Peaje

Helena trabaja en un peaje. Si tu padre pegaba a tu madre cuando aun no te vestías solo/a, y ahora tu padre está en la cárcel y tu madre muerta cuando ya había perdido la cuenta de las denuncias en la policía, entonces, sabes al dedillo como se siente Helena. Ella tiene un cuerpo que se cotizaría muy bien en los cincuenta. Ahora con ese cuerpo todo el mundo te querrá vender una vida mejor, todo el mundo te querrá vender cremas y aparatos milagrosos. Tus amigas te recomendarán dietas que ya has probado si no eres muy fuerte de carácter. Helena es Marilyn Monroe cobrándote la autopista: Buen Viaje. Un cuerpo de los cincuenta con un peinado rubio natural de los noventa.

Helena mira con su mirada verde, cínica y bonita, ojos entrecerrados, a Tomy. Están en una cafetería. La mirada de Helena es cínica porque para ella el cariño es como una raya de coca; nunca lo ha probado. Aunque cree que Tomy, al que hace poco que ve, podría ser su primera raya de cariño; pero tiene cuidado; el cariño te puede matar si descubres que es artificial.

SI TU DESPACHO ES LO SUFICIENTEMENTE GRANDE PODRÁS COMUNICAR EL MUNDO CON FIBRA ÓPTICA… POR EJEMPLO.

Tomy no sabe hablar por hablar. Nunca te dirá que hoy hace más calor que ayer. O más frío. Tomy es extraño. Un anarquista que cree en la pena de muerte. Un idealista que mezcla ideales. Y ahora Helena le escucha.

… ENTONCES PODRÁS CREAR LEYES.

Tomy tiene el pelo embarullado y es delgado. Y Helena sigue escuchándole.

… TAMBIÉN PODRÁS SEMBRAR EL MUNDO DE FRONTERAS.

Tomy quiere a Helena. Porque ella le escucha.

Y ASÍ ENGORDARAS TU CUENTA CORRIENTE LLENANDO EL MUNDO DE ÓDIO.

Y Helena quiere a Tomy. Y le escucha. Siempre le escucha.

Y Tomy se calla. Y dura cinco segundos callado;

– ¿Cielo o infierno?…

– Infierno… infierno – responde Helena -. Sí, infierno.

– ¿Por qué?

– Creo que el cielo debe parecerse bastante a mi trabajo. Nunca debe pasar nada…

– Ya…, nunca te ha pasado nada emocionante.

– Nada bueno, por lo menos. No he tenido ninguna experiencia intensa. Positiva, claro. O por lo menos un poco.

Tomy cambia de tema sin avisar. Tomy le habla a Helena sobre la fascinación que siente por Shakespeare. O más bien por Romeo y Julieta. Cada día lo hace.

– Es la historia de amor más fascinante – dice -. Sin duda.

 

 

Al rato Helena vuelve a su cabina de peaje y Tomy a su camión; hoy llegará tarde a la entrega: Sillas plegables.

Helena trabaja en la cabina numero 2. La primera está fuera de servicio. Y en la tercera está Ángel, que trabaja allí porque es hijo de… alguien. En las demás cabinas están los demás. Los demás están todos entre los 40 y los 60 años. Ángel y Helena son los únicos jóvenes de verdad.

El imperio de la monotonía reina siempre en el peaje. En un peaje nunca pasa nada. Nunca. Sencillamente la vida de Helena se va coche tras coche.

Pero lo bueno a veces es que los días acaban. Y este también lo ha hecho. Helena está en el lavabo del pequeño caserío de carretera para trabajadores. Se lava las manos y alguien la toca en el hombro. Se sobresalta y se vuelve.

Es Ángel;

-Hola… esto… ¿Alguna vez querrás cenar conmigo?… ya sé que ya te lo he pedido otras veces… y que me has dicho amablemente que no, pero… – dice Ángel; y Helena empieza a andar hacia la puerta comentando que tiene prisa. Pero al pasar justo al lado de Ángel él la empuja con violencia. Ella choca contra el secador de manos conectándolo, y cae al suelo. Ángel empieza a dar patadas en la barriga de Helena; en su cuerpo de los cincuenta. Después la agarra por su pelo de los noventa con la mano derecha, y con la izquierda suelta una bofetada detrás de otra. Helena opta por esperar a que pase. Ángel la desnuda a golpes. Helena ha gritado pero nadie acude. Ahora ya no grita. Solo se deja hacer. No llora. Aguanta la penetración y los lametones en la cara. Por sus poros sale lentamente su sudor. Su sudor mezclado con su dignidad.

Ya ha pasado. Ha durado diez minutos. O diez años. O diez segundos. En el futuro, piensa Helena, tendrá que soportar toneladas de compasión. Y comentarios. Helena tendrá que aguantar la condescendencia de la gente que se sentirá extrañamente superior a ella. Porque hoy, la han violado. Y en eso piensa.

 

Al día siguiente Helena procura no mirar a Ángel. Pasan las horas y tiene una nueva desgracia que superar. Una nueva experiencia intensa no deseada.

Su corazón empieza a bombear más rápido; de fondo ve el camión de Tomy, y recuerda la primera pregunta que le hizo al conocerle; ¿Por qué te llaman Tomy?

Tomy se para, sonriente al principio. Hasta que la ve. Ella tiene un ojo morado.

– Quién te ha hecho eso…

– Él… – dice Helena, cabeceando hacia atrás. – Ayer me violó… – sigue diciendo, mientras se sube un tirante del vestido en el hombro. Y lo dice inexpresiva. Ángel no dice nada. Mira al frente y arranca el camión.

Helena piensa que Tomy no quiere perder su trabajo. Porque Tomy estuvo en la cárcel por algo que ella no sabe. Porque Ángel es hijo de alguien.

Helena tiene que aguantar las lágrimas durante los siguientes treinta o cuarenta coches.

 

 

Pasan dos semanas. Muy largas. Ángel no ha vuelto a dirigirle la palabra. Pero al acabar la jornada de hoy, la vuelve a acechar en el lavabo. Al final ni la toca. Hoy tenía pensado pasar un rato contigo pero te vas a librar, dice. Y se va.

El día siguiente pasa con lentitud. Ya está empezando a anochecer. El aire se hace terrible. Helena tiene una foto de Marilyn Monroe pegada de espaldas a ella, que tiene que atender a su ordenador. Si no tiene nada que hacer se gira y la mira. Su versión alegre congelada. Marilyn forma una O con sus labios, intentando darte un beso a través del espacio y del tiempo; desde su muerte hasta tu vida; hasta la vida de Helena.

Helena se queda de piedra cuando ve que de fondo se acerca un camión que conoce; y sí, es Tomy, después de dos semanas. Pero Tomy cambia de carril evitando su cabina de peaje. Y más lloros contenidos.

Helena no mira hacia la cabina de Ángel, que es donde Tomy paga su viaje. Helena oye la puerta del camión abrirse y después cerrarse. Después oye decir a Ángel; ¡Qué coño haces!

Helena ve como la luz de su cabina ha aumentado y se gira. Ve a Ángel. El interior de su cabina está ardiendo; y los pies de Ángel, que, inútilmente, intenta apagar el fuego con la botella de agua que todo el mundo tiene a mano. Ángel no puede salir de la cabina y se está quemando vivo. Helena ve como Tomy se acerca, mientras deja de extrañarse de su pasado en la cárcel. Tomy entra en la cabina de Helena oliendo a gasolina, y atranca la puerta de algún modo que Helena no llega a ver; ha debido hacer lo mismo con la cabina de Ángel. Los coches retroceden chocando unos con otros, temiendo que algo les salpique, temiendo lo que ven, a medida que el fuego se come a Ángel; que grita desesperado y choca dentro de su cabina de un lado a otro sin conseguir nada; se revuelve sin conseguir salir de la cabina; el fuego ya se lo come hasta la cintura. Hay gente que ha salido de sus coches. Otros coches pitan, y los demás compañeros de peaje pululan de un lado a otro, extrañados y fascinados de no estar aburriéndose hoy en el trabajo.

En la cabina 2 Tomy abraza a Helena, y Helena sonríe. Helena piensa que ya hacia mucho que no sonreía. Tomy besa a Helena en la boca y sube su vestido. La última oportunidad. “Hola, mi niña”, le dice sonriente. Y Helena llora, extrañamente contenta, sintiendo algo imposible de transmitir con dos dimensiones.

Tomy la sienta al lado del ordenador y saca su miembro, mientras Ángel se sigue quemando sin que nadie sepa qué hacer para abrir su cabina. Helena ya nota como entra el miembro de Tomy, mientras llora, mientras sonríe.

Helena se mueve facilitando el coito mientras oye el murmullo de la gente; mientras oye gritos; mientras ve sombras que golpean su cabina. Y lo que parecen entre dos y cuatro helicópteros se oyen en el cielo; quizá curiosos; quizá tráfico, o la policía. Tomy sigue empujando. Y Ángel sigue quemándose, golpeándose en el interior de su cabina. Helena suda.

Desde La perspectiva de Marilyn ya se ven luces y se empiezan a oír sirenas de la policía, de coches que vienen de fondo. Marilyn les sonríe y les lanza un beso mientras Helena agarra el culo de Tomy, corriendose, y Ángel ha conseguido abrir su cabina, y corre ardiendo hasta la cabina de Helena. Choca contra ella. Helena suspira, llorando: Y Tomy susurra incoherencias, sonriente, mirando a Helena. Sus ojos.

 

La policía va a llegar de un momento a otro y Tomy le dice a Helena sin palabras que deje de rodearle con sus piernas, y que salga de la cabina. Helena se pone de pie y le abraza. Tomy se la desengancha y la empuja suavemente fuera de la cabina que antes ha desatrancado. Helena ya está fuera. Ángel yace en el suelo, ya quieto, mientras algunas personas intentan apagarle con extintores.

Tomy vuelve a atrancar la puerta, encerrándose solo en la cabina. Helena lo mira desde fuera con la cara sucia, agitada por el aire y sudando ve como bebe algo de un botellita que tenia en algún bolsillo.

Se desvanece. Dentro de la cabina otra vez atrancada. Muerto.

Helena se sienta en el asfalto y mira a su alrededor, lleno de gente que nunca a acabado de intervenir; mira hacia arriba; dos helicópteros. En un peaje nunca pasa nada. Nunca. Hoy el peaje parece algún tipo de Apocalipsis, el final de todos; como el que probablemente estará rodeado de gente, policías, bomberos y ambulancias. Helena abre su puño derecho mientras dos policías o quizá personal de la cruz roja la levantan del suelo. En su puño derecho hay un papel que le ha dado Tomy. Helena se zafa de la gente de su alrededor, y lee; <<He querido traer el infierno a tu peaje>>.

 

 

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