese alguien ya sobrevuela por encima de todas las personas a quien podrías intentar mirarles el culo. En la primera categoría, puede entrar mucha gente; en total, toda esa gente con la que no te importaría tener sexo de darse la condiciones adecuadas para ello. Y en la segunda categoría, suele haber solo una persona.<br />
En algunos casos, se dice, dos. (Pero no voy a seguir por ahí, bastante complicado es ya solo con una.)</p>
<p>Vuelvo a estar en aquel restaurante de la chica del tortazo. Llevo cien euros encima, va a doler. Pero el caso es que aquí es donde ha querido Rocío que quedemos (Rocío= “Novia de”). Al final la llamé y le dije que quería hablar con ella. Tiré de frases hechas durante toda la llamada; ella se sintió descolocada y me hizo preguntas del tipo «¿estás bien?, ¿va todo bien?». Y yo le decía que sí, que no se preocupara. Ya se sabe que raramente -como llevo ya la tira diciendo- la cruda verdad trae nada bueno.<br />
Así que, aquí estoy, y no parece tan malo. Vuelvo a equivocarme eligiendo platos. El entrante es algo que no consigo ubicar, el nombre en la carta estaba en francés, y sabe a algo como cerezas con alcohol. Creo que técnicamente es un ensalada, pero hay tan poca cantidad que para cuando me lo acabo aún no he sacado ninguna conclusión.<br />
Rocío es paciente. No parece dispuesta a intentar arrancarme las palabras, el motivo por el cual le ha dicho a su novio que iba a cenar con unas amigas para poder cenar conmigo.<br />
Ella es sencillamente alguien que transita por mi órbita. La novia de un amigo a quien conozco desde hace como veinte años. Un buen tío al que odio. La vida se suele resumir con frases así. Debe ser por eso que dicen que del amor al odio hay un paso; cuando alguien que te cae bien tiene lo que tú quieres, desde luego es fácil pasar del amor al odio. Claro que, la gente suele decir eso asociado al núcleo interno de las parejas; supongo que porque la gente suele asociarlo todo a las parejas; es un terreno genérico sobre el que pueden discutir y rajar, y cualquiera lo puede hacer. Por ejemplo, sé de más de uno y de dos (y de cinco) a los que les encantaría saber lo que he sentido durante más de un año por la chica que tengo delante. Si hay algo que divierte y despierta condescendencia y promueve esas conversaciones vacías y llenas de suposiciones falsas que tanto adora todo el mundo, es el dolor ajeno asociado con las emociones.<br />
Las personas se ríen de eso igual que se ríen cuando alguien tropieza violentamente y cae al suelo, aunque ese alguien se haya podido romper un brazo o la cabeza. Ahora mismo tengo a muchos de esos cerca en este restaurante. Ahora cenan, pero en realidad siempre están esperando a que alguien de su entorno les dé de qué hablar. Puede que para ellos sólo el sexo pueda competir con eso (y si llevan el suficiente tiempo con su pareja, puede que ni el sexo).<br />
Mientras jugueteo con lo que ha venido después de la “ensalada” (algo que parece pescado y sabe a piña), le digo a Rocío que llevo un tiempo un poco enneurado (lo cual es la traducción de: Una noche incluso llegué a pensar en el suicidio, llené la bañera, me metí dentro y estuve blandiendo una cuchilla de afeitar).<br />
Ella atiende y procura que me dé cuenta de que tengo todo su interés. Claro que, las tornas han cambiado. Estoy aquí porque mi psicoanalista me dijo que debía hacerlo, quedar con <em>ella</em> y enseñar mis cartas y demás. Me estoy acostumbrando a que todo se complique cada vez más en mi vida. A la pregunta de Cuánto puede tardar alguien en desenamorarse, yo sólo podría decir que lo mío ha durado un año y tres meses. Y que el motivo fue otro tópico. Es decir, otra mujer. En realidad mi show de la bañera fue hace solo una semana, cuando me enteré de que mi psicoanalista está casada. Así que he pasado de una chica con novio a una mujer casada. Esa es mi progresión. Le digo en voz alta a Rocío que no sé exactamente por qué he quedado con ella. Sí que tengo muchas cosas que contar, pero ya estamos otra vez igual&#8230;<br />
Voy a ver a una psicoanalista una vez a la semana, a veces dos. Eso le digo, antes de que comience a ponerse nerviosa y me dé un guantazo. Oye, dice, eso está bien, a algunas personas les viene muy bien. Creo leer entre líneas algo como «Sí, muchos opinamos que no andas muy fino de la azotea». Y ya no sé cómo seguir. Ella no debe entender por qué he quedado concrétamente con ella, nunca hemos tenido esta clase de confianza. Es la primera vez que estamos los dos en una habitación sin que su novio esté presente. Así de violenta es la situación. La única razón de mi presencia aquí a estas alturas, es que me lo ordenó alguien a quien quiero y no supe negarme. Si la hubiera engañado o me hubiese negado, me hubiera preguntado por qué. Y de ese por qué podría haber nacido la tesis sobre cómo alguien puede actuar para quizá no ser feliz jamás en su puta vida.<br />
Mi marido quiere que tengamos un hijo ya, me dijo hace poco la psicoanalista. Quiere llamarlo David, dijo. Son comentarios que ella suelta desde no hace mucho, antes y después de la consulta, ciertos momentos de distensión en los que yo descubro cosas. Como que dentro de poco podría nacer el Anticristo, y que se llama David. Pero todo eso es algo que durante la cena sólo se traduce en silencio.<br />
Aun así, Rocío tiene mucha más paciencia conmigo de lo que cabría esperar. Rompe el silencio diciéndome que si la he llamado a ella supone que es porque necesito hablar de algo importante con alguien, y que hacerlo con algún amigo más cercano quizá me creara demasiada incomodidad. Puede que quisieras una opinión femenina y no supieras a quién recurrir, me dice. No te preocupes, me dice, puedes contarme lo que sea, seré discreta.<br />
La miro a la cara y es como una pantalla en blanco. Ya no hay casi rastro de todo lo que llegué a sentir por ella. Y harto, y sin más dilación, le digo que me he enamorado de mi psicoanalista.<br />
¿En serio?, dice sonriendo divertida, ¡qué fuerte, ¿no?!</p>
<p><iframe width="545" height="307" src="http://www.youtube.com/embed/P83q-HOYAMc?fs=1&#038;feature=oembed" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>
<p>[Para el video, otro buen tema de la banda sonora de "Drive". Abajo, + pin up.]</p>
<p><a href="http://jordim.files.wordpress.com/2012/01/malak2.jpg"><img src="http://jordim.files.wordpress.com/2012/01/malak2.jpg?w=545" alt="" title="malak"   class="aligncenter size-full wp-image-4215" /></a></p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/jordim.wordpress.com/4212/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/jordim.wordpress.com/4212/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/jordim.wordpress.com/4212/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/jordim.wordpress.com/4212/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/jordim.wordpress.com/4212/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/jordim.wordpress.com/4212/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/jordim.wordpress.com/4212/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/jordim.wordpress.com/4212/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/jordim.wordpress.com/4212/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/jordim.wordpress.com/4212/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/jordim.wordpress.com/4212/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/jordim.wordpress.com/4212/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/jordim.wordpress.com/4212/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/jordim.wordpress.com/4212/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=jordim.wordpress.com&amp;blog=679981&amp;post=4212&amp;subd=jordim&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://jordim.wordpress.com/2012/01/13/psico/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>5</slash:comments>
	
		<media:content url="http://1.gravatar.com/avatar/5a00494a20dbd7b3f9b81feaa45b8216?s=96&#38;d=identicon&#38;r=G" medium="image">
			<media:title type="html">Jordi M. Novas</media:title>
		</media:content>

		<media:content url="http://jordim.files.wordpress.com/2012/01/malak2.jpg" medium="image">
			<media:title type="html">malak</media:title>
		</media:content>
	</item>
		<item>
		<title>La escritora</title>
		<link>http://jordim.wordpress.com/2012/01/08/la-escritora/</link>
		<comments>http://jordim.wordpress.com/2012/01/08/la-escritora/#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 08 Jan 2012 23:27:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jordi M. Novas</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://jordim.wordpress.com/?p=4203</guid>
		<description><![CDATA[Una vez me dijo que se iba a “celebrar” la mala poesía escribiendo un cuento de terror. (Hizo un microgesto con los dedos para dejar claras las comillas.) Lo que me enseñó la escritora, fue sobre todo a leer de todo. Con eso bastaba. A leer como quien come un día verduras y al otro &#8230;<p><a href="http://jordim.wordpress.com/2012/01/08/la-escritora/" class="more-link">Leer Más</a></p><img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=jordim.wordpress.com&amp;blog=679981&amp;post=4203&amp;subd=jordim&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Una vez me dijo que se iba a “celebrar” la mala poesía escribiendo un cuento de terror. (Hizo un microgesto con los dedos para dejar claras las comillas.) Lo que me enseñó la escritora, fue sobre todo a leer de todo. Con eso bastaba. A leer como quien come un día verduras y al otro la hamburguesa más grasienta. Me enseñó una analogía que se puede aplicar a todo: es tan importante saber amar como el sexo por el sexo. Si te limitas sólo a una de las dos cosas, te bloquearás, te secarás. Por resumir, se consumirá lo que eres y te convertirás en un/a imbécil.<br />
Me dijo que ella había conocido a gente que ya no sabía disfrutar de una buena hamburguesa.<br />
Conocía a gente que se conformaba con “magrear a su novia y susurrarle <em>Te quiero</em>, para después, cuando ella ya se había mojado, espolearla a dar un paseo romántico” (lo cual, para ella era el equivalente sexual de leer libros de un solo género, por ejemplo). La escritora decía que había conocido a Cuadrados de todo tipo, ya fuera subidos en andamios o con dos carreras. Ella los llamaba así: «cuadrados». No te conviertas en un cuadrado, me decía. A la hora de escribir, también hay que intentar hacer cosas como dibujar el nombre de uno con orina en la pared, me decía. No es incompatible con saber doblar servilletas o reconocer todas las clases de cubiertos. Es lo que la mayor parte de la gente no sabe, no entiende. Y es aplicable a todo en la vida.<br />
La escritora se suicidó a los cuarenta y tres años. La noche después de asistir al entierro, soñé con un tío del que recuerdo perfectamente las facciones, y que en mi sueño criticaba todo lo que ella -la escritora- había dicho en vida. El tío comía algo complicado, no recuerdo bien, y lo desgajaba con cuchillo y tenedor. Recuerdo que el tío me despertaba repulsión a muchos niveles. Iba peinado con gomina y creo recordar que llevaba corbata. Decía que era batería de un grupo y que su novia tal y su novia cual, hablaba de su máster, y de algún hermano perdido (lo de perdido, en su acepción «sin estudios»). Hablaba por supuesto de literatura, y también escribía. No paraba de decirme que le prometiera que leería lo que él escribía. No recuerdo si se refería a un blog o si había publicado un libro. O quizá era periodista. Aun así, me sorprende la cantidad de detalles que recuerdo del sueño. Cuando desperté, anduve de un lado a otro del piso, con el tío ése rondándome por la cabeza. Entonces, todo lo que no había sabido llorar el día anterior, lo lloré asomado por la ventana y fumando un cigarrillo, comprendiendo que, de haber alguna persona más como la escritora en el mundo, yo difícilmente la conocería.</p>
<p>Ella parecía tener una idea distinta, una idea lateral, apartada, luminosa, una idea sobre la vida a mil años luz de lo que creemos que es la vida, de lo que hoy día se considera una persona sensata. Cada vez que pienso en ella, me da la sensación de que podrían pincharme y no sangraría.<br />
Alguna vez me ha invadido la certeza de que no es que no haya respuestas, sino que las respuestas nos convierten a veces en algo tóxico y patético, algo que no podemos arreglarnos con las herramientas que el mundo nos da. Por eso muy a menudo quien decide poner en palabras una de esas posibles respuestas, es un demagogo para todos.<br />
No puedes dar la solución si la solución no depende sólo de ti, y además, solo con insinuarla, todos te odiarán en silencio. No puedes ser inteligente para nadie si es algo que no puedas demostrar en un tribunal. No <em>estás</em> si no estás en los papeles.<br />
Etcétera.</p>
<p>La escritora era una de esas personas que tienen un pensamiento propio para rebatir sus propios prejuicios. Puede que, el hecho de que esas personas -que quizá sean una entre un millón- también mueran, sea la respuesta al hecho de sentirse solo en habitaciones llenas de gente.<br />
La escritora había sido camarera y striper, había sido mala estudiante, había sido, como ella decía, escoria para todos. No había querido, como ella decía, “doblegarse”. Por otro lado, el problema, decía, el problema de los ciudadanos modelo, es que es mucho más difícil que hayan escapado al menos a un nivel personal del cutre aire de suficiencia que ha hecho de nuestro mundo el que es.<br />
Una cosa está clara, repetía ella una y otra vez, si de verdad quieres sentirte solo y apartado, a veces hasta humillado, intenta ser tú mismo, persigue lo que quieres.<br />
Es mano de santo, decía, sé tú mismo y fácilmente te lloverán palos desde todas las direcciones de los mismos que se auto-proclaman optimistas y sensatos, de los mismos que dicen que hay que luchar por ser uno mismo.<br />
Eso decía.<br />
Y.<br />
Según todos, no es nada, no pasa nada, era una «nihilista». Normalmente suele haber una palabra salvadora. Da igual si viene a cuento o no, basta con que lo parezca. A menudo suele existir esa palabra elegante de la que tirar para justificarnos y que todo siga igual.<br />
“Amor.”<br />
Responsabilidad.<br />
Crédito.<br />
Dinero.<br />
…</p>
<p>Según la mayoría, no es avaricia, tan solo somos los mejores sistemas conocidos; llámalo Democracia, llámalo Sistema Educativo. No es que seamos egoístas, es que nos ha costado mucho conseguir lo que tenemos. No es que seamos consumidores, es que es navidad.<br />
Lo que te diría un optimista, quizá, es que somos el mejor mundo que sabemos ser.<br />
Un pesimista&#8230; se limitaría a intentar echar un polvo o buscar porno por Internet mientras se come el seso para intentar ser más optimista.<br />
Según la teoría popular, ambas son personas respetables y sensatas.</p>
<p>La escritora tiene una sobrina que ahora tiene veinticinco años. La muchacha era la única de la familia que no se sentía incómoda con la escritora. Creo que era porque la juventud y la falta de prejuicios por llevar menos recorrido vital, hacían que la viera como persona, como la persona que era; la niña no la valoraba según todo lo que no había hecho en la vida, sino por cómo la trataba a ella, por los consejos literarios que le daba, por saber que podía contar con ella.<br />
A su vez, la muchacha era la única persona de la familia a la que la escritora aguantaba desde un punto de vista sincero. El padre de la chica era abogado. La madre -como la escritora decía-: Supermujer. La madre era una alta ejecutiva. Tan profesional, decía la escritora, tan pulcra, decidida, ocupada, moderna y responsable, que te era muy difícil imaginarla teniendo un orgasmo o moviendo un dedo para algo que no fuera seguir siendo una profesional pulcra, decidida, ocupada, moderna y responsable. Tres años antes de la muerte de la escritora, la profesional -hermana mayor de la escritora, por cierto- tuvo un grave ataque de ansiedad. Lo tuvo durante el verano, en su séptimo día de vacaciones. (Aún le quedaban veintitrés días más sin tener que ir a trabajar.)<br />
La solución, en aquel momento, para Abogado y Supermujer, fue tener otro hijo. Muchas veces funcionaba, eso decían, por qué no intentarlo. El segundo ataque de ansiedad de Supermujer, llegó un mes después de perder al niño en el parto. La escritora decía que en realidad había dejado de tratar con su hermana desde que ésta había comenzado a cursar su último año de universidad. Es decir, sí, trataba con un cuerpo y una cabeza y brazos y manos y demás, pero ya no eran los de su hermana, eran los de un ser a quien le habían estado diciendo durante años que fuera hacia a “la luz”. Con confianza. Que hacia la luz era donde había que ir, y que con el suficiente sacrificio y esfuerzo Bien Encauzados era mucho más difícil que las cosas se torcieran. Y ella se fue de cabeza, hincó codos, sonrió a todos, pasó noches académicas en vela, pasó «por el tubo», obtuvo sus resultados, los enmarcó. Ya era una persona.<br />
Aun así, después de perder a su bebé, la crisis de ansiedad pareció hacer resurgir a la chica que ella había sido antes de ir a la universidad (Ciencias Empresariales). La chica que pintaba y hasta llegó a vender algún cuadro. Aquella chica que se <em>centró</em>. Que, según sus padres, se dejó de tonterías y comenzó a esforzarse al iniciar su carrera. La que, al resurgir y no saber bien qué había pasado con su vida, comenzó a ver su trabajo como una condena, y su vida familiar como una gran farsa maliciosa; las sonrisas de sus padres, la reuniones, el hecho de tener que patrocinar cada año cada tradición común&#8230; Así, floreció en ella una depresión de las que te arrinconan e inhabilitan, a lo cual siguió el motivo por el que, a corto plazo, la escritora se suicidó, el cual fue una tarde de domingo en que la profesional se abrió las venas, dejando pasmados a su hija y el abogado, y a todo el mundo.<br />
Lo más escalofriante del tema, es que cualquiera diría que los padres de la escritora y supermujer, habían sido ejemplares. Intentando conducir la vida de sus hijas. Llevándolas por el «buen camino», procurando que no les faltara nunca de nada. El mismo proceso de obligaciones y sacrificio concretos que la escritora echó en cara a sus progenitores, asegurándoles que habían amputado toda ilusión a su hermana, habían eliminado de ella cualquier rasgo de carácter personal para convertirla en poco más que una bisagra, un frigorífico, una persiana, un objeto inanimado que sólo sabía llevar a cabo ciertas obligaciones, vacío, sólo parte de un engranaje, de lo cual, decía la escritora, su hermana se dio cuenta tan tarde que ni tan siquiera tuvo fuerzas para reconducir las cosas, enfrentarse a sus padres, intentar volver a dedicar tiempo a las pasiones y la <em>vida</em> que la definían.</p>
<p>La escritora, publicada poco antes de la muerte de su hermana y la suya misma, intentó hacer entender a sus padres y la gente a la que quería, lo equivocados que estaban. Lo tristes que resultaban en realidad. No dudó en dejarles claro que ellos habían preparado el escenario ideal para que alguien como su hermana acabara un día explotando. Admitió su propia culpa por no haber hablado con ella, por no haberla apoyado más y no haber dicho antes en voz alta lo que pensaba. Y lo que la llevó a la desesperación más absoluta, fue el hecho de no conseguir que sus padres admitieran culpa alguna. El hecho de que además comenzaran a verla a ella como una tarada que no sabía admitir que su hermana sencillamente había perdido el juicio y se había suicidado, y que el mundo que la rodeaba no podía ser más ideal. La escritora no había visto más que a un grupo de gente ahogando a su hermana con una sonrisa en la boca, hasta que dejó de patalear y pudieron enterrarla en una «sentida» y ordenada ceremonia.<br />
Aquello, para ellos, era amor. Había sido amor. Sólo había que mirar para verlo, el archivo estaba perfectamente etiquetado y en su sitio. Sección: Vida. Pasillo: Sentimientos. Estante: Amor. Y todo está ordenado alfabéticamente. Amada hija, esposa y madre, muerta a los tantos y tantos, año tal y año cual. Para ellos, había que estar ciego para no verlo.</p>
<p>Según la escritora, para todo el mundo hay tan sólo unas pocas clases de amor; las subdivisiones del estante situado en el pasillo Sentimientos. Antes de publicar su segundo libro, antes de morir, me hablaba de esas cosas en susurros de biblioteca, en la biblioteca en la que trabajaba en lugar de estudiar «algo» y buscarse un «trabajo de verdad» como querían sus padres.<br />
Está el amor de pareja, decía; somos pareja y salimos y follamos, es lo que hacen las parejas. Está el amor de familia, somos familia y tenemos la misma sangre, y por tanto nos queremos. Y está el amor relacionado con la amistad, somos amigos y quedamos de vez en cuando para no estar solos.<br />
Si no te adecuas a alguna de esas etiquetas, olvídalo; si la gente acude con diligencia al pasillo Sentimientos y no encuentra tu nombre en ninguna de las subdivisiones asociadas a su nombre, déjalo, no hay nada que hacer. La mayoría de gente no entiende el interés por su persona si no está previamente firmado en el “orden de las cosas”. Clasificado.<br />
Es una especie de jerarquía impuesta respecto a los sentimientos, decía; del mismo modo que aún mucha gente no entiende la homosexualidad respecto al sexo. La gran mayoría de gente prefiere un amor falso que puedan clasificar, a uno verdadero que no sepan ubicar dentro del sistema. Porque dentro del sistema se sienten seguros, saben lo que esperar. Todo eso decía la escritora.<br />
Si introduces, por ejemplo, la palabra «poligamia» en el ordenador de la sala abstracta en la que todo el mundo tiene clasificado lo que siente o espera, el ordenador parpadea y te invita a volver a intentarlo.<br />
Lo cual pasa con muchas otras palabras. Es el factor indicativo de que las palabras tienen demasiado poder a veces, y aun así no son capaces de definir el hecho de estar vivo a muchos niveles. Eso da mucho miedo, significa descontrol. Y hay que crear al menos una «ilusión de control». La mayoría de actitudes que tienen las personas frente a la vida, son lo mismo que creer en Dios, crean o no en él.<br />
Si sencillamente sientes algo y necesitas darle de comer a ese sentimiento, decía la escritora, estarás perdido si no sabes ponerle un nombre incluido en el archivo del ordenador de la sala abstracta. </p>
<p>Las frases tipo “Sed vosotros mismos”, etc., o los consejos relacionados con afrontar los baches con una buena actitud, sólo funcionan dentro de ciertos parámetros normalmente limitados por tradiciones y prejuicios, entre muchas otras calamidades intelectuales. Podredumbre personal que solemos admitir con una sonrisa. Porque somos naturales, o esa es la imagen que queremos dar.<br />
No se trata de querer a nadie o entregar tu vida a una pasión. Se trata de que puedas explicarlo con palabras a bote pronto en una conversación. Yo jamás supe definir mi relación con la escritora, pero nunca dudé que la quería más allá de lo que la gente haga o deje de hacer para demostrar a todo el mundo que quieren a alguien. Era La escritora; así la conocimos muchos. Según casi todo el mundo, estaba loca. Todos ellos eran cuerdos; todos estaban en tu mente fácilmente a mano. Lo que todos al parecer debemos ser, es información a un par de clicks de distancia. Hasta que alguna nueva especie nos domine con energías e inteligencias renovadas, y pasemos a ser la piel de sus zapatos, sus alfombras, sus cabezas humanas en la pared. Especie humana, muerta a los tantos y tantos, año tal y año cual.</p>
<p><iframe width="545" height="409" src="http://www.youtube.com/embed/v3LUBKRY4rQ?fs=1&#038;feature=oembed" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>
<p>[Arriba, uno de los temazos de la banda sonora de "Drive". Abajo, <a href="http://saturacionsuperficial.wordpress.com/">+</a> pin up.]</p>
<p><a href="http://jordim.files.wordpress.com/2012/01/robert-alvarado-pinup-photographer_10.jpg"><img src="http://jordim.files.wordpress.com/2012/01/robert-alvarado-pinup-photographer_10.jpg?w=545" alt="" title="robert-alvarado-pinup-photographer_10"   class="aligncenter size-full wp-image-4204" /></a></p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/jordim.wordpress.com/4203/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/jordim.wordpress.com/4203/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/jordim.wordpress.com/4203/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/jordim.wordpress.com/4203/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/jordim.wordpress.com/4203/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/jordim.wordpress.com/4203/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/jordim.wordpress.com/4203/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/jordim.wordpress.com/4203/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/jordim.wordpress.com/4203/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/jordim.wordpress.com/4203/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/jordim.wordpress.com/4203/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/jordim.wordpress.com/4203/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/jordim.wordpress.com/4203/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/jordim.wordpress.com/4203/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=jordim.wordpress.com&amp;blog=679981&amp;post=4203&amp;subd=jordim&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://jordim.wordpress.com/2012/01/08/la-escritora/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>5</slash:comments>
	
		<media:content url="http://1.gravatar.com/avatar/5a00494a20dbd7b3f9b81feaa45b8216?s=96&#38;d=identicon&#38;r=G" medium="image">
			<media:title type="html">Jordi M. Novas</media:title>
		</media:content>

		<media:content url="http://jordim.files.wordpress.com/2012/01/robert-alvarado-pinup-photographer_10.jpg" medium="image">
			<media:title type="html">robert-alvarado-pinup-photographer_10</media:title>
		</media:content>
	</item>
		<item>
		<title>Tirar los tejos</title>
		<link>http://jordim.wordpress.com/2012/01/05/tirar-los-tejos/</link>
		<comments>http://jordim.wordpress.com/2012/01/05/tirar-los-tejos/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 05 Jan 2012 01:50:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jordi M. Novas</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://jordim.wordpress.com/?p=4190</guid>
		<description><![CDATA[El personaje de nombre que podría augurar pesadas dosis de lírica literaria, ya difícilmente puede decirle Te quiero convincentemente a la muchacha de mofletes sonrosados que hoy en día ya tendría un croma detrás con azules y verdes de paisaje bucólico de ser llevada su “odisea” al cine. Ella te sugiere esa clase de pensamientos. &#8230;<p><a href="http://jordim.wordpress.com/2012/01/05/tirar-los-tejos/" class="more-link">Leer Más</a></p><img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=jordim.wordpress.com&amp;blog=679981&amp;post=4190&amp;subd=jordim&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El personaje de nombre que podría augurar pesadas dosis de lírica literaria, ya difícilmente puede decirle <em>Te quiero</em> convincentemente a la muchacha de mofletes sonrosados que hoy en día ya tendría un croma detrás con azules y verdes de paisaje bucólico de ser llevada su “odisea” al cine. Ella te sugiere esa clase de pensamientos. No se parece a ninguna otra y puedes imaginar a su familia élfica en su busca y rescate; todo en algún relato de Tolkien jamás publicado, en que se incluirían altas dosis de pornografía medieval, pero sobre todo un festín de monerías de pareja; tantas que nadie se atrevería a publicar el texto de no ser que quisiera acabar con el sector diabético de la población, etcétera.<br />
El personaje de suntuoso nombre, ya no puede decirle <em>Te quiero</em> a la muchacha sonrosada sin que ella piense que es algo meramente platónico. La muchacha, aun siendo morena, le parece algún tipo de ángel rubio al tío del nombre pesado. Un tío, por cierto, nada merecedor de la muchacha sonrosada. Mucho menos avispado que ella, más cruel. En realidad, un gilipollas; pero cree que si la elfa morena le da una oportunidad, podrá mejorar como persona, ser menos impulsivo y menos atontado (un atontamiento que él piensa es «guay» o una actitud sincera). Puede que el tipo, muy del montón físicamente y con la salud regular del fumador compulsivo, algún día pudiera leer a Marías o similares sin tener la sensación de estar atado a una silla mientras alguien le da a tomar la vigésimo séptima cuajada. Aficionado a escribir la palabra «Puta», además, el tipo pesado y gilipollas suele verse con chicas que no le quieren pero se desnudan si él quiere (una suerte de prostitución de doble sentido, eso sí, sin dinero de por medio: sólo el pertinente intercambio de placer). Lo cual hace que cualquier idea de fidelidad asociada con la elfa sonrosada, hace que el capullo monte en pánico y se vea a sí mismo arrepentido en su lecho de muerte por haber caído en las garras del matrimonio u otras tradiciones que menosprecia. Eso, del mismo modo que se ve también muchas veces en su lecho de muerte arrepentido también por no haberle dicho a la muchacha morena pero rubia élfica que la quería, añadiendo después que <em>de verdad</em> y no de una forma platónica. Y que querría no solo estar con ella, sino además tocarla y practicar un sexo muy poco lírico; algo, digamos, más cercano a Sade que a Jane Austen (si es que Jane Austen ha relatado alguna vez escenas de sexo, cosa que el gilipollas atontado no sabe).<br />
En serio, el nombre del personaje atontando es demasiado rimbombante; de conocerlo, te lo imaginarías enseguida como al típico señor de época con el que los reyes obligan a la princesa de turno a casarse. Un tipo estirado y correoso, asqueroso; alguien a quien la princesa jamás besaría, porque además está enamorada de otro, un «payaso» que no se adecua a la monarquía; un capullo, de todos modos, alguien que, finalmente, se parece más, por cierto, al personaje atontando.<br />
En definitiva, es como ponerle algo como Juan Ignácio a un perro o Toby a un bebé. Aquí ningún personaje casa con su nombre. De hecho nada casa aparentemente con nada. Y nadie quiere casarse.<br />
La chica sonrosada parece demasiado independiente, y aunque su nombre es también de lo más estrambótico, ella lo lleva con orgullo, algo que su pretendiente gilipollas admira de ella.<br />
El chico, incluso ha pensando en quedar una día con la muchacha sonrosada para -además de decirle Te quiero de forma no platónica- quizá pedirle matrimonio. (Hoy en día, como bien se sabe, eso es más violento que arrancarle a alguien la ropa interior con los dientes.) Lo cual, piensa el atontando, podría hacer que la chica replicase de algún modo mitad halagada mitad sorprendida, para que luego él pudiese “bajar” el listón y quizá así conseguirla como sólo-pareja-por-el-momento. No es más que la vieja táctica de ir a por la victoria para conseguir el empate. (Aunque una boda no es lo que el gilipollas asociaría hoy día a «ganar».)<br />
Y vale, todo esto ha entrado en un bucle de contenido bastante tonto que se puede resumir en una o dos líneas, y que apenas ha aportado información en realidad. Cosa que mientras se escriben estas letras, sigue pasando. Continúa&#8230; No avanza&#8230; Es lo mismo que siente el personaje de nombre suntuoso con su vida. No parece haber modo de que el momento llegue a ser alguna vez el adecuado para decirle lo que quiere decirle a la muchacha, y así al menos sacarse <em>eso</em> de dentro.<br />
Así pues, un día se carga del valor que no tiene, y la llama.<br />
Teniendo en cuenta los nombres de ambos, cuesta imaginar que el tío no haya tenido que enviar a un mensajero a caballo para citarse con la chica.<br />
Esto es tan antiguo como puedas imaginar. El cortejo tiene más que ver con abrir un libro viejo y echarse a toser por culpa del polvo, que con cualquier otra cosa.<br />
Sin embargo, ahí están al final, hablando por teléfono. Teléfonos con Internet (al menos el de ella). El personaje de nombre suntuoso podría haberle mandado un mensaje a la muchacha sonrosada por alguna de las cinco o seis redes sociales en las que son “amigos”. Pero ha querido hacerlo del modo que hoy en día se considera prácticamente el paso anterior a acostarse juntos. Llamar por teléfono hace que la otra persona tenga que pensar rápido. Conversar “a lo crudo” ahora tiene mucho más que ver con el sexo que antes. Es un flirteo más. Es tirarse de cabeza. Y la muchacha lo sabe.<br />
- ¿Hola?&#8230; soy yo, (Nombre suntuoso).<br />
- Sí&#8230;, qué tal, dime&#8230;<br />
- Bueno&#8230;<br />
- Dime&#8230;<br />
- Nada, que llamaba para&#8230;<br />
- ¿Sí?<br />
(Esto sigue así durante un buen rato. Recordemos que la conversación es de viva voz, y por tanto potencialmente pobre en construcción de frases y acuerdos sobre el tema a tratar.)<br />
- Nada, que llamaba porque&#8230;<br />
- Espera no te oigo bien&#8230;<br />
- …<br />
- Perdona, dime.<br />
- No, que llamaba porque había pensado que podíamos que… (ruido de estática).<br />
- ¿Cómo?, espera, que me muevo, es que te oigo fatal&#8230;<br />
(Esto puede deberse a que el móvil del personaje atontado no es de última generación y el de la muchacha sonrosada sí, lo cual podría estar conllevando ciertos problemas de compatibilidad.)<br />
- …<br />
-  A ver, háblame&#8230;<br />
- ¿Me oyes?<br />
- Sí, dime, (Nombre suntuoso).<br />
- Pues que te llamaba para saber si algún día quieres que quede&#8230; (ruido de estática).<br />
- ¿Que si quiero qué?<br />
- (Ruido de estática.)<br />
- ¿(Nombre suntuoso)?<br />
- (Ruido Blanco.)<br />
En resumen: al final consiguen superar la barrera tecnológica, y el muchacho de nombre suntuoso consigue concertar una cita con la chica sonrosada. Todo mediante un diálogo precario en el que ella se huele algo raro y a él le entra la prisa por colgar, etcétera.</p>
<p>La muchacha sonrosada está realmente harta. Hace mucho tiempo que un chico cuyo nombre hace que den ganas de abrir Google, parece llevar a cuestas toneladas de tejos que no se atreve a tirarle de una vez. («Tirar los tejos»: expresión con la que además él suele bromear por chat.) Es irritante. Ella antes creía que el muchacho le gustaba, pero ahora ya no sabe qué pensar. De lo que sí está bastante segura, es de que los tejos que acarrea el chico llevan su nombre. La verdad, ella tampoco cree tener un nombre muy común, pero de pequeña decidió defenderlo a capa y espada, y así sigue. Es consciente de que es una especie de obcecación, sí, pero no acepta que nadie la llame con diminutivos, apodos, o por sus apellidos; su nombre está para algo, para usarlo, y seguro que había alguna razón para que sus padres lo eligieran.<br />
La chica es consciente de lo llamativo de su físico, de sus rasgos anglosajones y su pelo negro como la muerte. Suele sentirse incómoda en reuniones multitudinarias. Sabe que despierta la parte más sucia de la heterosexualidad masculina. Ella no responde a la belleza serena que el tópico asocia a la mujer con la que los hombres quieren casarse o tener algo serio. Más bien encaja con preguntas de “macho” a propósito de cómo serán sus tetas, o si el hecho de estar como un queso y demás habrá hecho que olvide el cultivar su intelecto, para centrarse únicamente en acumular títulos y galones con la intención de poder demostrar al menos sobre el papel que no es sólo carne. Ella cree que los hombres creen que es una chica guapa y tonta con estudios. Adaptada pero Limitada, y esperan que también dada al sexo puntual sólo por placer.<br />
Así, la chica sigue por la vida con ese satélite de nombre suntuoso en apariencia cargado de intenciones, a veces convencida que que está equivocada, y otras veces casi esperando la lluvia de tejos de un momento a otro.<br />
Un día, el muchacho la llama por teléfono, y parece agitado. A ella le extraña, aunque está convencida de que al final el chico, después de tanto tiempo, fletará tres o cuatro camiones de carga para transportar todos los tejos acumulados, y procederá a descargarlos sobre ella para ver lo que pasa.<br />
El día señalado, la muchacha sonrosada está más nerviosa de lo previsto. Ahora que llega el momento de concretar algo de verdad con el chico, se pregunta si de verdad ella quiere meterse en el “pequeño” lío que supone comenzar a salir con alguien. No llegada aún a los treinta, se pregunta si ella está lista otra vez para recibir varios mensajes “monos” al día, se pregunta si sabrá ser ella esta vez la que interprete el papel más figurativo, si sabrá llevar una relación en la que sea él quien más entregado esté y ella la que ha “cedido”.<br />
Se pregunta además si sabrá dejar de lado las tentaciones; hay un par de “follamigos” que sabe la llamarán tarde o temprano, y a los que tendrá -en principio- que decirles que ahora tiene «una relación» y es feliz, y que tendrán que perdonarla porque ya no va a estar disponible. Además deberá evitar el decir algo como No Voy a Estar Disponible Por el Momento, ya que no sería prudente matar ya de entrada la ilusión de que la nueva relación pueda ser realmente duradera y fructífera, o puede que incluso romántica y sincera más allá del sexo y la pose.<br />
Se encuentran en una cafetería que eligió ella. En realidad es una especie de pub irlandés/cafetería/venid-a-beber-aquí-por-favor, etc. Si miras la carta, no hay una gran variedad de cervezas, hay bravas, hay vinos baratos. Es el típico local carente de una personalidad definida. Como la versión bebercio de uno de esos restaurantes self-service en los que puedes encontrar “paella”, croquetas y unos pasos más allá, sushi. Lo que sea, pero en cuanto a la calidad, la resignación siempre deberá formar parte de la actitud de los clientes.<br />
La muchacha sonrosada, en cualquier caso, no ha elegido ese “pub” porque le guste, sino porque era más fácil quedar allí.<br />
Al principio, comienzan a hacer eso de “ponerse al día”. Se cuentan lo que hacen cada día y que están cansados de hacerlo y demás, y luego pasan a contarse lo que quieren hacer de verdad, los planes a largos plazo. Todo siempre, por supuesto, en relación a objetivos que no entorpecerían la relación de llevarse a cabo. La conversación es fluida y ambos dominan el arte de evitar temas potencialmente incómodos. Obviamente no hablan de otras personas de edad similar que puedan interesar a ambos. Ellos son más maduros que eso. Y da igual si en realidad lo son o no, o si la madurez existe o no es más que una etiqueta.</p>
<p>Poco después, ambos están en el coche de él. Lo cual significa que ella ha decidido que al menos el muchacho de nombre suntuoso no es peligroso. Se ha sentido bien al tomar la decisión convencida de que era la decisión correcta; puede parecer una tontería, pero demasiadas mujeres han muerto jóvenes debido a una falsa impresión. A la muchacha sonrosada no hay nada que le parezca más cutre que morir convertida en tópico, en dato de prensa de a diario. Así que cuando él le ha propuesto llevarla a «un sitio», se ha terminado con calma su cerveza de sabor de marca blanca, ha reconducido la conversación, y al cabo de un buen rato ella misma ha recuperado el tema.<br />
El muchacho de nombre suntuoso coge curvas y más curvas. Aún son las cuatro de la tarde. La chica decide que el viajecito debía tener que ver con la insistencia del chico por quedar después de comer. Lo cierto, piensa, es que se siente más segura con el sol presente, por más que el tío parezca tan amenazante como Pedro volviendo a casa del abuelo con las cabras. El chaval tiene un deje rural, aunque quizá lo potencie su nombre, o puede que su mal disimulada timidez. La chica sonrosada se siente un poco como si estuviera pasando la tarde con un campesino obtuso que ve a una mujer tres o cuatro veces al año y le parece de otro planeta, un lugar en el que no podría encontrar trabajo por estar todo ya asfaltado. Sea como sea, no le molesta su aspecto sencillo, ella ya sabe lo que es estar con chicos descaradamente atractivos, incluso con tíos de mandíbula cuadrada que parecen diseñados con molde; esas miradas vacías, el cuerpo fibrado, “El principito” como última lectura de placer en sus vidas&#8230; La ventaja que le ha dado siempre estar a muy cerca de poder señalar con el dedo al hombre quería, ha hecho que su etapa más superficial haya quedado pronto en un segundo plano en cuanto a relaciones serias. Lo que en su etapa adolescente se reducía a intentar tener “algo” con el tío más «buenorro» del lugar, ahora ha mutado en mucha desconfianza por el aspecto exterior de las personas. Lo peor de ese asunto, cree, es cuando además la gente decide apuntarse a modas estéticas; lo cual hace que sus caracteres reales queden soterrados y no puedas intuir de qué pasta están hechos, a veces ni después de varias conversaciones. Sólo ves unas gafas a la moda. Ves tejanos raídos. Escuchas datos. Ella sabe que el conocer a alguien en su verdadera naturaleza mínimamente, a veces puede ser un trabajo de semanas, sino meses. </p>
<p>Llegan a un lugar apartado al cabo de media hora. Sólo el sol, sólo la carretera (que se ha acabado), y el principio de un camino que se adentra en alguna especie de parque geológico. La muchacha sonrosada se pregunta a qué viene lo de traerla al campo. Se cruzan con una familia mientras caminan, la familia les saluda. Los padres, un niño y una niña, un perro. Sí, somos «amantes» de la naturaleza. Hay restos de humanidad por doquier. La chica comienza a pensar si esto no será una materialización descarada de aquello de “llevar al huerto” a alguien. Luego intenta decidir si le gusta la idea. Se pregunta si será ilegal follar con algún guardabosques por ahí haciendo el turno de tarde.<br />
Como sea, al final el muchacho se planta y la mira. La muchacha sonrosada piensa en el hipotético guardabosques. Puede que sólo esperara a que acabaran el polvo y les informara de la política sobre los condones usados en esa zona. Quizá los preservativos sean la versión campestre de las mierdas de perro en las ciudades.<br />
El muchacho de nombre suntuoso comienza a hablar de cualquier cosa, cada vez más avergonzado.<br />
Sí, piensa la chica, puede que el látex sea el excremento que uno tiene que llevarse consigo aquí. Puede que las mascotas en este entorno sean los seres humanos.<br />
El muchacho habla sobre sus «textos», como él los llama siempre. Dice que se ha obsesionado con reducir el número de veces que incluye la palabra «puta». Dice que está mejorando; en su último cuento sólo había diez putas. Era un cuento corto, dice. No está mal, dice. La muchacha le pregunta qué tiene de malo la palabra «puta», mientras por su cabeza rebota la idea sobre si el guardabosques podría masturbarse tras un seto mientras ellos&#8230; o sí podría hasta grabarles. Se pregunta si no acabará mañana follando en <em>streaming</em> en veinte webs porno gratuitas. Luego intenta decidir si eso le importaría demasiado.<br />
El muchacho dice que lo de puta no tiene nada de malo, pero que quiere ser más&#8230; serio, más escritor. Luego se sonroja y dice No es eso, yo qué sé. La chica sonrosada le dice que así es como se empieza, que tenga cuidado. Comienzas por no escribir lo que te da la gana y acabas disfrazado de años dos mil junto a un millar más de «modernos». Créeme, le dice, puede que un día acabes haciendo poses delante del espejo con un sombrero y un chaleco, sin saber ya si eres tú o si sólo te ha atropellado el inicio del siglo XXI&#8230;<br />
Se oye un crujir de ramas no muy lejos. Ambos miran a su alrededor.<br />
¿Este sitio tiene guardabosques?, pregunta la muchacha.<br />
Pero tan solo es otra familia. Padre, madre, niña, niña, niña. Les saludan. La naturaleza hace que nos reencontremos con nosotros mismos, ¿verdad?, ¿eh?, ¡sonríe de una vez!&#8230; Buenas tardes. Buenas tardes. Este sitio ha de tener guardabosques, se dice a sí misma la chica. Imagina al tío anodino de mediana edad en cuestión grabando a todas las parejas que vienen a follar aquí. Podría hasta tener una web porno de pago. Porno amateur. Sexo «real». Trailers de un minuto para captar adeptos. Gemidos de verdad, no-fingidos. Ella en HD montando al muchacho de nombre suntuoso. El cual ahora dice que en serio, que lo que va a decir no es precisamente fácil de decir.<br />
Esto me va a costar al menos dos meses, se dice la muchacha, dos meses a una media de tres o cuatro quedadas por semana&#8230; Puede que luego comience a saber cómo es de verdad este tío.<br />
Él dice que de verdad, que nunca ha sentido lo que lleva sintiendo desde hace semanas por ella.<br />
Dos meses puede que se quede corto, piensa ella, a veces la vestimenta simple esconde más de lo que parece. Como sea, ella sabe que no será uno de esos tíos de mandíbula cuadrada que le nublaban la vista a base de orgasmos hasta acabar asqueada de ellos casi un año después de la primera cita. Esto es pan comido, se dice, apenas me separa una simple mosquitera emocional de él.<br />
El chico tartamudea:<br />
- Estoy enamorado de ti.<br />
Ahora, piensa ella, debe ser cuando el guardabosques se agazapa cámara en ristre y comienza a cargarse de paciencia.<br />
- Está claro que te quiero, hace mucho que lo sé&#8230;<br />
La muchacha practica su mirada No pasa nada, eres muy mono y al menos hoy tendremos que llevarnos un par de condones de aquí, como buenas mascotas de mascotas.<br />
- Bueno, no sé, puedo decírtelo de muchas formas&#8230;<br />
La muchacha se acerca a él para besarle -para callarle-, un impulso. Entonces, pisa una rama y tropieza. Dos pájaros salen aleteando. El chico la levanta del suelo. No pasa nada, dicen ambos al unísono. Ambos miran a su alrededor, algo tensos de repente, risas nerviosas. Es entonces cuando ella se da cuenta. Están en medio de un frondoso bosque de tejos.</p>
<p><iframe width="545" height="409" src="http://www.youtube.com/embed/yuJxYmJlEHY?fs=1&#038;feature=oembed" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>
<p>[Para el video, un escena de Fred Astaire y Cyd Charisse que una colega de facebook ha compartido. Qué gusto da el descaro del cine clásico. En la foto, sí, una Pin uP (a ver si la conocéis), las Pin Up vuelven al blog.]</p>
<p><a href="http://jordim.files.wordpress.com/2012/01/famosas-pin-up-22-1.jpg"><img src="http://jordim.files.wordpress.com/2012/01/famosas-pin-up-22-1.jpg?w=545" alt="" title="famosas-pin-up-22 (1)"   class="aligncenter size-full wp-image-4191" /></a></p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/jordim.wordpress.com/4190/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/jordim.wordpress.com/4190/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/jordim.wordpress.com/4190/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/jordim.wordpress.com/4190/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/jordim.wordpress.com/4190/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/jordim.wordpress.com/4190/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/jordim.wordpress.com/4190/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/jordim.wordpress.com/4190/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/jordim.wordpress.com/4190/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/jordim.wordpress.com/4190/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/jordim.wordpress.com/4190/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/jordim.wordpress.com/4190/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/jordim.wordpress.com/4190/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/jordim.wordpress.com/4190/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=jordim.wordpress.com&amp;blog=679981&amp;post=4190&amp;subd=jordim&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://jordim.wordpress.com/2012/01/05/tirar-los-tejos/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>3</slash:comments>
	
		<media:content url="http://1.gravatar.com/avatar/5a00494a20dbd7b3f9b81feaa45b8216?s=96&#38;d=identicon&#38;r=G" medium="image">
			<media:title type="html">Jordi M. Novas</media:title>
		</media:content>

		<media:content url="http://jordim.files.wordpress.com/2012/01/famosas-pin-up-22-1.jpg" medium="image">
			<media:title type="html">famosas-pin-up-22 (1)</media:title>
		</media:content>
	</item>
		<item>
		<title>Relato diario (5 de 5) &#8211; Digresión anal</title>
		<link>http://jordim.wordpress.com/2011/12/30/relato-diario-5-de-5-digresion-anal/</link>
		<comments>http://jordim.wordpress.com/2011/12/30/relato-diario-5-de-5-digresion-anal/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 30 Dec 2011 02:49:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jordi M. Novas</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://jordim.wordpress.com/?p=4182</guid>
		<description><![CDATA[Hace ya unas cuantas décadas, la revista Chicas al día abrió un día con “el tema” en portada. La colaboradora y prestigiosa sexóloga Almudena Torres escribió como titular: “Lo más importante es la higiene”. (Le llovieron las mofas por la obviedad.) Las madres que ya rebasan la mediana edad suelen limitarse a resoplar e intentar &#8230;<p><a href="http://jordim.wordpress.com/2011/12/30/relato-diario-5-de-5-digresion-anal/" class="more-link">Leer Más</a></p><img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=jordim.wordpress.com&amp;blog=679981&amp;post=4182&amp;subd=jordim&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hace ya unas cuantas décadas, la revista <em>Chicas al día</em> abrió un día con “el tema” en portada. La colaboradora y prestigiosa sexóloga Almudena Torres escribió como titular: “Lo más importante es la higiene”. (Le llovieron las mofas por la obviedad.) Las madres que ya rebasan la mediana edad suelen limitarse a resoplar e intentar pensar en otras cosas, aún hoy. Para sus hijas, la penetración vaginal ya no es perder la virginidad. Ahora la penetración anal consumada es la que te da el estatus de chica que ya puede hablar abiertamente de sexo sin sentirse incómoda. El origen de “el tema”, ahora ya tiene que ver con lo mismo que hace que la gente levante una ceja si les dices, por ejemplo, que no tienes móvil. Simplemente te has quedado atrás. Simplemente no estás explotando todas las posibilidades en tu vida.<br />
Si no, habla con una chica de dieciséis años e intenta convencerla de que puede elegir por sí misma cómo vivir su sexualidad&#8230; (o mejor invierte ese tiempo en algo en lo que no acabes frustrado y con la sensación de haber estado hablando con una pared). O, si eres hombre, tienes pocas manías y parece que le gustas a la chica, intenta ser tú quien la inicie en el sexo anal. Es posible que ella no te ponga muchas trabas si sus amigas ya han superado esa fase. Además, “el tema” no es algo que quede solucionado en una tarde. Ahora, para las mujeres, perder la virginidad puede ser cuestión de días (o hasta semanas). La meta está en el orgasmo (por esa vía, obviamente). El ano femenino tiene la misma relevancia masiva ya que una tele en medio de un salón, o la depilación. El ano femenino ya es -culturalmente- una carretera de doble sentido, un paso más en el coito que, de ser evitado por la adolescente de turno, se la considerará una mojigata del mismo modo que antes eran mojigatas quienes necesitaban casarse antes de practicar sexo en pleno auge del Iphone.<br />
La única corriente férrea en contra de “el tema”, tiene sus raíces en el ENCPD (acrónimo de: Es Nuestro Culo Por Dios), organización feminista cuyo orden de siglas hace que cuando una chica se niega a tener sexo anal, se la considere una “Consonante”. Todo el mundo sabe lo que es una Consonante, ya hasta el punto de tener que evitar la palabra en aulas y demás entornos en los que alguien adulto intente dar clase o alguna conferencia a chavales de instituto. Si el profesor de turno repite demasiado esa palabra, habrá risitas y cuchicheos, y puede que hasta burlas mal contenidas hacia la chica o chicas de la clase que apoyen de algún modo los principios del ENCPD.<br />
Por otro lado, no se puede obviar el confrontamiento entre el ENCPD y la comunidad gay masculina. La organización feminista defiende la idea de que practicar sexo anal tiene que ver con una obsesión masculina por el dominio brutal de su pareja en la alcoba. Es decir, con palabras llanas, no creen que el placer del hombre tenga que estar por encima del farragoso proceso de dilatación anal femenino, algo que muchas adolescentes han padecido hasta el lloro, y que por más que no se sintieran capaces de llevar a cabo “el tema”, no cesaban en intentarlo. Eso, obviamente sumado a la angustia por que sus parejas las dejaran por otras chicas que ya hubiesen superado la fase de dilatación incluso teniendo orgasmos con facilidad, casi con el mismo nivel de complacencia genital que durante la penetración vaginal.<br />
La asociación gay «Dignidad Homosexual Masculina», como última reivindicación de sus prácticas anales, consiguió sacar adelante la revista <em>DHM</em>, todo un compendio de respuestas a las consultas sexuales de sus lectores. La comunidad de lesbianas, en apariencia el colectivo más abierto a experimentar, suele conformar el porcentaje del No sabe/No contesta en los quesitos de las encuestas. Mientras tanto, las chicas hacen tratos con sus primeras parejas para que, al menos en los primeros encuentros sexuales, todo se limite al magreo inicial + penetración vaginal. Un acuerdo que, de alargarse en exceso, suele acabar con chavales de dieciocho años chantajeando a sus novias con la posibilidad de decirle a todo el mundo que no son más que Consonantes. Cuando lo hacen, recurren incluso a juegos de palabras y doble intención: «Con esa tía no vas a conseguir ni una vocal», o, «A esa tía le encanta la Ruleta de la Fortuna», etcétera.<br />
En el ensayo <em>Emborráchate y pruébalo</em>, de Romina Cuthbert, la escritora alega que al final no se trata de si anal o no anal, o de si es mejor probarlo todo o tener un carácter férreo con el que negarse a hacer ciertas cosas. Al final, de lo que se trata, es de que a todo el mundo le encanta juzgar a todo el mundo. Antes se trataba de luchar por ser libres, y cuando hay más libertad la gente aprovecha para forjar jerarquías imaginarias. Cuando no hay dictadores o absolutismos que dejen claro a quién hay que respetar o a quién se puede mirar por encima del hombro, es la gente la que busca sus pequeños oasis de humillación emocional. Ahora, dice, se trata de quién no practica sexo anal, pero eso sólo es una minucia (a mí me gusta, y ésta es la primera vez que lo digo que recuerde, ni tan siquiera me importa hasta qué punto lo saben mis allegados&#8230;). Vivimos en una época, dice, en que lo crucial para la mayoría sigue siendo poder mirarse al espejo sin tener ningún espejo delante; y eso, para esa mayoría de gente, es mucho más importante que aprovechar sus parcelas de libertad.</p>
<p><a href="http://jordim.files.wordpress.com/2011/12/anuncios.jpg"><img src="http://jordim.files.wordpress.com/2011/12/anuncios.jpg?w=545&#038;h=583" alt="" title="anuncios" width="545" height="583" class="aligncenter size-full wp-image-4183" /></a></p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/jordim.wordpress.com/4182/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/jordim.wordpress.com/4182/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/jordim.wordpress.com/4182/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/jordim.wordpress.com/4182/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/jordim.wordpress.com/4182/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/jordim.wordpress.com/4182/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/jordim.wordpress.com/4182/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/jordim.wordpress.com/4182/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/jordim.wordpress.com/4182/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/jordim.wordpress.com/4182/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/jordim.wordpress.com/4182/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/jordim.wordpress.com/4182/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/jordim.wordpress.com/4182/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/jordim.wordpress.com/4182/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=jordim.wordpress.com&amp;blog=679981&amp;post=4182&amp;subd=jordim&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://jordim.wordpress.com/2011/12/30/relato-diario-5-de-5-digresion-anal/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>3</slash:comments>
	
		<media:content url="http://1.gravatar.com/avatar/5a00494a20dbd7b3f9b81feaa45b8216?s=96&#38;d=identicon&#38;r=G" medium="image">
			<media:title type="html">Jordi M. Novas</media:title>
		</media:content>

		<media:content url="http://jordim.files.wordpress.com/2011/12/anuncios.jpg" medium="image">
			<media:title type="html">anuncios</media:title>
		</media:content>
	</item>
		<item>
		<title>Relato diario (4 de 5) &#8211; El gilipollas</title>
		<link>http://jordim.wordpress.com/2011/12/28/el-gilipollas/</link>
		<comments>http://jordim.wordpress.com/2011/12/28/el-gilipollas/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 29 Dec 2011 00:05:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jordi M. Novas</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://jordim.wordpress.com/?p=4169</guid>
		<description><![CDATA[Era finales de noviembre, o puede que ya diciembre. El muy mamón llevaba uno de esos jerseys sin mangas (gris), una camisa blanca por debajo y un sombrero en plan años veinte que le quedaba premeditadamente pequeño. A cada rato sacaba a colación subrayados en latín para cerrar sus intervenciones en la conversación; contracciones gramaticales &#8230;<p><a href="http://jordim.wordpress.com/2011/12/28/el-gilipollas/" class="more-link">Leer Más</a></p><img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=jordim.wordpress.com&amp;blog=679981&amp;post=4169&amp;subd=jordim&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Era finales de noviembre, o puede que ya diciembre. El muy mamón llevaba uno de esos jerseys sin mangas (gris), una camisa blanca por debajo y un sombrero en plan años veinte que le quedaba premeditadamente pequeño. A cada rato sacaba a colación subrayados en latín para cerrar sus intervenciones en la conversación; contracciones gramaticales que a menudo resultaban ser más un añadido o hasta un complemento personal más, algo más estético que verbal. Había publicado un libro de poesía que yo no había leído. Tenía una novia que daba la sensación de estar con él más por cómo hacían juego ambos con el decorado de los lugares que frecuentaban, que por algo ni remotamente parecido a la amistad o el amor “sufrido” de verdad. Te era imposible imaginarlos follando sin velas y copas de vino a medio terminar. Ella, aquel día, era como el indice de una revista de moda sepultado en la página quince; no sabías a qué venía, pero ahí estaba, sin motivo aparente, sin discurso, sin sentido del humor, sin tetas. Y con él.<br />
El gilipollas hablaba por los dos. Me figuro que su novia admiraba eso de él; la determinación, la verborrea, el currículum, la falta de vergüenza al vestir, su “modernidad”; supongo que lo que irradiaba él para ella, era seguridad en sí mismo. Es curioso cómo la debilidad personal se asocia siempre a la maldad o el cinismo, y cuando un tío se pone sombrero y se expresa como éste lo hacía, casi nadie ve en eso un escudo más. De todos modos, no creo que fuera su caso; no creo que él potenciara esa pose para disimular una terrible fragilidad. Él, realmente, era gilipollas, ése era su verdadero yo, y cada puntada de su ropa o poro de su cuerpo, supuraba gilipollez.<br />
El muy gilipollas se adentraba en largos discursos sobre poesía, aunque al cabo de diez minutos la gente de su alrededor ya tuviera cara de poker y no supiera cómo decirle: «¿Es que eres gilipollas o qué?». El auténtico gilipollas no sabe que lo es, obviamente. Muy a menudo, las personas que tienden a estar más seguras de sí mismas, están a muy pocos pasos de ser gilipollas. Una línea muy fina los separa de la gilipollez. El gilipollas en cuestión ya hacía mucho que se había meado en esa línea. Su gilipollez ya era de una pureza natural indiscutible. Una gilipollez gran reserva, que había madurado con los años seguramente en un entorno plagado de otros gilipollas como él. Uno no puede saberse gilipollas cuando todo el mundo a su alrededor lo es casi todo el tiempo. Ése parecía ser su caso: parecía provenir de un ambiente de clase media-alta en que el arte no es una cuestión de belleza, sino de estatus, la realización personal tiene que ver sobre todo con los galones acumulados en la solapa, y la vida es una cuestión de optimismo sin fin aunque a tu alrededor la gente vomite con las tripas fuera debido a las minas antipersona que otros gilipollas sonrientes idearon.<br />
Claramente, hay muchas clases de gilipollas, y seguramente todos lo somos hasta cierto punto. Pero lo interesante del gilipollas tratado aquí, es que no había mucha gente que se atreviera a reconocer en voz alta el que ese muchacho pudiera ser gilipollas. En cierto grado, obviamente él no tenía toda la culpa de ser así. Su look indie -aunque no necesariamente por ser indie- ya te estaba avisando de la que se te podía venir encima cuando lo veías llegar a cien metros. Aunque sólo lo traté durante aquel día en una de esas reuniones de amigos con amigos de amigos (cuando estás con un montón de gente y no conoces de nada a la mitad), ya pude determinar que estaba ante cierta clase de gilipollas cada vez más habitual.<br />
Los gilipollas de pura raza, normalmente provienen de la moda. Cualquier moda. Da igual si es una corriente estética o musical o ideológica, o de cualquier otro tipo. Cuando un estilo original a la hora vestir o crear en cualquier campo artístico o mediático comienza a convertirse en moda por contagio, es cuando de ese grifo metafórico del que salía agua cristalina potable y refrescante, empieza a salir mierda; una mierda que se convierte en un moho asqueroso en el que se suelen criar todas las clases de gilipollas existentes. Así nacen. Se suman a una corriente a la que ellos no van a aportar nada, y que a su vez va a eliminarles en gran medida su propio carácter. A todas luces, está bastante claro, de hecho, que el haber caído enseguida en las garras de la moda que sea, es el resultado de una ya anterior escasez de carácter. Lo cual quiere decir que, este tipo de gente que acaba siendo tan gilipollas que ya ni pueden sospechar que lo son, siempre operan de ese modo. En todo. A la hora de estudiar o no (y cómo), tener vocación o no, a la hora de ligar o no (y con quién), incluso a la hora de lo que ellos suelen llamar siempre «madurar»&#8230; (a los gilipollas les suele encantar dividir la vida en fases). Es el sutil proceso a través del cual una persona con inquietudes propias se convierte en un títere. Y de eso, pasa a regodearse en su condición de títere, y hasta acaba presumiendo de ser como es (de ahí suelen salir esas máximas sobre la confianza propia total, el no arrepentirse de nada ¿?, o el querer forzar momentos mágicos en la vida que llegan cuando te mueves, pero no porque tú los busques; ya que tampoco sabrías cómo ni dónde buscar).<br />
Sea como sea, estaba claro que el tío era gilipollas. Estaba claro que a su novia le encantaba que fuera así. No cabía duda de que se sentía cómodo consigo mismo, encajaba en un millar de clichés muy discutibles sobre cómo hay que ser para triunfar en la vida. Y, lo más terrorífico de todo, estaba clarísimo que le iba a ir bien.</p>
<p><a href="http://jordim.files.wordpress.com/2011/12/chica721.jpg"><img src="http://jordim.files.wordpress.com/2011/12/chica721.jpg?w=545" alt="" title="chica721"   class="aligncenter size-full wp-image-4170" /></a></p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/jordim.wordpress.com/4169/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/jordim.wordpress.com/4169/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/jordim.wordpress.com/4169/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/jordim.wordpress.com/4169/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/jordim.wordpress.com/4169/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/jordim.wordpress.com/4169/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/jordim.wordpress.com/4169/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/jordim.wordpress.com/4169/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/jordim.wordpress.com/4169/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/jordim.wordpress.com/4169/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/jordim.wordpress.com/4169/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/jordim.wordpress.com/4169/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/jordim.wordpress.com/4169/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/jordim.wordpress.com/4169/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=jordim.wordpress.com&amp;blog=679981&amp;post=4169&amp;subd=jordim&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://jordim.wordpress.com/2011/12/28/el-gilipollas/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>3</slash:comments>
	
		<media:content url="http://1.gravatar.com/avatar/5a00494a20dbd7b3f9b81feaa45b8216?s=96&#38;d=identicon&#38;r=G" medium="image">
			<media:title type="html">Jordi M. Novas</media:title>
		</media:content>

		<media:content url="http://jordim.files.wordpress.com/2011/12/chica721.jpg" medium="image">
			<media:title type="html">chica721</media:title>
		</media:content>
	</item>
		<item>
		<title>Relato diario (3 de 5) &#8211; Jugoso cóctel</title>
		<link>http://jordim.wordpress.com/2011/12/27/relato-diario-3-de-5-jugoso-coctel/</link>
		<comments>http://jordim.wordpress.com/2011/12/27/relato-diario-3-de-5-jugoso-coctel/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 27 Dec 2011 23:35:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jordi M. Novas</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://jordim.wordpress.com/?p=4159</guid>
		<description><![CDATA[Me presentan a un chaval de unos veinticinco años. Si me fijo bien, puedo verme casi entero reflejado en sus gafas. Como quien no quiere la cosa, me pregunta si no he notado lo arcaico que es Kierkegaard en realidad. Le digo que no he leído a Kierkegaard, y me reservo la sospecha de que &#8230;<p><a href="http://jordim.wordpress.com/2011/12/27/relato-diario-3-de-5-jugoso-coctel/" class="more-link">Leer Más</a></p><img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=jordim.wordpress.com&amp;blog=679981&amp;post=4159&amp;subd=jordim&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Me presentan a un chaval de unos veinticinco años. Si me fijo bien, puedo verme casi entero reflejado en sus gafas. Como quien no quiere la cosa, me pregunta si no he notado lo arcaico que es Kierkegaard en realidad. Le digo que no he leído a Kierkegaard, y me reservo la sospecha de que sólo me ha hecho la pregunta porque sonaba intelectualmente compleja. Estoy a punto de preguntarle con tono impertinente si alguna vez se ha hecho una paja con la mano izquierda dormida, pero me callo. Sonrío levemente por ese pensamiento, y él dice: Ya, ya sé que es muy precipitado decir que Kierkegaard es arcaico. Le repito que no lo sé, porque no he leído a Kierkegaard. Una chica apabullantemente guapa pasa con una bandeja de canapés; el chico intercambia un par de frases de flirteo con ella. Ella, inexpresiva, aminora el paso, se ve seguramente a sí misma incluso el escote reflejado en las gafas, y sigue su camino. Verás, me dice el tipo, tienes que leer a Kierkegaard, aunque sólo sea por curiosidad. Me pregunta qué libro tengo en mi mesilla; lo dice exactamente así: «¿Qué libro tienes en tu mesilla?». Estoy a punto de volver a comentar lo de las pajas con la izquierda. Le digo que no tengo nada en mi mesilla, que en realidad no tengo mesilla, el cabecero de la cama ya forma parte de mi escritorio. ¿No tienes el escritorio en una habitación aparte?, me pregunta. Veo a la chica de los canapés reflejada en sus gafas a lo lejos, puedo ver su culo en detalle. ¿Por qué me miras así?, dice el chaval, y sonríe como quitando hierro al asunto. Perdona, ¿me decías?, digo. Te preguntaba qué libro estás leyendo ahora, dice el muchacho, y bebe un sorbo del líquido rojo que hay en su copa. Antes de dejarme contestar, me dice que él ahora lee a Proust, pero que en realidad también está releyendo a Faulkner, dice que le pierde la impaciencia, y que por eso acaba siempre leyendo dos libros a la vez, a veces incluso tres. Entonces se abstrae de repente. Casi lo agradezco, no digo nada, me miro las uñas y demás. El chico busca con su radar a la muchacha de los canapés. Tenemos una fuente de ponche justo al lado. Hay una mosca ahogándose en ella, agitándose histéricamente. Veinteañero vuelve a prestarme atención. En realidad todo esto sucede en cuestión de segundos. Vuelve a preguntarme qué estoy leyendo ahora. La sola idea de retractarme y decirle la verdad (casualmente, Kierkegaard), hace que se me revuelva el estómago. En realidad no tengo salida, ya que el tipo quiere caerme bien por algún motivo. Da igual que le nombre a un autor comercial o a otro más complejo. Si oye un nombre comercial dirá -o más bien, expondrá, de un modo erudito- que es bueno leer cosas menos densas de vez en cuando, etc., y si el nombre del autor sugiere algo más complejo, hablará sin parar del mismo de haberlo leído, o me ametrallará a preguntas para simular interés. En cualquier caso, seguirá estando presente siempre a su alrededor ese aura de malcriado de gran ciudad que está pidiendo a gritos una paliza y un año haciendo el turno de noche en alguna fábrica. La chica de los canapés vuelve a pasar por nuestro lado. Mi “colega” vuelve a tirarle los tratos, saca a colación la misma broma idiota que ya le hizo antes, estirándola; luego, intenta “provocarla” con un comentario sobre la supuesta baja calidad de los canapés; y acaba asegurando que él sabe lo que es andar por ahí con una bandeja, porque un verano trabajó de camarero. Cuando ella ya está saliendo de nuestra zona de influencia, el chico suelta el nombre de un hotel que suena a lujo, dando a entender que ahí fue donde él trabajó (y supongo queriendo dar solapadamente la información de que no curró en un bar cualquiera). Yo vigilo con el rabillo del ojo la mosca que se ahoga. El muchacho se vuelve hacia mí, con esa expresión “autoexculpatoria”, como insinuando: «Sí, doy asco intentando ligar, pero has visto su culo?»&#8230;<br />
Hay un cuarteto de cuerda tocando en el jardín. Tocan una melodía que me suena mucho, de ese modo en que tienes el nombre de la canción en la punta de la lengua, y hasta que no lo recuerdas no te libras de esa <em>sensación</em>. Así pues, le pregunto al chaval que a qué se dedica, qué estudió. Mientras se explaya con ese tono típico de sospechosa humildad (pero exponiendo hasta el más mínimo dato académico y laboral), aprovecho y me centro en la melodía que suena. Estoy convencido de que la canción es de un grupo de rock contemporáneo, quizá incluso indie. El chico no deja de hablar. La mosca ha muerto. Llega ese momento en que la música acaba, y comienza una canción distinta. Ahora el reto es mayor, tengo que asumir que la mosca ha muerto, abstraerme de lo que dice el chaval y a la vez intentar repetir en mi mente la melodía que me interesaba aislándome de la nueva melodía externa. Además, otro factor comienza a estorbarme, y es que el siguiente tema que tocan enseguida lo reconozco. No puedo concentrarme. Corto el discurso del chaval, y le pregunto si sabe qué canción era la anterior que tocaban los músicos. Eh&#8230; no estaba pendiente, me dice. Ah&#8230;, murmuro, ¿qué me decías del erasmus? El chico retoma enseguida su discurso. Y de golpe, como por arte de magia, sucede. <em>Paint it black</em>; Rolling Stones (y un halo de vergüenza crece dentro de mí por no haberla conocido antes y bla, bla, bla&#8230;).<br />
El muchacho sigue hablando y yo ya no tengo tema interno para aislarme totalmente de él. Se me ocurre la idea de dejar de leer a Kierkergaard. Quizá podría recuperar alguna lectura de mi infancia. Stephen King o algo así. La muchacha de los canapés parece hacer siempre el mismo recorrido. Cuando le vuelve a tocar mostrarnos la bandeja a nosotros, da un rodeo. El chico no deja su historia, ahora cuenta los detalles de una chica que conoció durante el erasmus; al parecer ella también leía a Kierkegaard. Entonces vuelvo a mirar el cadáver flotante de la mosca. No sé bien por qué, y ahora no puedo pensar con claridad, pero de algún modo tengo que morderme la lengua para no echarle la culpa al chaval de la muerte de la díptera.</p>
<p><a href="http://jordim.files.wordpress.com/2011/12/tumblr_lkq9k7xvjv1qcagpio1_500.jpg"><img src="http://jordim.files.wordpress.com/2011/12/tumblr_lkq9k7xvjv1qcagpio1_500.jpg?w=545" alt="" title="tumblr_lkq9k7xvjV1qcagpio1_500"   class="aligncenter size-full wp-image-4167" /></a></p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/jordim.wordpress.com/4159/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/jordim.wordpress.com/4159/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/jordim.wordpress.com/4159/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/jordim.wordpress.com/4159/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/jordim.wordpress.com/4159/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/jordim.wordpress.com/4159/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/jordim.wordpress.com/4159/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/jordim.wordpress.com/4159/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/jordim.wordpress.com/4159/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/jordim.wordpress.com/4159/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/jordim.wordpress.com/4159/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/jordim.wordpress.com/4159/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/jordim.wordpress.com/4159/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/jordim.wordpress.com/4159/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=jordim.wordpress.com&amp;blog=679981&amp;post=4159&amp;subd=jordim&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://jordim.wordpress.com/2011/12/27/relato-diario-3-de-5-jugoso-coctel/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>8</slash:comments>
	
		<media:content url="http://1.gravatar.com/avatar/5a00494a20dbd7b3f9b81feaa45b8216?s=96&#38;d=identicon&#38;r=G" medium="image">
			<media:title type="html">Jordi M. Novas</media:title>
		</media:content>

		<media:content url="http://jordim.files.wordpress.com/2011/12/tumblr_lkq9k7xvjv1qcagpio1_500.jpg" medium="image">
			<media:title type="html">tumblr_lkq9k7xvjV1qcagpio1_500</media:title>
		</media:content>
	</item>
		<item>
		<title>Relato diario (2 de 5) &#8211; Día del Orgullo de Gemelos Bic</title>
		<link>http://jordim.wordpress.com/2011/12/26/relato-diario-2-de-5-dia-del-orgullo-de-gemelos-bic/</link>
		<comments>http://jordim.wordpress.com/2011/12/26/relato-diario-2-de-5-dia-del-orgullo-de-gemelos-bic/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 26 Dec 2011 22:26:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jordi M. Novas</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://jordim.wordpress.com/?p=4146</guid>
		<description><![CDATA[Hermanita, prefiero decirte esto por mensaje, así pongo en orden mejor mis pensamientos. Ya me conoces, me gusta hacerlo así. Ya sabes que dentro de dos semanas es el DOGB. También sabes que cada año mi reticencia ante la celebración es mayor. Ya tenemos treintaiún años, y no creo que seguir celebrando esa festividad sea &#8230;<p><a href="http://jordim.wordpress.com/2011/12/26/relato-diario-2-de-5-dia-del-orgullo-de-gemelos-bic/" class="more-link">Leer Más</a></p><img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=jordim.wordpress.com&amp;blog=679981&amp;post=4146&amp;subd=jordim&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hermanita, prefiero decirte esto por mensaje, así pongo en orden mejor mis pensamientos. Ya me conoces, me gusta hacerlo así.<br />
Ya sabes que dentro de dos semanas es el DOGB. También sabes que cada año mi reticencia ante la celebración es mayor. Ya tenemos treintaiún años, y no creo que seguir celebrando esa festividad sea lo que nosotras necesitamos; ni lo que necesita la familia. Tú sabes bien -también- que te quiero más que a mí misma, y que sé que el sentimiento es mutuo. Te lo he dicho muchas veces, tú y yo nunca hemos necesitado fiestas oficiales para quedar o hacernos regalos. Es la verdad, y de hecho mucha gente ha llegado a extrañarse por eso. No sé si llegué a decírtelo, pero una vez oí a mamá hablar con la tía Pamela, y la tía se preguntaba que si era normal “lo nuestro”, que nos lleváramos tan bien o que apenas nos peleáramos; creo que ella creía que nos acostábamos juntas o qué sé yo.<br />
El caso es que, aquí tú y yo sabemos que nos queremos. Nadie tiene que recordárnoslo, ni decirnos cuándo nos tenemos que regalar cosas (o que esas cosas tengan que ser de la marca Bic).<br />
Sé que no hace mucho lo hablamos en la celebración del bicentenario de Facebook. Pero ahora que  ya mismo llega el día, creo que sería bueno sentarnos antes con papá y mamá, y contarles lo que hay. No creo que por no celebrar el DOGB pase nada. En casa siempre hemos sido respetuosos con las tradiciones (incluso celebramos el Día de los Homicidas Involuntarios Inculpados Glock&#8230; sin haber ningún homicida involuntario en la familia que esté cumpliendo condena&#8230;).<br />
El caso es que, ya no me siento capaz de hacer el papel. Ese día es el único que me siento ridícula a tu lado, y eso me hiere no sabes cómo. Me siento ridícula por ir vestida igual que tú, me siento ridícula cada vez que nos hacen volver a cantar lo de “Yo siento cuando ella siente y eso se llama Amor” (solo escribirlo se me pone la piel de gallina). Y lo siento, pero me da igual que la celebración la hagamos para contentar al abuelo (lo cual podría ser más que nada una excusa de mamá); el abuelo debería saber ya que estamos curtiditas, ya no somos sus niñitas con coletas, ni su juguete del árbol genealógico.<br />
Sé que tú no eres tan radical como yo en esto, pero también sé que me entiendes. Como he dicho, ya hay decenas de fiestas oficiales al año, y como sabes, opino que sólo forman parte de un elaborado chantaje emocional perpetrado por las marcas comerciales que las patrocinan. No me importa felicitar a los demás en sus “días” si les hace ilusión, ni tan siquiera el comprar regalos de una marca concreta para satisfacerles. Pero yo <em>no</em> soy así, y me gustaría no tener que celebrar por obligación algo (el ser gemela tuya) que yo no planee; no quiero sonreír cuando los demás quieran ni cantar cuando los demás quieran o ser feliz a la fuerza en un momento concreto. No quiero ir de tiendas cuando los demás me espolean a ello. Me niego a ceder a ese chantaje capitalista, al menos en mi/nuestro “día”. Quiero ser más auténtica, hermanita, y me encantaría que tú me apoyaras.<br />
Imagino que al leer esto me verás otra vez como una especie de anarquista; puede que hasta te haga gracia en cierto modo. En cualquier caso, no quiero que cumplas órdenes mías; sólo te hago saber lo que siento respecto al DOGB. Si tú quieres seguir adelante con ello, yo compraré por ti, cantaré por ti, y pasaré toda la vergüenza propia y ajena que sea necesaria por ti. Y no se hable más.</p>
<p>Un beso <img src='http://s0.wp.com/wp-includes/images/smilies/icon_smile.gif' alt=':)' class='wp-smiley' /> </p>
<p>Cuídate mucho.</p>
<p><a href="http://jordim.files.wordpress.com/2011/12/20070718klpprcryc_710_ies_sco2.jpg"><img src="http://jordim.files.wordpress.com/2011/12/20070718klpprcryc_710_ies_sco2.jpg?w=545&#038;h=471" alt="" title="20070718klpprcryc_710_ies_sco" width="545" height="471" class="aligncenter size-full wp-image-4149" /></a></p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/jordim.wordpress.com/4146/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/jordim.wordpress.com/4146/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/jordim.wordpress.com/4146/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/jordim.wordpress.com/4146/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/jordim.wordpress.com/4146/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/jordim.wordpress.com/4146/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/jordim.wordpress.com/4146/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/jordim.wordpress.com/4146/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/jordim.wordpress.com/4146/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/jordim.wordpress.com/4146/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/jordim.wordpress.com/4146/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/jordim.wordpress.com/4146/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/jordim.wordpress.com/4146/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/jordim.wordpress.com/4146/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=jordim.wordpress.com&amp;blog=679981&amp;post=4146&amp;subd=jordim&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://jordim.wordpress.com/2011/12/26/relato-diario-2-de-5-dia-del-orgullo-de-gemelos-bic/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>6</slash:comments>
	
		<media:content url="http://1.gravatar.com/avatar/5a00494a20dbd7b3f9b81feaa45b8216?s=96&#38;d=identicon&#38;r=G" medium="image">
			<media:title type="html">Jordi M. Novas</media:title>
		</media:content>

		<media:content url="http://jordim.files.wordpress.com/2011/12/20070718klpprcryc_710_ies_sco2.jpg" medium="image">
			<media:title type="html">20070718klpprcryc_710_ies_sco</media:title>
		</media:content>
	</item>
	</channel>
</rss>
