La novia

Sandra se mira en el espejo con el vestido de novia puesto. Su madre la observa desde un rincón de la habitación. El día ha llegado. Ya maquillada, Sandra se concentra, para no sudar demasiado por las axilas. Su madre dice;

– El vestido se ensuciará por abajo, pero no te preocupes.

Su madre se acerca y alisa la enorme falda abombada, y dice;

– No te preocupes, no se verá, el vestido está hecho para que no se vea.

 

Sandra hace poses sin sonreír viendo a su doble en el cristal. Su doble con el vestido de su abuela y de su madre; el vestido arreglado para parecer menos antiguo, y lavado y frotado con remedios caseros para parecer menos amarillento.

– ¿Qué pasa, hija? ¿No te gusta? – duda su madre.

– Sí.

 

Ya en el coche, camino de la iglesia, Sandra procura recoger el vestido, que se expande por el asiento trasero del coche, y su madre dice;

– Estate quieta, el vestido va a su bola.

– No, no es eso.

– ¿Qué?

– No me he puesto el liguero.

Su madre la mira, con la cara roja y resbaladiza por varias capas de potingue, y dice;

– Es igual, luego tu padre ya irá a buscarlo.

– Ah…  y ¿dónde está?

– Ha ido hace una hora a la iglesia, se ha levantado muy temprano

– Tengo mucho calor…

– Paciencia, ya mismo llegamos…

Se me ha acabado la paciencia, tengo calor, joder.

– Ya verás que guapo va a ir tu novio.

Yo no quería casarme por la iglesia.

– Bueno, tu marido, ya mismo…

No quería casarme por la iglesia, puta. Cállate.

– Hace muy buen día, cuando yo me casé estuvo nublado.

Me importa una mierda.

– Qué guapa vas.

Su madre le da un beso en la mejilla, sonoro y pringoso.

– Me voy a emocionar antes de tiempo…

Su madre saca un pañuelo, se lo pasa a si misma por el rabillo del ojo derecho.

– No quiero estropearme el rimel antes de tiempo.

Cállate, no empieces ahora, joder.

– Estás muy seria.

Y tú eres una hipócrita.

– No dices nada, hija.

Joder…

– Yo el día de mi boda estaba muy nerviosa, no paraba de darle la lata a mi madre….

No quiero casarme.

– Le preguntaba cosas todo el rato…

No quiero firmar nada. No le odio ni nada, pero no quiero casarme.

– Y tenía miedo de tropezar por el pasillo con el vestido y caerme al suelo.

Joder, por qué tengo que casarme. Eso es que no le quiero como yo creía.

– Y delante del cura se me nublaba la mente…

Si no quiero casarme es porque no le quiero.

– ¿Me escuchas?

– Sí

– Estás como ida, hija.

– ¿Llegamos ya de una puta vez o no?

Su madre se la queda mirando.

– Oooye… ¿y esa lengua?

Me gusta follar con él. Y nada más. Eso es.

– No sé a que viene cabrearse ahora. Tranquilízate un poco, no te quiero ver de morros delante de la gente.

Y Sandra piensa: Tengo trentaicinco años. Joder, trentaicinco años…

– Más vale que no mires así a tu novio, o no sé qué se va a pensar…

 

El coche frena y aparca justo en frente de la iglesia. Sandra sale a trompicones mientras su madre desengancha el vestido de tres o cuatro puntos distintos del interior del coche. El sol azota desde arriba. Sandra tiene la cara mojada entre el sudor y el maquillaje. Intenta echar a andar y casi no puede respirar. Su madre coge la cola del vestido.

Sandra se frena. Procura respirar hondo. Su madre habla sin parar;

– Vamos, hija. Te están esperando todos dentro. ¿O quieres llegar tarde?

– ¡Cállate, joder! ¡No vamos a llegar tarde! ¡Vamos sobradas de tiempo! ¡Déjame respirar, hostia!

Su madre se queda perpleja. La gente que pulula fuera de la iglesia gira su cabeza hacia la novia.

– Pero… ¿qué te pasa? ¿por qué me quieres hacer pasar vergüenza? – dice su madre, y se aleja, hacia el portón de la iglesia. Sandra se queda quieta, de pie, observando como todos la miran.

 Al rato, de la iglesia, sale un tío de negro, repeinado. Cuando Sandra enfoca se da cuenta de que es su novio. Y llega hasta ella, y dice;

– ¿Qué te pasa, mujer?

Sandra le mira, largamente, seria,  parpadea, una, dos veces, y murmura;

– Vamos adentro…

Al entrar los dos, cogidos de la mano, la gente se pone en pie y comienza a aplaudir. El sonido estridente del órgano comienza a sonar. El novio dice cuchicheando;

– ¿Otra vez discutiendo con tu madre?

A ti qué coño te importa.

– Siempre estáis igual.

Sí, y tú también.

– Con lo buena mujer que es…

Gilipollas…

– Relájate un poco, coño.

Trentaicinco años, y lo mejor que he conseguido eres tú.

– No camines tan rápido.

Y qué más da.

– ¿Sonríe un poco, no?

Sí, para acabar siendo como mi madre.

– Joder, ahora no vayas tan despacio

Puto gilipollas…

– Así, así… ahora vamos bien.

Nunca hemos ido bien…

– Sonríe un poco.

No pienso sonreír.

– Luego nos acordaremos de estos momentos y nos reiremos a carcajadas, mujer, ya verás.

 

 

vestido-novia.jpg

 

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8 comentarios en “La novia

  1. Jordim, un relato con un gran ritmo. Me gustan mucho las mujeres “malhabladas”.

    A veces las cosas están sentenciadas desde el principio.
    No importa los años que tengamos, es todo una cuestión de hacer lo que queramos y de la forma que queramos. Las bodas suelen ser siempre el tipo de sumisión familiar más aceptado. “Bueno, lo hago por mis padres..” Y así nos va.
    Saludos

  2. Me entristece mucho porque he estado pensando en ese tema,el matrimonio, y la verdad empiezo a confundirme.
    Mi novio es muy tierno conmigo y cuando estamos juntos deseo el momento de compartir nuestra vida,pero el momento de la boda simplemente no se me hace tan maravilloso como a muchas mujeres, de hecho me da pavor,y es q el ya ha mencionado el tema,pero como decirle que aunque lo ame no deseo casarme,o al menos no pronto??

  3. Bueno, Maia, espero que el relato no te haya deprimido (solo es un relato). Lo de casarse es un tema que siempre se antoja complicado. Supongo que se trata de asentar lo que uno/a realmente siente con respecto su pareja y tomar un decision en relacion a eso. Luego el futuro dirá..
    Un saludo.

  4. leyendo unas tiracomicas de un amigo encontre esta frase “me gustan grandotas y groseras”, el que no quiere casarse aun llegando el mero momento que se valla y se extienda es mejor un run away que un mal matrimonio.

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