Familia

Según el modo en que miraba aquella. La pelirroja. Cada día. La de la biblioteca. No parecía precisamente tranquila cuando me veía entrar y pasar al lado de su mesa. Y no hablaba. Y un suspiro. O Sandra. Ella sí que me dijo el nombre. En una discoteca, a gritos, hasta el punto de no poder sacar la voz al día siguiente. Y un número de teléfono se sumó a la agenda del móvil. De los dos móviles. Suspiros. Nervios. Luego también estaba aquella, Teresa, o… sí, creo que era Teresa, la novia del amigo de un amigo. Ella se presentó una de esas noches en las que alguien te ha pedido que le acompañes a cenar con los compañeros de su universidad. Y otro teléfono, durante la cena, con disimulo. Suspiro. No es que quiera ser reiterativo, pero luego aparecieron Laura, Ingrid, y Vanesa. Panadería, gimnasio, y la discoteca de siempre. Diría que las oportunidades no se presentan cuando deben. No siempre puedes subirte al tren. Coge aire, fuerte. Y suéltalo. Más suspiros. Sandra apareció al cabo del tiempo y dijo: No me has llamado, y yo pensé: Tú tampoco. Ese periodo de tiempo era de Marga; gimnasio. Sólo eran tonteos, pero suspira. Suelta el aire despacio. Esto es lo que se llama un largo recorrido. Una cuestión de años. No es que yo vaya por ahí mojando bragas semanalmente. Marga sí insistía; para ella no había sido sólo cuestión de beber saliva ajena una noche. Suspira y después llama por teléfono, tranquila, igual no lo cojo. Pero lo cojí. Y al día siguiente le dije en un bar: que no. Porque pensé que sí, que para mí sí había sido sólo cuestión de un toqueteo puntual. Ella suspiró. Disimuló. Me miró pensando: ¿Quién coño te crees que eres? Y no la vi más. Y luego Raquel; gimnasio. El gimnasio es una versión amplificada de las discotecas en cuestión de ligues cutres. Pero se trataba siempre de una cuestión de días. Como mucho semanas. Ellas estaban mucho más en mi cabeza que en mi presencia. Era cosa de quedar tres o cuatro veces para alimentar el ego. Para poder decirte a ti mismo lo machote que eres, y lo atractivo, y lo simpático. Porque antes de todas ellas, la primera, fue la que ahora se sube por las paredes y suspira nerviosa, aspirando, y sacando el aire, y al niño, mientras pienso en que puede que me haya equivocado. Ahora, seguramente, estoy en un error. Dentro de esta habitación no se puede respirar. A ella la conocí en el colegio. Teníamos quince años. Se llama Maria. Y suspira y suelta el aire con rabia. Diría que las oportunidades son caprichosas. Me destroza la mano. Sufre. En los pasillos hay una enfermera que lleva la falda más corta que las demás, y no sé su nombre pero creo que…

– ¡Oye! – Suspiro. Maria -. ¡¿Cortas el cordón umbilical o no?!

¿Eh?

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2 comentarios en “Familia

  1. la vida…¿cuantas vueltas da? ¿lo hace solo por jugar con nosotros, por martirizarnos deportivamente? o ?es, en realidad, un camino ya fijado por el que todas esas chicas debían pasar hasta llegar a la última…?

    mmmm….

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