Conversión

Las viejecitas hacen cola para llegar hasta el altar, donde el cura espera. Agua y una mezcla de diferentes harinas de trigo son los ingredientes de la “Hostia”; eso que dicen es el cuerpo de Cristo. Una vez el cura bendice la Hostia, esta ya es el cuerpo de cristo; por eso un monaguillo está cerca de la escena, vigilando. Si la hostia cae al suelo sigue siendo el cuerpo de cristo, aunque ya sea un cuerpo de Cristo sucio; y el monaguillo de turno sería reprendido. La Iglesia es suntuosa, tétrica, llena de imágenes propias del cine de terror. Es la típica Iglesia. María aún tiene a unas diez personas delante antes de recibir su Cuerpo de Cristo correspondiente; un trozo de salvación. El cuerpo de Cristo, dice el cura. Amen. Y ya estás un peldaño más cerca del cielo. Lo bueno del catolicismo es que da igual los bandazos que des en vida; sólo una confesión, te dan el perdón, y reconducido otra vez hacia el cielo. Si surge un nuevo Mesías que cargue con todos nuestros pecados, seguro que sale por televisión, en videos por Internet. Si alguien dice ser un Mesías hoy en día, va a tener que pagar una hora semanal a algún psicólogo. Un Mesías hoy es carne de burla.

María se acerca cada vez más al cura, en procesión, a por su Hostia. Hay ese murmullo de iglesia; ese siseo de un rezo y otro rezo y otro rezo, todos en voz baja. Así es como suena el arrepentimiento o la súplica. Con siseos es como la gente pide piedad, salvación y gloria para sus seres queridos. Y María, la más joven del lugar, ya sólo tiene a una persona delante.

El Cuerpo de Cristo.

Amen.

María da un paso y nota el aliento a vino del cura. El hombre saca otra hostia, hace el gesto de la cruz y se la ofrece a Maria. Pero Maria la rechaza. Maria dice:

– Tenemos que hablar.

– Ahora no – cuchichea el hombre-, hay gente esperando.

María no se mueve del sitio. María dice:

– Estoy embarazada.

– Q…

– De ti.

– María… por favor.

María se da la vuelta, se pone de cara a todas las viejecitas, de cara a los feligreses de siempre, mira a todos los monaguillos, y grita:

– Estoy embarazada, de él. – Y se vuelve hacia el cura – Llevas semanas evitándome, gilipollas. Sólo podía venir aquí.

– María…

– ¡José! – grita Maria -, estoy em-ba-ra-za-da. ¿Me has entendido o no?

El murmullo de la iglesia se ha convertido en discusiones. María coge el brazo derecho de José el cura, y le pone la palma de la mano en la barriga;

– ¿Lo notas? Tu hijo. Dos meses. – Y se vuelve hacia la gente. Y Grita -: ¡Dos meses!

Grita: ¡Lo hicimos en el confesionario! ¡María y José follando en el confesionario!

Grita: ¿No es irónico?

Las viejecitas comienzan a desfilar hacia la calle. Los monaguillos permanecen erguidos, mirando a José.

María, mientras la gente desfila hasta el enorme portón, ocupa el lugar de José, de un empujón. María se acerca al micrófono destinado a oraciones y falsea la voz, murmurando lentamente:

– Sooooy Diosss.

– Estás borracha – dice José -, ¿por qué me haces esto?

– Las cositas que me hiciste aquel día, José – dice María ya con su voz, hablándole al micrófono -, esas cosas no se hacen. Aunque se te daba bastante bien…

– Estás borracha.

– Sí, últimamente ando enganchada a la sangre de Cristo. Aquel día – le dice al micrófono – me convertiste en una devota. En serio. ¿Oigan? ¡No se vayan! ¿Qué les haces, José? Es normal que se aburran. Deberías ponerles un coro de Gospel. ¡Eh! ¿Señoras? ¡No se ofendan! Sería un coro de chicas y chicos blancos, claro. No queremos negros aquí ¿verdad? ¿eh?

María se baja del estrado y agarra a José por el brazo. Vamos a donde te sueles disfrazar, dice, no quisiera dejarte en ridículo delante de tanto creyente.

 

– Cabrón – balbucea María, ya a solas con José -, eres un cabrón.

– ¿Por qué has hecho eso?

– ¿Por qué no me coges el teléfono?

– Porque es un error.

– ¿El qué? ¿Cogerme el teléfono o follar conmigo?

– Ya lo sabes.

– Todo el mundo sabía que eres un cura corrupto. Yo sólo lo he confirmado. Si fuera por ti, toda esa gente podría creer lo que quisiera. Pero no eres Dios. Y yo no soy la Virgen. Y no sé qué paso entre José y María, pero está claro que entonces no existían los condones.

– …

– Te dije que si me quedaba preñada tendría al niño.

-…

– Y eres tan capullo que ni así quisiste usar condón. No puedes follar y follas, pero sin embargo, si usar condón es contrario a tu rollo, entonces no usas condón. No se puede ser cura a medias, cariño.

– Vete – dice cortante José.

– ¿Qué?

– Que te vayas.

– Por qué. ¿Es que ya no vas a ir al cielo? ¿Estás enfadado por eso?

– …

– Cásate conmigo.

– No, vete.

– No te preocupes por esto. No sé…, puedes hacerte carpintero.

– …

– Era broma.

– Que te vayas, he dicho.

– ¿Entonces sólo era sexo? Porque por mi parte no era sólo sexo. Y creo que por la tuya tampoco.

Maria se arrima a José. Le levanta la sotana.

– Ahora no – dice José, apartándola.

– ¿Qué pasa? ¿Es que no eres un cura corrupto normal? ¿Te van los niños?

José se va hacia Maria. La coge por el cuello. Comienza a apretar;

– J… José…n… no m… matarás…

José la suelta. María cae al suelo. Respira hondo dos, tres veces.

– Qué pasa… – murmura ella – ¿ahora vas a tumbar todos los mandamientos como fichas de dominó?

José rompe a llorar. Dice: Fue una equivocación. Un resbalón. Fue un error.

– Cariño, todo el mundo sabe cómo eres… Toda aquella gente te vio en el club.

– ¡No estuve en aquel club!

– Sí, estuviste. Te vieron con aquella chica que llevaba las botas de cuero, atado a la cama, ¿quieres que siga? Lo sabe toda la ciudad. Hay cuarenta versiones de la misma historia, y lo único que coincide en todas eres tú.

José se quita la sotana y le dice a María que no tiene ni idea de lo que supone cambiar su vida de sopetón.

María dice:

– Cariño…

Dice:

– La gente que te odiará es la que viene cada domingo a la iglesia. Se van a morir ya mismo.

Todas aquellas viejecitas, indignadas, vejadas. Todos los símbolos torturados de la habitación miran a José y María. Dios, si existe, mira desde arriba. Esto son sólo pecadillos, dice María, Él te perdonará. Viviremos juntos. Te confesarás. Podrás ser un católico entregado. Podrás ser tú mismo. Podrás serlo conmigo. Para mí.

– No soporto tu sarcasmo – reniega José.

– Nunca más seré sarcástica.

– Tendrás que apoyarme. Quedarte a mi lado. Sufrir a mi lado.

– ¿Podrías dejar la jerga bíblica? Estáis siempre todos sufriendo. ¿No se supone que Jesús hizo ya suficiente en la cruz? ¿No lo hizo por todos nosotros?

– Tú no crees.

– ¿Pero es así o no?

José se acerca a María. Se acerca. La abraza: Sí, es así.

– Pues eso.

Un monaguillo asoma la cabeza por la puerta. Y luego se va. María mira el reloj.

– Voy a llegar tarde al trabajo…

– Ve, entones.

– Joder, en serio – murmura María -, no soporto cómo hablas cuando estás aquí dentro.

Ella se va y José se queda solo. Pensando. Mira hacia el techo. Sonríe un momento. Ya no soy cura, piensa. Ya no. Cierra la puerta de la habitación.

La iglesia está vacía. Jesucristo, crucificado, sangra tinta roja; su expresión es de agotamiento, aunque más que sufrir, parecería que estuviese teniendo un orgasmo.

 

 

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6 comentarios en “Conversión

  1. Que bochornosa historia, con tanto filigrés cabrón una pierde la fe en todo.
    Con lo sagrado no se juega, aplico el cuento también, comulgar… a mi se me ha atragantado la Hostia…y tomo aire por si encima está sin consagrar.
    Después de una larga penitencia necesaria, veré si quemo la Iglesia con todo dentro, a ti te lo voy a confesar Lucifer, que me has roto por dentro y por fuera!
    Así…y por todo,…sobretodo y público, compañeros de las cabras, reptiles de colores, evangelistas de hielo…grc.
    Que lo escupo por la boca, que lo otro queda ahí atragantado, que ha sido un plato muy grande, que no soy muy de racionalizar las cosas, que en caliente amargo, y puedo pasar al hielo si no me arriman el azucar.
    Abandonemos pues tierra santa.
    Aquí y ahora “fin”

  2. Jordi me ha encantado este texto, MUY MUY BUENO e incluso me he reido cuando el cura iba a ahorcar a la mujer.
    Me gustó que no habian “muertos” jejeje

  3. pensar que llegé aquí por equivocación, no es la primera vez que leo algo así, pero gual no importa, la gente hace con su vida lo que quiere,aunque muchas veces crean que es necesario la aprovación de todos para serlo, y no se dan cuenta que solo una persona está allí viendo cada paso, y no es tanto vigilancia, es como si nos pidiera cuentas. creo que eso es todo lo que tengo que decir.
    felicidades jordim, muy buen relato

  4. la religion es la casa de las virtudes, depende como se viva en aquella casa, todos queremos creer que existe un dios, y en verdad la iglesia pierde su prestigio, porque seamos sinceros, siempre lo ha tenido, ante esa falta de ética que los sacerdotes, no todos, promueven, sin embargo y para finalizar el que cree y desea creer, es aquel que a pesar de historietas como estas no cambia su parecer…. que dios me los bendiga…

  5. Eso de la historia es muy cierto, ya que hoy dia hay muchas de estas personas que se esconden detras de una sotana y que se hacen llamar padres y curas, cuando son la mayoria unos grandes sinverguenzas debido a los pecados que cometen por no tenersele permitido casarse cuando la biblia lo relata y dice que no es bueno que el hombre este solo(es necesario que tenga una esposa) seria bien especial y se eliminaria gran parte de la corrupcion y el engaño a que estan sometidos muchos feliqreses que por ignorancia, imposicion y desconocimiento de las enseñanzas que dio JESUCRISTO y sus APOSTOLES; que estas personas que tienen grandes cargos dentro del Catolicismo, se les permitiera formar una familia y tener hijos…….!!!! SALUDOS

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