Streaptease

Lo que me dicen mis amigos es que me la tire. Que luego ya tendré tiempo de ser recto y fiel. Estoy aterrado, porque ella, mi novia, mi futura mujer, lo olerá. Silvia. Siempre ha sabido ponerme a prueba, y lo hará próximamente si se huele algo no previsto.

Lo que hacen mis amigos para echarse unas risas es llevarme a mi piso y decirme que tranquilo, que mi futura mujer hará lo mismo, porque hoy también se celebra su despedida de soltera. Y porque eso es lo que hace todo el mundo. Eso dicen. El último polvo antes de la boda, con otra. Porque te puede ir bien la vida de casado, y ser infiel entonces es demasiado desagradecido. Fóllate a esta ahora, porque luego si todo se tuerce, tu mujer no podrá añadir el adulterio a los motivos de divorcio. Piensa en la repartición de bienes, tío, me dicen. Cualquier cosa con tal de echarse unas risas. Me hablan de follones legales mientras me cogen y me sientan en una silla en mitad del comedor. Compras un piso que no habrás acabado de pagar cuando ya tengas que mear sentado, te asientas con tu novia, y luego le echáis cojones y comenzáis a hablar de matrimonio. Y con todo, más cubatas de la cuenta una noche pueden hacer que dudes de tu decisión. Así de fácil se puede ir al cuerno lo que llamas integridad. Así que, como si la gente supiera guardar secretos, me dicen que espere a que la chica acabe el striptease, y luego le diga que el suplemento también me interesa. Me dicen: A esta no tendrás que ligártela, tío. Y se parten el culo a mi costa. Moral aparte, con cien euros te saltas un montón de trámites para llegar a la meta. No es prostitución de lujo, me dicen, pero está buena, y no tendrás que ir a cenar y al cine con ella. Tu última oportunidad en mucho tiempo, tío, o quizá en toda tu vida. Porque puede que el matrimonio a veces funcione. Sois unos misóginos, unos machistas, y no os pienso hacer ni puto caso. Eso les digo, o algo así, mientras lo veo todo borroso. Esperaré a que la chica acabe de remover el culo y la echaré del piso. Aunque eso no lo llego a decir, sólo lo pienso. Miro a mi alrededor y todo son muebles nuevos, el televisor, la cocina reluciente, toda la decoración calculada por ella. Como si estuviéramos dentro de su cabeza. Silvialandia. Mi parque temático para toda la vida. Nada de lo que veo me recuerda a mí. Si os hago caso, les digo, va a ser como tirarme a esa puta con ella mirando. Puedo ver a Silvia haciendo que no con la cabeza, fría, en mi cabeza. Y mis amigos se descojonan. La casa huele a Ikea, a perfume de fábrica, como cuando unos amigos te invitan a ver su piso nuevo y al llegar a una habitación vacía, la mujer te dice: Ésta es la habitación del bebé, para cuando lo encarguemos… Y luego ves de reojo al proyecto de marido tragar saliva. No siempre es así, pero en el piso en el que estoy también hay una habitación así. Vacía. Es el nido que nos hemos montado. Somos el futuro matrimonio de amigos que lleva un mes enseñándole el piso a la gente. Sí, ésta será la habitación del niño, aquí el comedor, esto es la cocina, esto el lavabo; y también, nuestros trabajos, las demás mujeres, más hombres, las despedidas de solteros, la rutina… Porque cuando le quieres vender lo brillante que va a ser tu futuro a la gente, nunca incluyes todos los factores. No es algo en lo que pienses. Sería de ser demasiado previsor, y quizá por eso todo el mundo va por ahí diciendo “Carpe Diem”. Cuando tienes en cuenta todos los factores es cuando te queda una semana para la boda. Cuando se hace trizas lo del Carpe Diem.

Arrastran la silla conmigo sentado hasta dejarme de espaldas a la puerta de entrada, y me dicen que no me mueva, que es una nueva modalidad de espectáculo. La streaper aún no llega. Alguien me rellena el cubata, el vaso de plástico. Alguien enciende un porro. ¿Por qué tenemos que hacer esto en mi piso? Tranquilo, me dicen, así todo queda en casa. Y se atragantan de risa. Mis amigos. Que no saben que Silvia lo notará, verá los desperfectos, muebles pegajosos de alcohol, cambiados ligeramente de sitio. Hará preguntas. No le gustará la idea de una fulana contoneándose por el piso, ¿no podíais hacerlo en otro sitio? Y si todos me convencen y la fulana consigue llevarme al dormitorio, ella notará mañana que la cama no está igual. Da igual lo mucho que me esmere en dejarla igual, no estará igual. Porque esto es como estar dentro de su cabeza, y Silvia se conoce muy bien a sí misma. Vale que te hiciera un striptease, pero ¿tenías que follártela?, me dirá, con su calma calculada, y se irá a otra parte para siempre, donde no esté yo. Pero aun así hago caso a mis amigos, estoy en la silla, de espaldas a la puerta por donde tiene que entrar la fulana. La puta.

Al fin llega el momento en que se oye el timbre de la puerta. Mis amigos empiezan a gritar. Veo el porro aplastado en el suelo de parqué. Dios, el mobiliario. Ni tan siquiera me vuelvo a mirar a la chica. Y sin tiempo a reacción alguien me pone una venda negra en los ojos. ¿Así queréis que vea el streaptease?, digo. Sólo oigo risas y gritos. Las manos de la chica se posan en mis hombros. Noto su aliento en la nuca, demasiado perfume. Me lame la cara. Silvia nunca me ha lamido la cara. Luego deja de tocarme. Y supongo que empieza a quitarse ropa. Me doy cuenta de que alguien ha puesto música, pero apenas la oigo por los gritos. Noto presión entre las piernas, movimiento. Su culo. Me coge las manos y se las lleva a sus tetas, aún cubiertas de lencería. El teléfono que está al lado de la tele empieza a sonar. Silvia. Grito que nadie lo coja, que aquí supuestamente no hay nadie. Las pruebas de Silvia. Y es la primera vez que siento que lleva algo de razón en ponerme a prueba de vez en cuando. Se me está poniendo dura. La streaper me mete la lengua en la boca, me masajea el cuello con las manos y vuelve a alejarse. Apesta a pintalabios. Apesto. El teléfono deja de sonar. Oigo algo de cristal romperse contra el suelo. El mobiliario. Dios. Aun con la venda puedo ver a esa puta subiéndose en la mesa, paseando su culo por toda la casa, rayando muebles con sus tacones. Todo ese esfuerzo de nido construido, desmadejado. Mesas y sillas modelo Amsterdam, el sofá modelo Balthazar, las lamparitas en forma de yin yang. Y yo con la polla dura pensando en todos esos artículos del hogar que Silvia eligió. Horas y horas de hojear folletos, discutir con vendedores. Alguien resbala y cae el suelo. Explosión de risas. Vuelvo a notar el culo de la puta, se sienta en mis rodillas, me da un beso en la mejilla. Y supongo que es ahora cuando me quitará la venda y echaré a llorar viendo el destrozo organizado. Pero en lugar de eso, la chica me coge de la mano y tira de mí. Me pongo de pie. Deduzco que me lleva por el pasillo que conduce al dormitorio. Todos se han callado, como quedándose en vilo. Me guía por el pasillo. Y cuando me para, me empuja y caigo sobresaltado en la cama.

– Vale… – digo -, lo hacemos, pero rápido, no sé si puede venir mi mujer y…

Y antes de acabar la frase, me pregunto por qué esta tía no ha soltado prenda durante todo el show. Es ese instante en el que el pánico se acumula en tu pecho porque deduces la verdad. Y justo en ese momento de duda, ella me quita la venda de un tirón. La puta. Silvia.

– Pues no ha sido rápido – dice mirándome -, pero por lo menos te he conocido del todo a tiempo.

Se vuelve y camina hacia la puerta. La deja abierta. Ya no hay ruido en el piso. Me levanto de la cama aturdido y voy hacia el comedor. Todo está revuelto. No hay nadie. Excepto Silvia, que llora envuelta en lencería cara mientras mete algo de ropa en una maleta. Oigo risas que llegan desde la calle.

O

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3 comentarios en “Streaptease

  1. no sé por qué, pero desde el principio he sospechado que sería la mujer. no me preguntes cómo. luego, c uando has dicho que llamaban al teléfono y que era Silvia, he dudado, pero sólo hablabas por la mente del protagonista, naturalmente. por cierto. lo de describir el mobiliario ha estado muy “club de lucha”, eh? se te ve el plumero de las influencias, jajaja. larga vida a chuck. y a tí, naturalmente. saludos mister!

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