La felicidad natural

Me llamo Gloria, aunque esto no es importante, si no te gusta la ironía.

Era estudiante de medicina, de las aplicadas, de las que podía dejar en ridículo a un profesor, en medio de una clase llena de peores estudiantes que yo.

Comencé a vender drogas cuando tenía diecinueve años. Al principio solo marihuana, para sacar para mis caprichos, para que cosas como el cine o la discoteca me salieran gratis, a costa de los sudores de los demás, cuando llevaban mas de veinte horas sin un porro. Pero luego conoces a alguien que conoce a alguien que tiene cocaína. Ahora ya no puedo pasar sin una raya al día. Si, conocí a alguien, y al cabo de dos semanas ya vendía por las discotecas. Y una vez has probado la coca y también la vendes, puede que después vengan la heroína, los hongos, la ketamina, el LSD, la metanfetamina…

Pero lo mío era la coca, y un porro de vez en cuando. Conocer los efectos de las drogas no es algo que te afecte. En prácticas, en el hospital, algunos médicos se iban al tejado a fumar en cuanto tenían más de tres minutos. Uno de ellos me compraba coca, y GHB, una especie de éxtasis líquido, un estimulante que se bebe, como aquellas botellitas con caramelo líquido que puedes encontrar en cualquier tienda de chucherias. Y fue un abusón. Al cabo de tres semanas le comenzó a fallar el hígado, y vomitaba las comidas. Una semana más y ya estaba en coma. Su mujer no entendía nada, y al cabo de ocho horas de coma, murió. Resultó que mezclaba, con otras mierdas, como éxtasis herbal u oxicontin.

A mi modo de ver yo solo vendía sueños, una manera de huir sin moverse del sitio, era la gente que me compraba material la que convertía sus sueños en pesadillas. Lo fácil es culpar al camello; al vendedor de sueños artificiales. Todos los que me compraban sabían de qué iba todo esto, la vida. Si la felicidad artificial siempre está de moda es por algo. La gente no me buscaría en las discotecas si pudiera ser feliz solo con intentarlo; hay quien ha muerto de vejez intentándolo; demasiada gente. Es a todos los demás a los que yo les vendo química, a los que se dan cuenta de que pueden morir en el intento.

Así que, me pasé un montón de años vistiendo con pantalones apretados y blusas anchas, siempre con gafas de pasta. Y siempre llevaba una carpeta de la universidad apretada a las tetas; todo sumado a mi baja estatura y a unas notas ejemplares, me alejaba de la idea del estereotipo de camello. Ponía los prejuicios de la gente en su contra. La chica aplicada vendía descomposición y muerte por las esquinas. Pero nadie podía ni sospecharlo. No hay nada tan silencioso como el cliente habitual de un camello; y ni el aparato de aire acondicionado más moderno podría competir con mi clientela. Nunca nadie se chiva, por que saben que Gloria no volverá si lo hacen, con su maletín, y su carpeta universitaria.

 

 

>>Conocí a Víctor porque entre los efectos del carisoprodol están las nauseas y los vómitos. Yo tenía veinte años, y él dos más que yo. Coincidíamos en el autobús de camino a la facultad. Es la única persona que me ha hecho reír sin estar colocada. Y le quise. Le quise tanto que no quería que se enterara de todo. Por primera vez me arrepentí de ser camella.

El día que le conocí yo iba sentada en la parte de delante en el autobús. Él estaba unos asientos más atrás. Víctor y yo nos conocimos por los efectos del carisoprodol, pero también nos conocimos porque íbamos solos en el autobús a eso de las tres de la tarde. Si coges habitualmente el autobús ya te habrás dado cuenta de que el conductor a veces para en un sitio, una parada habitual, durante unos cinco minutos. En ese rato, que es algo así como un descanso extraoficial permitido, los conductores salen a fumar, o leen el periódico. Casi nunca hay nadie en el autobús, así que casi nunca nadie se queja.

Durante ese periodo de tiempo, y mientras el conductor fumaba fuera, Víctor comenzó a tener arcadas, mareos.

Yo le cogí y le saqué del autobús, y él vomitó su última comida. Y con dos o tres frases se me metió en el bolsillo. Fue días mas tarde cuando me comentó lo de su adicción a las drogas, y que ese día se había pasado con el carisoprodol. Yo me mostré muy hipócrita y comprensiva. Me estuve negando el hecho de que Víctor me gustaba durante días. Pero, pronto, comenzamos a salir.

Y así comenzó mi jueguecito de Clark Kent y Superman. Con él era Clark, y con los clientes Superman. De todos modos ya me veían un poco así.

Y mi vida continuó, cada vez un poco más complicada. Con mis padres también era Clark, no me quedaba mas remedio, yo era su niña aplicada, y que un día sería una respetada doctora, un montón de horas al día, con la sala de espera llena de jubilados. Les encantaba la idea.

 

 

>>Algo destacado en mi camino hacia lo absurdo, o hacía el infierno, o hacía la autodestrucción, fue el caso de Carlos. Era un niño que vivía dos pisos por debajo del de mis padres.

Los padres le daban Ritalín, que es, básicamente, un estimulante, muy utilizado entre los padres estadounidenses para mejorar la atención de sus hijos en el colegio. Lo que muchos padres no sabrán es que el Ritalín provoca fiebre, convulsiones, y dolores de cabeza intensos. También hay riesgos de paranoia, delirio y alucinaciones. Además, inyectado, multiplica el riesgo de contraer sida. No es una droga precisamente divertida, es decir, para mi todas los son, pero no si hay ignorancia de por medio. Los padres de Carlos eran ignorantes, de pueblo, emigrantes a los que una cursi madre de un compañero de Carlos les había hablado del Ritalín, y de lo bien que su hijo rendía gracias a él. Lo que es evidente es que Carlos sacaba malas notas, y el hijo de la cursi no. Una mañana la madre de Carlos llamó desesperada a la puerta del piso de mis padres, y mi madre abrió. A los tres minutos yo me encontraba delante de un niño de doce años que se movía y gritaba como la niña del exorcista, mientras decía que había alguien en la esquina de la habitación. Es uno de esos momentos en los que quisieras que nadie supiera que estudias medicina. Lo único que pude hacer es llevarle al hospital.

Todo pasó de un niño con déficit de atención en el colegio a un niño con déficit de atención en el colegio, y hepatitis. Un niño con hepatitis.

Al poco tiempo todo se complicó, y mas drogas entraron en juego para subsanar lo que otras drogas habían provocado.

Y Carlos murió.

Al día siguiente yo quedé con Josefina, por el Ritalín, para su hijo, y la muy cursi me dijo que no tenía para pagarme en efectivo, no ese día, me dijo, la muy puta… Sí, yo era la proveedora, sino, de qué.

 

 

>>Mis conocidos se dividían en tres grupos: mis padres, mis clientes, y Victor. No tenía amigos de verdad. Así que, a medida que pasaban los meses y los años, la gente moría a mi alrededor. Víctor había tenido éxito en su cura de desintoxicación, que decidió llevar a cabo al conocerme a mí.

La paranoia de que me descubrieran o de que alguien hablara comenzó a surgir cuando me enteré de la muerte de Carlos. Pensaba que si alguien era capaz de drogar a su hijo todo el mundo era capaz de cualquier cosa. Pensaba que, básicamente, la gente está como una puta cabra. Puede que yo también, pero la mayoría de los demás locos jamás se reconocerían como tales.

Con veintidós años el miedo cambió mi aspecto. Me operé la vista y desparecieron las gafas de pasta. Perdí algo de peso. Vestía con unos pantalones de cuero, y una gabardina que me llegaba hasta las rodillas, de un rojo poco intenso. Siempre iba muy ajustada. La gente en mi barrio se dio cuenta del cambio, pero la gente es estúpida. Todos veían a una chica que se había desmelenado, para ligar más; veían a una chica que intentaba ocultar lo modosita que era; una chica que probablemente había perdido la virginidad hacía muy poco, y quería repetir una y otra vez.

Pero la realidad era que yo me había convertido en algo así como una diosa cibernética de las drogas de diseño. Mis clientes me veían así. Era la distribuidora de lujo en mi ciudad y las ciudades colindantes. Mi leyenda crecía entre cualquiera que hubiese esnifado una raya que le hubiese echo ver las cosas de otra manera.

Gloria: Como un antihéroe de cómic que mataba a la gente mientras su novio se había desintoxicado. La historia perfecta de quien acaba mal.

 

>>En cierta época, una mafia latinoamericana me ofrecía mucho dinero por distribuir para ellos. Utilizaban “mulas”. Por si no lo sabes, eran chicas que transportaban droga en su estómago desde cualquier país hasta cualquier país. Transportaban drogas en pepitas de coca envueltas en un material parecido al de los preservativos. Se las tragaban y nadie sospechaba nada. Llevaban el estómago inflado de coca.

Yo no hice de “mula” porque no lo necesitaba. Me ofrecí para distribuir en pequeñas cantidades. Representaba una pequeña parte del negocio. Comandaba a veinte camellos que trabajarían para mí, siguiendo mis métodos y aprendiendo de mí. Me pasé a la enseñanza. Enseñaba a distribuir la muerte y la descomposición en vida a otros que no tenían tanta experiencia como yo.

Estábamos llevando la distribución de la felicidad artificial hasta las cota más altas, combatiendo la felicidad natural, que agonizaba por casi inalcanzable; y nosotros, nos aprovechábamos de ello.

Pero mientras la cosa iba viento en popa, algo me hizo llorar. Víctor me estaba engañando. El hecho de que alguien te mienta no es tan grave, a no ser que ese alguien haya sido drogadicto. Víctor no se había desenganchado. Lo encontraron muerto en una habitación de hotel. Y no hacia falta que me dijesen nada más. La única persona que me ha importado mezcló LSD con metanfetamina. Fue una muerte lenta. A buen seguro ha sido una de las personas que mas cerca ha estado de quemarse en el infierno para toda la eternidad; mezclar esas dos drogas puede ser lo mas parecido en la realidad no bíblica.

Lloré porque sabía a ciencia cierta que mi relación era casi tan falsa como la felicidad que vendía por las calles. Ya no había nada auténtico en mi vida. Nunca lo había habido. Yo me di cuenta en ese momento, cuando ya podría ser considerada una asesina en serie.

Así que me convertí en una yonki extrema, de las que esnifan hasta que sale sangre. Lo único que me conectaba con la realidad era que había estado enamorada. Todo lo demás eran drogas.

 

Las cosas se iban a la mierda y yo lo sabía. Cada vez tenía más dinero y cada vez viajaba más. Todo a mi alrededor era gente balbuceante buscando química para contrarrestar la verdadera naturaleza de sus vidas. Cogía un avión a Londres y luego uno a París o a Frankfurt o a donde fuera, y siempre acababa en los suburbios; en las cloacas de la felicidad natural.

 

>>La chica a la que abrí en canal tenía tres niños. En un hotel, una de las pepitas se rompió dentro del estómago. Estábamos yo y ella. Comenzó a sentirse muy mal. Y en ese periodo de tiempo en el que estaba comenzando a ser consciente de lo que pasaba, ella murió. Los dos tíos que llevaban el control de las mulas en Tokio, que es donde estábamos, llegaron a la habitación del hotel, y me encontraron a mi temblorosa, con la chica casi muerta entre los brazos. Uno de los dos comenzó a removerlo todo por la habitación. Finalmente paró, sudoroso. Me dio un cuchillo de carnicero. El otro tío me apuntó con una pistola. Apuntaba a mi estómago, porque había gente que se dejaba matar en esa situación si les apuntaban a la cabeza.

Cogí el cuchillo, y ellos dos esperaron expectantes. Dirigí el cuchillo hacia el estómago de la chica.

Y ahora, llega el momento en que tengo que dejar de hablar en pasado. Ahora, es cuando me siento mas viva. Todo está por decidir. Todo huele a podrido. A la chica se le entreabren los ojos. Sus vaqueros de vuelven azul oscuro en la entrepierna. Comienza a expulsar espuma por la boca.

 

 

hongos2.jpg

 

 

Anuncios

2 comentarios en “La felicidad natural

  1. Ya desde la primera frase me encanta “Me llamo Gloria, pero esto no es importante, sino te gusta la ironía”

    Pero no es sólo el principio hasta el último momento me has tenido en velo. Sobre todo con aquello de “voy a dejar de hablar en pasado”

    Un saludo!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s