Nerea

El jefe de policía remueve todos los papeles que tiene encima de la mesa. El detective pasea por el despacho, fumando. La psicóloga permanece sentada delante de la mesa del jefe de policía, que murmura: ¿Qué es todo esto?

– Los relatos – aclara la psicóloga.

Son sobre ella, añade. El jefe de policía la mira. Murmura: ¿sobre ella?

El detective dice que son sobre Nerea, la psicótica, la puta. Y se lleva el cigarro a la boca otra vez, caminando en círculos. El jefe de policía mira a la psicóloga, deja los papeles encima de la mesa, arruga el ceño, y musita: ¿Y?

La psicóloga dice que el relato que se llama “Biografía de mi entrepierna” es el primero; dice que es una vaga pista de cómo es ella. ¿Y quién ha escrito esto?, masculla el jefe.

– Da igual – dice el detective -, alguien con ínfulas, qué más da.

La psicóloga mira al jefe:

– Con ese relato se comenzó a investigar. Las otras hojas son la segunda y la tercera parte. Es un texto escrito en primera persona, lleno de erratas, muy violento. De un aficionado. En el segundo texto sale a colación la realización del corto basado en el relato.

Se oye: <<más ínfulas>>. Y el jefe mira al detective, y luego a la psicóloga, y dice:

– ¿Y el tercero?

– No tiene importancia. Del primero se hizo el corto, así que lo que insinúa el segundo relato es verdad. Pero algo fue mal, y al final el corto es un refrito del primero y el segundo.

El dvd reposa encima de la mesa. El jefe se lo queda mirando. Resopla. Lo mete en el reproductor que tiene en el despacho. Las imágenes comienzan a desfilar. El detective sigue fumando.

Cuando acaba el corto, el jefe de policía dice que si hay algún escrito más sobre ella.

– No, que se sepa – contesta la psicóloga -. Pero en el relato la cosa es diferente, la chica mata a una psicóloga o a una periodista, y a dos policías. Y huye. El director del corto no ha querido hablar con nadie del tema.

¿Y el autor?, ¿qué pasa con el autor de los relatos?, dice el jefe.

– Se llama Jordi no sé qué – aclara la psicóloga -. Sólo sabemos que publica relatos por Internet, y que salió con Nerea un par o tres de veces. Pero no sabe nada. No tiene contacto con ella. Y además, por lo que he oído, no es fiable.

El detective le dice a su reloj: capullo…

Murmura: capullo con ínfulas…

¿Y el corto, de dónde lo habéis sacado?, dice el jefe.

Nos los dio él mismo, el autor de los relatos, dice la psicóloga, tenía una copia. No nos costó que nos lo diera, asegura.

Bueno y… ¿tenéis números de teléfono o algo?, protesta el jefe.

– Sí, el del autor.

La psicóloga saca una agenda de su bolso, y le dicta el número al jefe, que lo marca en el teléfono de su mesa.

Se hace el silencio, y luego:

– ¿Oiga?

<<…>>

– ¿Jordi?

<<…>>

– Soy el jefe de policía de…

¡Me ha colgado!, protesta el jefe, ¡el cabrón me ha colgado!

– Es igual, déjelo, no le iba a sacar nada – musita la mujer.

En los cristales que dan al pasillo, dos policías llevan agarrada a una chica, que no forcejea. La psicóloga se vuelve a mirar. Y luego mira al jefe de policía, y dice: es… es ella.

En la sala de interrogatorios, el jefe de policía camina mirando a Nerea. Ella se lleva un cigarro a la boca con las esposas puestas. El jefe dice: ¿Sabes la que te va a caer?

– Usted seguro que me soltaría a cambio de una mamada – dice Nerea -, tiene cara de ser así.

El jefe la mira, apoya las manos en la mesa; sonríe;

– Ahora ya da igual. Aquí no puedes sobornar a nadie.

– Ya… y ¿no vamos a hacer el juego de las palabras? ¿ya no va a haber rollo psicológico? ¿no vais a mandar a alguna chica guapa para hablar conmigo?

– Cállate.

El jefe se sienta en una silla metálica, al otro extremo de la mesa rectangular. Nerea dice: ¿Y cómo vais a evitar que me suicide?

– ¿Qué?

– Usted no sabe muchas cosas de mí… cuando me vea encerrada y haya contemplado todas la formas de escapatoria y no haya ninguna factible, me mataré. No es tan difícil. ¿Aún se creen ese rollo de la reinserción a la sociedad? Asesinos que ya no lo son. Violadores que ya no lo son… pederastas…

– Cállate…

– Sí, mejor será… no sea que tenga razón. Me encanta la justicia… Es tan… justa. Tan… no sé… recta.

– Tendrás un abogado de oficio.

– Qué bien…

– Ya te las arreglarás con él. De momento te vas a quedar aquí.

El jefe se va tras un portazo. Nerea se levanta y comienza a caminar por la habitación. Alrededor de la mesa metálica. Lleva las esposas puestas. Hay una ventana. Cristales gruesos; antibalas, piensa Nerea. Como los que dan al pasillo. A simple vista, la habitación no parece una fortaleza; este sitio no es Alcatraz. Nerea mira el paquete de tabaco. El jefe se lo ha dejado. Calcula unas veinte horas allí dentro. Al día siguiente vendrá su abogado de oficio; el que la acompañará unos días después a su celda. El hombre protocolo que no podrá hacer nada. Lo primero que le dirá es que se declare culpable. Para la reducción de pena. Como si no fuera a salir de la cárcel con el pelo ya canoso.

Fuera atardece. Pronto los días serán todos grises e iguales. Pronto la vida se convertirá en faenas y dormir en la celda y faenas y dormir en la celda. Y Nerea, mirando cómo el sol se oculta entre edificios, sin atisbo de preocupación, piensa: algo tengo que hacer, ¿no?

 

 

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2 comentarios en “Nerea

  1. Nerea…mi vieja amiga,veo que sigue igual de “traviesa”…
    “Algo tiene que hacer”…vaya que si lo hará,seguro!!!
    Besos Jordi.

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