Mentiras

Si hablabas más de diez minutos con él te acababa explicando cómo perdió la virginidad a los diez años con la frutera de su barrio. Él era así. Tenía un aspecto extraño, pero atractivo. Se llamaba Lorenzo, pero le llamaban Loren. Después pasaban unos meses y surgía otra vez el mismo tema. Pero la frutera, que había sido morena y <<mayorcita>>, pasaba a ser joven y rubia; y él pasaba a tener ocho años. Loren mentía sin titubear. Era una cuestión de aprovechar el momento. Te podía hablar de la pedazo de tía que se había tirado ayer, y tú sabías que ayer en realidad se había quedado en casa, solo. Es decir, no lo sabías, pero lo sabías. Cada mentira tenía tres o incluso más versiones. Depende de las personas que hubiera delante, Loren decía una cosa u otra. La frutera podía ser morena o rubia o pelirroja. Podían haberlo hecho en el almacén o en casa de la frutera o en casa de Loren porque sus padres estaban de viaje. Pero lo mas divertido era que no te molestaba. Solo te hacía gracia. Su actitud, en él, solo resultaba cómica. Pero te entraban los nervios de pensar en otros mentirosos que fueran dañinos, y te dabas cuenta de que hay los suficientes en el mundo como para que todas las fruteras que existen puedan haber pasado por la cárcel por pederastia imaginaria. Si la realidad fuera la que nos quieren vender, nadie tendría dudas en el mundo. Todas las empresas y productos serían perfectos según los discursos actuales. De tener que decir siempre la verdad, la gente dejaría paulatinamente de hablar. Sería todo muy distinto, quizá más honesto, pero puede que menos divertido. Gente como Loren solo te podría hablar de sus largas sesiones de onanismo. Imagina que todos los spots publicitarios te están diciendo la verdad. Ten en cuenta cómo serían las relaciones de pareja si las dos partes fueran totalmente sinceras. Imagina que pasas dos meses saliendo con una chica y no puedes evitar contarle que ya estás pensando otra vez con la polla, y en los culos de las demás. Imagina que tu novio solo puede decirte la verdad. No, en serio, no te rías, imagínatelo. Lo de Loren solo era más histriónico, no era un caso aislado. Lo mas bonito que hay es pensar que, de entrada, la gente es buena. Honesta. Lo mas sano es pensar que no te van a apuñalar con tal de que te des la vuelta. Es un atajo fácil para ser feliz. Solo que a veces los atajos acaban haciendo que te pierdas y tardes el doble de tiempo en llegar a donde sea.

Loren atraía a las chicas, a las mujeres, a las señoras, a las abuelas. Pero eso era verdad; incluso con su aspecto extraño, huraño. Solo que según su versión todas se morían por follarle desde que tenía siete años (nunca había bajado de siete). Cuando era pequeñito su madre le tenía que repetir a diario que por lo menos a ella no la engañara, que ella era su madre y le quería mucho. Cuando ya le estaba naciendo vello púbico mentía siempre diciendo que había hecho los deberes. Y cuando comenzó a tener curiosidad por las niñas decía lo que fuese para poder olerlas y tocarlas. Aunque eso no lo hacía solo él. La diferencia entre él y los demás era que él no veía dónde estaba el problema. Si la maestra quería oír que había echo los deberes, pues los había hecho. Si su madre quería oír que a él le iba bien en el colegio, pues le iba bien. Si las chicas querían sentirse únicas, pues él las dividía en unidades, y a cada una le negaba que hubiera más. Tal y como él lo veía, decir la verdad solo traía dolores de cabeza. Decir la verdad solo era el atajo mas seguro hacia el desastre. Así que cubrió su vida de mentiras, haciendo que la gente que le conocía sacara su propia conclusión de cómo era él. Con él, podías elegir. No hay mucha gente que tenga ese tipo de carácter a la carta, en el que tú puedes quedarte con la versión que te guste más. La mayoría de gente, básicamente, hace unos esfuerzos sobrehumanos para que todo el mundo solo vea integridad en ellos. ¿Cómo van a mentir ellos? Con sus vidas perfectamente interconectadas con fibra óptica hecha de verdad. ¿Cómo te ibas a atrever a dudar de su honestidad? Ellos son firmes. Volubles, simpáticos y atractivos; se cuidan. Pero firmes. Si se tiene que decir la verdad, sencillamente la sueltan, sin parpadear, sin sudar por las axilas. No hay espacio para las tonterías. Lo que no dicen este tipo de personas es que, si casi nunca mientes, cuando lo hagas todo el mundo te creerá, porque ese <<casi>> para la gente es <<nunca>>. Sí, porque eres firme, y has conseguido labrarte buena fama. Y todo eso existe, sí; ese tipo de gente firme camina y conduce por las calles todos los días; pero Loren nunca quiso saber nada de ellos, de esa actitud. Su forma de ser era, a su modo, sincera. Y un día, quizá por eso, Tania se enamoró de él.

 

Tania era taquillera de cine. Loren iba a al cine habitualmente. Muchas veces iba solo. Así que cuando un lunes te hablaba de lo bien que lo había pasado en Paris el fin de semana, probablemente había pasado la noche del sábado en el cine mas cercano a su casa. Aunque algo hace pensar que seguramente iba por las tardes. A eso de las cuatro, cuando no hay nadie. Y no sería una tontería especular con que muchos días ni tan siquiera veía ninguna película. La versión oficial, y probablemente verdadera, es que se pasaba la tarde dándole palique a la taquillera que le gustaba; a Tania.

Tania no le hacía caso al principio. Le veía como al típico tío fácil harto de habitaciones de hotel compartidas con desconocidas. Se lo imaginaba como a un auténtico experto en sexo Express. Tania pensaba que, una vez él se la metiera, no le vería más por allí, por estar a la caza de otras tontas. Ella no era tonta; no pensaba darle el placer de abrirse de piernas como pensaba que hacían todas las demás. Y en eso, en su dignidad, era en lo que pensaba Tania mientras Loren se la tiraba, sí, en una habitación de hotel. Después, se sintió como una puta, aun sin cobrar. Se folló a un mentiroso; a un tío que solo era sincero cuando paraba para respirar y dejaba de amontonar anécdotas falsas.

Lo que le pasaba a Tania era que muchas veces pensaba en ceder ante la posibilidad de error cuando ya navegaba en él. Pero esta vez, parecía no haber tal error. Y pudo dejar de llamarse a sí misma puta. Loren se presentó al día siguiente en el cine. Tania no pudo evitar mostrar una amplia sonrisa. Y las mentiras volvieron a desfilar. Mentiras trágicas, graciosas, escalofriantes. Las mentiras podían convertir a Loren en un héroe mientras explicaba cómo un día salvó un carrito de bebé que se dirigía hacia la carretera cuesta abajo. Una mentira podía convertir a Loren en alguien tierno cuando hablaba de que una vez hizo de canguro para veinte niños de forma desinteresada. Aunque algunas veces el carrito de bebé hubiera estado apunto de caer por el hueco de un ascensor. Aunque tiempo atrás no hubiesen sido veinte niños a su cargo, sino cinco. Lo que importaba era que a la gente no le importaba que Loren mintiera. La gente lo esperaba. Esperaba su siguiente historia. E incluso Tania, con el paso de los días, y cuando la relación entre ellos fue mas sólida, se acostumbró a los desvaríos de su novio.

Lo único auténtico en Loren era lo palpable; lo que le veías hacer. Cuando le perdías de vista todo se convertía en algo apasionante y falso. En cierta ocasión Tania quiso arrancarle una verdad. Y, observando su aspecto iracundo y cargado, que tanto gustaba a las mujeres, le dijo: ¿Qué te pasa?

Loren la miró largamente, y le dijo que él no era otro chico joven más. Le dijo que en realidad era un niño. Le dijo: ¿Has oído alguna vez hablar del síndrome de envejecimiento prematuro?

Loren farfulló que no era otro jovenzuelo camino de la treintena, sino que más bien se iba a morir bastante pronto. Y mientras Tania se contenía, él habló de que no hay mucho de que hablar cuando aun eres un niño pero pareces mayor. Y quizá te tengas que inventar las cosas. Tus aventuras van a ser pocas y para cuando las quieras contar ya estarás muerto. Tania rompió a llorar en la cafetería, sintiéndose torpe y cruel. Nadando otra vez en otro error. Un error sin futuro. Y Loren le dijo que no sufriera, que él solo quería verla de vez en cuando. Al fin y al cabo, iba a ser su única novia. Decir la verdad solo era el atajo mas seguro hacia el desastre. Loren hablaba siempre de la frutera, y hacía que una verdad se disfrazase de mentira, para que la realidad fuera más fácil de digerir. Y así, aunque sólo estuviera de paso por la vida, se echaba unas risas. Era una cuestión de aprovechar el momento.

 

 

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2 comentarios en “Mentiras

  1. Yo acabo de publicar un post que comienza: “la realidad no existe. Sólo existe lo que pensamos que existe…”. Probablemente el tema sea diferente entre tu historia y lo que yo cuento, pero no cabe duda de que es una gran verdad. Es decir, la verdad es una gran mentira. O no.

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