Malas ideas

Claudia y Sara están sentadas en un banco, un día, a las seis de la tarde. Detrás de ellas hay un hotel de cinco estrellas, suntuoso y muy caro en apariencia. En el hall del hotel hay un set de rádio. El emblema colorido de la radio-formula instalada está por todos lados. Cuando las puertas se abren y cierran se oye a alguien pisando alguna canción.

Sara murmura muy molesta;

– ¡No digas payasadas!

– ¿Payasadas?… joder…

– Sí, payasadas.

– Es la puta verdad. No puedes negarlo. No te gusta, pero es la puta verdad.

– ¿Qué verdad? – pausa -. Puedes darle mil vueltas a las cosas, y nunca encontrarás soluciones. Porque no las hay.

– ¿Y eso significa que tengo que callarme; que tenemos que callarnos? – se indigna Claudia – ¿no puedo cagarme en todo si me apetece?

Sara se enciende un cigarrillo. Mira hacia delante, desde el paseo marítimo al mar. El sol es cada vez más rojo; cada vez brilla menos y cada vez se puede mirar más. Claudia dice;

– Me puedo quejar si me apetece. Es lo único que tenemos. Libertad de expresión. Todo lo demás es pasajero. Aunque la gente se tape los oídos y no quiera saber nada, pero a mí eso me importa un huevo. Pienso recitar mi discurso hasta que me muera, porque creo en él. No creo más en ninguna otra cosa. Joder- reniega para sí misma – es como el puto Carpe Diem –y vuelve a mirar a Sara -. El Carpe Diem, por ejemplo, es una gilipollez. Es un cuento de hadas. Es una frase de sábado por la tarde. Todo el mundo está acojonado por lo que pueda pasar mañana, o por lo que hicieron tiempo atrás. Nadie “vive el momento”… si no hay drogas de por medio o algo así…. Así que casi se podría decir que el Carpe Diem es producto de la inconsciencia. Sólo puedes vivir de esa filosofía partiendo de una base sólida de ignorancia momentánea. La prueba está en que cuando la gente dice “Carpe Diem” eso sólo es la materialización de una idea romántica de lo que es la vida. Una idea en la que ni ellos mismos creen. No evitamos los malos momentos porque los vivamos con intensidad como no podemos evitar los daños colaterales cuando llevamos a cabo nuestros principios.

– Pero… – Sara piensa un momento, buscando la réplica –, te has desviado del tema. Decías que somos incapaces de ser felices. Me decías que mi novio me había dejado porque yo era otra prueba superada, y seguramente ya iba detrás de otra tía…

– Joder… sólo especulaba. Era una forma de hablar. Lo que quería decir es que no vas a ser feliz nunca. Y yo tampoco. La felicidad no existe. Sólo existen momentos concretos. Como te decía, todo es pasajero, porque incluso la vida es pasajera. ¿No te das cuenta? Mañana mismo pueden conocerse un hombre y una mujer. A la mujer le encanta el chico porque reúne todas las cualidades que ella buscaba. Es inteligente. Atento. Tiene sentido del humor. Está bueno. Y la chica está maravillada porque piensa: Ya está, se acabó la búsqueda. Pero quizá esa noche quiere hacerlo con él por primera vez. Y resulta que es un desastre. Así que ella piensa: Es igual, estaba nervioso, es comprensible. Pero la segunda vez tampoco funciona…

– ¿Pero adónde quieres ir a parar?

– A que al final todo se reduce a que buscamos la perfección. Como cuando buscamos pareja. Si es inteligente no nos da caña en “lo otro”. Si nos da caña en lo otro es un burro. Y si parece ser perfecto un día descubres que te ha puesto los cuernos, porque claro, es perfecto, y a la larga, no va a ser sólo para ti. La felicidad sólo tiene algo que ver con el conformismo. Busca a alguien que te guste y confía en él aunque no tengas muchos motivos para hacerlo. Después agárrate a tus pequeños vicios. Saluda a quien te salude e ignora a quien te ignore. No pienses en la gente que se muere a no ser que tengan algo que ver contigo. Mira al suelo cuando camines por la calle. Sufre sólo por los tuyos. Compra regalos a los seres queridos para que no duden de ti. Celebra lo que todo el mundo celebre y cuando todo el mundo lo celebre. Depílate bien. No pongas en duda la lógica del sistema actual establecido. Y sobre todo mira hacia delante, no te ancles demasiado en el presente y procura no tener en cuenta el pasado. Ahorra. Hazte el peinado aconsejado. Adáptate. Y así, quizá algún día serás feliz, cuando te conformes con eso, con el modelo actual de felicidad personal fabricado y empaquetado por todas las cosas de las que dependes – y añade -. Es asqueroso, pero si no eres así…

– ¿Y entones por eso hacemos lo que hacemos? – pregunta Sara.

– Sí. Supongo que sí. Sí… Estaremos locas, pero está claro que sobra gente en el mundo. Sobran malas ideas. Lo único que podemos hacer es localizarlos y ponernos estos vestidos – Silencio -. Vámonos de aquí, sólo quedan diez minutos.

– ¿Colocasteis las cargas como os dije? – cuchichea Sara.

– Sí.

– Teníamos instrucciones precisas – pausa -, espero que no la hayais cagado.

Claudia y Sara caminan contoneándose por el paseo marítimo. La gente se vuelve a mirarlas. El cielo ya es casi del todo oscuro. El tiempo pasa rápido. Claudia mira el reloj. Advierte;

– Un minuto. No te gires. No mires. Que todo el mundo se fije en tus tetas.

– Joder, cállate, tranquila…

Después se oye un sonido atronador. Alguien grita. El hotel de cinco estrellas comienza a hundirse lentamente en una nube de polvo, haciendo mucho ruido. Claudia y Sara, en un acto reflejo, se vuelven para mirar, y al poco tiempo, donde estaba el edificio, sólo hay polvo blanco creciendo y cubriendo los escombros. Las dos siguen caminado muy juntas. Con sus vestidos floreados. Y Claudia murmura;

– Bueno… si ahí dentro estaba tu maromo, ha salido bien.

– Sí que estaba, coño. Dos pájaros de un tiro. No mires atrás, no vas a echar de menos a esa gente.

 

 

 

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3 comentarios en “Malas ideas

  1. LA CONDENA

    “El que posee el oro añora el barro
    El dueño de la luz forja tinieblas.
    El que adora a su dios teme a su dios.
    El que no tiene dios tiembla en la noche.
    Nunca la posesión está cumplida

    Nuestros tesoros son falsos
    Y somos los ladrones de tesoros”
    (F. Benitez Reyes)

    Jordi…que capacidad tienes de sorprenderme.
    CARPE DIEM…

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