Quincuagésima carta

Hola.

Ya no sé ni cuantas cartas te he mandado. Y aunque me duele, ya casi no me importa que no me contestes nunca. Es igual, ahora ya lo hago para desahogarme, para tener algún vínculo contigo. Prefiero que me odies a dejar de existir para ti.

Últimamente me encuentro de mejor ánimo. Los medicamentos me hacen efecto y ya apenas pienso en ti exceptuando las veces en que te escribo. Por otro lado, no sé si te importa, pero hará unas tres semanas murió una amiga mía. Últimamente éramos inseparables. Murió asesinada. Se metió en un lío, o estaba metida en líos hace tiempo, no lo sé seguro. Le dieron doce puñaladas y se desangró enseguida. Me dijeron que le seccionaron la aorta, que sino quizá podría haberlo contado. Los primeros días después de aquello tuve muchas pesadillas, y en ninguna salía mi amiga y en todas salía yo en peligro. Miré en un libro de medicina dónde está la aorta.

No te lo he dicho, pero últimamente también me he aficionado a la lectura. Quién me lo iba a decir. Cuando era adolescente odiaba eso, odiaba los libros sin fotos ni dibujos. Será porque aparta los malos rollos de mi cabeza o lo que sea, pero no puedo dejar de leer, y ya llevo unos tres meses leyendo tres o cuatro horas diarias. El último tocho que me he leído es de Henry Miller. Es algo denso, pero muy erótico, y quizá lo vuelva a leer. No lo tengo a mano y no consigo recordar el título, ¿lo puedes creer? Alguien me dijo que este autor se había estado tirando a Marilyn Monroe en los cincuenta, y enseguida me atrajo.

No te lo creerás, pero es verdad que me estoy portando bien. Ya no tengo los impulsos de antes. La lectura y la escritura (sí, también escribo) me mantienen alerta y en calma. No me cabreo como antes a la primera de cambio. El otro día me dijeron que la psiquiatra a la que mordí ya se ha restablecido del todo. Me alegré por ella, y te lo creas o no estuve muy preocupada todo el tiempo que estuvo en coma. La nueva psiquiatra es muy recelosa. Yo intento ser amable con ella, pero es tan repipi y académica que te juro que a veces me dan ganas de coger su bolígrafo y clavárselo en un ojo, a ver si veo una reacción auténtica en ella aunque sólo sea una vez. Pero no te preocupes, esto es lo bueno, antes pensaba estas cosas y luego las hacía, pero ahora como mucho las escribo. Me gusta sentirme normal, me da la sensación de que eso me acerca un poco a ti.

Aparte de las cartas, lo que escribo son cuentos infantiles. Nunca te lo dije mientras salíamos, pero mi madre me contaba cuentos cuando era pequeña. Mis amigas se reían de mí por eso. Me costó mucho acostumbrarme a dormir cuando se acabaron los cuentos porque mi madre decía que ya era muy mayor. Así que ahora al escribir me acuerdo de cuando era pequeña, y me pregunto si alguna vez algún niño escuchará un cuento de los míos. Cada vez estoy más convencida de que sería una buena madre. Aún espero poder serlo…

Hoy tengo visita otra vez con la psiquiatra, y no me hace ni una pizca de gracia. Está tan alerta por lo que pueda hacerle que lo único que hace es esperar a que termine la sesión. Así es imposible desahogarse. Es muy incómodo hablarle sobre tus amigas o tus cuentos a una tía que te mira como pensando que debería haber estudiado periodismo. Puta… Tengo miedo, porque no quiero hacerle nada.

A veces fantaseo con volver a verte. Seguro que andas tirándote a alguna princesita de esas que te gustan tanto. Me da la impresión de que no te gustan los matices en tus parejas. Quieres vivir tan relajado que yo para ti era como el caviar para alguien que se conforma con la comida rápida. No es que te lo reproche, pero tienes demasiado carácter como para ser tan del montón. Deberías complicarte un poco la vida. Ya sé que conmigo tuviste una buena ración de disgustos, pero no todo el mundo es como yo. No deberías asentir y después bajar la cabeza como haces siempre. Deberías atreverte a volver a salir de la caverna.

Siempre me prometo no alargarme, pero una vez empiezas a largar es difícil dejar de tener la sensación de que te dejas algo en el tintero. Es porque te quiero y todo eso. Pero no te confundas, a cierto nivel, el odio es mutuo. No hay un solo día en que no me arrepienta de haberte conocido. Ni yo merezco sufrir tanto. Mis actos y mis problemas no redimen a gente como tú. Puedo quererte más que a nada, pero no voy a negar nunca tus defectos por muy abstractos y aceptados que sean. Sobre todo y ante todo, quiero que sepas que NO eres mejor que yo. No en el fondo. Además, estoy convencida de que en tu lecho de muerte, yo seré una de las cosas que recordarás; yo, mis actos, mis cartas. Y estoy segura de que si lees esto me darás la razón en secreto. Un secreto que te resguardarás a ti mismo. Te negarás a aceptar, pero eso no impedirá que aceptes. Me da igual que te acuerdes de mí a regañadientes, siempre que te acuerdes de mí. Obviamente, la razón por la que maté a esa novia tuya como la ex resentida que fui, será la razón por la que sabrás que hubo alguien que te quería tanto como para matar por ti.

 

PD: Desde hace unos días tengo una nueva compañera de celda. Sospecho que me roba pastillas de forma gradual. No me cae bien.

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4 comentarios en “Quincuagésima carta

  1. Tierno y brutal a la vez, Jordi. Me ha gustado, como todos tus relatos. Supongo que te lo preguntarán a menudo pero, ¿has intentado publicarlos en papel? Si no, es un lujo leer buena literatura gratis a través de los blogs. Saludos y adelante.

  2. Me has puesto los pelos de punta…historias que se parecen a otras historias…coincidencias…lo dicho!!!los pelos de punta.
    Eres un genio Jordi,hace mucho que no te lo decía verdad?
    No por eso he dejado de pensarlo eh?
    Y haz caso a Alto Volta,(yo ya te lo he pedí muchas veces)publica en papel,y no olvides que tendrás que dedicarmelo de tu puño y letra.
    Un beso Jordi.

  3. Tu envidias a los que saben expresar con la pintura, yo a los que saben expresar con la escritura.
    Aunque aún no he conseguido expresar todo lo que tengo dentro con la pintura, intento aprender, (aunque no se, solo intento aprender pintando, nadie me ha explicado nunca nada) para poder algún dia pintar lo que de verdad me gusta.

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