Sobre terceros

Fran habla, habla y habla, y después dice: tío, Iñaki, no digas nada, quiero llevarlo con discreción.

– Tranqui, hombre, que no cuento nada…

– Pero seguro, eh…

– Sí, hombre, tranquilo.

El bar es un barullo de gente. Casi son las ocho de la tarde. Miércoles. Iñaki y Fran salen del bar, cada uno por su lado: No digas nada, tío…

– Tranquilo, joder. Mañana nos vemos. Te pego un toque.

– Vale, pues eso, venga, hasta luego…

Iñaki comienza a caminar, ya solo. La sonrisa congelada. Algo borracho. Dobla una esquina. Se para. Se asoma a la calle por la que venía. Mira el reloj. Fran ya sólo es un punto lejano. Ya no va a mirar hacia atrás, piensa Iñaki. Y comienza a andar otra vez hacia el bar, sonriendo ampliamente, sin darse cuenta.

Al llegar se sienta en el mismo taburete, aún caliente. Mira el reloj. Pide una cerveza. Mira el reloj.

No queda mucho para que el bar cierre. Irene, sentada en el taburete que hace un rato ocupaba Fran, abre mucho los ojos, mirando a Iñaki, y con su boca, sin sacar sonido alguno, articula: <<¿Es… gay?>>

– Sí, pero oye, no digas nada… que me ha dicho que no se lo cuente a nadie aún. Que quiere hacerlo él.

– ¿Gay… …?

– Ya ves.

– Pero…

Iñaki hace que sí con la cabeza, exageradamente, apretando los labios, con ojos sonrientes.

– Joder – articula Irene, y luego alza la voz -. ¿Y cómo es eso? ¿Cómo te lo ha dicho?

– No sé, me llamó esta tarde para quedar aquí. Y ya está. Me lo ha dicho… que si hace tiempo que quería decírselo a alguien… que si no sabe cómo decírselo a sus padres… y todo el rollo.

– Hoy no voy a poder dormir…

– Es raro, sí.

El móvil de Irene suena. Lo saca del bolso. Lo abre: ¿Sí?

– <<…>>

– ¿Sí?

– <<…>>

– Sí…

– <<…>>

– Ya…

– <<… … …>>

– Pues estoy con él.

– <<…>>

– ¿Eh…?

– <<… … …>>

– Ya… pues espera, te lo paso.

Iñaki interroga con la mirada, arruga el ceño. Irene le pasa el móvil, y articula, extrañada: <<Rafa>>

Iñaki: ¿Rafa?… diiime, qué pasa…

– <<… … …>>

– Pues no lo sé…

– <<…>>

– Ha estado conmigo antes, sí.

– <<… … …>>

– Vaaale, pues si le vemos o lo que sea te pegamos un toque.

– <<…>>

– Muy bien, tranquilo. Veeenga, adiós.

Y cuelga. Le da el móvil a Irene. Se ve, dice Iñaki, que Fran no ha aparecido en todo el día por casa. Pero vamos, ahora ya tendría que estar allí…

– ¿Cuánto hace que se fue?

– Pues… como dos horas… un poco menos.

– ¿Y este quién era, su padre?

– Sí.

– ¿Y cómo es que tiene mi número?

– Porque los tienen todos, desde que este se quiso…

– Ya…

– Seguro que me han llamado a mí antes, pero no llevo el móvil…

Silencio. E Irene susurra:

– ¿Y tú crees que se quiso suicidar por eso?

– Pues puede ser – suspiro.

– ¿Cuánto hace?

– Dos años o así…

– Joder. Vaya tela. No sé… Se le fue la olla… Podía haber hablado con nosotros. Pero no se le notaba… nada.

Silencio.

Y El móvil vuelve a sonar. E Irene: ¿Sí?

<<…>>

– Estamos aquí, sí.

– <<…>>

– Vale, pero date prisa que ya van a cerrar.

Cuelga: ¿Quién era?

– David.

– Buf… ya verás qué cara va a poner ahora cuando…

 

 

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