Pilares morales

Sólo hay un teléfono en la casa en la que Alicia vive con su marido: David. Hace tres años que se casaron. Y hace uno que Alicia conoció a otro hombre en una fiesta: Abel. Alicia conoció a Abel y éste le dijo que estaba casado, pero dio igual. Desde el principio Alicia y Abel conectaron, tenían cosas en común: el matrimonio, el no querer a sus conyugues, el quererse entre sí. Todo ideal para llevar una relación arriesgada, morbosa. En aquella fiesta se dieron los teléfonos, tanto los móviles como los de casa, dejándose muy claro mutuamente las horas a las que podían llamarse.

Hay química cuando hablan, pero sobre todo hay sexo, diferente al que tienen en sus matrimonios; cuando diferente significa mejor. El verse para ellos es la hora del patio, la oportunidad de dejar de actuar, una botella de agua a mediodía en el desierto. Ninguno de los dos tiene hijos. A día de hoy, dijo una vez Alicia, parece más irresponsable tener hijos que ponerle los cuernos a alguien, por mucho matrimonio de por medio que haya. Muchas veces han hablado de por qué se casaron, y de divorciarse, pero todo es tan complicado; papeleo, discusiones, más papeleo. ¿Y qué pasa si un día se encuentran libres para dejarse ver en público y todo comienza a cambiar?; cuando cambiar significa empeorar. Ser feliz no es una empresa con objetivos claros. Cada uno es feliz por motivos distintos y difusos. Llevar la contraria o sentirse fuera de lo que dictan las reglas morales suele ser una vía directa hacia las sensaciones fuertes, y con esas sensaciones mucha gente se siente más viva, mejor, quizá hasta feliz, sí. Por otro lado, en cuanto a las relaciones, algunos aceptan su condición de polígamos, y hasta hacen intercambios de pareja. Quizá esa es la verdadera naturaleza mamífera. Todo lo que ha potenciado el ser humano a nivel moral, en ciertos aspectos, se ha basado en el conformismo blindado con discutibles principios occidentales. Prácticamente cualquiera de las personas que conocemos no ve más allá de la monogamia. Y quizá, teniendo en cuenta cómo somos, el adulterio no sea más que otra forma lícita de vivir tu vida sentimental. Sí que engañas a otro, pero, joder, ¿desde cuándo a los seres humanos nos importa el prójimo? Haces que te importa el prójimo igual que vas a trabajar todos los días porque te pagan. El interés a plazo fijo no es sólo terminología de los bancos, es algo intrínseco a la raza humana.

Alicia se folla de forma habitual a Abel, y después se pone a fumar y le dice que como mamíferos, no somos gran cosa. Lo cierto es que el resto de mamíferos no saben arar la tierra, leer o escribir poesía, pero tienen muy clara su naturaleza; casi se podría decir que se aceptan, conocen sus limitaciones. Cosas como la vida, la paz, o la nobleza , no son esas cualidades que asociarías con el ser humano si pensaras en él como especie y la compararas con las demás. Por todo eso en casa de Alicia sólo hay un teléfono, aunque su marido haya querido a veces poner otro en el piso de arriba. Es mejor arriesgarse a utilizar los fijos antes de llenar los móviles de llamadas recibidas sospechosas. Cuando llama Abel, Alicia se encierra en la cocina. Cuando llama Alicia, Abel habla en susurros en el comedor de su piso a salvo de conflictos telefónicos, porque con un solo aparato su mujer y él se bastan y se sobran. Si suena el teléfono en casa de Alicia, su marido piensa que al otro lado de la línea hay una compañera de trabajo. Cuando suena en casa de Abel, siempre es su mejor amigo; lo son desde el instituto. Son inseparables. Quedan habitualmente para contarse la vida y esas cosas, le dice la mujer de Abel siempre a sus amigas. La bondad de la gente muchas veces es una cortina de humo, argumenta siempre Alicia, y nosotros no vamos a ser menos. Los que piensan que hay maldad en nuestros actos, dice siempre, son justo los que harían o hacen lo mismo que nosotros, sólo que con más sentimiento de culpa; el juzgar así a los demás es lo que les delata, estando en el punto de mira de abandonarse a la tentación como cualquiera. Muchos de los que no entienden cómo los curas pueden aguantar sin sexo, luego se entregan a una sola persona con ánimos de formar una familia, siguiendo así los parámetros morales establecidos por la institución que forman esos mismos curas. Somos católicos a medias, liberales a medias, conservadores a medias. Míranos, no parece haber nada definido, completo, o auténtico en nosotros. Algunos religiosos no follarán, pero por lo menos viven su vida de forma coherente sin ese tipo de hipocresías y medias tintas. No todos, claro… argumenta Alicia, pero por lo menos algunos.

Llega un domingo en el que Abel llama a Alicia, y ésta se mete en la cocina mientras su marido ve la tele. Alicia descuelga y dice que ahora no puede hablar mucho rato, su marido está en casa;

– ¿Es que sospecha algo?

– No sospecha una mierda, pero no quiero darle motivos…

– Vale, sólo llamo para quedar.

– Pues…

El marido de Alicia la sobresalta entrando de golpe en la cocina. Y Alicia le dice a su auricular:

– ¿Entonces mañana entramos a las ocho?

– ¿Está tu marido cerca?

– Sí, claro…

David prepara una sartén sin apenas atender a lo que habla su mujer, y se dispone a hacer la cena.

– Ya… – dice Alicia -, entonces, no te preocupes, mañana desprioritizo los informes…

– ¿Quieres que cuelgue?

– ¡No!… no, tranquila, yo me ocuparé de todo…

– ¿Entonces no cuelgo?

David abre un paquete de lonchas de beicon, echa un chorro de aceite en la sartén, y Alicia le mira de reojo y le dice al auricular:

– No, es mejor normalizarlo. Aquel tío de márquetin no tiene ni puta idea, ya… sí… es verdad…

– Estoy oyendo le cerradura de la puerta, viene mi mujer…

– Ya, pero espera – dice Alicia, y se le escapa una risa -, aun así es mejor que lo solucione el de márquetin…

– Oye, voy a colgar…

– ¡No!, hay que cerrar el asunto, día y hora y todo eso… para quedar bien con la gente de aquella inmobiliaria…

Se oye ruido de fondo en casa de Abel, y Alicia oye un carraspeo, una risa; oye:

– ¡No me jodas, Juan!

– Nada, tú déjaselo al de márquetin, hazme caso…

– No, ja ja, eres un cabrón…

– Claro, yo desprioritizo los informes y tú le pasas el marrón al de márquetin.

– No, frontón mañana no puedo.

– Ja ja, que tonta eres…

– Alicia… – susurra Abel -, se ha metido en el lavabo, pero está a punto de salir, ¡dime sitio, día y hora!

– No, tonta, ja ja, hay moros en la costa… Sí, coño, aquel… el gordo de márquetin…

– Joder…

– Entonces mañana entramos a las ocho, ¿no?… Vaya palo…

– Ja ja, que cabrón eres…

– Muy bien, lo tengo aquí haciendo la cena.

– ¿Aquella tía…? ¿la que conociste en Ibiza?

– Sí, lo tengo esclavizado, ja ja…

A David le salta aceite en la cara y suelta un grito. Alicia tapa el auricular y mira a David:

– ¿Qué pasa?

– Me he quemado, joder… – murmura, y sale de la cocina camino al lavabo.

– ¡Abel! – le susurra al teléfono

– Fui hasta… sí…

– Mañana a las seis de la tarde en la puerta del hotel.

– Vale, tío, nos vemos…

David entra en la cocina otra vez cuando Alicia ya ha colgado. Alicia le mira la cara.

– Pero si no te has hecho nada…

– Joder, pero me he dado un buen susto…

– Vaya tela…

– Se te ve muy eufórica…

Alicia abraza a David, le da un beso en los labios. Le dice:

– Es que estoy muy eufórica…

 

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10 comentarios en “Pilares morales

  1. No voy a exponer lo que pienso,sobre el tema del relato, por que ademas de largo es seguramente…”politicamente incorrecto”.

    Pero tengo que decir que sigues impresionandome con ese manantial de ideas que salen de tu cabeza…y la capacidad de expresarlas,atrapando al lector sin poder pestañear esperando el desenlace…

    Si te sigo leyendo puede que me contagies ese don???…jajaja

    Un besazo Jordi,you are the best.

  2. bueno, bueno, que se le van a subir los humos al chaval… jeje. El tema no es nuevo, pero me gusta la conversación, jeje, la mejor forma de ocultar las cosas es ponerlas a la visa? o para que no te crean di la verdad? bueno, me dejo de frasecitas…
    ¿A qué coño viene la foto? (podría dar muchas interpretaciones, entre ellas el placer de lo prohibido como tema… pero prefiero que contestes tú!)
    besos, desconocido

  3. puf..no sé si quedarme con el texto o con la super foto del final!!! ahora mismo estoy al más puro estilo “homer simpson” con la boca abierta y diciendo: rosquiiiiiillaaaasssss aaaaarrrggggg!!!

  4. jajajaja qué bueno. me lo imaginaba rollo serie con una raya en medio de la pantalla dividiendo las dos cocinas juju
    Ya te vale, hacerme entrar tanta hambre a estas horas;) Menuda fotoo…
    Un beso!!!!!

  5. Jajajaja, el diálogo es divertidísimo.

    En cuanto a la foto, para mi ilustra la Teoría del Parámetro Comparativo: ¿ Como sabes que lo que más te gusta del mundo son las rosquillas de chocolate si no has probado el resto ? Y una vez sabes seguro que es la que más te gusta, ¿ porqué dejar de comer las otras ?

    xD

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