Narcisismo

A mis padres les parecía violento y poco apropiado que a los catorce años ya quisiera maquillarme y disfrazarme de veinteañera como hacían muchas de mis compañeras de clase. Como no. Me dijeron que hasta los dieciséis nada de potingues. Así que llegué a los dieciséis y el rímel convertía mis ojos en lunas negras chorreantes cuando los cerraba; me encantaba que se me viera la tira del sujetador, y procuraba que el escote fuera siempre protagonista. Porque los padres casi siempre se equivocan con sus hijos adolescentes, y no digamos ya si son hijas. Luego, aún con dieciséis, comencé a escribir relatos en los que el protagonista siempre se acababa suicidando, y se los pasaba a mis compañeros y un día mi tutor se enteró. Y llamó a mis padres porque en mis relatos nadie se enamoraba, ni ganaba, ni tenía éxito, y moría joven; y eso no eran escritos propios de una niña de dieciséis años cuando la tasa de suicidios sigue tan alta al llegar a los diecisiete.

Luego se molestaron porque continué escribiendo relatos, y en ellos no moría nadie, pero siempre eran historias de un personaje anciano al que nunca iban a visitar sus hijos ya mayores, que la mayoría de veces acababa muriendo en un hospital en mitad de la noche mientras lloraba. Y a veces era anciana, o era un infarto, o era una residencia (en serio, había muchas variantes), y acabaron por llamar otra vez a mis padres porque aún tenía diecisiete años, y no podía ser. Así que en la reunión estábamos otra vez yo y mis padres en el despacho de mi tutor. Y mi tutor después de absurdos preámbulos me preguntó por qué escribía esas cosas siempre.

– Los personajes son mayores y han tenidos vidas plenas y largas. Yo creo que los escritos no son tan pesimistas, ¿no?

Y mi tutor me dijo que no todo el mundo abandona a sus padres, que eso no es así, que tengo talento para escribir y podría escribir otras cosas.

– No sé por qué molesta tanto lo que escribo. A mí me gusta, pero si no me dejáis escribir sobre ancianos, puedo escribir sobre cualquier otra cosa. En serio, me da igual.

Mi tutor me miró y sonrío condescendiente. Le habría matado allí mismo, y me dijo que seguro que me daría por escribir sobre otro tipo de desgracia.

– Bueno, hay muchas más cosas malas que buenas en el mundo, y eso no es culpa mía. Fijaos por ejemplo en los desastres naturales.

¿Los desastres naturales?

– Claro. La gente siempre dice que es una pena, que siempre les toca a los más pobres. Lo que pasa es que si tiene que haber desastres naturales, por lógica casi siempre les tocará a los más pobres, porque hay mucha más extensión en el planeta de territorio pobre que de territorio rico, o… estable… Siempre hay más tragedia que prosperidad, así que no creo que a estas alturas se pueda tratar a alguien de suicida potencial sólo por escribir.

Mi tutor me dijo que si podía salir del despacho, porque quería hablar con mis padres, a solas. Salí satisfecha de haber dejado a aquel capullo sin réplica que darme, y pasé las siguientes dos semanas escribiendo como una posesa relatos sobre bebés tercermundistas que morían en brazos de sus madres, o por la noche en la cuna, o en el parto. Y nadie me dijo nada.

Un día, no mucho después de la reunión, mi madre entró en mi habitación. Se puso a hablar conmigo; que si cómo estaba, si tenía algún novio, si estaba contenta. Se puso a llorar y se me rompe el corazón cada vez que lo hace. Y le dije que no tenía que preocuparse, que no hiciese caso a las estadísticas ni a los telediarios ni a los especialistas, porque no me iba a suicidar. Porque cada noche antes de dormirse, mis padres hablaban sobre eso debido a que yo nunca hablaba, y vacilaba a todo el mundo y todo me parecía una mierda, y consultaron con más de un especialista que les insinuó que sí, que yo tenía el perfil adecuado para coger cualquier día una cuchilla de afeitar y llenar la bañera de agua caliente. Hasta ese punto la gente puede llegar a ser ridícula.

Al llegar a los dieciocho tuve mi primer trabajo y me informé y comencé a donar parte del dinero que ganaba a una ONG. Hasta que un día en un informativo esa misma ONG salió a relucir porque el noventa por ciento de lo recaudado acababa en la cuenta de no sé quién que tenía una empresa de no sé qué relacionada con campos de golf, y todo resultó ser un fraude. Así que no perdí la fe del todo en las ONG’s, sólo lo suficiente para dejar de donar dinero. Con dieciocho años cada vez echaba de menos más a mí versión de dos años atrás, que no se fiaba de nadie. Continuaba escribiendo, pero mis relatos eran variados y a mis padres ya no les preocupaba ese tema. Me apunté a un curso de escritura creativa en el que aún sigo y perdí la virginidad con un tío que se fue a las dos semanas de allí; sus cuentos eran una mierda. Mi profesor es un tipo de unos treinta y cinco años, serio y amable. Atractivo. Está casado. Así que asisto dos veces por semana y cada cuento que presento es una insinuación clara a Adolfo, que es como se llama el profesor; un nombre, por cierto, que odio.

Todos los jueves tenemos que leer un cuento propio e inédito. Recuerdo la primera vez que leí un de mis cuentos en voz alta y la clase lo eligió el mejor de la semana, aunque no era el mejor. Sólo era el que se desmarcaba del resto, porque no era bonito ni poético ni embriagador; era la historia de un chico maltratado por sus padres que acababa suicidándose en el garaje de su casa metido en el coche con las ventanas abiertas y el tubo de escape soltando humo. Era así y era una mierda de historia que se le podía haber ocurrido a cualquiera. La única diferencia estaba en la frialdad con que estaba descrita. Gracias, les dije a todos después de los halagos, y hasta sonreí. Adolfo enseguida me vio como la futura escritora al alza, pero lo cierto es que con tanto halago, casi echo de menos aquellas broncas con mi tutor cuando casi no me habían crecido las tetas, porque aquello sí resultaba auténtica transgresión.

Me enfrento al taller de escritura los martes y los jueves, y casi nunca me resulta muy difícil destacar allí. El problema llega cuando lo que escribo no me convence a mí, ni me divierte ni me motiva. Así que lo que hago es esperar a que hoy acabe la clase. Espero a que se vayan todos y le entrego mi escrito semanal a Adolfo aun siendo martes. Y él comienza a leer:

A mis padres les parecía violento y poco apropiado que a los catorce años ya quisiera maquillarme y disfrazarme de veinteañera como hacían muchas de mis compañeras de clase. Como no…”

El escrito comienza así y sigue hablando sobre mis problemas con mis padres y mis otras neuras, aunque claro, me amparo en la excusa de la “ficción” para soltar todo el rollo que me dé la gana. Adolfo lee el escrito y asiente lentamente con la cabeza. De repente, para y me mira: ¿Esto es autobiográfico?

– No, para nada…

– ¿No?, el personaje me ha hecho pensar mucho en ti…

Piensa en mí, piensa en mí, piensa en mí… sí, hazlo, joder.

– En serio – me dice -, ¿seguro que no eres tú?

Hago que no con la cabeza. Adolfo me pasa el escrito y sonríe. Ha notado algo, me ha notado algo.

– Utilizas muchos tacos siempre, y eso es un pelín efectista según el contexto… Además – dice mientras sale del aula –: le has puesto un nombre horroroso al profesor.

 

Anuncios

3 comentarios en “Narcisismo

  1. Me ha encantado, el final es muy bueno, como todos tus finales, segun he entendido en lo que has relatado.
    Me he quedado con ganas de conocerte mas, voy a echarle un vistazo a tu blog.
    Saluditos.

  2. ¡Ja! Lo prometido es deuda así que he hecho los deberes:) 5 posts de una atacada:p Muy buenos todos. El del Striptease parecía una película:) Este, muy bueno. Cuando confundes la realidad del personaje con lo que escribe, es genial. Un beso.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s