El Arte

Ese día, si me hubieran estado haciendo una felación debajo de la mesa, no hubiera puesto más cara de tonto. El Arte, según la real academia, es la manifestación de la actividad humana mediante la cual se expresa una visión personal y desinteresada que interpreta lo real o imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros. El que te la chupen es otra cosa. Sí es una manifestación de la actividad humana, creo…, pero aunque no es algo exactamente desinteresado, sí es muy personal. Chupar a otra persona es algo personal, claro, si no te dedicas al porno o eres de los que le come la boca a su pareja sin parar haya quien haya delante.

Si la chica me llegaba de esa manera sin ni tan siquiera hablar, probablemente hablando sólo podía estropear mi concepto sobre ella. Nada más verla fue cuando se me quedó cara de tonto. Y no es que no hablara. Habló. Pero era una prueba de casting. Cuando ves a alguien interpretar se supone que no estás viendo a la persona, sino al personaje. El primer impacto es rápido; la ves, flipas, no escuchas, algo te hierve en el estómago y alguien chasquea los dedos en tus narices. Entonces vuelves a la realidad. La gente lo llama amor a primera vista, pero sólo es magnetismo, lo cual no parece tener mucho que ver con el amor, y ni tan siquiera con el físico de quien te atonta. Porque además no sólo te atonta a ti. Miré a la chica cuando entró a la habitación igual que el director y los dos productores que había. Todos dejamos de existir menos ella. Y luego, comenzó a interpretar.

Habíamos hojeado unos cincuenta books. Aspirantes a actrices que en sus dosieres tenían esas fotos de moda, esas que con sólo verlas puedes imaginar perfectamente al fotógrafo dando instrucciones y manejando focos y maquilladoras, despojando de toda su personalidad a cualquier mujer para convertirla en un anuncio de cosméticos. Te fijas en todas esas chicas supuestamente atractivas de cara asimétrica y delgadez alarmante, y los paneles de luz y el vestuario pueden hacer que todas parezcan iguales. Sirenas que perdieron la cola por culpa de la anorexia, las drogas o las revistas. Así que observé a ésta, con su porte de actriz de los cincuenta dejándonos atontados a todos, y creí que casi podía oír las carcajadas de venganza de Marilyn Monroe desde su tumba.

Escribí un soliloquio para ella, y luego, mientras salía de su boca, el texto parecía oro. No parecía la primera parrafada melodramática que se me hubiese pasado por la cabeza el día anterior. Incluso paró hacia la mitad del monólogo, sacó un cigarrillo, se lo encendió sin salirse del papel, y continuó. Al recordarlo, si fuera católico diría que Dios está en todos nosotros, pero ese día sólo estaba en ella. Rompió a llorar tal y como tocaba durante las últimas líneas, y arrastró palabras hasta hacernos dudar sobre si actuaba o no. Para pasar de persona a personaje, hace falta vivirlo, o como dice la real academia, expresar una visión personal. Muchos actores sólo pasan de ser personas a ser personas que no saben actuar. Aquella mujer hizo que un texto vulgar trascendiera provocando otra vez que algo nos hirviera en el estómago. Si tienes magnetismo está bien, pero tener talento y magnetismo es lo que te hace especial más allá de tus tetas, las portadas, el marketing. La chica acabó, se sacó un klinex y comenzó a limpiarse la cara. Yo no me movía de mi silla, sudaba y temía dirigirme a ella directamente; pensaba avergonzado en mi chapucero texto. El director sentía lo mismo, pero él sí tenía que decirle algo. Una parte de la gente le hubiera dicho que aprendiera inglés si no lo sabía ya y se fuera a la meca del cine a amasar pasta de verdad. Este país se quedaba pequeño para ella. Europa se quedaba pequeña. Vete, se le podía decir, no malvivas en coproducciones cutres o series televisivas que provocan vergüenza ajena. Si tu talento se tiene que desperdiciar, que sea a cambio de montones demenciales de dinero.

Pero cuando el director se atrevió a mantenerle la mirada a la chica, y se disponía a decir algo, uno de los productores intervino:

<<Gracias, ya te llamaremos>>

El director y yo nos quedamos petrificados. La chica se levantó de la silla y se fue, calmada en apariencia, pero sin decir nada. No encontraríamos a otra actriz así ni realizando castings todo los días durante un mes más. Y yo no dije nada, pero el director alegó en voz alta y sin mirar a nadie que era la mejor actriz posible, que tenía experiencia en teatro y que se la veía muy cómoda, incluso sobrada. A lo que el mismo productor dijo:

<<No da el perfil>>

El director se levantó, se encaró con los productores y comenzó a subir el volumen de sus quejas. Yo, sin decir nada, salí de la habitación y me paseé por toda la planta buscando los lavabos. El edificio era el típico de cristal, lleno de empresas. Por fin, encontré los servicios. Entré. Llevaba toda la mañana meándome y, por un rato, durante el casting dejé de pensar en ello. Las palabras del productor me devolvieron a la Tierra. Dinerolandia iba a joder otra película. Sabía perfectamente qué era lo que no encajaba para los productores. Por muy cautivadora que hubiera sido la chica, no encajaba con el canon de belleza que perseguían. Así que iba a haber otra película adulterada, retocada y endulzada hasta que cualquier canal de televisión o gran empresa de multicines quisiera comprarla. Una vez tienes convencido al público de que el cine es un entretenimiento de colorines que les ayudará a desconectar de sus vidas, no puedes arrepentirte y ofrecer emociones fuertes. Mucha gente, al oír la palabra <<arte>>, piensa en cuadros abstractos y estatuas sin las extremidades. No me jodas, piensan, el cine es eso que dan después del telediario los fines de semana, o lo que hago los domingos con mi novia. Digamos que, el peor polvo es más gratificante que la mejor película; ¿lo es? ¿Existen los orgasmos a un nivel intelectual? O, vayamos más lejos, ¿un clásico en versión original subtitulada o una buena paja? Todas esas cuestiones pasaron y pasan siempre por mi cabeza después de ver tomar decisiones a… a quien sea, a Mister Materialismo.

Cuando ya me estaba cerrando la cremallera del pantalón, oí a alguien vomitar. Salí de mi cubículo, y me puse de cuclillas. El lavabo era unisex, y en uno de los retretes había una chica agarrada al retrete, y claro, era la actriz. Aún no se había ido. Nada más pensar en huir sigilosamente, ella salió de su cubículo. Los separadores para los retretes eran tan estrechos que la puerta casi no te dejaba salir al abrirla. Cuando la chica consiguió salir, y teniendo en cuenta que ya me había visto y reconocido, pensé en decirle algo, animarla. Me crucé de brazos y sonreí mirándola, como si no acabaran de joderle el día.

– ¿Estás bien?

Ella me escrutó sin sonreír. Lo siguiente que dijera sería lo primero que escuchara de la persona, y no del personaje. Y dijo:

– Sólo te la chuparé con condón.

– ¿Qué?

– Que si me vais a pedir ese tipo de… favor… lo hago si queréis, pero con condón.

Estuve un buen rato callado, paralizado.

– ¿Alguna vez te han pedido algo así? – conseguí reaccionar.

Y me dijo que no, pero que a alguna amiga sí le había pasado, y que estaba harta de romperse el culo en el teatro y necesitaba un trabajo menos exigente. El cine era la respuesta. Pausas interminables de rodaje, horarios de mierda, pero sin la obligación de actuar cada noche sin saber si va a ir a verte alguien. No es que no hubiera oído rumores, pero por lo visto a algunos productores se los puede comprar a base de mamadas; quizá de ahí que no todas las películas sean una basura. Así que a la pregunta de si es más gratificante el peor polvo o la mejor película, pues bueno, digamos que muchos han tenido que currarse un buen polvo para acabar consiguiendo una buena película. Le dije a la actriz que yo no era productor, que sólo era el guionista y que mi guión ya lo habían tirado por tierra llenándolo de clichés y moralinas baratas para hacerlo apto para todos los públicos. Y fue entonces cuando todo comenzó a irse de madre.

¿Estás harto de que no respeten tu trabajo? ¿Alguna vez tu creación artística inmortal (o que tú pensabas que lo era) no la ha arrasado un productor que se comería a su madre por un millón de euros? La chica, la actriz, me comenzó a convencer, a hacer preguntas. Me dijo su nombre: Helena. Me dijo que había estado durante años trabajando en un peaje y otros tantos malviviendo de obras de teatro que nunca cuajaban. Me dijo: ¿No estás tan harto como yo? Y acabó a un centímetro de mi cara murmurando que yo iba a escribir el guión que quisiera, y el papel protagonista iba a ser para ella. Y luego me contó el plan.

Como casi siempre que uno busca gloria y grandes recompensas, el plan era rebajarse. Sólo nos quedaba confiar en la escasa fibra moral de los productores. Fuimos los dos a la habitación en la que ellos aún se encontraban. El director ya se había ido. Helena les dijo que ella y yo podríamos follar (utilizó ese término) para ellos. Ellos podrían mirar y masturbarse con la condición de que nosotros y el director pudiéramos tener el control creativo de la película. Los productores al principio dudaron. Pero ninguno de los dos se negó en rotundo, cosa que encajaba en los planes de Helena. Al final dijeron que sí, pero que tendríamos que hacerlo para ellos una vez a la semana. Hubo algunas clausulas más. Yo tendría que tirarme a sus mujeres siempre que ellos quisieran, y para celebrar el final del rodaje se organizaría una orgía en la que tanto Helena como yo y los productores con sus respectivas, intervendrían.  Firmamos el acuerdo con encajadas de manos. El Arte es la manifestación de la actividad humana mediante la cual se expresa una visión personal y desinteresada que interpreta lo real o imaginado con recursos plásticos y blablablá, sí; pero aunque es una visión personal, no es desinteresada. Costó mucho esfuerzo, hasta viagra, y la cara de tonto con la que me quedé al ver a Helena por primera vez, me duró meses. El Diablo nos vino a visitar a todos y le recibimos con los brazos abiertos. El Diablo está en todos nosotros.

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