Sinceridad absoluta

<<Tengo ganas de descuartizar a alguien>>. Soñaba, y esa frase salió de mi boca cuando alguien sin cara me preguntó: ¿Cómo estás?

Obviamente no decía eso porque quisiera descuartizar a nadie en el sueño. Era más bien una forma de decir: ¿Me lo preguntas porque te interesa o sólo es tu forma de mostrarte sociable? Y entonces, la persona, hombre o mujer, sin cara, parecía sonreír. Hay un montón de maneras de mostrarte tal y como eres sin parecer del todo un gilipollas. Aunque lo seas. La sinceridad no es lo que dices, sino lo que quieres decir.

Lo más perturbador no era tanto el cuestionario que empezó con esa sencilla pregunta, como el hecho de que no sabía si hablaba con un hombre o una mujer. La ignorancia de no ver a mi interlocutor/ra, me dotaba de una cualidad poco común: la sinceridad absoluta. Así que me levanto de la cama y rápidamente comienzo a escribir todo lo que recuerdo.

– ¿Cómo estás?

Tengo ganas de descuartizar a alguien.

– ¿Estás enamorado?

Sigo con ganas de descuartizar a alguien.

– ¿La humanidad o el prestigio?

¿El prestigio es dinero?

– El prestigio es prestigio.

La humanidad.

– ¿Eres un filántropo?

En serio, descuartizaré a alguien…

– ¿Hombres o mujeres?

Todas las mujeres.

– ¿Familia?

Sólo una familia nuclear.

– ¿Has matado alguna vez?

Sólo una, sin querer, y no estaba solo.

– ¿De qué tienes más ganas?

No estoy mal, no me puedo quejar.

En este punto abrí los ojos, y es justo donde el sueño se cierra y acaba por escapar a toda lógica. Era como si la persona sin cara me hubiese calado sólo con unas preguntas. Y aún me late el corazón demasiado fuerte. Me sentía completamente sincero, me estaba desahogando, pero al final me quedé con la sensación de que incluso ese sueño tan sólo era otra persona intentando reírse a mi costa.

Una vez apuntadas mis respuestas, merodeo por la casa. Una de esas casas con grandes ventanas que dan al mar. Una casa que no es mía, claro. A unos doscientos metros llegan las olas. Aún son las cinco de la mañana. Medito la posibilidad de entregarme a la policía. Pensaba que al despertar me volvería loco pensando en la noche anterior, pero en realidad no estoy tan mal. Sigue llegando un olor nauseabundo del lavabo, aun con la puerta cerrada. Las próximas horas de mi vida son la transición inmediata de mi antiguo yo a lo que sea que soy ahora. Voy a la habitación de Rafa, abro mínimamente la puerta y le veo roncar como una marmota. Ni tan siquiera se ha lavado las manos de sangre seca. La sierra eléctrica está en el suelo cerca de la cama. Debería despertarle. Se me escapa una sonrisa, creo que de pánico. Obviamente, no quería descuartizar a nadie en el sueño, es curioso cómo funciona el subconsciente. Si no hacemos algo rápido, mañana media playa olerá a transexual muerto.

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4 comentarios en “Sinceridad absoluta

  1. Muy alto nivel, jodío. Estás que te sales. Me gusta la ambigüedad y el desconcierto del comienzo. Es lo intrigante de los sueños plasmado a la perfección. Estás en vena.

    y la imagen cojonuda. me pregunto de dónde las sacarás.

    saludos!!

  2. La conciencia no escapa ni a los sueños
    es pegajosa
    irritante
    machacona
    y a veces ambigua
    aunque no le veas la cara
    sabes qué ha venido a hacer
    y siempre es incómoda

    …me ha gustado el enfoque de la historia
    ¿sabes que tu en verdad no escribes relatos…?
    lo que haces es pintar situaciones con palabras.. y de qué manera!
    asi siempre queda el relato virgen.. abierto a la imaginación de quien lee.

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