Mi vida terminal

Ayer me cruzaba en el supermercado con un antiguo compañero del colegio. Iba con su novia. En momentos como esos no sé qué decir y recurro a una pregunta estúpida;
– ¿Qué haces aquí?
Yo conocía a su novia pero él no lo sabía. Antesdeayer había follado con ella. Me pagó 40 euros; completo.
Yo cobro por follar, pero soy discreto. Sé disimular. Ella estaba completamente roja, mi amigo me hablaba sin parar y yo escuchaba. Mi amigo estaba quedando como un gilipollas, yo como un cabrón y ella como una guarra. Y de eso precisamente se trata. El machismo es una de las gangrenas de esta sociedad y yo no voy a ser quien lo desaproveche. Ella es una guarra pero yo, bueno, yo soy un Gigoló.
Para nada la culpo a ella; sencillamente mi amigo no le debe dar lo que quiere. Yo se lo di. Soy un cabrón y un mentiroso. Me he llegado a creer mis propias mentiras. Siempre me acabo sorprendiendo a mi mismo. Ese soy yo.

Desde pequeño supe que no tenía escrúpulos. Y también he sabido siempre que atraigo a las mujeres. Narcisismo, cinismo, imprevisibilidad, crueldad. Suma todo eso y salgo yo.
Las clientas para mi son como judíos en la segunda guerra mundial; todas reciben el mismo trato. Esa es mi forma de profesionalidad. No disfruto especialmente haciendo lo que hago, pero tampoco me aburro. En realidad soy funcionario. Esto solo es un extra.
Después del violento encuentro con mi amigo me dirijo a la habitación de hotel en la que suelo quedar siempre con las clientas. Hoy toca una tal Mona. De hecho Mona toca todos los jueves desde hace 2 meses. La primera vez que la vi me comentó que era multiorgásmica, aunque no sé si ella sabe exactamente a qué se refiere. Digamos que Mona es de esas chicas que alimenta el mito de que las mujeres no saben conducir ni leer los mapas.
Follamos. Lo hago de forma mecánica y sí, Mona es multiorgásmica, nunca baja de cuatro.Y lo hacemos sin condón.
Follar con condón es como comer productos bajos en calorías. Al final nada sabe a nada. Suelo intentar recurrir a otras soluciones cuando ellas me lo permiten. Si no, quizá ni se me levanta.
Llego a mi casa y veo a mis padres. Lo que tengo en común con mis padres es que vivimos bajo el mismo techo. Están sentados en el sillón. Mi padre está con cara de circunstancias y mi madre tiene cara de haber llorado. Últimamente mi madre llora sin parar. Cualquier excusa es buena. Yo no sé lo que le pasa, y seria absurdo mostrar interés; solo la preocuparía más.
Mi clienta mas habitual, Mona, vuelve a llamar al día siguiente. No sé por qué lo hace. Con su aspecto podría estar tirándose a cualquier equipo de fútbol en algún vestuario. Pero en lugar de eso siempre recurre a mí: 40 euros. Después se queda en la cama abrazada a mí como una recién casada; como una gatita. Es agradable. Yo no cobro la compañía. Lo fácil sería decir que esta enamorada, pero normalmente las cosas son mas complicadas.
En la siguiente semana follo con Ingrid, Vanesa, Laura y una tal Ruth. La tal Ruth se burlaba de mí en el colegio. Teníamos seis años. Pesa 97. Al acabar se pone a llorar. Tengo una ligera idea de por qué. Yo solo recuerdo haber llorado una vez.

Al enterarse de lo que hacía, mis amigos me fueron abandonando. Empecé con 19 años.
Un día fui con mis padres a visitar a mis tíos. Mi tía sabía a lo que yo me dedicaba. Yo no sabía que ella lo sabía. Me acorraló en una de las habitaciones mientras mi tío y mis padres comían pastitas en la salita de estar. Mi tía me quiso follar. Yo no tenía claro hasta qué punto aquello era incesto o no. Así que me negué. Durante el resto de la tarde la cara de mi tía era la de una suicida potencial.
Pero pasó una semana y me plante en casa de mi tía. Mi tío no estaba. Y pasó. Lo hicimos. Follamos.
Mi tía era guapa. Más guapa que mi madre. Mucho más guapa que mi madre. De hecho sospecho que una de las dos debió ser adoptada.
Tuvimos bastantes encuentros. A los dos meses de aquella tarde en que rechacé a mi tía, ella murió. Yo no sabia que tuviera cáncer.
Mis padres estaban muy sorprendidos ante mi empeño de ir al entierro. Y lloré. Lloré delante de su ataúd.

Hoy me encuentro otra vez en la cama con Mona abrazada. Hace bastante que no cobro a Mona. No cobro a mi gatita. No sabría decir por qué. Aunque lo fácil seria decir que estoy enamorado. Ya he perdido la cuenta de los días. Hoy podría ser martes. Alguien me llama al móvil, lo cojo. No sé quién es, pero he quedado con ella mañana a las 15:00. Nunca reconozco las voces por teléfono.

En casa todo sigue igual. Mi madre sigue con su incontinencia emocional y mi padre mira hacia otro lado. Hace años que dejé de intentar entender a mis padres. Además hace dos semanas que le estoy empezando a pegar a la bebida. Se están amontonando demasiadas cosas en mi cabeza. Al no tener amigos no tengo válvula de escape. No hablo con nadie. Con Mona solo jodo. Pedirle que hablara conmigo seria demasiado para ella. Para mi gatita.
Me levanto ya todos los días con dolor de cabeza, y sigo bebiendo. La ebriedad producto de la depresión la curo con ebriedad. Se trata de eliminar el factor “lucidez mental”. Después ya no te acuerdas de lo que te duele, o de si te duele algo.
Mi cita de las 15:00 del otro día resultó ser una ex profesora de la escuela. Me daba lengua castellana. Esa tarde me dio lengua. Gemía tan fuerte que después de una bronca he tenido que decidir cambiar de hotel para mis citas.
Pasa que sé encontrar el clítoris. Uso dos dedos y la lengua. Podría llamarlo “el comando del clítoris”. Ellas suspiran y dicen cosas de las que después se arrepienten.
– Yo no soy así normalmente – dicen muchas. Y otras sacan 40 euros más.

Estoy sentado en la cama en mi cuarto. En el estéreo suena Massive Attack; casan muy bien con las borracheras. Si sigo bebiendo así ya puedo despedirme del “40 euros por polvo”. No se me levantará.
Pasan los días y no me encuentro bien. Es por la rutina. Follar y volver a empezar. Por no hablar de mí trabajo en la oficina. Mi problema es que odio la rutina, pero también me dan miedo los cambios. No podría ser sedentario, pero tampoco nómada. Vaya montón de mierda.
Pocos días mas tarde tengo que cancelar una cita con Mona porque me surge una clienta. Cuando se lo digo a Mona me suelta un “ya nos veremos” con algo que parece una mezcla de pena y reproche. En la habitación del hotel en la que estoy la espera se hace eterna. Pero por fin alguien llama a la puerta.
Abro y murmuro un “pasa” sin ver quien es. Aparto la mochila que he dejado encima de la cama. Me vuelvo. Mi madre.
Aparte de vivir bajo el mismo techo ya tenemos algo más en común. Ninguno de los dos reconoce las voces por teléfono. Siempre me acabo sorprendiendo a mi mismo. Pregunto;
-¿Qué haces aquí?

Camino por la calle con mi madre; pensando. Mi padre sufría lo del “gatillazo”. Mi madre, contra todo pronostico, es ninfómana. Una ninfómana de cincuenta años. Cruzo un paso de cebra sin mirar. La respuesta a vuestra pregunta es SÍ. Todas mis clientas reciben el mismo trato.
Noto un fuerte golpe en el pecho. De hecho noto un fuerte golpe en general. Y ya no recuerdo nada más.

Fue un autobús, supe más tarde. Me despierto, abro los ojos y veo luz de fluorescentes de hospital. Muevo la cabeza y consigo ver a mi padre: sale de la habitación con cara de nada.
Sin tiempo a ningún tipo de reacción el doctor que está de pie dice en voz alta;
– Lo siento, hemos hecho en ustedes las pruebas. Tienen Sida, los dos. Después les explicaremos el tratamiento que seguirán.
USTEDES.
Giro la cabeza hacia mi derecha y veo a mi madre en otra cama. Al parecer mi padre les dijo a las enfermeras: <<Los quiero en la misma habitación>>. O algo por el estilo.
Pienso en Mona. Mi gatita.

Ahora me resulta más fácil romper el hielo en las conversaciones fortuitas con viejos conocidos. Es divertido ver sus caras. Me dicen;
-¿Cómo estás?
Y yo respondo;
– Tengo el sida.
Y sonríen. Y después se les congela la sonrisa.
No me juzguéis. Es mi vida terminal. Lo único que me queda.

 

 

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3 comentarios en “Mi vida terminal

  1. Joder, Jordi, menud relato! me ha enganchado desde el principio y me ha parecido tremendamente duro! me ha recordado un poco al autor de “El club de la lucha”, cuyo nombre ahora no recuerdo. Un abrazo, crack!

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