Turismo sexual

Pedro conducía siempre igual por ciudad. Tan rápido, que cuando frenaba ante un paso de cebra, parecía que la gente había salido de repente de entre la pintura rectilínea del suelo. En el asiento de atrás, Blanca soplaba y resoplaba con rabia, sudorosa, palpándose la panza, embarazada y a poco de dejar de estarlo. Y Pedro, mirando hacia delante, me dijo; ¿Sabes que dentro de poco se juega la Copa Toyota?
¿La copa Toyota? Pedro decía tonterías cuando estaba nervioso. Siguió diciendo;
– Sí, la Copa Intercontinental de fútbol, ahora la llaman así, creo…
Y recuerdo que en ese momento, entre gritos de dolor de Blanca, me imaginé el planeta Marte lleno de Mcdonalds. Si comenzábamos a dominar el turismo espacial, nuestra seña de identidad acabaría siendo la publicidad. “Mira, la especie humana, siempre intentando engañarte o venderte algo”

Blanca gritaba;
– ¡Joder! ¿Falta mucho? ¡JODER!
Al lado de Blanca estaba Nadia, cogiéndole la mano, secándole el sudor. Intentando aplacar el dolor preparto, Nadia le hablaba buscando transmitir tranquilidad, como si el dolor cediera ante el sosiego. La ciudad, que procuraba atravesar Pedro, estaba atestada de gente y de coches, y las calles ya estaban llenas de luces de Navidad. Las fiestas, aún lejanas, ralentizaban la tarea de llegar a destino. Una nueva vida podía haber nacido en el asiento de atrás de un coche, cogiendo ese hecho forma de anécdota pesada que se repetiría hasta la saciedad. Pero al final no lo hizo.

Ya en el edificio blanco salpicado de rojo cruz, por momentos, todo era parecido a como había sido en la calle. Mucha gente. Llegaba el frío y la gente invadía las calles para gastar dinero en tiendas y en joyerías en exceso iluminadas para potenciar el aspecto de la mercancía. Y al haber más gente en la calle, también había más gente en los hospitales. Eso pasó. Blanca estaba ocupada intentando sacar de sí misma algo más que la coronilla de su hijo. El medico decía;
– Empuje un poco más.
Y cada dos minutos, mentía diciendo;
– Ya queda poco.
Por alguna razón acabé metido en la habitación con Blanca y Nadia. Y con el médico, que insistía;
– Tiene que empujar más…
Pedro esperaba en la sala de espera, con la demás gente que esperaba. Alfredo, el marido de Blanca, no había llegado aún. El marido de Blanca viajaba a menudo por trabajo. Blanca pasaba semanas enteras sin él. Y yo confiaba en que cierto día no hubiese pasado nada después de un condón que se rompió. Como he dicho, el marido de Blanca viajaba a menudo. Blanca se sentía sola, eso decía por teléfono. Y yo, bueno, no tengo tendencia a los compromisos. Tampoco he sido nunca alguien muy responsable. Aquella cama siempre chirriaba demasiado, y nos daba miedo que los vecinos de Blanca hicieran preguntas al día siguiente: ¿Ya ha llegado tu marido? ¿Eh?
Yo siempre quería ir a otro sitio que no fuera nuestras casas, pero ella decía que era peor que alguien conocido nos viera entrar en un hotel. Y yo decía: vale. Decía: como tú quieras. Mientras crecía un bulto en mi pantalón.

Blanca seguía empujando, y no apartaba la mirada de mí, estrujando la mano de Nadia. Mi probable hijo no acababa de querer salir. Y de golpe alguien entró en la habitación. Alfredo, nervioso, histérico, enseguida cogió la mano de su mujer. Yo salí de la habitación. Ya, prefería esperar fuera. Alfredo no merecía lo que podía estar pasando. Pero nadie tiene el cálculo al dedillo; el día anterior al mítico condón roto Blanca y Alfredo lo habían hecho a pelo, y Blanca no se había hecho el test de embarazo al día siguiente. No pensé en ello, me dijo. Joder, pensé.

El hijo de Blanca salió al fin de Blanca. Y alguien nos hizo pasar al cabo de un rato a ver a la mamá con su retoño. El niño no se parecía a nadie; sólo a otros recién nacidos manchados de sangre y cubiertos de eso viscoso. En algún momento Blanca me dio el bebé. Lo cogí y no sentí nada a parte de miedo porque se me cayera al suelo. A Blanca parecía darle igual en ese momento el hecho de que no hubiera un padre claro. Yo no sabía cómo afrontar el asunto a nivel interno, y Alfredo, bueno, él sencillamente era feliz porque no se enteraba de nada.

Unos meses después, Marc, que es como se llamó al hijo de Blanca, se quedó en casa con Alfredo, mientras Blanca había ido, según dijo ella, a una entrevista de trabajo. Fue la primera vez que Blanca y yo quedamos en un hotel. Ella decía que sí, que estaba enamorada de mí, pero que no sabía cómo atajar el asunto. Y al final dijo que qué narices, que le diría a Alfredo que el hijo era mío y que lo sentía mucho. Le diría que estaba segura, y que todo había sido un tremendo error y que no le quería, ya no. Y todo eso, Blanca me lo decía con mi polla dentro de ella, los dos sudando. Por aquel entonces, Alfredo no lo sabía, pero su vida se acababa.
Ese mismo día Blanca llegó a casa y le soltó a Alfredo toda su perorata de probable verdad. No pensé que fuera tan valiente. Yo esperaba alguna llamada telefónica. De alguien. Esperaba represalias. Pero la única noticia la tuve al día siguiente. Blanca me llamó llorando desde su casa. Me dijo que no me preocupara. Que no me culpara.

Y sí, otra vez, Pedro conducía siempre igual por ciudad. Demasiado rápido. Yo iba con él, de copiloto. Blanca iba en el asiento de atrás, con Marc, que dormía. Y todo esto ya era dos días después de la cita en el hotel con Blanca. Y después de que Blanca se confesara a Alfredo. Con toda esa valentía y crudeza.
Según la versión oficial, Alfredo se quiso asomar demasiado al balcón del séptimo piso que compartía con Blanca. Pero lo que me contó Blanca fue que después de llorar sus cuernos como un niño pequeño, lo que hizo fue arrojarse al vacío. Ella se estaba duchando. Dos señoras salpicadas de sangre subieron y llamaron al timbre. Y ahí acabó todo. Con Blanca viendo desde el balcón una mancha roja y retorcida abajo en la calle; con las señoras traumatizadas, y dos vestidos echados a perder.
Así que Pedro conducía a toda velocidad; íbamos a llegar tarde al entierro del padre de familia que en lugar de vivir feliz como él creía, se mató.
El coche de de Pedro derrapó en el aparcamiento de forma poco apropiada. Caminamos entre árboles. Nos acercamos hasta los familiares confusos y llorosos. El ataúd estaba siendo depositado dentro del agujero, mientras los padres de Alfredo gemían improperios, abrazados. Marc comenzó a hacer como si se hubiese contagiado. Y Nadia también estaba allí, la chica que agarraba la mano de Blanca y la consolaba durante el parto. Su mejor amiga. Todo comprensión y ternura. Y me miraba durante el entierro, se mordía el labio inferior. Ella prefería los hoteles. Y la verdad, lo cierto, es que Pedro y Blanca últimamente eran muy cariñosos el uno con el otro. Acabas viendo esas cosas. Ya todos estábamos mezclados excepto el muerto, que confiaba en ella, en nosotros. La moral, cada vez más, acaba no siendo más que tierra, normas, barreras contra natura. Pero qué se podía esperar de todo esto. De los habitantes de la futura galaxia Coca-cola.

 

 

17118915_65ffdb8747_o.jpg

 

 

12 comentarios en “Turismo sexual

  1. Yo creo que lo peor de esta historia, no de como esta escrita que me gusta, sino sobre la situación que plantea, es que los personajes no tienen reglas del juego. Y si las tienen no parecen cumplirlas.
    Él, dijamos que se llama J., como la mayoría de los hombres, carece de la capacidad de razonar mientras tiene una erección y/o realiza el acto sexual, después como coartada le basta el imaginar un futuro que nos convertirá irremediablemente en visitantes de otras galaxias.
    Mientras tanto J. solo aspira a ser un excelente narrador de lo que sucede a su alrededor, en la tierra.

    Jordim, gracias por el relato. ¿Qué nombre le pondrías a él?

  2. Sobre todo, Blanca, ten en cuenta que el tipo que habla en primera persona NO soy yo, y casi diría que no tiene nada que ver conmigo (aunque ya sé que te lo imaginas).
    Y en cuanto al relato en sí, prefiero que seais los que leeis los que saqueis vuestras propias conclusiones sobre lo que hacen los personajes, o por qué lo hacen, o si tiene sentido, etc…
    Tendría poca gracia que yo justificara el relato o le diera un sentido u otro, porque la gracia reside justo ahí, en interpretarlo o verlo cada uno a su modo…
    Por lo demás, gracias por los halagos, y un saludo a todo el mundo que entra al blog y lee.

  3. Jordim, sabía que no eras tú. Mi curiosidad era por ver que nombre le ponías al personaje. Siempre he tenido debilidad en saber como los autores eligen los nombres de sus personajes, es como bautizar a muchos hijos de golpe.
    Es exactamente lo que he hecho, sacar mis propias conclusiones y valorar lo que hacen los personajes.

    Maria; antes me he olvidado, ¿Él bribón y ellas guarras ? ¿Por qué?

  4. Bueno, pues te he malinterpretado el menasje, Blanca. Raramente bautizo al personaje que habla en primera persona. En cuanto a los nombres, repito muchos, como Helena o Maria o Juan… (que me vienen a la mente antes porque me gustan o porque son muy comunes)… porque en realidad no me paro a pensar durante demasiado tiempo en qué nombres voy a utilizar..

    Saludos..

  5. @Jordim
    Interpreto que los nombres de Pedro y Blanca te gustan ¿no?

    @Natalia book
    ¿La moral? No me preocupa demasiado, las normas con las que pretendo vivir serían mi moral. Ahí van dos:
    -Tratar a las/os otras/os como me gusta que me traten a mi.
    -No hacer daño a nadie al menos voluntaria o conscientemente.

  6. ¿La moral? Hacer lo que yo quiera con libertad sin invadir la de los demás.

    Blanca. Él a mí no me parece precisamente un buen tío. Parece alguien que se deja llevar por las situaciones y pasa de todo. No me cae bien. ¿Por qué bribón? No sé, habré leído mucho Alatriste XD.

    ¿Por qué guarras? Porque dado que las chicas nos lo contamos todo, dudo que Nadia no supiese que Blanca estaba con “J” (como tú le llamas) y me parece mal que también Nadia esté con él sabiendo lo de la amiga. Por eso creo que es una mala amiga. Lo que no sé es si Blanca sabía lo de Nadia, aunque no creo, ya que quería comprometerse con “J”. Y, de saberlo Blanca, ésta tampoco me parece muy -no me sale un adjetivo-…

  7. @María
    Tu norma para la moral también me valdría a mí.

    Donde he puesto jo que J. fuera un nuen tío. Lo describo como un excelente narrador de lo que acontece a su alrededor pero de buen tío no he dicho nada. De buen narrador a buen tío puede ir un abismo.
    Y luego me parecía que o los llamamos a todos (él y ellas) bribones o los llamamos a todos guarros. Bribón como que quedaba más simpático y guarras como que no daba muchas opciones a su interpretación ¿no?

  8. Creo que hilamos demasiado fino. ¿Realmente importa el análisis extremadamente preciso para los personajes? Está bien porque a Jordi le comentan más veces =D pero no creo que sea para tanto. Las actitudes de los tres personajes son reprobables pero nadie es perfecto. Tampoco he dicho que tu digas que “J” es una buena persona. Simplemente me reafirmaba en lo de bribón. En fin, que da igual. Discutiremos – si es discutir, que no lo creo – en el próximo post de Jordi. Au revoir.

  9. lo mejor de esta historia, para mí, es que la muerte de uno de los personajes no marca el final sino el comienzo verdadero de otra con muchos más hilos que trenzar…la muerte de Alfredo no es la solución a todos los problemas…sólo es el fin de un personaje que da paso a otros…

    O quiero verlo así, me gusta pensar que tras el entierro cada uno se embarca en su propia histora…

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s