Lituania (2 y final)

Pasado un mes en Lituania, tuve que comenzar a escribir un diario. Escribir puede ser lo más deprimente, solitario, narcisista y ombliguista que te puedas echar a la cara. Sueltas tu rollo condicionado y subjetivo sin que nadie te pueda contradecir. La vertiente intelectual de la masturbación. Tú hablas sin abrir la boca, aleccionas y te autoaleccionas sin que nadie pueda echar abajo tus principios con argumentos sólidos. No tienes la réplica de nadie, no existe la contraposición femenina basada en el sentido común. Sólo estás tú, tus ideas. Escribiendo un diario tú eres tu Dios, y todos los demás están equivocados. La vida se mueve a tu alrededor errónea y absurda; la tinta de mi pluma es el semen con el que escribo para preñar el rumbo de la evolución con nuevas generaciones ávidas de justicia. Y bla, bla, blá. Y puedes llegar a vomitar tal cantidad de sandeces, que si alguien lo lee, preferirías que hubiesen descubierto una gran colección de pornografía en tu ordenador personal.

Oksana despierta cada día y cada día escucha el OK Computer de Radiohead como si oír el Karma police antes de ir a trabajar fuera saludable, un ejercicio de vitalismo. Vivimos en un piso que antes debía ser una de las habitaciones de un piso de verdad. Alguien se las arregló para meter aquí una nevera y cuatro muebles. Pero el lavabo sigue en el pasillo. Nuestro albergue del amor. Nosotros, el núcleo cálido alrededor del cual se arremolina la seriedad y el ímpetu suicida de los lituanos. Cuando entramos aquí la primera vez, había un libro de kerouac debajo de la cama, y aun así Oksana no entiende por qué escribo casi sin puntos, casi sin dejarla respirar cuando lee. Sí, el amor es dejar que tu pareja lea tu diario; y después ella ya sabe que tienes miedo, y que cagas y meas como todo el mundo. Oksana sabe tanto de mis debilidades y paranoias que si un día la policía la llamase para decir que he matado a un compañero de trabajo, no se llevaría una gran sorpresa. Así que llega la noche y yo releo a Kerouac mientras ella me lee a mí. Y el resto de los ciudadanos siguen pensando en volarse la cabeza, en cortarse las venas, en despeñarse. Aquí, la muerte casi es otra carrera universitaria. Y somos felices. Y las estadísticas estatales no nos abalan. Es posible que el humor negro sea el opio de los cínicos.

Y Oksana me lee, se echa unas risas y después no me juzga. En serio, no hay más mujeres en el mundo. A su lado Helena de Troya era una pánfila, seguramente igual de guapa pero infinitamente más lerda. Los mitos sólo son ríos de tinta.
Ella me recordó que leer a alguien es lo más íntimo que puedes hacer con una persona; sin el riesgo del gatillazo y con la probabilidad de estar metiéndote dentro de quien sea como de ninguna otra forma podrías. Y lees y no te molesta que él o ella puedan tener la polla pequeña o ausencia de curvas. Intimidad desinteresada. No se trata tanto de llegar al orgasmo como de observar por un microscopio cómo se gesta. Hay muchas formas de describir una historia de amor, pero probablemente cuanto menos tengas que tirar de lírica, más auténtica es.

En Lituania a veces hace tanto frío que dar un paseo significa dejar de pensar. Sólo miras sin observar. Te abandonas y tocas fondo casi contento de no acabar de aprender nunca el idioma. El masoquismo intelectual se va curando poco a poco, aprendiendo a comprar, a relacionarte en el trabajo, aprendiendo a hablar como si volvieras a tener tres años. Estás tan ocupado en hacerte entender que dejas de hacerte preguntas. Yendo lo suficientemente lejos de tu lengua y de tu gente, el existencialismo barato que te torturaba desaparece. Duermes como un bebé todas las noches mientras Oksana se entera de qué es lo que te pone, lo que te aterroriza o nunca harías. La idea era encontrar nuestro paraíso de Adán y Eva en las cloacas del vitalismo en Europa. Había que llevar la contraria a todo el mundo.

Después de habernos visto por primera vez en aquel avión, sólo faltaba un mes para casarnos. No por la Iglesia, claro; no hicimos ni puto caso a nuestros padres. No tienes que hacer un gran esfuerzo para imaginarte a mi padre mirándole el culo a mi novia. Llegas un día a casa y les cuentas a tus padres que te quieres casar y que es rusa. Y las miradas extrañas duran hasta que la ven. Homofobia sin calorías al principio; “¿es que no había ninguna española disponible?” Pero se la presentas y desaparecen los prejuicios geográficos; “vale… es rusa… pero es que es tan guapa”. Cómo odiaba mi vida… a mis padres… mi futuro sin futuro. Es decir, me conformaba, les quería, no lo pensaba demasiado. Pero cómo odiaba todo eso.

Ella sale todos los días a hacer la compra cuando yo me encargo de planchar y poner en orden la imitación de Hogar en la que vivimos. Obviamente ella se siente más como en casa. De todos modos, llevamos dos años aquí, y aún tendrán que pasar unos cuantos más hasta que irnos de vacaciones signifique realmente desconectar.
Esto es como espiar a todo un país. Oksana, habiendo cumplido un mes aquí, llegó a casa un día emocionada. Decía que había visto a una mujer espachurrada en el asfalto a solo dos manzanas de nuestro bloque. La estadística de suicidios es mucho mayor cuando se trata de hombres. No es que hiciéramos una cena especial ese día para celebrarlo, pero por la desgracia de los demás nos sigue picando la curiosidad. Y verla de cerca es como poco, emocionante. Por las noches bromeamos con la posibilidad de que la ruta turística incluya algún suicidio. Eso sí tendría éxito. A menudo intentamos encontrar los índices de audiencia del 11-S en Internet. Lo macabro nos ayuda combatir la rutina. Le pasa a todo el mundo, pero poder hablarlo con tu pareja sin falsos remordimientos significa más que la mayoría de bodas por la Iglesia. Con Oksana no cuesta nada aceptarse como humano. Uno casi comienza a tener más fe aun siendo ateo. Fe en las personas, en que nos podemos salvar de algún modo. Y aunque esto pueda sonar contradictorio, cualquier psicólogo te dirá que el primer paso para solucionar un problema es aceptar que se tiene.

A menudo sueño con una explosión nuclear silenciosa, abro la ventana por la mañana y veo cómo la luz invade y deshace todo el paisaje. La versión lituana de tener un sueño erótico. Vale, no es que por aquí todo el mundo quiera morir, pero por poco que sonrías ya eres feliz por contraste. Oksana y yo muchas veces salimos, y al poco de instalarnos hicimos amistad con un grupo de rock con el que nos reunimos muchas tardes en el mismo bar, y practico el idioma. Ellos obviamente se alegran de vernos cada día, de verla. La única chica del grupo es la bajista, y tiene toda la pinta de haberse acostado con más mujeres que yo. La pregunta que según Oksana divide la gente interesante de la que no lo es, es la siguiente: ¿Alguna vez has pensado en el suicidio? Si la persona contesta que no con rotundidad, quiere decir que interpreta enseguida que le has preguntado si alguna vez ha querido morir. Si la persona duda o se queda pensativa, quiere decir que acepta “el suicidio” como un fenómeno social más, y sabe entender que quizá lo que quieres saber es su opinión al respecto. Ésa es la persona con la que podrás tener conversaciones que vayan más allá del Tópico que puede llegar a ser vivir. De ahí quizá todos los comentarios con respecto a ese tema las primeras veces que nos vimos Oksana y yo. Quería ponerme a prueba. Y con el tiempo todo eso se ha convertido en bromas retorcidas que sólo la gente con el sentido del humor más afilado acepta.

Acercándonos a los dos años y medio de “vacaciones” existenciales para evitar el existencialismo, Oksana me dice que vamos a hacer algo especial, algo que forma parte de la cultura del país. Algo intenso, me dice.
Creo que mi diario comenzaba diciendo: Estoy enamorado…
Podría hacer lo que me dijese con tal de no verla de morros. Alguna gente siempre alardea de no tener en cuenta el pasado, y otros dicen que nunca hay que olvidar las raíces. Pero lo único que cuenta es el presente, ella, y Oksana me lleva al bar de siempre una vez ha pasado el día. Me lleva cuando ya no hay casi nadie en la calle, mucho después de que los bares hayan cerrado. Creo que el primer capítulo de mi diario hablaba sobre la magia de conformarse con sobrevivir. Creo que escribí un montón de tonterías y que sigo escribiéndolas.

Llevo dos días aquí, y creo que no quiero volver nunca más a vivir como antes…

Vamos por la calle y veo de lejos cómo nuestros amigos, los del rock, la lesbiana y el lituano de dicción perfecta, nos esperan con la persiana del garito a medio cerrar. Si ella me hubiera traído con una venda en los ojos, ahora mismo no tendría más información de lo que pasa. Recuerdo cómo se me ligó a través de sus ojos y de hablarme sobre morir en accidentes de avión mientras viajábamos en uno. Amor auténtico.

No escribo este diario para contentar a nadie, ni tan siquiera a ti, Oksana. La verdad es que no tengo ni idea de por qué lo escribo…

Saludamos a todos los del grupo. El dueño del bar espera para abrir la persiana del todo, para dejarnos pasar adentro. Todo el mundo me mira de reojo, y sonríen.

Tal y como estoy ahora, no me importaría acabar mis días aquí, en Vilna, Lituania, lo contrario a los daiquiris y el calor y las playas y la felicidad de diseño; las vacaciones de toda la gente sencilla que morirá sin dejar huella…

Una vez dentro del bar de siempre, veo abierta una puerta al sótano, y de ella sale la única luz que hay encendida ahora en el local; de ella sale un murmullo suave de música. Comenzamos a bajar. Espero a ver algo que me haga encajar piezas, pero en lugar de eso se me pone la piel de gallina pensando en si habrá tenido sentido algo en mi vida hasta ahora. De reojo veo una mesa redonda y siete sillas alrededor y una pistola encima de la mesa. Y alguien me empuja antes de que pueda dar un paso hacia la calle. Alguien me dice: Tranquilo, tío. En perfecto castellano de tener una naranja entera en la boca.
Rodeo la mesa sin apartar la vista del arma. Parece de verdad. El murmullo de música era el OK Computer de Radiohead, y Electioneering da paso a Climbing up the walls mientras todos se sientan en su silla. Y queda una silla vacía y yo estoy de pie. Y todos sonríen.

Lo cierto es que acabas sabiendo cuándo te has equivocado, y mi vida hasta ahora ha sido una enorme y larga equivocación. Error tras error del inútil que soy. Pero mi suerte ha cambiado…

Me siento y alguien hace que la pistola empiece a girar. Ni que decir tiene que hay una bala en el cargador. Y mientras comienza a sudar mi espalda, me dicen que tranquilo, que a la primera muerte acaba la partida; pero que quien muera debe legar todo lo que tenga a los demás. Porque tu legado es lo único que queda de ti. Y Oksana me dice que es emocionante y muy duro, pero que no esté tan nervioso, ella lleva haciendo esto una vez al mes desde que vivimos aquí, y aquí sigue. Y por algún motivo pienso en esas estadísticas de suicidio, en si esta práctica no será una moda habitual aquí, el Botellón lituano. Ni se me pasa por la cabeza intentar huir con esa pistola girando y munición de sobras en algún sitio. Ni por asomo me pongo a recriminarle nada a Oksana. Uno puede ser estúpido, pero no hasta el punto de no saber cuándo no hay salida. Y ahora la pistola se detiene entre el guitarrista y yo; justo en medio.

No quiero alargarme porque sé que querrás leer esto, cariño, y no te lo voy a impedir. Te quiero. Continuará.

El guitarra y yo juntamos nuestras cabezas. Nadie ha tirado una moneda al aire ni se ha hecho sorteo de ningún tipo. Al parecer existe el empate técnico en la Ruleta Rusa, y a la Muerte poco le importa si todos llamamos a la vez a su puerta. Comienzo a llorar, tiemblo mientras mi oreja se pega a la de mi compañero y él coge la pistola para apuntarse en la sien. Me da por pensar en Oksana después de que me diga: Suerte, cariño. Me da por pensar en qué piensa cuando le pregunta a la gente si piensa en el suicidio. Oigo el clic de la pistola. Todos aplauden a mi alrededor, el guitarra me abraza. Oksana se levanta de su silla y viene a darme un beso. Coge el arma y abre el tambor. No hay ninguna bala. He perdido del todo la noción del tiempo. Y después de besarme, me dice:
– Feliz cumpleaños, yo no quería hacerte esto, pero han insistido… lo siento, lo siento, lo…

Sintiéndome vivo como nunca (lo cual no siempre es bueno), salgo detrás del grupo con Oksana excusándose una y otra vez. Nos vamos a recorrer las calles de Vilna. Creo que he perdido un kilo y me cuesta respirar hondo. Me vuelvo a Oksana y le digo si alguna vez querrá bañarse en el Mediterraneo.

(Robbie Williams es uno de los pocos artistas actuales mediatizados hasta la extenuación que me cae realmente bien. Además tiene algunos buenos temas, y unos directos que para sí quisieran los cuatro cantantes melódicos que campan por este país alardeando de querer a todo el mundo y llevando la correción política siempre por bandera. Este se salta eso, besa a sus fans y hasta les toca el culo; se emociona de verdad y su vena bastarda es real. Hacen falta más Robbies en el panorama comercial. Además antes estaban los Take that, contra los que muchos cargabamos, pero joder, es que ahora está Bisbal…)

4 comentarios en “Lituania (2 y final)

  1. El diario es el diario! y por mucho amor no dejaria que mi pareja lo leyera…o puede ser que no haya encontrado a ese amor y de paso fiarme de ella.
    Somos seres amarillistas, las desgracias “desgraciadamente” nos ponen!
    Por el contrario yo si me he planteado el suicidarme pero al final me cago. Creo que es para verdaderos valientes; eso y estupidos persderse todo el show que te brinda el estar vivo aunque la la vida sea una mierda.
    Oksana mola y la bajista tambien.
    Brillante como siempre…bueno desde que te leo!

  2. Pocas veces tengo algo que decir… Está muy bien, como siempre. Aunque creo que lo que hacía taaaaan adictiva la otra parte era lo seductora que era Oksana y lo que decía, tal vez ha faltado un poco de eso. La escena del final, ¡qué intriga! Muy buena

  3. Ojalá fuéramos estoicos más a menudo. Como decía Nietzsche en “Así habló Zaratustra”: “Soy una roca en la corriente, agárrese a mí el que pueda”.
    Ahora voy a hacer un copia y pega para releer ambos de un “disparo”.

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