Evasión azul

Es como cuando acercas tus sentidos y fuerzas un poco tu cuello, hacia otra mesa, en la cafetería habitual, e intentas seguir una conversación ajena. No oyes bien, y acabas escuchando lo que quieres; tu mente rellena lo huecos en blanco. Mi madre me decía que muchas veces asentía sin escuchar lo que me decían cuando era pequeño, que tenía facilidad para eso. Ahora puedo substituir lo que me digas por lo que yo quiera. Para oírte en lugar de escucharte.

Es eso, cuando oyes, y solo parece que escuchas, en la cafetería. Eso, pero en tu propia mesa, con tus amigos. Sin hablar, al margen, como espiándoles aun a sabiendas de que te ven y te hablan. Te auto aíslas. Comienzas a imaginar.

Edu, al que conozco desde hace veinte años, reacciona ante la obsesión de la familia de Clara de ir cada año a buscar rovellons cuando es la época.

Y yo observo la conversación, intentando sacar algo en claro, soportable, sin saber ya dónde acaba la realidad y empieza la broma, y a la inversa. Eso que pasa aun conociendo a ciertas personas desde el parvulario.

– En mi opinión – defiende Edu –, arrancar setas del suelo es algo violento. Es…

– ¿Violento? – se asombra Clara.

– Sí, porque básicamente…

– ¿Violento, de qué coño vas? – interrumpe Clara.

– Sí, porque dentro…

Y Edu se detiene, coge aire. Y dice solemnemente:

– Dentro… viven los Pitufos.

La maquina de café suelta ese sonido, ese soplido histérico. La camarera llega con mi café con leche, la coca-cola de Clara, y el café cortado descafeinado con sacarina de Edu. Y se va.

– Los pitufos – alega Clara – no suelen vivir en setas blancas anodinas. Viven en setas de colorines. Todo el mundo lo sabe.

Y yo no sé si reírme. O qué. Es ese momento concreto de desconcierto. Cuando no entiendes nada, o no quieres entenderlo. No quieres.

– Y esas setas… – prosigue Clara -, esas setas que se pueden ver a mucha distancia, listillo, suelen ser venenosas. No sé si alguna vez has madrugado para ir al bosque. Pero si lo has hecho, habrás comprobado que esas setas nadie las coge. Y ahí es precisamente donde viven los Pitufos.

Y añade airadamente:

– Pitufina incluida.

– Dios… – suspira Edu –, no me hables de esa puta teñida.

Y Edu coge aire, y lo suelta;

– En primer lugar, no saques a relucir a esa puta Pitufa engreída. Ese es otro tema. Luego, no, ya sé que las setas de colores suelen ser venenosas, no me jodas. ¿A ti te gustaría que tu entorno natural fuese destruido? ¿Crees que los Pitufos, en su ingenua bondad, pueden saber diferenciar entre sus casas y las putas setas venenosas?

Suelto una risita nerviosa, y los dos, Clara y Edu, me miran, con tristeza.

Edu sigue hablando:

– No puede ser que tú, Clarita, la defensora de cualquier organismo vivo. Tú, que te encadenarías a un árbol por salvarlo, no sepas nada sobre la bondad sin límites de los Pitufos.

Y aquí, a Edu, se le llenan de lágrimas los ojos. Se le llenan de rabia. Pero Clara no cede. Murmura: A la mierda los Pitufos.

– ¡Oye!… – reacciona Edu –, no te metas con los Pitufos, haz el favor.

Y ya ha llegado, ese momento en el que quiero huir, porque no entiendo nada. No quiero entenderlo. Intento pensar en otra cosa i no escuchar a mis amigos. Imposible. La voz de Clara se abre paso en mi cabeza, y filtro:

– … ¿Y esa manía hacia Pitufina? ¿Qué te ha hecho? ¿Por qué no odiar a Gargamel? ¿Es el brujo, no? Coño, él es el malo.

Y Edu está apunto de explotar:

– Pitufina… es como esas tías que te están haciendo creer algo constantemente, y que al final no te dan nada…

– Oh, vamos, joder… – sonríe Clara -, no proyectes tus problemas en ella.

– ¡No!, es verdad. Ella va con unos y con otros, y no se decide. Y es obvio que eso, y el hecho de que sea la única Pitufa en ese ecosistema, hace que se tambalee el equilibrio común emocional de los Pitufos, ¿lo entiendes?

Se hace un pequeño silencio.

– Sí… la verdad es que sí… lo reconozco- dice con la boca pequeña Clara – , es verdad. Pero no va teñida, ¿verdad, tío?

Y ahora ese comentario es para mí. Y yo les miro a los dos. Intento centrarme.

-¿Cómo?

– Que si lo entiendes. No queremos hacerte daño…

Y me centro, sabiendo en el fondo que ha sido a mí al que han estado hablando todo el rato. A mí. Y no entre ellos. Y no sobre los Pitufos. Y Clara me dice:

– Tienes que entendernos, ha sido un flechazo o algo así.

Y lo dice tranquila. Y yo la sigo queriendo, a la puta Pitufina. Y dice:

– Surgió el día que él me acompañó a…

– Si ya lo sé, ya… – lloro. No puedo frenarlo.

– Oye, tío – murmura Edu -, tu novia es la última con la que me hubiese querido… Ojala en lugar de ella fuese… cualquier otra. Pero no lo hemos podido evitar. No…

Es ese momento, en la cafetería habitual, en el que intentas evadirte, pensando en cualquier otra cosa, como si te hablaran de cualquier otra cosa, porque sabes que no te va a tragar la tierra. Yo lo hago así, oigo sin escuchar. Imaginación, meter el azul donde todo es negro. Puedes intentar pensar en cualquier cosa amable. Algo que te transmita bondad sin límites. La serie de dibujos que marcó tu infancia. Es ese momento en el que ideas absurdas te pasan por la cabeza. El ecosistema de los Pitufos. Para evitar matarles. Para no pensar en cuernos mientras intentan hacerte ver que los tienes. Ahí en la cafetería, con tu ya ex novia y tu mejor amigo, diciéndote que eres la pieza que sobra una vez han vuelto a montar sus vidas. Y que sus vidas ya funcionan bien así. Aunque tú no hayas querido oír eso, y aunque por mucho que hagas volar la imaginación, para ti siga habiendo solo una mujer en el mundo.

 

 

 

😦

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8 comentarios en “Evasión azul

  1. Yo tengo mucha facilidad para poner mi cuerpo y mi intención en algo mientras mi cabeza anda en otra cosa, hacer que escucho cuando en verdad ni siquiera llego a aoir mas allá de lo que me imagino.

    El recurso de los pitufos lo usaré a partir de ahora… cambiaré al azul.

  2. Jajajaja – por la manera de evadirse… pobre chaval -. Meter el azul en lo negro… Yo lo hago, aunque de otra forma. Cuántas cosas ocurren en los bares;) Este post me ha encantado 🙂 Besos

  3. la de veces que he estado en una conversación sin estar…suelo volar constantemente al país delas piruletas… la verdad es que últimamente las conversaciones de mis amigas no me llenan demasiado y cuando quedamos a tomar algoen una cafetería me centro en observar todo lo que me rodea y escapar de las frases sobre maquillaje, los abdominales de brad pitt…

  4. A veces me pasa que no consigo pensar en mis pitufos violetas (porque los míos no son azules).Pero, como buena cabezona, al final siempre lo acabo consiguiendo.
    ¿Qué haríamos sin ellos?
    Ójalá esos pequeños vivan eternamente.
    Un saludo. GRACIAS

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