Úrsula

No quiero nada serio, decía ella, lo que pasa es que tarde o temprano encontrarás a otra más guapa, o más guarra, o menos complicada. Y adiós.

Cierto día en una discoteca vi a una chica vestida de novia, con la falda arrastrando, apestando a alcohol, como si una costumbre de la edad media se hubiese colado por una brecha en el tiempo; como si los estadios de fútbol se utilizaran también para montar circos romanos. Como esas ideas y festividades que han soportado el paso del tiempo gracias a la indulgencia que tenemos con las tradiciones. Eso decía ella: los toros, las bodas. Crueldad, casarse. Podía no estar completamente de acuerdo con ella, pero se me ponía la piel de gallina al oírla hablar. Una noche oyéndola hablar. Parecía lo máximo que iba a poder yo estar en posesión de la verdad auténtica, desprovista de hipocresía mal camuflada. Eso pensaba con ella delante. Chocamos con nuestra naturaleza, decía, nos casamos por el mismo motivo por el que en algunos lugares quieren solucionar sus problemas con la pena de muerte. Y todos hemos visto ya cómo funciona la pena de muerte. Siempre he estado sola, decía. Lo mismo que hace que los tíos a veces nos llaméis guarras es lo que hace pensar que en el fondo todos queréis a alguien para toda la vida; y cuando lo tenéis, dudáis, no lo queréis, porque en el fondo no tenéis ni puta idea de lo que realmente sois; de lo que somos hombres y mujeres, y de que jamás conseguiremos ser de otra manera. Hay tornados por lo mismo por lo que la gente se divorcia. No somos tan distintos al clima, a la naturaleza. Somos imperfectos de forma imparable; nos equivocaremos constantemente hasta el día de nuestra muerte. Eso decía, se enroscaba en sus opiniones como una serpiente. Era un muro con el que podía destrozarse mi sentido común, los pilares de todo lo que me rodea.

Piénsalo, a nadie se le pone dura oyéndome hablar así. Eso me contó ella. Decía: Por eso siempre me enrollo después de haber follado. Siempre veo todas esas películas de amor edulcorado, y hasta lloro viéndolas, no te pienses que soy tan fría. Pero luego cuando lo pienso, esas historias casi me parecen propaganda nazi, sectaria. O esas agencias que están todo el puto día gritándote al oído: enamórate. Enamórate. Si la gente dejara de creer en esas películas de las que te hablo, para esas agencias sería como si la gente dejara de morir para las funerarias. Puede que el amor sólo sea como la muerte, otra necesidad económica. Otro modo de reordenar la población para así poder tenerla bajo control. Piensa en cómo estás cuando te has enamorado. Estás estupidizado, podrías picar piedra en la cárcel así, y seguirías siendo feliz. Enseguida me monto paranoias así, decía. Perdona, decía. No quisiera hacerte perder la esperanza. Te he visto lo suficientemente escéptico para poderte hablar de este modo.

Ella me decía esas cosas. Mientras en la habitación de al lado se oía follar a alguien. Todos en habitaciones de dos estrellas. Picaderos, decía. Encontrarás más sinceridad en estos picaderos que en esas camas de matrimonio que eran zonas de guerra cuando no hacía tanto que quienes fueran se conocían. Esos polvos brutales de cuando todo era sorprendente y brutal con tu pareja. Cuando somos niños enseguida dejamos a un lado los juguetes viejos, aunque estén en perfecto estado. Ahora la gente hace lo mismo con sus parejas. Y no me parece mal, decía. Pero la gente se siente mal si llega a los treinta sin relación estable, porque se supone que eso no debe ser así. Aunque nadie sepa darte una razón convincente. Y no me vengas con eso de que así moriré sola y triste. Porque todo el mundo muere solo. Y el morir triste es una elección nuestra. Esta es mi verdad, decía. Que nadie te quiera engañar con la idea de que existe una verdad común para todos.

Puedes disfrazar todo este discurso de nihilismo si eso te hace sentir más cómodo, decía. Pero hay cosas en las que creo firmemente. Eso sí, algunas son positivas y otras no. Por eso digo las cosas que digo. Porque hablar de lo que creo que está bien sólo ayuda a reforzar las cosas malas por omisión. Y si no piensa un momento en el tercer mundo. A todos nos la suda. La vida es demasiado bonita para rayarse, ¿verdad?

Lo fácil, decía mientras fumaba, lo fácil es echar la culpa a los políticos. Pero normalmente sólo hay que mirarse al espejo para ver un culpable. Tú haces lo que sea que hagas con tu vida, y yo sólo soy una charlatana. Bueno, sonrió, una charlatana ninfómana, pero una charlatana al fin y al cabo. Muchos piensan que estas cosas que digo solo son la justificación perfecta para la promiscuidad, solo que yo no necesito justificarme. Está de moda justificarse por todo. Está tan de moda que la gente no concibe otro modo de comportamiento. Me encantaría verlo todo en dos dimensiones y conformarme con la tele, los amigos y los orgasmos. Tiene que ser cojonudo no ver más allá de tu nariz. Me llamo Úrsula, dijo a esas alturas. Y me dio la mano. Me dijo: mi padre está podrido de dinero. Ni tan siquiera te voy a decir quién es, así que no insistas. No te voy a decir en qué trabajo ni cuál es mi color favorito y chorradas así; así no te formarás rápidamente una idea equivocada de cómo soy. Ya tienes suficientes datos.

Los dos en la cama. La tele pequeña y cutre de la habitación estaba encendida. Sin volumen. En casi cualquier canal, en la parte inferior de la pantalla, todo el mundo parecía morirse por un polvo. Ella miraba la pantalla, con el cigarrillo colgándole de los labios. Comenzaba a dormirse. Le cogí el cigarrillo antes de que se quemara y lo apagué en el cenicero de la mesilla. Comencé escuchar ruidos, pasos por el pasillo. Y luego tres golpes secos en la puerta, tres puñetazos. Y ella despertó de sopetón. Me miró: Tranquilo, tenía que pasar. Abrió la puerta y un tío enorme, un policía, no paraba de repetir: ¿Úrsula Gómez? La pusieron cara a la pared, tal y como estaba, en bragas. Comenzaron a leerle sus derechos. Se la llevaron.

 

 

 

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5 comentarios en “Úrsula

  1. buenas! lo veo flojín, como que le falta cierta profundidad. Hay ideas buenas pero parece un poco rebeldía adolescente contra el sistema y los pilares establecidos. Aún así, me gusta tu manera de contar. Saludos!

  2. Pues a mí me parece un personaje divertido. Me ha gustado la historia 😉
    Si al menos Paris Hilton fuese capaz de hablar tanto rato seguido y de forma coherente, pondría menos de los nervios.

  3. Completamente de acuerdo con esa idea de esa agencia que te reclama a gritos casi cada segundo que te enamores como un gilipollas.
    Aparte de que eso de lo que hablan ni siquiera es amor, se creen con el derecho (y el deber) de metértelo por los ojos, por los oídos. Te hacen imaginar que el amor es ese Ferrari negro de un Gym cerca de la Gran Vía que lee a Neruda en sus ratos libres y que alguna vez lloró con Titánic.
    Y cuando te le follas, se va.
    Así es la vida.
    O mejor dicho, así te la pinta esta maldita sociedad. Y esto es solo un ejemplo…

    Un abrazo fuerte. Me encanta.

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