Barbacoa en la casa de los Preston

Los Preston lo tienen todo preparado. El día ha de ser perfecto. Es soleado y ya se acerca el mediodía. El jardín es lo suficientemente amplio para todos, y al parecer todos acudirán. De lejos ya se ve venir a algunos vecinos. La señora White y su marido ya están cruzando la puertecita de madera que separa el jardín de la amplia calle, en la que apenas pasan coches.
-¡Hola, Kimberly. Hola, Jack! – Saluda efusivamente la señora Preston – sed bienvenidos, ya está todo listo.
La señora Preston y la señora White comienzan una animada charla, y poco después la dejan. Este proceso se sucede con cada uno de los invitados.
Una vez todos ya en la barbacoa las charlas paralelas se empiezan a dar sin orden ni concierto;
– ¿Habéis visto al chico de los Houston…?
– Sí, es una pena…
– ¿Trabaja con su padre, no?
– Sí, el chico dejó los estudios y…
– Vaya, qué lástima…
– ¿Por cierto, que ha sido de Lauren, aquella chica tan guapa que antes vivía por aquí cerca…?
– Al parecer se separó de su novio, y desde entonces no la volvimos a ver por aquí.
– Vaya, a sus treinta y tantos. Qué lastima…
-¿No iba a venir Ricardo? –interrumpe uno de los niños. Se hace un corto silencio.
-¿Y por cierto, que tal está tu marido? – prorroga la señora Preston, hacia el aire.
– Muy bien, ya está mejor – responde la señora Waits.
– Me alegro – asegura, alejándose hacia el interior de la casa. Dentro se han reunido unos cuantos niños alrededor de la tele, en la que en ese momento se ve a un niño con algún tipo de malformación que le impide andar con normalidad.
– ¡Mira! – suspira asombrado uno de los niños.
– ¿Qué le pasa? –Pregunta la niña rubia de los Kensington. La señora Preston sonríe con dulzura a la niña. Y apaga la televisión.
– ¡Vamos, niños, la comida está lista! – objeta, alegre.
Ya todos comiendo, los pequeños acontecimientos se suceden con normalidad. De vez en cuando se oyen carcajadas al unísono, normalmente después de algún comentario socarrón del señor Kinnear. Los Preston están satisfechos. Los vecinos parecen contentos con la comida. Otra reunión más de buenas personas comiendo alrededor de una mesa al aire libre. No se puede pedir más, piensa la señora Preston.
Ya al atardecer, un avión surca los cielos dejando un ruido ensordecedor, y todos miran maravillados cuando ya se aleja.
-¿Qué era eso, papá? – pregunta emocionado Steve, uno de los mas pequeños.
– Era un avión militar, hijo. – responde sonriente Steve padre.
– ¡Jo! Nunca había visto ninguno.

Los niños se separan de los adultos y comienzan con sus correrias. La tarde transcurre plácida. Corre una leve brisa, que despues se hace algo mas intensa.

Y ya hacia final de la jornada, los hombres discuten entre sí, sentados, fumando, sobre fútbol o sobre la última inversión económica, mientras la señora Preston recoge ayudada por sus amigas.
El sol se pone y una bandera de barras y estrellas ondea orgullosa en la fachada de los Preston, mientras estos ya despiden a sus invitados. Después la señora Preston mira atenta el césped de su jardín, y resuelve que ya ha llegado la hora de darle un repaso, lo hará al despertar.

 

 

 

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2 comentarios en “Barbacoa en la casa de los Preston

  1. Un día cualquiera en Burbank, donde todas las casas son iguales, y todas las semanas se reúnen los vecinos para hacer barbacoas. Gente hipócrita que guarda secretos, pero intentan ocultarlos…

    Como siempre Jordim eres ¡the best!

    Besazos y buen finde!

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