Adonis

Adonis se mira todas las mañanas en el espejo del lavabo largamente, tocando y retocando su pelo, posando. Cada día va al trabajo resuelto a acabar su jornada laboral cuanto antes. Durante el día procura no molestar a nadie para evitar a ser posible que le molesten. Son cosas que Adonis hace cada día, sin falta, y Adonis piensa que quizá también sin querer, hasta que, por ejemplo, se toca la barbilla con la mano derecha y recuerda: he de afeitarme.

El pensamiento que más pasa por la cabeza de Adonis es: ¿Qué van a pensar de mí? Adonis mira el telediario de vez en cuando con cara de nada, olvidando a cada minuto y relajando el gesto cuando llegan los deportes. Oye constantemente esa máxima de que lo que importa de verdad son los pequeños detalles. Y alguna vez ha pensado que quizá la gente se concentra en esos detalles para no tener que verlo todo con perspectiva; pero inmediatamente después, se le queda la mente en blanco cuando oye dar la hora a su reloj de pared.

Con cada persona, Adonis tiene una pose diferente; sonríe mucho o poco según la ocasión, y su discurso cambia dependiendo del ambiente en el que se mueva.

Adonis hace regalos cada vez que el corte inglés redecora sus instalaciones para homenajear a los padres, o a las madres, o al niño Jesús. O a los enamorados. La agenda mental de Adonis guarda todas las fechas de cumpleaños necesarias. Adonis sabe que conoce a la gente. Aunque a veces ha pensado que quizá en lugar de conocer a la gente, lo que pasa es que la gente ha conseguido que él piense eso. Pero al instante, por ejemplo, abre su agenda mental y ve que algún familiar cumple años en unos días, así que, nuevamente, su mente está ocupada, ¿qué puede comprar?

Cuando Adonis pone la radio, escucha atentamente la lista de éxitos de su emisora favorita. Normalmente lo hace cuando va en el coche. Sabe que cada día esa emisora pone las mismas canciones, y hasta sospecha que es exclusivamente por intereses comerciales, pero él decide que esa música le gusta, así que nunca mueve el dial.

Por las noches cuando llega a casa pone la televisión. Justo en el mismo mueble tiene un reproductor de dvd que compró hace unos meses, pero al mirarlo y sopesar la idea de utilizarlo, alguien suele gritar en la tele y eso capta toda la atención de Adonis, que más tarde se va a dormir con una sonrisa en los labios. Muchas veces ha pensado en leer un rato antes de irse a la cama, pero no lo hace; y si alguien le dice que debería leer más, Adonis argumenta que llega muy cansado a casa y enseguida cae rendido. Y todo el mundo lo entiende y asienten, mientras Adonis piensa en que quizá en lugar de haber visto la tele podía haber leído, o incluso haber utilizado su reproductor de dvd, pero antes de recrearse en su pensamiento alguien le dice algo para continuar la conversación, y Adonis deja su mente en blanco y saca a relucir la sonrisa adecuada para el momento.

Toda la familia de Adonis quiere a Adonis. Su novia también dice que le quiere; y Adonis se siente orgulloso de ello cuando lo nota. Conoció a su pareja en una discoteca, y al día siguiente ya fueron al cine juntos, aunque nunca consiguen recordar el título de la película que fueron a ver. Otro día, poco tiempo después, Adonis acompañó a su reciente novia a comprar ropa a un Zara que antes era una vieja biblioteca, y siempre que van, ella dice que menos mal, que la tienda da ambiente al centro de la ciudad. Adonis siempre asiente ante esa información, como si cada vez que la oye fuera la primera.

La novia de Adonis le insinúa un día la idea de comprometerse con ella. Y aunque Adonis tiene aún veinte años y ella veintiuno, han decidido que es una buena idea. Así que planean buscar un piso al que irse a vivir juntos. Ella siempre le comenta que es su sueño, y además lo más lógico. Cuanto antes vivamos por nuestra cuenta, mejor, dice ella siempre por encima de la música cuando van en el coche a algún sitio. Y Adonis asiente de forma mecánica, y convencido, aunque alguna vez haya tenido la ocurrencia de que quizá es demasiado pronto para independizarse, demasiado caro, y probablemente hasta irresponsable, teniendo en cuenta que aún no sabe con certeza si su novia es lo que él buscaba. Casi cada día los dos van con el coche de él a las afueras de la ciudad, cerca de un bosque, y follan y después fuman mientras la novia de Adonis decide en voz alta si es irresponsable tener dos hijos hoy en día. Adonis la escucha y habitualmente piensa en que quizá debería dejar su actual trabajo y hacer otra cosa, hasta que luego recuerda que hay boda en el horizonte, y hasta críos. Definitivamente, decide que es lo mejor, que no debe rayarse. Por qué esperar. Todo va a salir bien, piensa; soy responsable, tengo un trabajo, novia, a mis padres de colchón, y una futura vida en familia. Por qué no, se dice siempre, en las afueras, en el coche, con la polla aún fuera, y su novia acurrucada en el hombro.

Cuando mira hacia atrás, en el tiempo, Adonis sabe que ha hecho las cosas bien. Se siente orgulloso. Disfruta de la vida y sabe valorar esos pequeños detalles de los que la gente habla. Da igual si de vez en cuando se distrae con el pensamiento de si él es así realmente o sólo ha hecho lo que se supone que es correcto. Eso carece de importancia, por qué cambiar las cosas si así ya está bien y no hace daño a nadie. Por qué cambiar las cosas si todo va bien, se repite siempre una y otra vez.

Un mes antes de la boda ya fechada, la novia de Adonis insiste en ir a un parque de atracciones al que fue cuando era pequeña. Adonis asiente, y al siguiente sábado cogen el coche temprano y se van para allá. Cuando ya están llegando, ella grita por encima de último single de Maná: mierda, me he dejado el móvil, tengo que hacer una llamada…

Al llegar al parque, Adonis le presta el móvil a su novia, y ella se va a unos metros de él para hacer la llamada. Desde donde está, a la entrada del parque, ya se puede oír el murmullo de la gente que pasea y hace cola en las atracciones. Su novia vuelve saltarina y le da el móvil a Adonis. Los dos pagan su entrada en una taquilla, y dan un paseo antes de decidirse por una de las atracciones.

Finalmente, llegan hasta donde está el túnel del terror. Adonis anima a su novia a entrar con él, aduciendo que puede estar tranquila, que sólo serán cuatro payasos disfrazados. Ella al final accede. La primera sala a la que entran está llena de espejos. No hay nadie a excepción del reflejo de ellos, que hace que haya Adonis y novias de Adonis hasta el infinito. Adonis, entre serio y fascinado, mueve el brazo en círculos, y todas sus replicas mueven el brazo en círculos, y su novia, sonriente y emocionada, le dice: ¿Has visto cuántos Adonis hay?… pone la piel de gallina, ja ja…

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6 comentarios en “Adonis

  1. ¿Dejarse llevar por la vida y la sociedad o intentar sobrevivir haciendo lo que verdaderamente te gusta? “Los que necesiten más tiempo para contestar, ya han contestado.” 😉
    Hay más Adonis por el mundo que longanizas.

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