El escritor muerto

Si alguien te pregunta y le contestas que eres escritor, para cuando hayas muerto da igual si eso te ha dado dinero o no, tienes que haber escrito algo que valga la pena. Mi sueño es escribir algún día frases que al final contradigan lo que afirmaban al principio. Historias magnéticas e intensas que aunque no complazcan den con alguna clave. Hay que dar con sensaciones certeras que transmitidas toquen alguna tecla importante. No se trata de hacer reír o llorar, sino de todo lo contrario. Ambigüedad literaria de alto valor calorífico. Prefiero provocar nauseas a que la gente deje de leer. Quiero ser Poe y vivir para siempre en los miedos de quien me lea.
En cuanto a lo que escribes, poco importa si luego lees bestsellers o las etiquetas de los champús. Pero lo que escribes tiene que ser como no poder apartar la mirada de los ojos de alguien. Tiene que doler dejar de leerte o haber acabado de hacerlo. Tus textos tienen que ser como esos postres que te comes aunque sepas que te van a sentar mal.
Quiero escribir páginas y páginas de positivismo y buen rollo que luego puedan acabar envenenadas con una sola frase. La última frase. Que las apariencias sean sólo el principio al igual que en la vida real. Quiero que cuando leas mis textos sientas lo mismo que cuando te miras al espejo sin maquillar, sin tus trajes, sin adornos, sólo tú. Prefiero que quieras leerme por una cuestión de autenticidad, porque buscas algo cierto sin que nadie te dé una palmadita en la espalda. Me gustaría que cuando crees que algo es desconcertante en mis líneas también te parezca bello. La idea es conseguir justo lo contrario a cuando le enseñas una foto de alguien a la gente y dicen: “Qué simpática”. O: “Qué gracioso”.
Antes de hablar con eufemismos, debes saber que a veces son mucho más duros que la verdad. Me gustaría crear una obra maestra aunque luego la gente se deprima sólo con echar un vistazo a una de mis listas de la compra. Como Einstein, que tenía varios trajes iguales para no tener que pensar en qué ponerse cada mañana, prefiero emocionar o fascinar a muchos que no a ser olvidado en poco tiempo por unos pocos. Quiero dinamitar el concepto de “vida personal” que la gente asocia al éxito. Y aunque como cualquiera quiero que me quieran, es sugestivo pensar en trabajar en vida para que sigan queriéndote para siempre una vez muerto. Me gustaría incurrir en una contradicción personal eterna.
Hay gente muerta que está más viva que otra que aún compra el pan todas las mañanas. Porque lo de quién sigue vivo o está muerto también está sujeto a opiniones. A veces la pregunta no es tanto si merece la pena vivir como si ya ha llegado el momento adecuado para morir. Miles de personas ya solo están entre nosotros para engullir sus pastillas, sin saber nada, sin recordar. Pero nadie tiene un recuerdo de Marilyn demacrada.

Como escritor muerto, debo decir que no es que la vida esté sobrevalorada, pero quizá sí el modo que tiene la gente de “disfrutarla”. Yo por ejemplo ya hace tiempo que sé que el hecho de que uno pueda echarse unas carreras o esté pudriéndose bajo tierra tiene poco que ver con vivir o no. Mientras Elvis sigue generando beneficios desde su tumba, los demás nos contentamos con que no nos pregunten si las flores del centro de mesa del comedor son de plástico.
No es que ser del montón sea malo o un buen motivo para deprimirse. Lo que pasa es que a veces nos resulta absurdo estar aquí para luego desparecer por el mismo agujero del que vinimos. Por eso dejar huella es una forma de arañar tu ataúd para siempre, no sirve para nada, pero de algún modo sabes que muchos aceptarán que se equivocaron contigo. Una negligencia moral. Como quien dijo que cuando haces el amor con una mujer te estás vengando de todos los que te han puteado, si consigues hacer Historia te vengas de la vida en sí, de todo, de cada momento en el que te dijeron que no pero tú sabías que sí. Es lo que se llama tener razón para siempre. Y, para bien o para mal, si tienes razón, por lo menos luego puedes presumir de no haberte equivocado. Las iglesias para ti sólo son edificios muy altos, lóbregos y sobrevalorados. La muerte sólo es otro trámite, la impulsadora de tu leyenda.

Mi ataúd tiene el tamaño de una ciudad grande y gris a la que ni el sol puede alegrar. Porque hay un sol para cada uno de nosotros, y algunos son muy intransigentes. Mucha gente se siente más segura de noche, más inspirada. Muchos ciudadanos muertos del mundo nos identificamos más con la luna, con su timidez, su belleza y su humildad por dejarse mirar aunque nadie pueda tocarla. Me gustaría tener el ánimo de quien ve belleza en la majestuosidad vital del astro rey, pero lo cierto es que al considerarme más muerto que vivo, aún veo mucho más romántico un cementerio de noche que un prado de día. Color favorito: El negro. Estado civil: Harto. Profesión: Fiambre. Obsesión: No dejar nunca de mirar atrás, por la calle, en el tiempo. Por muchos detalles que dé de mí nadie diría que hace mucho se podría haber celebrado mi funeral. Y aunque todo esto suene escabroso, la verdad es que no lo es, sólo es la versión atea de sentarse y confesarse a un cura. Pero sin redención, sin salvación, y con la única posibilidad de resucitar si un día alguien me ciega.

[Si hace un tiempo alguien me hubiera dicho que pondría un video de OT en un blog mío, me hubiera carcajeado hasta morir asfixiado entre mis propias arcadas. Pero este año, cuando hacía zapping y topaba con Virginia, me sorprendía a mí mismo viendo la actuación hasta el final. “Porque está buena”, pensareis algunos, y es verdad, pero también había otras concursantes que lo estaban, y a diferencia de Virginia daban ganas de instaurar la pena de muerte cuando las oías hablar. ¿Qué tiene Virginia? Pues quizá un resquicio de autenticidad en medio de un circo de publicidad e intereses que crea monstruos mediáticos que intoxican el panorama musical. Y sí, Risto se pasa, pero tiene razón casi siempre. Y es una lástima que esta chica vaya a estar absorbida por el formato aún durante meses, o incluso años. Mucho me temo que no, pero ojalá pronto pueda canalizar su “algo especial” para grabar un buen disco. El tema es “Ben” de Michael Jackson.]

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3 comentarios en “El escritor muerto

  1. Es el manifiesto de tu estilo literario, tu manifiesto. A pesar de todo, creo que es lo más personal que has escrito, aunque sea en cuestión de literatura. Pero es sólo una opinión.

  2. Hacía tiempo que no leía algo que no me hiciera apartar la mirada enseguida. Desconcertante y bello…eso es.
    Espero que el escritor muerto tenga una larga vida.

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