Indirectas

– A mí me encanta – suspira Bea.

– Sí, a mí también.

– ¿En serio?

– Sí…

– Tiene algo místico. No sé explicarlo…

– Sí… sí.

– ¿Eh?

– Que sí… sí.

– Es la leche.

– Vaya… sí, sí – suspira Juan.

– ¿Te gusta de verdad?

– Si, es muy bonito, sí.

– ¿Si?

– Sí, ¿no?

Silencio.

– Joder…, no te gusta.

– Sí, te he dicho que me gusta, mujer. Pero no sé a qué viene hacerme un regalo de repente.

– No le gusta… Te he hecho un regalo porque me apetecía.

– ¡Sí que me gusta!

– ¿No te gusta, tío? – dice Alfredo.

– Sí, me gusta…

– Siempre hace lo mismo – murmura Bea.

– Joooder, ¡he dicho que me gusta!

– Joder, tío – balbucea Alfredo, sonriendo hacia otro lado.

– ¿A ti te gusta, Fredo? – pregunta Bea.

– Eh… sí…

– ¿No os gusta? Mierda… no os gusta.

– Sí me gusta, cariño – alega Juan.

– No te rías de mí. Si no te gusta lo cambio.

– Sí que me gusta. Es muy bonito. Es el detalle lo que importa.

– Vete a la mierda…

– No te enfades, mujer.

– ¡Y tú no te rías!

– ¡No me estoy riendo! – protesta Alfredo.

– Dame la caja, lo guardo y mañana lo cambio…

– No te pongas así, no tiene importancia.

– …te compraré un jersey o algo así…

– No te enfades, chica. – interrumpe Alfredo.

– …quería comprar una cosa original. Pero que te gustara, y como no te gusta, pues…

– ¡Pero si te he dicho que me gusta!

– …lo que haré será no salirme de lo normal nunca y ya está… el día de los enamorados y los cumpleaños y…

– Así vas a romper la caja… – murmuran los dos casi al unísono.

– ¡La caja se cierra así, joder, que soy yo la que la ha abierto!

La gente, en la cafetería, se vuelve a mirarlos. Bea pone cara de romper a llorar, mientras se pelea con la caja, intentando cerrarla. En un minuto el murmullo apagado vuelve a ser normal en el local.

– Cariño… – murmura Juan.

– Lo que me jode es que os reís de mí – dice Bea, y mira a Juan -, cuando estás solo conmigo no, pero cuando estás con él siempre os estáis riendo de mí.

Juan y Alfredo se miran con gravedad.

– No, eso no es verdad. – dice, firme, Alfredo.

– Y tú de qué coño vas, deja de mirarme las tetas.

– ¿Qué…? – con asombro.

– Tu amiguito siempre me está mirando las tetas, pero como siempre os estáis riendo de mí, ni te enteras – dice Bea, escrutando punzante a Juan.

– Ni caso, yo no le miro las tetas – suspira Alfredo, mirando de soslayo a Juan.

Dos lágrimas ya ruedan hasta la barbilla de Bea. Comienza a sollozar. La demás gente mira, cuando creen que nadie más lo sabe. Bea se da cuenta. Se levanta. Sale de la cafetería. Juan y Alfredo se quedan mirándose.

– ¿No vas a hablar con ella? – Alfredo.

– Yo que sé… no sé… ves tú, igual te hace más caso – Juan.

Alfredo camina rápido detrás de Bea;

– ¡Oye! ¡Eh!

Bea dobla una esquina. Después la dobla Alfredo. Bea se detiene. Le mira. Alfredo le coge la cara a Bea. La besa en la boca. Bea le abraza. Se separan. Ella le pasa el dedo pulgar a Alfredo por los labios para limpiarle el pintalabios.

– ¿Cómo lo has visto? – dice Bea sonriente, con la cara mojada.

– Ya mismo cae. Está hasta las narices.

– Acompáñame a tu casa.

– Bueno, pero no entro.

– ¿Y dónde vas a ir?

– Otra vez a la cafetería. Oye… ¿Mañana qué haces?

– Ensayo. Mañana es una mierda. Estrenamos el sábado.

Bea y Alfredo caminan agarrados de la mano. Se besan cada vez que se miran. La luz artificial gana protagonismo. La tarde cae. Llegan hasta el bloque de pisos de Alfredo.

– ¿Está en casa, seguro, no? – pregunta Bea.

– Sí.

– Sino tendré que esperarle sola con tus padres. No le caigo bien a tu padre. Joder… Estoy harta de esto.

– Fue idea tuya…

Bea besa a otra vez a Alfredo. Alfredo se aleja calle abajo. Bea llama al timbre, y alguien abre. Sube las escaleras hasta el tercer piso. Dani la espera en la alfombrilla de la entrada, con la puerta abierta. Sonríe ampliamente al verla.

– Hola… – dice Bea, resoplando. Besa en los labios a Dani. Él dice;

– ¿Has visto a mi hermano?

– Pues no…

– No sé dónde se mete. ¿No quieres entrar?

– Eh… es que…

– Es igual, vámonos…

Los dos bajan las escaleras. Bea hurga dentro de su bolso. Dice;

– Te he comprado una cosa, luego te la doy…

– ¿Un regalo?

 

 

 

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4 comentarios en “Indirectas

  1. Resulta tan fácil ver la escena…Me encanta…Es tan probable que algo así ocurra…Sabía que me gustaría leerte, me ha gustado poder leer y en cada renglón ver la vida pasar, los momentos que hay en ella, lo que acontece y el ser humano que dificulta la tarea del propio vivir con sus acciones y sus conductas, fluyendo o influyendo…
    Un abrazo Jordi

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