El buzo muerto

Puede que sólo sea otra forma de diversión. Mentiras elaboradas. Pero como historias funcionan a la perfección, como un reloj, como esas ideas por las que muchos guionistas y escritores pagarían. Da igual si es la muerta de la curva o el buzo del bosque calcinado. Son ideas originales y tétricas, las historias falsas o verdaderas que conforman la gran historia de tu vida. Que nadie te engañe, las mentiras también cuentan, la mentira forma parte de la verdad. El amor no es el motor de la humanidad. El amor es lo que tienes en la cabeza mientras alguien miente. Alguien miente mientras llenas el depósito de tu coche. Da igual el envoltorio que uses; la verdad a medias, la mentira a medias, la ocultación, el silencio… Todo eso es mentir. La mentira es tu Matrix real. Muchas relaciones y contratos y acuerdos siguen vigentes gracias a una gran mentira piadosa. <<Buen trabajo>>. <<Sigue así>>. <<Te quiero>>.  Pensar demasiado  en las mentiras de las que podrías haber sido receptor pone la piel de gallina, pero luego piensas en las veces que tú has mentido y enseguida se te pasa el disgusto. Por todo eso, y porque en el fondo mentir no siempre es malo, yo, me identifico con el buzo. El del bosque calcinado.

Obviamente, mentir cuando ya eres una persona adulta no es como cuando de pequeño tirabas la sopa y le decías a tu madre que te la habías comido. Con la edad, los engaños se tornan más sutiles, y muchas veces salen solos, sin ni tan siquiera haber pensado en que lo que decías era mentira, o no del todo cierto. De todos modos, callarse es la forma de engañar más popular. No decir lo que sabes, el silencio piadoso. La vida se forma de una retahíla de silencios que ocultan la realidad al prójimo. La ocultación de la verdad funciona como bisagra para que el engranaje vital pueda seguir haciendo que te levantes todos los días. Así de importante es que nadie sea completamente sincero contigo. Si quieres durar, no mires a los ojos a tu pareja y le digas que nunca se atreva a mentirte. Lo que nadie quiere aceptar es que se puede confiar perfectamente en alguien aunque ese alguien pueda ser un mentiroso. Porque de hecho, la gente que menos parece mentir es la que miente sobre las cosas realmente importantes de la vida. Los llamados <<mentirosos>> sólo te contarán cosas como los muchos polvos que han echado o las heroicidades que han llevado a cabo. Una cosa es ser un fantasma y otra un hipócrita; y los fantasmas, en comparación, son divertidos.

La cuestión no es tanto si alguien te va a mentir como si vas a poder confiar en ese alguien. Conceptos como la familia, el matrimonio o la amistad, llevan toda la vida sucumbiendo al poder de la mentira. La mentira tiene el monopolio de la verdad. Mucha gente no acepta la mentira como no quiere aceptar la muerte. Aunque la muerte aún tiene mucho que aprender de la mentira. Porque la muerte es dominante, pero la mentira puede ser eterna; la misma mentira puede viajar intacta de generación en generación intoxicando y acomodándose entre esos nietos que puedas tener. Hasta que algún funesto día quizá sean sorprendidos por algo que puede ser mucho más terrible, la verdadera historia. Elegir entre la verdad y vivir engañado no es una elección fácil. Porque hay gente que se  miente incluso a sí misma. Sólo hay que ver esa foto del planeta Tierra desde el espacio, en la que en el continente Africano apenas hay alguna luz de noche.

La mentira puede tener igualmente poder tanto si la gente se la cree como si no. Muchas veces la gente no quiere la verdad. Una mentira disfrazada puede ser preciosa. Como esa persona de la que te enamoraste y acabó matándote. Como ese estilo de vida que todo el mundo cree tácito y que mantiene África a oscuras. La justicia suele salir perdiendo. Porque no es una cuestión de mentiras o verdades, sino de lo que creemos que es mentira o verdad. La filosofía barata tiene menos valor, pero al igual que la verdadera, puede llevar inoculado el veneno de la verdad auténtica que hace que arruguemos el ceño. Vete al baño y mírate al espejo, o vete al baño y ponte las gafas y mírate al espejo, que por más que creas que todo lo ves bien, es muy probable que andes equivocado.

Así que, como el buzo de la leyenda urbana, yo cambié durante el viaje. El murió, y yo cambié. La versión que sé de la leyenda urbana es la de que cuando el hidroavión pasa por el lago y recoge al buzo, éste muere por el camino, quizá de un infarto. Cuando el avión suelta el agua al pasar por encima del incendio, el buzo ya cae muerto. Alguien jugó con esa metáfora reflexionando sobre la muerte prematura. Todos somos buzos, dijo.

Y me identifico como el buzo. Imagina al buzo dentro de ese cubículo lleno de agua, asustado y fuera de lugar. Con toda probabilidad, y aun existiendo sólo en esa leyenda urbana seguramente ficticia, ese buzo supo entonces que a cierto nivel nada tiene sentido, y que aunque su vida fuera ficticia y él sólo fuera un personaje, también él era real. Él iba a dar una lección a esos que se empeñan en desprestigiar toda mentira en pos de la hipocresía. A sabiendas de que iba a morir, ese buzo pensó cuando se acrecentaba su taquicardia: Aún no existo, pero esperad.

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7 comentarios en “El buzo muerto

  1. bueno siento que es una reAL mentira si no queireen que les pase eso mejor chupense la verga o la concha como corresponda o tengan ciber sexo es buenisimmo

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