Mira

Lora viaja veloz a través de un agujero en la tierra. En el Metro. Solitaria. Rodeada de gente que va a algún sitio. Todos solos, mirando a las musarañas. Todos solitarios rodeados de gente. En silencio. Como si el metro estuviera lleno de vacío, y nada más. Solo aire.

El ambiente real urbano se puede masticar sobretodo bajo tierra. El cara a cara social. Lora, y todos los demás. Ahí abajo, donde el sol no alegra nada. En la ciudad en la que no hay que fiarse de nadie que no te haya reído alguna vez alguna gracia. Esta ciudad, como otra cualquiera.

En los pueblos da la sensación de que todo el mundo se conoce. Sí, da esa sensación.

Y de eso va todo, de sensaciones. Poco importa lo que sean las cosas de verdad. Lo que importa es como tú las interpretes. Así que Lora en realidad no es como aquí se pueda contar, sino como ella es de verdad. Pero eso no les importa a todos los desconocidos del metro. Así que ella calla. Agarrando su bolso fuertemente.

Y ahora, tú, deja a Lora, y camina una poco entre la gente, con cuidado de no pisar a nadie. Agárrate fuerte a donde puedas, y fíjate en Luís. El capullo de Luís. Que está a unos cinco metros de Lora. Que está enamorado de Lora. Fíjate en él, sudoroso. Fíjate como la mira de reojo, a ella, con la que nunca ha hablado. Observa como su silencio intensifica cada segundo un poco más su mitificación de ella. Luís y su maletín marrón de machaca de oficina. Enamorado. Atontado. Y cada vez un poco más muerto por dentro. Muriendo de silencio. Pero ahora déjale, y vamos al siguiente vagón. Donde está Marta, que sabe lo que es sacar adelante a dos niños pequeños. Trabajando y trabajando como si no hubiera nada más. Y quizá no lo haya. Los niños están en casa de sus padres. Y todavía no tienen ni que salir de casa de tan pequeños que son. Así que Marta resopla, mientras observa de refilón a Luís cuando hay una curva subterránea y el tren se retuerce como un gusano. Le observa, esperando que no la vea. Luís, el padre que no supo salir adelante con gemelos. Y huyó. Y ahora está en el mismo gusano de metal que la mujer a la que en tiempos decía que quería; cuando no había niños. Cuando no había este silencio.

Y camina un poco mas adelante, aunque la gente te mire molesta porque no paras de moverte. Quédate al lado de Marga. La puta. La que folla sin parar y ha tenido un montón de novios, y a la que una vez pillaron chupándosela a un profesor en la universidad. En el lavabo. Mira ahora como su ropa no la encasilla en el estereotipo de la mujer que se las come dobladas. La típica que no puede pasar sin un orgasmo al día. Puta: así la llaman siempre sus amigos; pero ella no lo sabe. Puta: porque, al parecer, no se puede ser mujer sin discreción. Marga; que un día en una discoteca metió la mano en los pantalones de Luís el enamoradizo. Borracha y borracho follaron en el coche de él. Y en algún otro lugar estaba Marta, con la barriga hinchada de gemelos. Aunque claro, aquella noche Luís era soltero para Marga, y Marga no había mojado ese día. La palabra “ninfomana” podría definir la situación, aunque eso solo Marga podría saberlo.

El gusano de metal sigue adelante. En cada estación sube y baja gente. Y en otras no; en las de siempre. Y ahora el tren está parado, y entra en él Marcelo. Puedes ver que su traje de chaqueta le hace subir un par de peldaños más arriba de Lora, Luís, Marta y Marga. Lo cual quiere decir más dinero, y se te arruga el ceño pensando por qué este tío se mueve en un transporte público lleno de graffitis. Lleno de gente que suda y hace que el tren viva de tanta vida que hay dentro. Sin embargo, este gordo con traje de chaqueta ha decidido formar parte de las tripas de este gusano en el que ya no se cabe. Marcelo conoce enseguida a Marga: su tachón en el currículum; si tenemos en cuenta que hace tiempo que este gordo de mierda se unió al grupo de toda esa gente que miente a sus seres queridos. Pero Marga ni le mira. Y aún así el cuerpo graso de Marcelo comienza a mojar la ropa interior. El tachón andante. Lo malo no es tanto cometer un error como que tu error camine y respire y hasta hable. Lo jodido es que un día puedes coincidir con tu error en un bar, una discoteca, o aquí en el tren.

Marcelo da la espalda a su error, aun no sabiendo que ella al fin le ha visto y ha pensado en lo pequeña que tenía la polla. Pero no hablan. Aquí nadie habla. Y si alguien lo hace es para pedir dinero. Como Juan. Que camina entre la gente con un platito de metal, intentando no pensar en el pasado y viendo como la gente que no saca su monedero a trompicones no le mira, y procura no sentirse culpable de nada. Juan el mendigo. El resultado de algo que puede tener bastante que ver con el silencio que se produce en las tripas de un tren. Observa, tú, como camina y procura no molestar a la gente aun pidiendo dinero a la gente, dejando su olor atrás. Y pasando al lado de Bea, que sin pensarlo, saca su cartera y deposita una moneda de dos euros, que cae ruidosamente en el plato. Vuelve a guardar su monedero y enseguida nota algunas miradas en ella. En sus vaqueros desteñidos y su blusa que tapa sus pechos adolescentes, aplastados ahora mismo por una carpeta. Bea, que no para de pensar en el chico que hay cerca de ella, sentado, aquí; el chico que le gusta y que no se ha percatado aun de que una chica se acarició la entrepierna por primera vez hace poco pensando en él. La adolescente enamorada que saca buenas notas y que solo puede pensar en el primer polvo. El primer polvo con él. Que se llama Dani, como tantos Danis. Y que no se entera de nada; mucho menos para darse cuenta de el amor ajeno recalcitrante disfrazado de impotencia alimentada por la timidez. Y los dos están muy juntos; ella de pie y él sentado. El resumen de lo que es Dani puede hacerse con pocas palabras: Miedo. Desconcierto. Futuro. Malas notas…Y Dani se levanta, haciendo que Bea se mueva, perturbada. Y se dirige hacia la cabina en la que Pedro, amo y señor de este gusano, mira como el morro de su tren engulle la vía, iluminada solo hasta donde quieren los faros.

Dentro de la cabina, en la que solo puede entrar el hijo del que conduce esta historia móvil, se pregunta;

– Papá… ¿Hoy a que hora llegas a casa?

– Dame un beso.

Y Dani se lo da.

Y papá dice: Bájate en la próxima estación.

Por qué. Porque sí. Hazme caso. Pero por qué. No lo entiendo. Es igual, tú bájate y ya está. Vale. Hazlo. Vale.

Dani no entiende nada y el tren se comienza a frenar. Gente entra y gente sale. Y más silencio. Y Pedro;

Mírale. Cada día viendo la misma vía, que es igual en cualquier cuidad, o país. Siempre todo es igual dentro de un túnel. Y él ya no aguanta. Y piensa en Marga, la puta. Su mujer, que ahora esta en el tren, según el horario que él tiene calculado. Mira como Pedro acelera su gusano de silencio eterno entre urbanitas. Mira como comienza a llorar pensando en su Marga llegando cada día tarde a casa, y besándole como si él no sospechara nada de nada. Observa como todo cada vez se vuelve mas rápido y más tembloroso. Siente la angustia de una persona que aún quiere a su mujer, pero sabe que ya no hay nada reciproco. Y no puede parar de hacerlo, de quererla. Y la vía ya se está convirtiendo en un borrón de tan veloz que marcha el gusano. Y todo por Marga. Aunque enamorarse no sea un error, y en este caso si lo sea. Claro, es jodido cuando tu error respira, y camina, y hasta habla.

Mira hacía delante. Una curva, y aun así, el gusano quiere seguir en línea recta.

 

 

img_6864.jpg

 

 

 

Anuncios

6 comentarios en “Mira

  1. Oohhhh que preciosa historia del maquinista…. nuestros errores en efecto respiran… si no sería todo mucho más fácil, ¿verdad? pero el problema e sque no sienten y eso nos duele a nosotros aun más.

  2. no has pensado hacer una especie de libro donde guardar todos tus escritos o mandarlos a algún lado!??

    Que sepas que el lunes lo volví a intentar, pero mi reproductor VLC o como se llame no me pilla bien la emisión. Pudes ayudarme!! Me gustaría poder oirte algún maldito día de estos!

  3. Male; sí lo he pensado. Todo se andará. Ya miraré de mandarte un día un programa.
    Champi; ahora tengo tiempo, el blog no se renovará tan rápido siempre, tenía muchos escritos en el baul…

  4. Todos cometemos errores. Y la mayoría andan y respiran ¿yi cuando nos encontramos con éllos? Bufff….
    Pues yo espero que el blog se siga renovando igual de rápido. Ya necesito mi dosis de relato diarío.
    A veces los continuo en mi mente, antes de dormir.
    Saludos,
    Ángel

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s