Insomnio

Es tarde de cojones y aun así me pongo a escribir. Me llaman nihilista con mucha facilidad, pero no me llamo así. De todos modos, no está demasiado bien visto no ver las cosas demasiado bien.

Llama a esto diario o como quieras, seguramente esto no tiene un nombre concreto. Los adjetivos parecen todos gastados cuando no posees un vocabulario muy amplio. Lo habrás oído más veces, pero esto no es más que otra forma de cagar, mear o vomitar. Sacas lo que tienes dentro, lo que te molesta. Suele haber muchas cosas que molestan. ¿Y a este le extraña que le llamen nihilista?, pensarás, solo que si sueles hacer afirmaciones así, seguramente no eres de los que se mira demasiado al ombligo.

Cuando escribes en una libreta a modo de desahogo siempre has de contar con la posibilidad que alguien lo lea. Mi hermana se está duchando mientras escribo esto, puedo oír el agua salpicando. Mi madre es diez años más joven que mi padre, ahora mira algún programa del corazón sin darse cuenta de que es una víctima del atontamiento catódico. Y mi padre se está muriendo, porque mi hermano independizado ya me saca quince años de edad. Bueno, no se muere técnicamente hablando, pero con su edad ya es lo siguiente que le toca. Mi hermana es un año menor que yo, tiene veinte. No sé exactamente cómo fue, pero creo que mis padres se aburrían lo suficiente como para volver a querer oír lloros de madrugada. No es nada especial, mi hermano estaba a poco de irse de casa, pasaba de ellos. Las parejas no suelen pensar en sus futuros hijos como en tíos de veintitantos años que padecen, sonríen, follan, sufren, trabajan… Cuando las personas se ponen tiernas y quieren hijos es cuando ven a otros bebés, bebés ajenos, esas criaturas que te miran desde su cochecito y te agarran el pulgar y son adorables. No todo es interés propio, pero la mayoría de veces parece acabar siéndolo. Ahora mi hermana se pasea por casa con una toalla en la cabeza. Mi madre está dormida delante de todos esos personajes que se llaman escoria por televisión. Mi padre sigue muriéndose, aunque ahora sólo da vueltas en la cama. No hay que ser demasiado lúcido para ver lo que nos mueve la mayoría de veces. Uno de los pocos motivos que encuentro razonables para que Dios exista es el sexo. Es una paradoja, pero si tú eres el que crea al ser humano y tienes que provocar su continuidad en el tiempo, su evolución, el sexo tiene que ser placentero. Si el sexo sólo fuera algo funcional y para la procreación, algo me dice que ya nos habríamos extinguido. Mi hermana no para de dar vueltas por casa, me está poniendo de los nervios. Ya no oigo la tele en el comedor, mi madre debe haber ido a acostarse. Mi padre ya ronca. Cuando mi padre ronca lo sabemos todos; lo que no sabemos es cómo mi madre consigue dormir; quizá es por tanta telebasura. El ventilador que tengo a metro y medio de mí mueve las hojas de la libreta. He apagado el móvil. Sí, no es tan difícil imaginarse a Dios con un asesor, alguien que le pusiera tetas a ellas y pectorales a ellos; alguien que dijera: lo de la semilla de él en ella está bien, pero deben sentir algo que les guste mucho en el proceso. ¿Algo?, debió decir Dios todopoderoso. Sí, debió decir su asesor. Placer físico si me lo permite, debió ser el consejo. Todo esto sería, claro, después de que Adan y Eva la cagaran con lo del jardín del Edén. Pero no sé, en mi colegio cambiaron la religión por la ética, que es como cambiar el blanco por el negro, la Biblia por la ciencia. Porque no es que las religiones se hayan dado a conocer por sus lecciones de ética. Aunque el budismo no está mal, dice mucha gente, y yo estoy de acuerdo, el budismo es guai. Buda es un tipo simpático, no alecciona demasiado y se limita a ser calvo y meditar. En comparación, el catolicismo y el islamismo han arrasado medio mundo, así que sí, el budismo mola, para ellos claro, para los que son budistas. De todos modos aquí a casi nadie le importa nada de todo eso. La gente se pone en cuclillas y miran atentamente las etiquetas de los precios en el supermercado habitual, y mientras en algún lugar mueren veinte personas en nombre de Alá, ellos dicen: estos cabrones han subido el precio de la nocilla. Cuando Neo despierta en la película y Morfeo le dice: bienvenido a la realidad, o algo así, allí por lo menos los que aguantaban sabían quién era el enemigo, y todos se unían para luchar. Tal y como yo lo veo, Matrix era un lugar falso pero reposado, todo el mundo vivía en una cárcel para su mente, pero por lo menos existía una mínima posibilidad de que la gente despertara ante la realidad que les rodeaba. Aquí esto sólo parece un lugar falso.

Cuando alguien me dice que si escribo yo le digo que chapurreo. Saramago escribe, Dan Brown es un fantasma, Stephen King una máquina. Y yo chapurreo ideas inconexas. Llámalo insomnio. Tener insomnio es estar más lúcido que nunca cuando al resto de la gente parece se le va a caer la cabeza al suelo. No hay ningún ruido en la casa: mi hermana duerme, mi madre duerme, mi padre duerme y se muere. Yo, nada, chapurreo, chapurreo, chapurreo…

 

 

 

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