Una chispa

– Mi madre dice que debería afeitarme con más frecuencia.

– Ya…

 

Si, hay veces que debería cerrar la puta boca. Su cara blanca y redonda de niña bien decía con la mirada: Tu madre tiene razón.

 

Ves a todos esos tíos como salidos de una cadena de montaje, con el pelo corto engominado, y piensas: No quiero ser como ellos.

Si, soy muy duro, pero Marta, la chica de la cara redonda, quiere acabar con uno de esos tipos fabricados en serie. En fin, su vida compartida con la mía duró un café. Mejor para los dos. La chispa que provocó el encuentro ya es lo de menos.

Después del café y la cara redonda me dirijo por la calle a ninguna parte, con los cascos puestos, con los Radiohead, que son algo así como los Beatles de nuestro tiempo. Las melodías pegadizas y los himnos por la paz han dado paso a las canciones deprimentemente bonitas, y a las baladas suntuosas. A mí me parece bien.

Kurt Cobain se pegó un tiro en la cabeza y yo siempre me he sentido de acuerdo con él. Claro que, todo es cuestión de gustos. Yo el arma no la dirigiría a mi cabeza; por eso él ahora es un mito, y yo, bueno, como mucho un terrorista reprimido, un anarquista que se rinde cada vez que llegan las elecciones.

Caminando, sin más, acabo en un polígono industrial. Un coche merodea, arrancando y frenado de golpe, una y otra vez. Deduzco que alguien está haciendo prácticas.

Y si, hay un padre copiloto con su hijo al volante. El padre intenta enseñar a su hijo, y, sin embargo, él no lleva el cinturón puesto. El chico parece estar emocionado de descubrir los secretos de la conducción. Lo estará hasta que descubra que su padre no le dejará sacar el coche ningún sábado, hasta que se canse de discutir con él. El tiempo que tarde depende del ambiente familiar. Pero claro, cada familia es un mundo. El chico intenta aparcar entre dos piedras que antes ha puesto su padre. Lo consigue. Sigo caminando.

En las puertas enormes de las fábricas y los almacenes el suelo está sembrado de colillas. Yo añado unas cuantas más sin pensar en nada en especial. La nada es protagonista la mayoría de veces, incluso cuando piensas que hay algo. Son esos momentos en los que no te estas divirtiendo especialmente, pero con el tiempo crees que sí lo hiciste. Esos momentos se convierten en recuerdos que aliñas como una ensalada, y cuidado, porque podrías acabar convirtiéndolos en los mejores momentos de tu vida. Aunque bueno, hay cosas peores. Podría hacer una lista de cosas malas, una de cosas peores y otra de cosas trágicas; tres listas. Sin embargo solo podría hacer una lista de cosas buenas. Pero es igual, no pasa nada, soy yo el que piensa así; yo, y unos cuantos mas, mientras se pudren progresivamente mis pulmones. Solo pasa que espero a que salte una chispa, nada más.

A lo lejos, aun entre almacenes, veo a alguien; una chica. Ya estamos… Es una de esas personas que ves y tardas una par de minutos en asociarla a su imagen pasada de colegiala. Nunca había tenido especial confianza con ella. Yo no intentaba levantarles la falda a las chicas de niño; esperaba a que otros lo hicieran. La chica se acerca a cada paso que doy. El diálogo se ve venir desde lo más lejos que puedas imaginar.

La ciudad, un polígono industrial, yo y ella, y después, las montañas, bueno, esas mini-montañas pos-cuidad llenas de cosas como condones usados, y sí, mas colillas.

Y ahí va, el diálogo prefabricado, marca de la casa “cómo parecer educados”;

– ¡Hola! – dice ella

– Hola, como estas – digo yo, echando humo por la boca, sin querer, en su cara.

Ella sonríe, acuclillando los ojos.

– Perdona – me disculpo.

– Tranquilo, yo también soy fumadora

– Pues quizá deberíamos huir al desierto…

Sonríe sinceramente, y yo respiro aliviado.

– Joder – suelta –, me ha sorprendido mucho verte.

Es malhablada, fuma, me gusta. Su aspecto ha mejorado ostensiblemente. De hecho cualquiera saltaría encima de ella sin dudarlo.

– Es que, ahora me vienen muchos recuerdos. Tú me gustabas cuando era pequeñita – dice, arrepentida, una décima de segundo después de haberlo dicho. Está bien, esto no está resultando como yo esperaba. Yo también me equivoco. Intento aliviar la tensión;

– Bueno… y ¿de donde vienes?

– De ver a mi novio, trabaja por aquí cerca.

Y otra vez odio a otra persona sin ni tan siquiera haberla visto. Nos pasa con frecuencia. A los humanos.

Intento reprimir mi cara de decepción y odio a lo desconocido. Me dice que la acompañe, que va en la misma dirección. Así que ahí estamos, caminando otra vez, en dirección contraria a la que venia. Me suele pasar, lo de desandar caminos, en la vida.

Y no se si este va a ser otro de esos momentos sobrevalorados en el futuro. Intento no obsesionarme. Me dan ganas de cogerle la mano. Me pregunto si es porque tiene novio, o si me gusta de verdad. En realidad era una de las pocas personas a las que no odiaba en el colegio. Era aplicada y no se metía con nadie. No tenía esa crueldad de los niños que puede convertirse en política al crecer. Torturas al compañero que lleva gafas y después estudias porque tus padres te dicen que lo hagas. Y entonces llegas muy alto y tienes a mucha más gente con o sin gafas a la que torturar. No sé qué es, pero hay algo que falla. Ella me roza la mano sin querer. Yo miro hacia otro lado. Si esto es amor yo me haré adicto a algo muy perjudicial; más que el tabaco. Esto me matará. La gente no consume droga porque si. La consume porque hay muchos momentos “nada” que ocupar. Este, para mí, no es uno de esos momentos, y sin embargo sigo fumando. Ahora ya no se si moriré por amor repentino, por droga dura o por el tabaco. A veces me da la sensación de que hay una dosis individual de pensamientos que tienen que ver con la muerte para cada uno. Y creo que hay tanta gente que obvia el tema que algunos tenemos que acaparar todas las dosis. Se puede decir que la primera vez que me he enamorado la muerte ha sido lo primero en lo que he pensado. Eso no dice mucho a favor del amor. Quizá por todo esto hay gente que se suicida por amor y todos los demás piensan; ¿Por qué lo ha hecho?

 

Ya convencido de que este no va a ser un momento “nada”, suelto pullas, intentando hacerla reír. Cuando haces reír a una chica es brutal; sencillamente brutal, la sensación que te invade. Su sonrisa no es especial ni mas bonita que otras, bueno, ahora lo es para mí. Pero eso no significa nada, como la mayoría de cosas. Un dolor imaginario en el estómago me da cuando recuerdo que tiene novio. Quizá en lugar de estomago debería haber dicho alma. Pero tampoco significa nada. Las cosas que significan algo somos incapaces de explicar lo que significan. A esto la gente lo llama amor, sí; eso de color rosa que es imprescindible sentir antes de morirse (según la mayoría); sin embargo esto, seguramente, implica que alguien va a acabar sufriendo. Y nadie quisiera sufrir un solo día antes de morirse.

 

Desandando el camino veo las mismas cosas que al venir. Pero ahora las veo enamorado, si es lo que me pasa, claro. Tengo ganas de ladear un coche hasta tumbarlo. Tengo ganas de parar un tren con mis propias manos. Me siento apunto de explotar con ella caminado a mi lado. Llegamos poco a poco a la zona de las prácticas automovilísticas. No se si soy yo o es ella, pero cada vez caminamos mas juntos. Ardo.

Agarra su brazo derecho a mi brazo izquierdo. No se como reaccionar. Ella sonríe y apoya un momento la cabeza en mi hombro, diciendo sin hablar: no pasa nada. Nada más lejos de la realidad.

A lo lejos vemos una farola doblada de forma brusca. El coche de prácticas ha arrollado la farola y se ha estampado con un muro que vallaba el patio de un almacén. El padre tiene medio cuerpo en el capo de haber salido disparado por el cristal. Al acercarnos vemos con atención a los dos, ya blanquecinos; el padre desangrado por los cristales y el chico con la cara destrozada de haber chocado la cabeza contra el cristal. Hay un charco de sangre dentro del coche. Ante todo esto, la que ya considero mi chica, se tapa la boca. Yo digo;

– El padre estaba dándole unas lecciones prácticas, los vi al venir. El chico debe haberse puesto nervioso y ha apretado el acelerador cuando tocaba pisar el freno. Está ardiendo, habrá saltado alguna chispa.

No reaccionamos ante lo que vemos. No llenamos la escena de vehículos con sirenas. Todo estaba brillando esta tarde que ya oscurece. No es justo. Ella se sienta en la acera, cerca del coche. Yo me siento a su lado. Apoya su cabeza en mi hombro. Me agarra la mano. Me dice;

– Antes te he mentido. Mi novio me tenía que pasar a recoger a la salida del trabajo. Pero no se ha presentado, hace tres días que no lo veo, joder… tengo cuarenta minutos a pie hasta casa.

 

 

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10 comentarios en “Una chispa

  1. No sabes como me identifico con esos diálogos prefabricados marca de la casa para ser educado. Son el ejemplo más malsano y rencoroso de como mantener la compostura sin tener ninguna gana de hacerlo!

    Un saludo!

    p.D. con lo de 20minutos se me piró por cierto!

  2. 🙂
    Oye que estoy intentando escuchar el programa pero se escucha fatal en mi ordena, o no sé que pasa que se me corta y me da una rabiaaaa…
    Ale ya se ha cortado mientras escribo!

  3. Jordim,
    Has sido un gran descubrimiento. Me gustaría destacar una cosa de la historia. Hay unos detalles en la historia del padre y del hijo que me han dejado impresionado. Me parecen buenísimos. Con una sola frase sabemos cómo será la relación entre el padre y el hijo. Le está enseñando a conducir, pero ese “..hasta que descubra que su padre… hasta que se canse de…”. Ahí podemos ver esa relación de odio y amistad que a veces hay entre padres e hijos: te doy esto, te quito lo otro. Como sucedía en ‘la noche del cazador’: Love/hate. El bien y el mal. La eterna lucha.
    Son personajes secundarios de los que en una pocas palabras ya les has dotado de una vida, de un pasado y de un futuro. La mala suerte es que esa vida sólo les duró unos minutos más.
    Espero el próximo.
    Saludos

  4. jeje muy bueno Jordim, la primera parte, porque a partir de la mitad no veo nada 😦 Tranquilo, es mi ordenador que necesita urgentemente reiniciar.
    Un beso!

  5. komo puedo sentirme identificada en un personaje de un texto?

    leiendo lo k escribes,siempre hay un rol en el k identifikarse, ya sea el prota o kualkiera de los sekundarios…hay uno para kada uno

    weno solo decirte k te e kojido el texto de serezade, me gusto muxo al leerlo, al igual k este…

    weno aki lo dejo, un beso de una paranoika enamorada de tus textos.

  6. las multiples situaciones de tenacidad , ganas de aprender a llevar un carro, sentimientos de independencia, pueden verse mesclados con gritos de parte del maestro que obviamente no has elegido no se tenian muchas opciones como en mi caso, y los gritos los utilizan supuestamente para ponerte ojo al cristo , o simplemente por que al dueno le duelen los raspomcitos que puede tener el carro.tambien a mi me paso en ves de pisar el freno fue el acelerador pero casi de inmediato tome el control de nuevo y final feliz eso paso hace tantos anos ya , creo que cuando vas a vivir una experiencia y es tuya todo se te presenta para darse aunque a simple vista se vea hasta engorroso buena historia buenas noches un beso despeinada

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