(Abrir a los treinta)

No lo pienses mucho, pero es posible. Puede que te pases la primera mitad de tu vida planeando la segunda. Puede que sueñes con esa segunda mitad de tu vida, acaudalada y feliz. Tu segunda mitad vital feliz.

No lo pienses demasiado si piensas que ya ha llegado esa segunda mitad; si ya estas inmerso en ella. Intenta pensar en otra cosa si no hay objetivos cumplidos, o si no sientes ese cosquilleo en el estómago al mirar a la persona con la que vives. No lo pienses mucho, solo es un consejo.

Yo pensé.

 

Cuando era pequeño un día cogí una pelota y a mí nadie me había hablado de lo que era la niebla. En el campo, un día de barbacoa, cogí y chuté esa pelota hacia arriba. Y la pelota desapareció. Mi único milagro vital era falso, y después lo supe.

Perdí la pelota.

 

Yo.

Era solo otro grano de arena. Otra vida gris.

Yo era solo otra de esas personas anodinas. Alguien más que se mezclaba entre todas las demás personas, caminando entre vallas publicitarias y trabajando mientras veía a lo lejos el siguiente fin de semana. Describir mi vida es como describir la nada. Es como una planicie. Suena muy triste. Y hasta empalagoso y repetitivo, pero también suena real. Suena indigesto, como cuando cenas más de lo debido. Te empalagas de vivir. Te conviertes en un ser triste porque no sabías de qué iba todo esto, y ahora lo sabes. La gente te dice que sonrías, que te enamores; te dicen que conozcas a alguien, y que te revuelques con esa otra persona en una cama inmensa y blanca de felicidad conyugal eterna.

La televisión te dice que eres Dios. Puedes con todo. El mundo está a tus pies. Solo te hace falta esa colonia, ese colchón, esos cereales con fibra. Todo lo que te rodea te dice que si no tienes es porque no quieres.

 

Pero ahora voy a concretar más. Ahora es el presente:

Cuarentaicinco años. Mi tipo de vida es justo ese que imaginas. Aunque yo no tuve esa ansia que parece tener alguna gente apenas rebasados los veinte. No dejé embarazada a nadie ni me casé como si se me acabara el tiempo para… no sé, porque no sé que es lo que busca ese tipo de gente. Pasé por ese proceso de mitificar a alguien hasta el límite y pensar que era la definitiva pero, verás, solo hay que dejar que corra el tiempo, eso se desvanece casi siempre. Es por eso que nadie debería precipitarse. En la vida la felicidad no llega antes por correr más. O simplemente no llega. Para mí se trata solo de eso: La felicidad. Aunque puede que tú quieras tener hijos.

Personalmente pienso que: mis hijos no merecen esto, les quiero demasiado para darles solo esto. Mis hijos merecen algo mejor de lo que hay. Mucho mejor. Por eso nunca pensaba en tener descendencia. Llámalo inteligencia o egoísmo. Decídelo tú. Y después piensa en qué es lo inteligente y qué lo egoísta. Y luego, ya que te has puesto a pensar (aunque más arriba te recomendé que no lo hicieras), sigue pensando.

 

 

Hoy, un día más, resulta ser muy parecido a ayer, que se parecía bastante a antesdeayer. Y todo esto no es una pesadilla; ya hace una hora que me he levantado de la cama, es tarde para eso. Así suele ser el día a día.

Me visto de hombre normal y salgo de casa, para ir a mi trabajo normal.

El mundo está lleno de mujeres y a mi me gustan todas. Cuando vas creciendo tu listón baja, y ya cualquier mujer de entre veinte y cuarenta años te parece apetitosa. Y no quieres reconocer que también miras a las chicas de dieciocho, o incluso a las niñas de dieciséis. Pero lo haces. Y tú, con tu filosofía individualista no alcanzas a entender como Dios o quien coño fuese tuvo la crueldad de asociar el mayor placer físico con la fertilidad. Es una broma, y alguien en algún sitio se está descojonando; sí, quizá Dios, porque de existir, desde luego, todo lo hace igual. El proceso de creación humano debería ser aburrido; un trámite más. Algo así como ir al médico con tu mujer, los dos sonrientes, y decir: Queremos un niño. Y después estaría el sexo, una cosa aparte, que estaría vista como la culminación del amor, y no como el riesgo básico para la transmisión de enfermedades. O te corres o procedes a morirte lentamente, porque Dios es un bromista.

No sé si fue por morder una manzana o porque los humanos somos solo una mierda por suerte pasajera (a quien coño quiero engañar, si lo sé), pero todo está calculado para tropezar en la vida cada dos por tres. Antes he dicho que este era mi presente. Y este es.

A veces, me da por pensar estas cosas. Y después, me dan escalofríos. Y claro, después, bueno, después es el futuro. Pero yo no lo conoceré. Cosas del Sida.

 

Un abrazo.

 

Te quiere;

Tu Padre.

 

 

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