[E]speranza

Lo llaman operación salida, pero da igual cómo lo llames. Es lo que me rodea aun estando en casa. Son las fechas que se repiten cada año. Mientras mucha gente ha decidido pasar su primer día de vacaciones metidos en un avión o parados en una autovía, aquí, a mi alrededor, todo permanece tranquilo. Ya no tengo demasiado gusto por viajar. Mi coche descansa encerrado en su garaje la mayor parte del tiempo. Mis padres murieron hace cinco años en un accidente de tráfico. Imagina lo típico, cuando quieres adelantar a alguien camino a tus vacaciones y lo siguiente que haces es saber si hay algo después de la muerte. Un coche que se convirtió en un acordeón de metal, interiores tapizados en cuero, lujo, cristales y carne. Y todo desde que alguien decidió que es atractivo eso de que los coches corran mucho, que la culpa es de la gente por querer ir al límite; como si el currículo colectivo nos dejara en muy buen lugar en cuanto a responsabilidades. De forma genérica, en la historia nos hemos matado entre nosotros con armas blancas y armas de fuego. Y cuando se desarrolló  el invento del automóvil alguien debió pensar: armas blancas, armas de fuego, y ahora también velocidades de vértigo; total, míranos, ¿quién se va a quejar ? Solo hay que darnos un motivo para arriesgarnos y al día siguiente podemos estar muertos o sentados para siempre. Olvida los anuncios de la DGT; es como si te aconsejan lavar una manzana que por dentro sigue podrida. Tiempo atrás eran especias, ahora se llama dinero. Y hasta puedes llamarlo fascismo moderno. Pensarás que lo que pasa es que estoy resentido, pero mejor piénsalo dos veces.

Si mis padres fueron entre otras cosas víctimas de un fabricante de coches, yo soy víctima de las tabacaleras. O eso o estúpido, aunque seguramente hay mucho de las dos cosas. Pero para qué voy a culparme si hay gente que se lucra a costa de la enfermedad y la muerte de los demás. Es como las tradiciones de años y años, por las que la gente ve algo aberrante y lo considera normal, divertido, o hasta artístico. He intentado dejar el tabaco unas cinco veces. Está  claro que quien se encargó de decidir el contenido de los cigarrillos era alguien jodidamente listo. Y macabro. Es como tener una funeraria e ir por la calle con un fusil de repetición disparando a las viejecitas. Es así, interés económico personal radical. Convence a todo el mundo de que lo que mola es conducir a doscientos por hora y acabarán cogiéndole el gusto, olvidando casi por completo el peligro. Hay quien cree que el toreo es un arte, igual que hay quien cree que lo más grande es inmolarse por Alá. Otros alucinan apretando el acelerador. Son gente distinta, países distintos y culturas distintas, pero todos venimos a ser igual de tontos. Cuando llegué al lugar del accidente de mis padres, vi cómo los bomberos intentaban abrir el coche y despedazarlo, y luego vi a mis padres, aunque bien podrían haber sido ciento veinte kilos de carne troceada y purulenta que alguien hubiera dejado entre el montón de chatarra. Luego lo siguiente que hice fue fumar. Fumé. Creo que no lloré hasta pasadas dos semanas, viendo un anuncio de la DGT.

Puede que todo esto huela a demagogia moralista, pero ponte en mi lugar. Durante un tiempo, cualquiera me podría haber convencido de ir con explosivos a reventar concesionarios. No es por dar pistas, pero mi padre era de los que veía la Formula 1 cada fin de semana, compraba revistas sobre el mundo del motor, y hasta tenía alguna camiseta de Ferrari. Combina todo eso con los planes de una gran marca. Está todo muy bien pensado. Son solo unos ejemplos, pero un cigarrillo puede ser delicioso después de una comilona, y hay plazas de toros muy bonitas. Mírame. Da igual si es la velocidad, la nicotina o la estupidez, normalmente siempre hay alguien que te ha puesto la pistola en la mano después de convencerte. Que sepa, nadie ha calculado aún qué porcentaje de culpa tiene un conductor cuando se mata. Vete a la raíz. En lugar de cuestionar la potencia de los coches, todo el mundo te dice: que lástima… ¿a qué velocidad iban? Porque a estas alturas criticar la velocidad máxima de un coche ya parece irrisorio, estúpido. Es como si alguien te regala una planta y tienes que cuidar de ella, solo que en lugar de regar la planta lo que haces es mojar la maceta por fuera. Eres tonto y la planta no sabe ir a por agua y se muere. Fabricar coches menos veloces es una idea que aún parece ridícula, de nenazas. Aún no somos conscientes de que somos limitados como especie, y por eso aún morimos pronto y de forma absurda. Quizá sea verdad que tenemos lo que nos merecemos. Quizá seamos plantas que dependen de gentuza que no sabe regarnos.

En la tele todos los telediarios muestran kilómetros y kilómetros de coches parados, conductores fumando de pie en el arcén. La gente duerme en los aeropuertos por los retrasos. Medio mundo sigue en guerra o muriéndose. El fútbol sigue con la pretemporada. Y ahora, vamos con el tiempo… Yo sigo nervioso y aburrido, con mis padres muertos, y con mi novia a más de cuatrocientos kilómetros. Quizá de ahí el cabreo actual. A lo mejor es que masturbarse no es suficiente y proyecto mi furia contra las mafias legales. No es como cuando ella se ha ido a pasar una semana con sus amigas a… Lo que pasa es que ella vive en… ¡Vive! No basta con cargarse de paciencia. Tienes que llenar el coche de gasolina y tomar cada fin de semana una decisión: ir a verla o no. Y es verdad, podrías decirme: ahora se entiende todo, lo que pasa es que no follas. Y después irte a las carreras ilegales. Pero bueno, cuenta ya dos meses desde que la vi por primera vez. Una terraza de un bar. Ella con sus amigas en la mesa de al lado. Alguien de mi grupo conocía a alguien del suyo. Y después, en otro sitio, todos juntos, yo la conocí a ella. Es como cuando en el parvulario un niño es pelirrojo igual que tú, o le gusta dibujar igual que a ti, y os hacéis amiguitos. Los padres de ella habían muerto también en un accidente de tráfico, hace cinco años. Otro acordeón de lujo. No es tan raro, echa un vistazo a las estadísticas. La noche avanzó y nos fuimos todos a la playa. Y allí fue donde llegamos a hablar a solas, tanto rato como para acabar comentando si  habían sido muertes al acto o las ambulancias llegaron demasiado tarde. La versión truculenta de cogerse de la mano en el parvulario. Lo cierto es que pasamos un mes noche tras noche en un hotel. Basta con cierta atracción física y un vínculo fuerte. Y aquel día en la playa, rodeados de sonrisas y juventud feliz y alocada, era como estar solos. Porque todo el mundo habla de la navidad en lo que a las depresiones se refiere, pero ella y yo caemos en verano. Un verano entero viendo coches destrozados por la tele ya es desagradable de por si, pero piensa en nosotros.

Cuando cada movimiento requiere tanto esfuerzo, la ilusión estúpida de mejorar se convierte en un dolor de cabeza detrás de otro. Mejorar tu vida, ganar más dinero, ascender, tener siempre una relación de pareja… La gente quiere todo eso, y es lícito, aunque solo hasta cierto punto. Porque se pierde la perspectiva de lo que somos. A medida que te obsesionas por mejorar es muy posible que pierdas poco a poco la humildad. Sobre todo si lo consigues; cada vez más dinero y cada vez más respeto muchas veces suele significar ser cada vez más capullo.  Y si tocas techo lo más fácil es que seas un cabrón; de hecho haber tocado techo no es buena señal. Todo depende de la clase de persona que seas. No recuerdo qué película de Woody Allen era, pero hubo una escena que me puso la piel de gallina. El personaje protagonista sufre una crisis amorosa; pasea por la calle parando a las parejas para preguntarles algo sobre el éxito de su relación. En una de las parejas, él, muy serio, dice: Yo soy simple y superficial. Y ella: Yo soy igual que él. Y el protagonista, el propio Allen, observándolos, se lleva las manos a la cabeza. Ahí parece residir el secreto: simplificación. Lo cual no tiene nada que ver con mejorar, pero tampoco con ser mejor persona. Me gusta mi coche, tengo dinero para ir tirando y mi novia tiene tres agujeros. Punto. Todo lo demás son complicaciones; compromisos, conocimiento, información adulterada, cuatrocientos kilómetros, guerras, enfermedad, dictaduras, altruismo, dieta sana… Y así durante cientos de cuestiones que hay que obviar para no plantearse la vida desde el punto de vista incómodo, desde el cual ya te estás preocupando por algo más que no sea tu ombligo y tu cuenta corriente. Según los parámetros morales establecidos tu deber para con la especie es la de tener una familia. Si relegas tu vida a una soltería prolongada hasta la muerte, o no consideras seriamente la idea de que morir solo es tristísimo, entonces pégate un tiro. Esta es mi vida, pero en gran parte también la tuya, y yo de momento lo más cerca que estoy de pasar a formar parte de ese perfil de persona feliz, es hablar cada día cuarenta minutos por teléfono con una chica desde un piso que apenas puedo pagar, solo, y envejeciendo por momentos. Quiéreme, te lo ruego. Cuando muera quiero que me entierren al lado del amor de mi vida, pero no sin antes haber dejado a nuestros hijos en una colocación privilegiada que les permitirá ser prácticos para siempre y tener vidas simples, superficiales y felices. Pon el listón de tu humanidad por los suelos y nunca estarás insatisfecho. Concentra tu mejora en las cosas que te rodean; muebles, el coche, la vivienda. No dudes. No te plantees nada. Pragmatismo ante todo y para siempre.  No olvides que mejorar tiene que ver sobre todo con tener un color bonito en las paredes de la sala de estar. Y tranquilo, las bombas solo explotan en la tele.

Y la tele significa lejos. Significa inaccesible. Es una abstracción, lo que haces cuando no quieres pensar en tu vida, para observar la de los demás, con la oportunidad única de no tener que intervenir para solucionar nada. La misma razón por la que nunca te tirarás a Cameron Diaz es lo que te salva de morir ametrallado, por una bomba, o una picadura de mosquito. Así que tranquilo, todo eso está en la tele, el cine, los documentales. Puedes tener todas las desgracias ajenas en dvd. Puedes coleccionar historia y juzgarla sin entrar en ella. Desde tu sillón. Por la misma razón por la que nunca cenarás con Scarlett Johanson.  Porque no es que tu país viva en paz, es que la paz es, como la guerra, producto de intereses, circunstancial, coyuntural y territorial. A ti te ha tocado la lotería. Sí, esto es una forma de pesimismo que casi puedes palpar, pero, sinceramente, no creo que la paz no esté capitalizada. La paz es otra vez el dinero, es otro fondo de inversión. Hay guerra en algunos sitios porque donde hay paz nos gusta ver los fuegos artificiales. O llámalo petróleo, por ejemplo. La paz es producto de lo que somos como individuos. Es otro interés a largo plazo en occidente, con Navidad todos los años y regalos con fechas preconcebidas. Calcula las pérdidas de los centros comerciales si el día de los enamorados nos pusiéramos de acuerdo y nadie hiciera regalos. Y ya he mencionado la Navidad; comilonas, papá Noel, los reyes magos… La gente muere de hambre en la tele por la misma razón por la que aquí podemos repetir postre viéndola. En paz. Esto suena tan simple y repetitivo que no dan ganas de aceptarlo. Y no lo haremos.

Se te quitan las ganas de hablar de esperanza en cuanto a las posibilidades que tenemos de “salvarnos”.

Yo en mi caso lo que hago es hablar con ella. Porque ella se llama Esperanza, y al contrario de la otra, existe cada día, y no es inalcanzable la mayoría de veces como la abstracta. Ya sabes, cuatrocientos kilómetros. Tres agujeros. Pragmatismo. No profundices, y si lo haces, que sea de ese modo en que el lubricante ayuda.

Me la saco, solo, en mi piso de mierda, que no me permite hacer casi nada más que mantenerlo. Me la saco y solo puedo pensar en ella. Esperanza, que está a tomar por culo de aquí. Que dice que me quiere. Y cuando comienzo a tocarme, el teléfono suena. Y es ella. Porque llama cada día. Porque dice que me quiere. Porque no es la esperanza abstracta con e minúscula. Y con tan solo oír su voz recuerdo cómo huele. Recuerdo que el sexo con ella me hace sentir pena por los violadores. Comprensión. Con ella rodeándome con sus piernas entiendo que haya quien quiere conseguir eso aunque sea a la fuerza. Es mi versión de volverse loco, desquiciado. Por ella. Y lo primero que me dice es: ¿Aún no te has cortado las venas, cariño? Y sonríe. La quiero. Si alguien puede bromear incluso con el suicidio, y ese alguien es chica, yo comienzo a oír campanas de boda. No hablamos de absolutamente nada relevante, pero la llamada dura más de una hora. Es cuando hablas sin parar porque no puedes mirar a los ojos a la otra persona, y tienes que hacerte notar, decir cosas humillantes, para que ella sepa que la adoras.

En el momento antes de colgar ella le da un beso sonoro al auricular, después de decir: cuídate. Es lo mío, no tener esperanza, pero que Esperanza pueda tenerme a mí. En la salud y en la enfermedad, en los accidentes y en la precaución, navegando en el capitalismo, los dos, en el futuro, hasta el cuello en algún piso de mierda, procurando ser prácticos y felices para siempre.

 

bruxa.jpg

Anuncios

10 comentarios en “[E]speranza

  1. Bravo. Hauria de pensar una manera de ser menys pràctic i ser més feliç. Potser la solució està en no quedar-se a mitges. O et preocupes de tres coses (salud dinero y amor)o et fiques en plan oriental, indi a fer yoga al costat del Ganges i a conèixer tots els secrets de la Terra a través dels déus hindús per aconseguir l’harmonia d’una puta vegada

  2. Gracias por tu visita y por el descubrimiento. Cada vez estoy más convencido de que la mejor literatura se hace, y se hará, en los blog. A seguir así. Kikirikí

  3. Encuentro geniales estas dos frases:
    “Y tranquilo, las bombas solo explotan en la tele.”
    “La gente muere de hambre en la tele por la misma razón por la que aquí podemos repetir postre viéndola.”
    Este post es más o menos como me siento hoy, mejor explicado de lo que lo habría hecho yo 😛 Saludos.

  4. Me has dejado sin palabras, embobada frente a un cristal líquido que a veces miro demasiado, pero casi nunca para algo tan alucinante.
    No me atrevo a comentarte… solo a decirte BRAVO.
    Un saludo desde el otro lado del mundo

  5. Hola, acabo de llegar a tu blog, por un enlace en otro sitio y la verdad es que no puedo dejar de leer y solo se me ocurre decir, gracias por hacer que me pare a pensar.

  6. Vivimos tan sumergidos en el sinsentido que es la vida que a veces se nos olvida lo absurdo que es todo.

    Si nos pusiéramos a analizar que es lo que queda de cada vida llegada la muerte.. (que al fin y al cabo el es objetivo de todos)… quedan solo recuerdos y sensaciones desgastadas, todo lo demas: las hipotecas, la tv, los coches, las bombas… terminan por desaparecer, y eso que realmente es lo que más tiempo ocupa en nuestras vidas.

    Seguiremos respirando sin saber cuando se acaba el aire… al fin y al cabo podemos disfrutar cada bocanada o esperar cuando llegará la última… no creo que haya más opciones

    nota: sigo perdiendo plumas ¿alguien tiene algo de pegamento a mano?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s