Carne

En el fondo era erotismo barato disfrazado de reportaje de investigación. Pero cada programa, ya fuera en un tono relativamente serio o camufladamente sensacionalista (o ambos), abría el debate conyugal; y Teresa hacía un comentario, de una forma o de otra; pero siempre era la misma pregunta;

– ¿Por qué eres tan cerrado?

Teresa y Rafa tenían siempre la misma discusión cuando en el televisor las parejas se toqueteaban en la oscuridad, con los ojos vendados, y la voz que salía de la tele, normalmente femenina, en un tono serio, siempre hacía comentarios similares;

<<Los intercambios cada vez son mas habituales. Muchas parejas se plantean con los años esta posibilidad…>>

Luego, siempre, había una entrevista con una pareja liberal. Las preguntas siempre eran afiladas, y las respuestas estaban envueltas en un tono de falsa dejadez, la cual, casi siempre, quería esconder una sincera disculpa. La presentadora o presentador decía: ¿Nunca surgen problemas entre vosotros por follar con otros? (dicha pregunta se dividía en seis o siete, y no se utilizaba la palabra follar) Y la pareja decía: No, no, para nada, nosotros sabemos separar el sexo del amor. (Y esta respuesta también es un resumen de la reacción a las seis o siete preguntas.) Y con eso se comían media hora de programa.

Teresa quería probarlo. Siempre estaba insistiendo. Quería mirar mientras su marido se follaba a otra. Eso decía. Quería hacerlo con otros hombres. Pero Rafa siempre se negaba. No le convencía la idea. Siempre alegaba que después se arrepentirían. Decía amargamente que la relación se torcería. A lo que Teresa replicaba: Yo dejo que me la metas por el culo, y no me gusta, tú también podrías hacer algo por mí, nunca haces nada por mí.

Y entonces, después, la noche que fuera, no había sexo entre ellos.

 

Llegó un momento en el que Rafa se imaginaba a sí mismo esquivando salpicaduras de semen ajeno en una orgía. Y claro, la situación se complicó. Teresa comenzó a negarse a hacerlo con él. Se iba a acostar antes y se enfurruñaba en la cama. Muchas veces, incluso fingía dormir. Los días fueron pasando. Rafa no tenía miedo a perderla o a quedarse solo. Nunca había estado enamorado, y sabía que ella ya tampoco lo estaba. Era una cuestión puramente carnal. Rafa se sentía como si tuviera diez años y estuviera castigado sin postre en las cenas, y tuviera que irse cada día a dormir con la boca apestándole a fritanga. Todas las noches antes de dormir recordaba y maldecía su día de bodas, en el que no sintió nada. No sentía nada malo ni bueno. Aunque sabía que ella en aquel momento sí estaba enamorada, aquello fue una boda más por inercia, por comodidad. Los cimientos del futuro. Otro contrato para una prosperidad económica duradera. Pero es igual, se decía a sí mismo ¿Cuánta gente feliz hay por ahí? Pues eso.

 

Una mañana Rafa le dijo a su mujer que sí, que lo haría. Se rindió. Lo único que a él le quedaba en pie de aquel matrimonio era el sexo anal; todo lo demás estaba arrasado. Y hacía un mes desde el último programa de erotismo barato disfrazado de reportaje de investigación. Rafa se subía por las paredes.

 

La noche en la que fueron a llevar a cabo la fantasía de Teresa todo fue confuso, y demasiado rápido. Todo el mundo iba con los ojos tapados (como en la tele, pensó Rafa) con vendas negras, como si la habitación en la que estaban no fuese lo suficientemente oscura. Teresa localizó, después de media hora de merodear por el local, a una pareja dispuesta. Así que entraron a la habitación oscura y se comenzaron toquetear. La chica con la que estaba Rafa decía todo el rato: No me toques, ya lo hago yo todo.

Y cuando llegó el momento del sexo anal, que disimuladamente había sugerido Rafa, apenas en tres envestidas explotó dentro de su pareja. Se comenzaban a oír risitas. Alguien le quitó la venda, y Teresa le miró a la cara, repitiendo cantarina: ¿No te gustaba el sexo anal? ¿eh? ¿eh? Y Rafa, al recuperar la vista, vio como un hombre blanquecino y de complexión delgada se levantaba liberando su polla. Todo el mundo se reía. Todo aquello, supuestamente, era una broma inocente. El hetero se había follado a un tío y eso era divertido. Era una cuestión de carne. <<Al final lo importante es encontrar un buen agujero>> <<Todo son apariencias>> <<Hay mucha hipocresía>>. Se oían comentarios así todo el rato. Y Rafa, aturdido, se vistió y salió detrás de su mujer, que se iba hacia la salida; y no había llegado a desnudarse. Discutieron airadamente. Teresa defendía que ella no lo tenía planeado; que alguien en el local se lo propuso y le pareció divertido. Que era una broma para novatos. Solo una broma. Rafa quería llegar a casa y ducharse. Solo quería que nadie se enterara de lo que había pasado. Que su realidad no se convirtiera en una leyenda urbana con distintas versiones. No quería que la gente se riera de su vida. De él. Pero seguramente, pensó, ya era tarde.

 

Al día siguiente, en la tele había una chica con los ojos vendados. Pero eran las cuatro de la tarde. Rafa y Teresa estaban comiendo, viendo el programa. La chica de los ojos vendados tenía que palpar culos masculinos, y quedarse con el que más le gustara. Había seis tíos puestos en fila. Seis tíos y una mujer. Pero claro, esto último, la chica de los ojos vendados no lo sabía. Era una broma. Supuestamente era divertido. El público de plató se desgañitaba en risas. La mujer palpó y palpó. Y cuando llegó el momento de elegir, eligió a la mujer. El plató se vino abajo con gritos y risas. Era divertido. Tenía que serlo, o eso decían las lágrimas de risa de un público que rondaba los cincuenta o sesenta años en cualquier caso. Si observabas los pantalones de los palpados, claramente los de la chica eran los más ajustados. Cada vez parece haber menos distancia entre lo que buscan los hombres y lo que buscan las mujeres. Te ponen una venda en los ojos y ya no eres heterosexual, ni homosexual; solo eres un montón de músculos y venas y líquido; te quitan la venda y todo es moral y selección natural y buen gusto. Los pensamientos desfilaban en la cabeza de Rafa. Teresa no le había dirigido la palabra ese día. Aunque él en realidad ya no estába enfadado. Pero claro, ya no llevaba la venda puesta; tenía que planear una venganza; una buena putada; algo que implicara resentimiento moral, y un futuro bañado en el ridículo.

 

 

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3 comentarios en “Carne

  1. La verdad que en este relato puede haber muchas y diversas lecturas.
    Me viene algo a la cabeza: la actitud de una pareja cuando está la televisión puesta y se trata un tema tabú, algo que los dos saben que ocurre pero que nadie menciona. ¿Qué suele ocurrir? ¿Se comenta? ¿Silencio?

  2. Así somos todos rencorosos… puede que la risa sea un recurso para nuestra ignorancia sexual, si comprendieramos las cosas tal y como son tendríamos muchos menos resquemores y nos podríamos quitar la venda de los ojos.

  3. He tenido curiosidad de remontarme a tus primeros relatos.
    Se nota que la practica hace al maestro, aun así sea mejor o peor el estilo utilizado tu manera de imprimirles realidad a tus personajes me fascina.

    Saludicos!

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