Rita y las Rockettes

Respira hondo, aprovecha ahora. Porque algún día algún muchacho recto y emprendedor acabará por dar con el modo de envasar el aire.
Mientras el resto buscamos nuevos modos de salir adelante tropezando y construyendo eternamente niditos de clase media, algún buen hijo de padres orgullosos encontrará el modo de ganar a lo grande de forma unilateral a costa de los perdedores; del ochenta por ciento restante. Los nuevos modelos de negocio surgen de las nuevas capacidades de extorsión elegante. Tu subconsciente está a reventar de publicidad subliminal. Hasta Walt Disney incluía la palabra SEX en esas maravillosas caratulas de cuento de hadas; falos con escroto incluido, canciones que escuchadas al revés eran adoraciones satánicas. Al final da igual si es queriendo o sin querer, porque lo malsano venía en el pack, al salir de dentro de nuestras madres ya parece haber algún defecto de fábrica. Te imaginas a Dios o a cualquier ser supremo comentándolo con sus colegas en el paraíso, que varias partidas de seres humanos han salido defectuosas, nada que no puedan arreglar un par de bombas de neutrones. Te imaginas al arcángel Gabriel echándose unas risas con los apóstoles, todos mirando hacia abajo.
Digamos que la inmaculada concepción pudo ser real, y ni así podría ser comparable con el espectacular final del mundo futuro. En una pesadilla puedes ver todos los desperdicios flotando en el vacío espacial, todas las marcas y todos esos carteles publicitarios de productos que ya nadie podrá consumir jamás; porque ser emprendedor mola, y la vida eterna ni tan siquiera es factible para los planetas. Un poco de ambición aquí y allá, mucho conformismo, toneladas de ignorancia, lo rebozas todo con las migas de tu humanidad, y ya tienes un riquísimo plato tercermundista para paladares exigentes. Una comilona para magnates de futuro prospero.

Así que sí, coge mucho aire y contenlo. Mírate en tu sueño deambulando por casa con varias chicas alrededor bailando como las Rockettes, moviéndose al ritmo de alguna canción pop. No pienses en que no hay espacio para eso en tu pisito, o que eso es absurdo e imposible. Convierte tu vida en una paja constante durante la cual no tienes pornografía a mano; apaga los ruidos de diseño y pon en marcha la imaginación; la evolución tiene que ver con eso. La idea es sustituir parte del bombardeo de información ajeno con reflexiones propias. Lo llaman pensar; pero yo creo que sólo es curiosidad.

Te levantas con dolor de cabeza mientras tus sueños de apocalipsis y bailarinas con sombrero se desvanecen. La voz en off de tu cabeza comienza a maldecir, y tú comienzas a intentar ignorarla. Sé feliz, te dices. Inténtalo, concéntrate en los detalles, la leche del desayuno, el café, estás vivo, tienes salud, el tiempo pasa, el siguiente fin de semana. Dale al off de tu sinceridad para contigo mismo y enfréntate a un nuevo día. Míralo todo muy de cerca y acepta el ruido, respira humo, confórmate, lucha por lo que te digan que luches. Adáptate. Monta en tu coche y no resoples atrapado en el siguiente embotellamiento; esas son las arterias de tu vida, así que pon la radio y sube el volumen; canta y pon todo el énfasis innecesario que sea posible.
Sales de tu coche y caminas por la acera, abres varias puertas, avanzas por pasillos; te amoldas poco a poco a la idea de volver al trabajo. Tu empresa, el corazón que no debe dejar de latir para bombear dinero hacia tu coche, el alquiler, los vicios, tus trucos para desconectar. Entras en el comedor de la empresa y te cruzas con Rita, una compañera, la secretaria de alguien; te saluda cabizbaja, se va y recuerdas que un compañero te dijo que la atraías. Sacas un café de máquina y alguien te pone una mano en el hombro y te saluda y sonríe, abriendo la mandíbula como una excavadora y mirándote como si ya fueran las siete de la tarde. Tu jefe, el hijo de alguien y el padre de alguien; el tataranieto de quien fundó la empresa. O eso dicen. También se ha dicho que es gay, o que todas sus secretarias van a la calle cuando dejan de… aceptar sus condiciones. Así que te vuelves y le das la mano al posible enchufado gay que acosa a las trabajadoras. Cuando le conociste, tu primer día, hace unos tres años, hubieras dicho que era pederasta; estrechándote la mano con su garra sudorosa y su mirada embasada al vacío, enmarcada por su cara de asesino de peli de terror para adolescentes. No te costaba nada imaginar a la policía echando la puerta de su casa abajo para requisar su ordenador personal. Este es el tío de quien dependes. Saca su café descafeinado y repugnante de la máquina, y te dice que soplan aires de fusión. Te dice que la empresa va a pasar a llamarse de otra forma y que los nuevos socios son alemanes. Cuando llevas unos años dedicándote a la programación, sabes de las ventajas de la rutina, eso es mejor que cualquier cambio. Y tu jefe te dice que habrá recortes de personal, pero que no te preocupes, ya les ha hablado bien de ti, en inglés, subraya, y suelta una gran carcajada de enchufado pederasta gay que practica el bullying. Para ganar fama de lo que sea, da igual cómo seas y lo que hagas, basta con que tu físico y tu modo de lucirlo sea llamativo. La verdad es lo de menos.
Vas al lavabo, más para postergar el inicio de la jornada que por tus escasas ganas de mear. Entras en uno de los cubículos, y ves dibujos a bolígrafo de monigotes que se dan por culo los unos a los otros, y el nombre de tu jefe por todas partes. Te preguntas qué pensará cuando lo ve, te preguntas si llorará cuando está solo o si de verdad es homosexual y sólo se siente discriminado. Es la típica homofobia cachonda que hace gracia a todos menos a los objetivos de burla. Humor negro de naturaleza sádica. Todos esos dibujos y comentarios siempre son tu ocasión aceptada para poder mirar por encima del hombro a tu jefe en cierto modo. Le miras siempre pensado que él te podrá mandar, pero tú por lo menos no eres el saco de boxeo oral de nadie.

Te pasas el día sin mirar el reloj, y para cuando lo haces sólo ha pasado hora y media. Da igual si miras mucho o poco la hora, da igual si odias tu trabajo. Te pasas días enteros estresado hasta el límite y días como hoy, en los que deseas con todas tus fuerzas que pase algo, lo que sea, bueno o malo, algo que te entretenga y pasen cuatro horas de golpe.
A eso de las once de la mañana ves a Rita de mesa en mesa, hablando con todo el mundo.
Cuando llega a la tuya, gesticula procurando parecer confiada y, roja como un tomate, te dice que el viernes celebra su fiesta de cumpleaños, que si quieres puedes ir, pero que no debes sentirte obligado. La celebra en su casa, pero después podríais salir todos, ya sabes, a tomar algo. Muy bien, le dices, lo pensarás, pero en principio puede contar contigo. Rápidamente, Rita se va a la mesa que hay detrás de mí; un par de compañeros se vuelven y me miran. Y sonríen maliciosamente.

Al final el tiempo siempre pasa; estás toda la semana contando los segundos y todo parece una odisea, cada día es más largo que el anterior. Hasta que, agotado, y muchas veces enfadado, te plantas en viernes. Te sueltan justo en tu límite de aguante. Todo parece estar muy bien calculado. Y muchas veces sales de trabajar ese viernes esperado, te crees libre aunque sólo se trate de tu libertad virtual de cuarenta y ocho horas, y entonces recuerdas otro compromiso; una comunión, una boda, una reunión de ex alumnos. Una fiesta de cumpleaños.
Rita y su fiesta de cumpleaños, a la que no te negaste a ir. No es por ella, es el cortejo. De ser verdad que ella quiere algo, no sabes si tú vas a quererlo con ella. Y la única forma de saberlo es averiguarlo, valga o no la redundancia. La forma de averiguarlo es hablar con ella, ver qué hay detrás de la chica que va de un lado a otro en el trabajo y de la que no sabes ni cuál es su cometido. Tienes claro que te gusta su físico, que a cualquiera le gustaría y que ese no es el problema. El meollo de la cuestión está en todo lo demás. Lo que tiene el sexo es que, por muy bueno que sea, todo lo demás siempre tiende a durar más; cenar, ir al cine, cafeterías, bares, comer. Etc. Etc. Etc. Y la cuestión es, cómo vas a rellenar esos espacios si no conectáis más allá de lo obvio. Nunca has sido de los que folla cada dos días con cualquiera y se despierta en habitaciones desconocidas. A ti te gusta ir más allá, o por lo menos intentarlo. Si el amor ha muerto, tú no fuiste de los que ayudaste a acabar con él. El caso es que te arreglas y te dispones a ir a la fiesta. Serás amable con todos y también con ella. Sólo tienes que averiguar qué es de ella, qué pasa por su cabecita.

Notas una migraña terrible cuando aún no has abierto los ojos. Luego los abres y no sabes dónde estás. Una habitación, todo es rosa o blanco o una foto de Rita. Rita. Su fiesta de cumpleaños. Fuiste a su fiesta y… bueno, comenzaste a beber. No salisteis, os quedasteis todos en la casa. Y luego, la hermana de Rita… Tienes que coger los fragmentos que recuerdas y ordenarlos. Comenzaste a hablar con la hermana de Rita. Porque habíais ido al mismo colegio de pequeños y eso ya era un buen motivo para hablar, para entablar una amistad de adultos. Para follar en la habitación de Rita. Por Dios, pasaste de ella porque su hermana lo ponía más fácil, su hermana que ya no está y debe ser de las que igual te ha utilizado a ti como podía haber cogido un pepino de la cocina.
Te desarropas y oyes los pasos de alguien en el pasillo. Se abre la puerta sólo un poco y asoma la cabeza de Rita, maquillada y con una blusa blanca y unos tejanos raidos. Te mira y dice:
– Me voy a comprar algo para comer, puedes irte cuando quieras.
Te mira, sin expresión, claramente rencorosa. Y dice:
– Me voy a comprar algo para comer, puedes irte cuando quieras.
Y puedes repasar esos cinco segundos cuantas veces desees en tu cabeza, que nunca una frase que hayas oído ha ido tan cargada de decepción y tristeza, de rencor.
– Me voy a comprar algo para comer, puedes irte cuando quieras.
Cuando en realidad decía: “Me has decepcionado”. O quizá: “No me hablaste y sabías que sentía algo por ti”. O peor: “Te quería y te has tirado a la buscona de mi hermana”. O aún peor, una frase hecha: “Todos los tíos sois iguales”.
Miras el reloj y son las doce del mediodía, y estás solo en la casa. Te has tirado su hermana y te has quedado a dormir en la cama de Rita, donde te has tirado a su hermana. Deambulas por la casa ya vestido y ves un cuarto de invitados con una cama deshecha. Donde ha dormido Rita en lugar de dormir en su más cómoda y confortable cama. Donde te has tirado a su hermana.
Reflexionas sobre si deberías quedarte y esperar a que llegue. Para hablar con ella, para preguntarle si está molesta; para fingir que no sabes de qué va la historia. Han pasado quince minutos desde que se fue, y ya no tardará mucho en volver. Ahora te entra el pánico de comenzar a bajar escaleras y cruzarte con ella. No, te quedas, te quedarás, decides, y así podrás pedirle perdón. Eso harás, no te harás el tonto, le pedirás perdón y soportarás todo lo que ella tenga que decirte; serás honesto después de haber sido un capullo. Harás tu numerito de buena persona y ella no te creerá, pero dará igual porque por lo menos lo habrás intentado. Le dirás que tú nunca haces cosas así, que las mujeres nunca se te echan encima de esa manera y claro, te equivocaste, debiste pensártelo dos veces. Eso dirás. Es una explicación triste, pero es una explicación, y además tiene mucho que ver con la verdad.
Se oye una llave dentro de la cerradura y te empieza a temblar todo. No eres un hombre emprendedor, pero debes llevar acabó esta táctica de extorsión elegante.
Rita entra con dos bolsas en el salón, y al verte resopla. Al verte, dice:
– ¿Por qué no te has ido?
– Quería hablar contigo…
– Pues ayer no querías.
Te sientes como esa versión salida y pederasta de Walt Disney.
– Ya… -respondes, intentando dar pena, y en el fondo dándola.
– Pues no sé… di lo que tengas que decir…
No quieres que te trague la tierra, quieres flotar muerto en el espacio con todos esos carteles enormes de Coca-cola; quieres que se acabe el mundo, un final espectacular, ahora.
– La verdad es que me gustas – dices, y te sorprendes diciendo la verdad.
Ella te mira, y hace que no con la cabeza, helando toda la habitación con su mirada.
– Quiero que me perdones – dices, con tu mejor voz de actor de doblaje de telefilm de media tarde.
Rita deja las bolsas en el suelo. Se va hacia la cocina y rezas por que haya una explosión nuclear, un bombardeo, cazas americanos, que pase algo que frene tu sufrimiento. La Rockettes bailan a tu alrededor y en lugar de sonreírte y guiñarte el ojo, te miran mal, bailan mirándote con desprecio. Quieres dejar de imaginar, adaptarte, ser del montón, que ella te perdone. Y entonces, desde la cocina, Rita dice:
– ¿Quieres quedarte a comer?

(Ahora, en un alarde de originalidad sin precedentes, pondré videos en lugar de fotos. Pondré el que sea, y no tendrá por qué estar directamente relacionado con el texto. Todos los videos tendrán mi comentario debajo. En este caso, el video es un fragmento de la película “Southland Tales”, de Richard Kelly. El tal Kelly dirigió “Donnie Darko”, peli que me dejó a cuadros en su momento. Esta nueva peli la han puesto a parir la mayoría de las críticas. Estoy deseando verla. La canción que suena es: “All these things that i’ve done” de The Killers, y este número musical ya me parece legendario.)

12 comentarios en “Rita y las Rockettes

  1. Como ya recalcó Teseo, no creo que exista el verbo embasar (lo he buscado, y no sale en ninguna parte, bueno, sí, en los myspaces de bakalas y chonis…), sino más bien… ¿envasar?
    Pero lo comprendo, tu nombre es catalán, así que supongo que tu idioma natal será también catalán, y es normal confundirse, incluso en los universitarios con matrículas.
    Muy buen relato 😉 Lo chungo es que no puedo oír la canción, soy sorda, pero eso es lo de menos.

  2. Cierto que mi comentario parecía dar a entender eso… 🙂

    ¿Sabes que ahora que sé qué son las Rockettes (no las encontré por Roquettes) tiene mucho más sentido la historia? Es más… como lo diría alguien que yo sé…”redonda”. 😛

  3. Saludos, muy maja la nueva imagen del blog, sobre todo la foto de la cabecera, que demuestra que las aguas más turbulentas también pueden ser las más tranquilas en la superficie. Lo importante es que el nivel de los textos se mantenga, cosa que hace, desde luego. Ah, y a mí también me encantó Donnie Darko. A seguir bien.

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