Carlos y alrededores

Carlos le habla a su Psicólogo atropellando las palabras, balbuceando, con la lengua chapoteando en su boca. Carlos dice:

– Hay alguien que me observa. Algo pasa. Es una sensación extraña. No, no es eso. Ahí fuera está todo lleno de gilipollas que se creen mejores que yo. Simplemente… me visto y salgo a la calle y todos siguen observándome. Todos los días, y…

– Pero…

– ¡No! y… y entonces… ¡intento hacer mi trabajo bien! Lo intento de verdad… y lo hago. Y me voy a casa y no puedo quitarme esas imágenes de mi cabeza. Sueño siempre el mismo rollo. Que una caperucita roja adolescente ahoga con una almohada a la bella durmiente, para poder enrollarse ella con el príncipe y… – resopla – no sé… La verdad es que no sé a qué asociar ese sueño. O sí… No sé, porque la vecina del cuarto segunda me gusta, y a ella no le gusta mi mujer. No le cae bien.

-¿Crees que tu vecina ahogaría a tu mujer?

– No lo sé…, espero que no. Pero ese no es el caso… Lo que pasa es que además sospecho que ella tiene una aventura con alguno de esos capullos que le decía, de los que se creen superiores a mí… los… toda esa gente. La gente que me mira, ¿sabe?

– ¿Cómo se llama su mujer?

– Bea. Bueno… ya sé que suena a nombre de niña de pequeña pero…

– ¿Se avergüenza de eso?

– ¡No!… es decir… ¡no!

– ¿Y a qué ha venido ese comentario?

– No lo se, yo…

– Usted se cree el príncipe…

– No… eh… ¿Por qué?

– Cree que su vecina odia a su mujer porque esta casada con usted. Cuando en realidad si no fuera por eso ella quizá no mostraría ningún interés por usted, ¿no cree?

– No, es que…todos los sueños que tengo y… el hecho de plantearme preguntas existenciales… Preguntas sin respuesta… No puedo seguir viviendo así. No… no puedo.

Se produce una pausa muy larga. Llega el rumor de la calle. Luego, Carlos, casi saltando de su silla, dice:

– Además mi hija tiene unos morados, unas contusiones que… no sé… Mi mujer aún no se los ha visto. Y… Seguro que me hecha la culpa.

La niña no me quiere decir de qué son. Y la verdad es que sin mi mujer no sabría seguir. No… no sabría.

– Eso es muy bonito…

– ¿Lo ha dicho con tono de mofa?

– No, en absoluto…

– ¡Lo ha vuelto a hacer!…es usted un… no me mire así… ¿qué pretende…? ¿Qué…?

– Oiga, con todo el respeto, no soy yo el que sueña con tirarse a caperucita roja.

– ¡Yo no he dicho eso! No…

– ¿Le gustan las niñas pequeñas? ¿Sabe quién era Freud?

– ¡No!

– Ya… le gustan. Las niñas…

– ¡No me gustan las niñas pequeñas!

– ¿Y qué me dice de su hija? ¿No la quiere?

– Oiga… oiga, está jugando conmigo de una forma muy barata. No sé qué pretende. Y no voy a aguantarlo más.

Carlos se levanta de su silla. Se dispone a irse.

– Un momento – dice el psicólogo –. Quiero que para la próxima sesión traiga el cuento de Caperucita. No le será difícil de encontrar.

– Pero… ¿usted es…? ¡no pienso volver mas, joder!

– ¡Ah!… y… también hablaremos de su posible caso de pederastia…y…no estaría mal que también trajera el de la bella durmiente… El cuento.

Y la puerta se cierra de un portazo.

El psicólogo teclea un número de teléfono. Uno, dos, tres tonos;

– ¿Sí?

– ¿Bea?

– Sí, hola…

– Hola. Creo que… tu marido sospecha algo. De lo nuestro…

Crepita la línea. Se hace un silencio corto. Bea resopla. Bea dice:

– Ya me lo imaginaba.

Dice:

– Es igual, esto ya no se aguanta. Oye… mañana estaré ocupada ¿podrás volver a acompañar a la niña al colegio?… Carlos tampoco podrá.

– Claro… Claro que sí. Ya sabes que me encanta tu niña.

 

 

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5 comentarios en “Carlos y alrededores

  1. (es normal que me haya cabreado al leer las últimas líneas????) menudo capulloooooooooooooo(el psicologo, claro) uuyyy, que bien me he quedado…así como quien no quiere la cosa me he desahogado!!

  2. “Todo vale”.Siempre digo eso,refiriendome a los gustos sexuales…de las personas.
    Siempre y cuando dos esten de acuerdo…
    No hay regla única.Cada cuál pone las suyas.
    Pero el tema que Jordi deja entrever en este relato,(muy extendido por desgracia en la sociedad)…ME SUPERA!!!!!!!
    Nunca entenderé a los pederastas…

    Como siempre Jordi,das en el clavo,y haces que pensemos mucho…
    hasta nos cabreamos….jajaja…eres genial.
    Besos.

  3. Estoy de acuerdo con Ana, suelo estarlo, “Todo lo que funciona vale”. Pero las premisas de la frase serían dos:
    1.-Que funcione para todas las partes implicadas.
    2.-Que no hagan daño a nadie.

    Los pederastas por desgracia existen, como existe el cáncer y el sida, a parte de no entenderlos tampoco entiendo porque han de existir.

    Ohdiosa; claro que es normal, el hacer daño a los niños es lo peor que se puede hacer.

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