Un martes

No. Esto pasó un sábado. ¿Qué coño iba a pasar un martes?
Si te acercaras lo suficiente a mí podrías cortar el cinismo con un cuchillo.
Voy a mi habitación y veo a mi madre hurgando en mi cartera.
¿Qué haces?
Ha metido un condón. Y yo bajo las escaleras de mi piso preguntándome la fecha de caducidad de los preservativos. Camino por la calle con Kurt Cobain escupiéndome en los oídos. Me cruzo con Cristina. Cuando lo único que echas de menos es su saliva es que algo no funcionaba; la saludo y me saluda, sin decirnos nada, sin parar de caminar. El amor no es complicado; el amor sólo es pasajero. Lo complicado es ser feliz; sobre todo si lo confundes con casarte y comprarte un pisito en el centro; un pisito rodeado de zonas verdes; con ese césped tratado químicamente. Yo no quiero ser feliz. Yo quiero ser Bill Murray en Lost in Translation. Porque si la tristeza tuviera el aura de Scarlett Johansson yo quisiera amanecer todos los días en lunes para regodearme en ella como un cerdo en el barro.
Sigo caminando y me cruzo con tres chicas de no más de dieciséis años con pins de la bandera española. Yo intento cambiar de canción mientras una de ellas balbucea un <<me lo follaría>>, y las otras dos se ríen cuando la miro, y enseguida aparto la mirada; y después veo dedos acusadores, y me veo diciéndole a todo el mundo que a mí me parecía mayor, que no es para tanto.
Si te acercaras lo suficiente acercaría mi boca a tu oído para decirte que todas las banderas están empapadas de sangre. O quizá no te diría nada, quizá dependiendo de tu sexo y tu aspecto acercaría mi boca a tu oído, y simplemente te lo mordería.
Por fin llego a la comida de ex alumnos. Un restaurante chino. Han acudido la mitad. No sé por qué he venido. Noto nauseas mientras veo a todo el mundo besándose; y después comiendo; recordando anécdotas; exagerándolas cada una más que la anterior. Todos hacen que se quieren, cuando lo único que sienten es una vaga curiosidad por ver qué ha sido de los demás. Si te acercaras lo suficiente a mí ahora también podrías cortar la desidia con un cuchillo, e incluso, en su densidad, moldearla y hacer alguna figurita que después quedaría muy bien encima de tu televisión.
Sentado en la mesa, con el postre ya delante, veo a Carla. Se ha sentado lejos de mí. Hace años quiso salir conmigo.
Podríamos ir a un chino – dijo.
No me gustan los chinos – dije. Y después de clase la vi llorando ocultándose en una amiga en los pasillos del instituto. Y todo el mundo se reía de ella. Y ahora estoy aquí con un flan delante intentando evitar su mirada azul, aunque ni mucho menos acusadora. Al lado de ella hay una chica que no conozco. No es una antigua compañera. Debe ser amiga suya.
Después de la comida todo el mundo busca excusas para salir pitando de allí. Nos besamos y nos decimos que hay que repetirlo mientras pensamos en lo capullos que somos por haber organizado esto, y por haber asistido. Pero tenemos la coartada perfecta; la hipocresía es el opio de la sociedad occidental. Yo busco con la mirada a Carla pero ya se ha ido. Culpabilidad. Y ya está, el mediodía deja paso a la tarde.
Y por la tarde no sé que hacer. En estos casos normalmente me refugio; Woody Allen, Coppola, Scorsese…
Me decido por “Casino”. La tarde es genial, disfruto de verdad. Casi he conseguido olvidar el estupor del mediodía. Y en un momento la tarde se convierte en noche, y a mis amigos les ha dado por ir a un Karaoke.
Cuando me doy cuenta ya estoy allí. La gente no escoge más que baladas edulcoradas; el azúcar se puede masticar en el ambiente. Y cuando ya creo que en cualquier momento los altavoces reventarán y quedaremos todos llenos de nata, veo a Carla. Culpabilidad, otra vez. Se acerca. Y me alegro. Se sienta a mi lado sin mirar a mis amigos. Parece borracha. Trepa con su cabeza por mi hombro y me mete la lengua hasta la campanilla. A los dos minutos me encuentro con ella y sus amigas en otro bar. Mañana tendré que dar algunas explicaciones. Entre las amigas también está la que le acompañó al chino de la desidia. Y todo se acelera y la noche se convierte en algo borroso.
Y ya estoy en casa. Si te acercaras lo suficiente a mí simplemente olerías a alcohol y tabaco. Me siento delante del ordenador y ordeno ver a Silvia Saint, que es algo así como la diva del porno de diseño para las masas. El tipo de color aguanta la lengua de Silvia revoloteando por ahí abajo durante unos quince minutos. Yo a los diez ya tengo que pasar el Klinex hasta por la pantalla del ordenador. Y ahora júzgame. Sé que lo harás. Lo que quizá no sabes es que tu conclusión quizá dependa de detalles nimios. Quizá dependa del tiempo que te pasas mariposeando en un Zara que antes fue un cine; o quizá dependa del tiempo que te pasas mirándote al espejo todos los días; o de los libros que lees al año. O puede ser que tu conclusión sobre mí sólo dependa de si eres hombre o mujer.
En todo caso, yo me ducho y me cambio mientras tú ya has decidido que no soy un buen partido para tu hija. Y después me acuesto. Y probablemente ahora, en la oscuridad, quieras saber que yo soy como tú. Probablemente quieras saber que Silvia Saint quizá no sea como la imaginas, ya no. Y también querrás saber que no me he corrido pensando en ella, sino en las “lolitas” de esta mañana; “me lo follaría”. Y a lo mejor te hace ilusión enterarte de que sólo me he dejado llevar por Carla esta noche porque su amiga desconocida y compañera de chino se parecía escalofriantemente a Cristina; que ya no me habla; y de la que me gustan sus piernas, su boca, su cerebro, y por supuesto también: su saliva. La hipocresía es el opio de la sociedad occidental. Los martes pueden ser peores, iguales o mejores que los sábados. Y ahora, si te acercaras lo suficiente a mí… sólo me despertarías.

 

 

 

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8 comentarios en “Un martes

  1. Me ha gustado lo que he leido…
    qué verdad, esa de reunirse todos los compañeros de clase, exagerar lo ocurrido para hacer el rato mas ameno y aparentar cariño cuando en el fondo lo único que te apetece es criticar.

    hipocresía, eh? qué poco sencilla es la gente. Salu2

  2. “”” ANA Dice:
    28/02/07 en 6:27 pm
    Si me acerco lo suficiente a ti…me pasarás algo de ese talento para escribir???…Besos “”””

    No quito ni una coma, lo suscribo. Incluso lo de los besos 😉

  3. Pues para que negarlo yo también quiero ser Bill Murray en Lost in translation… y sentir que al menos me queda algún hueco de vida, pero por más que me guste esa peli, supongo que ella ocurrió un sábado noche y la mía un martes, que a veces si pasan cosas.

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