Elisa Cuthbert y la rutina

Cuando estoy tenso saco un cigarrillo. No por nada, en realidad lo estoy dejando.

Esta tarde mi ya ex novia ha venido a mi casa y me ha dicho;

– Te dejo.

Y yo he respondido:

– ¿Por qué?

Y ella ha dicho:

-¿Y por qué no? – Y es muy largo de explicar, pero ella tenía razón. Digamos que ella sí es partidaria de la monogamia

 

Estoy tenso la mayoría de las veces así que normalmente fumo mucho. La tragedia llega cuando sacas el paquete de tabaco y no queda ningún cigarrillo; o cuando directamente palpas tu bolsillo y te acuerdas de que te has olvidado de comprar tabaco.

Estoy como todos los días, esperando el autobús que me lleva al trabajo. Estoy fumando. La empresa en que trabajo tiene contratados autobuses para los trabajadores. Es una ventaja que para ellos a de justificar muchas otras desventajas; pero no entraré en detalles.

El hecho de tener cada día a los mismos compañeros de viaje puede estar muy bien; a no ser que la mayoría sean unos pánfilos que se pasan el viaje hablando sin decir nada, descojonándose por todo, y poniendo discos de Operación Triunfo; mi pan de cada día. Los autobuses Martín son los que nos llevan. La familia Martín. Padre e hija. Cuando viene a recogernos el padre todo resulta muy peligroso. Es un hombre mayor y básicamente conduce tan despacio que un día le multaran. Además creo que un día le vi cerrar los ojos al volante; pero era lunes y me daba igual todo; me sentí como Braveheart pensando que el autobús se estrellaría y libraría al mundo de mis compañeros de viaje.

Normalmente es la hija la que nos pasa a recoger. Alicia. 22 años. Soltera. Una chica preciosa; de cintura para arriba. Un día salió del autocar antes de arrancar, no se para qué. Bien, pues ese día cayó un mito. Digamos que de cintura para abajo la chica no cumple con los cánones de belleza a los que la sociedad nos ha acostumbrado; más bien destrozaría los cánones si sentara encima.

Hace una semana un chico nuevo entró en el autobús. Yo era el único que iba sentado solo, y se puso a mi lado. Un tema le obsesionaç; Elisa Cuthbert;

– ¿Sabes quién es? – me dijo el primer día que hablé con él.

– Sí… creo que si.

– Joder ¿Que crees que si?

Y después estuvo todo el viaje comentándome lo que le haría si la “pillara”.

Y yo pensaba que era cuestión de un día, pero el tipo ha resultado ser un mitómano y cada puñetero día me suelta un discurso sobre ella. Además siempre me pregunta si se quien es, y todos los días le tengo que decir que si, que se quien es, pero nunca parece creerme. Hoy parece mas tranquilo y hasta creía que no iba a sacar el tema;

– Oye tío… – me dice – ayer vi una peli tremenda. Salía Elisa Cutbert ¿sabes quien es?

– … Si, sé quien es.

– Si, hombre…esa que salía en la serie “24”

– Si, si, ya te he dicho que sé quien es.

Palpo en el bolsillo del pantalón y noto que si, que tengo tabaco. Después recuerdo que estoy en el autobús.

Te juro – me sigue diciendo el tipo – que no me importaría que me matara a polvos. Que coño, no me importaría que me mataran si fuera ella la que lo hiciese.

 

Tengo muchas ganas de fumar. Alicia, la chofer de los cánones de belleza atrofiados se ha equivocado y está intentando volver a la autopista.

No me importaría que este tipejo que tengo al lado muriera de repente y yo pudiera leer tranquilo el libro de Palahniuk que llevo en la mochila. Al llegar me haría el despistado. Todo el mundo preguntaría ¿Qué le pasa? y yo diría: No lo se, yo pensaba que se había dormido.

Pero no se muere. Solo sigue hablando sobre la peli;

– ¿Pero sabes quien te digo, no? – me dice – es rubia, así… de buena estatura…

Y yo le miro pero ya no le digo nada. A él no parece importarle, sigue hablando.

El autobús se para detrás de un enorme cartel de publicidad. Al parecer, Alicia se está meando y corre hacia el lavabo de una estación de servicio. Parece mentira, pero estoy deseando llegar al trabajo. Esto ya es soporífero. Es martes y ya estoy hasta las narices de esta semana, de este tipo que tengo al lado, de Elisa Cuthbert, de mi ex a la que ya hecho de menos; pero sobretodo es el hecho de que aun sea martes lo que me revienta. Vuelvo a palpar el paquete de tabaco que tengo en mi bolsillo.

Miro hacia un lado y observo que mi compañero de viaje ha salido del autobús; probablemente a buscar a Elisa Cuthbert; lo cual ya no me extrañaría. Me lo imagino corriendo por la autopista gritando ¡Elisa, te quiero! Pero no se irá, solo está meando. No se ha molestado ni en acercarse a la estación de servicio. Lo hace cerca de la enorme valla publicitaria.

Alicia vuelve meneando su enorme culo. Sube al autobús y cierra la puerta.

– Oye, que ese tío ha salido a mear… – dice alguien. Pero Alicia no repara en ello, y muy nerviosa, arranca el autobús murmurando que llegamos tarde. Noto que chocamos con algo, y la enorme valla publicitaria cae hacia delante haciendo mucho ruido.

Alicia se lleva la mano a la boca. Salimos del autocar.

Al parecer el fan de Elisa Cuthbert intentaba venir hacia aquí cuando caía la valla. Una vez fuera observamos que no debería estar muy bien sujeta porque toda la estructura ha cedido fácilmente sobre la cabeza de mi compañero de viaje. Sólo sobre la cabeza. El resto del cuerpo permanece fuera del alcance de la valla.

Mientras el charco de sangre crece, Alicia, llorosa, empieza a llamar a todo el mundo por teléfono. Por fin puedo sacar un cigarrillo.

 

Al cabo de un rato llega una ambulancia. Alguien se agacha al lado de cuerpo inerte del chico y murmura sin tocarle que está muerto. Se gira hacia nosotros y pregunta por su nombre. Todo el mundo se vuelve hacia mí. Niego con la cabeza. Nadie sabe su nombre. Yo saco otro cigarrillo.

Mientras me pregunto cuando coño nos van a pasar a recoger con otro autobús Alicia se acerca a mí;

– Oye – me dice llorando – tú… me gustas.

Lo que faltaba. Después se va y cuando empiezo a respirar tranquilo se vuelve a hacia mi, y vuelve.

– Ya se que tengo el culo demasiado gordo – me dice en tono de reproche. Yo saco otro cigarrillo, y ella se va definitivamente, llorando.

Una grúa está levantando el cartel publicitario dejando a la vista la cabeza aplastada del chico sin nombre. La cosa empeora. Llegan los padres del chico. La madre se pone a abrazar la cabeza de su hijo. Se llena la blusa de sangre.

Alguien se acerca a mí. Es una de las chicas del autobús:

– Oye… ¿tendremos que ir a trabajar hoy?

– Espero que no.

Pero un autobús llega a lo lejos. Mucho me temo lo peor. Pero aun peor es el hecho de que aun sea martes. Este día será eterno.

Cuando estoy tenso saco un cigarrillo. Este es uno de esos momentos. Mientras la madre del fan de Elisa Cuthbtert se abraza a su marido nosotros subimos al otro autobús. El anterior echa humo.

Al arrancar el vehiculo substituto observo el cartel publicitario. Nos invita a todos a comprar el Dvd de “La vecina de al lado”

La enorme cara de Elisa Cuthbert nos mira desafiantes con esa expresión de no haber roto jamás un plato y la vez haber roto cientos. Yo me palpo el pantalón. Tengo tabaco. Todo saldrá bien.

 

 

elishacuthbertmakeup.jpg

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8 comentarios en “Elisa Cuthbert y la rutina

  1. Així va començar el teu blog. Guau. Confeso q m´he fumat un piti lleguint-lo. T’ entenc perfectament en el tema tabac XD
    Enorme. A veure qué puc llegir, m’ ha agradat molt, m’ agrada començar pel principi 🙂

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