Halloween

Cuando tienes unos cuantos amigos de verdad, comienzas a coleccionar lo que llamamos conocidos, esa gente que apenas conocemos, y de la que probablemente ya nos hemos formado una idea -seguramente equivocada- sobre cómo son y qué intereses tienen. Es decir, hablamos de amigos de nuestros amigos, de primos de nuestros amigos, amigos de los primos de nuestros amigos, hermanos de nuestros amigos que a su vez tienen amigos, etc. Es ese tipo de gente a la que saludas tan solo con un asentimiento de cabeza cuando os cruzáis por la calle. Aún es gente lo suficientemente misteriosa para mitificarla u odiarla sin motivo. Esa gente es la razón por la cual cuando llegas a un restaurante siempre hay alguna mesa con veinticinco personas celebrando el cumpleaños de alguien… Queramos o no, no hay grupos de amigos tan grandes, ese tipo de Comunión no existe más allá de los álbumes de fotos.
Así que luego, cuando los amigos os separáis de los conocidos, es cuando llega el momento de hablar de las tetas de… o de lo gilipollas que era su novio. Normalmente cuanta más gente veas reunida, más navajazos por la espalda se producirán luego. Ya es casi una perogrullada decir todo esto, pero también lo es decir lo malas que son las guerras. A veces parece que no hemos arreglado el mundo todavía porque ya está pasado de moda hablar sobre los problemas que nos convierten en degenerados de la vida.

Uno de estos conocidos, fue el que tuvo la idea de montar una fiesta de disfraces. Como si todos viviéramos en zonas residenciales y guardáramos una escopeta en casa, este tipo se empeñó en improvisar un Halloween para una generación que, eso sí, había crecido viendo Salvados por la campana, Los vigilantes de la playa y Terminator. Y pensándolo bien, la idea no era descabellada; viviendo en un país lleno de inmigrantes de hace cuarenta años que condenan la inmigración actual, y de un montón de gente que se cortaría las venas por la bandera española habiendo crecido viendo películas americanas y cenando en restaurantes italianos y chinos. Digamos que, empieza a sonar muy desfasada cualquier reivindicación nacionalista.

Y no, la mayoría de invitados e invitados de rebote, no era gente de zona residencial, pero el organizador de la fiesta y la casa, sí lo eran. Dicho conocido no dudó en cagarse en las costumbres y el calendario, realizando ese Halloween un sábado cualquiera, como una de esas fiestas universitarias yankees en las que todo son estudiantes cuyos padres millonarios llevan más o menos la misma vida que ellos. Piensa en esa imagen de un cincuentón esnifando cocaína de las tetas de una puta, esos ambientes en los que las mujeres son mercancía y los hombres testosterona.

Un amigo mío, yo y varios (muchos) conocidos (el hermano de mi amigo, amigos suyos, novias, etc.) llegamos a eso de las ocho, temprano, cuando en la casa solo estaba el organizador de la fiesta: primo de la hermana del novio de una amiga de la novia de mi amigo. Algo muy lejano a mí, pensaba yo. Dada mi actitud poco sociable aún en segundos y terceros contactos cuando me reúno con más de quince o veinte personas (cosa que para mucha gente te convierte en antipático, raro y hasta despreciable), se podría decir que estaba solo. Mi colega iba de un lado a otro hablando con unos y con otros. Puesto que habíamos llegado aún temprano, trajimos nuestros disfraces en bolsas. Los presentes -unas quince personas- cenaríamos en la casa, y luego llegarían el resto de invitados. Para antes de que llegaran, la idea era estar ya disfrazados, esa era la gracia.
Me presentaron a toda esa gente de la que ya no recordaba el nombre pasado un minuto después de cada presentación, y alguien llamó a una pizzería. Salimos a esperar a un patio con piscina incluida. Había muchas chicas, pero todas eran la pareja de algún conocido. Sabía que había más personas como yo, no del todo cómodas ante tanto (des)conocido, pero creo que todos supimos disimular muy bien. De haber sido menos gente se podría haber tenido una buena conversación para acortar distancias y no sentirnos como en la butaca de clase turista de un avión, pero al ser tantos pasó lo que siempre pasa: hubo conversaciones paralelas y miradas de reojo; de vez en cuando alguien preguntaba: “¿Cuánto han dicho que tardaban las pizzas?”.
Acabé formando grupito con mi único amigo de verdad, su hermano y su novia. Alguien intentó contar algo sobre sus vacaciones a todos los presentes, pero enseguida volvieron las conversaciones paralelas, las miradas fugaces a los escotes, entrepiernas y peinados. Había tanta charla previsible, frase hecha y discurso aburrido sobre trabajo, tiempo y tópicos varios, que de haber abierto la boca demasiado sólo hubiese conseguido dar la nota. A veces justo eso que te enorgullece en relación con tu actitud es lo que te separa de la gente. Si alguien pudiera darnos un consejo sincero justo antes de nacer, probablemente sería: “No seas tú mismo, olvídalo”.

Llegó el pizzero y todo el mundo quería pagar, invitar. Al final el anfitrión dijo que no, que él pagaba porque era su casa (mentira, era de sus padres, de vacaciones en California). Había tantas pizzas que se formaron dos torres de cartones en la mesita de jardín que utilizábamos.
Cuando acabamos de cenar vimos que habían sobrado tres pizzas grandes enteras (reflejo directo del buen número de parejas “tipo” que había, cuya forma de comer consiste en un régimen eterno por parte de ellas y un intento inútil de los novios por comer “lo justo” para no llamar la atención de sus chicas). Pero sobró comida, básicamente, porque podía sobrar, era más bien difícil calcular pizzas para quince personas, y como buenos occidentales lo que hicimos fue pasarnos, dar la nota y jactarnos de ello.

Para la hora de disfrazarnos, todas las chicas se metieron con sus bolsas en un amplio dormitorio en el piso de abajo. A esa hora, seis de las siete chicas que había (todas menos la novia de mi amigo), ya se reían y actuaban entre ellas como si fuesen amigas de toda la vida; eran de ese tipo de personas que se pasan la vida rechazando postres y no pueden dejar de ver series de moda de esas en las que entrarías con gusto en plató y matarías hasta la última script con una ametralladora. Sí, ese tipo de series españolas; y sí, su público potencial, el tipo de “chica que se cuida” que te follarías hasta desfallecer si no fuera porque luego no basta con gastar un klennex. Y vale, sí, acabo de decir que a veces hay tías tan tontas que es preferible hacerse una paja. Mi colega, el de la fiesta, siempre lo decía, hasta que dio con la apropiada; da gusto hablar con mujeres que no pretenden dejarte claro en cada puto momento lo precavidamente femeninas que son. Y éste, precisamente, es un ejemplo de discurso típico con el que quedar como un imbécil delante de grupos numerosos. Por eso mucha gente elige no expresarse de forma sincera. No seas tú mismo, olvídalo. Alimenta tu mundo interior y no lo dejes salir, hasta que un día tengas que irte a un descampado y gritar, para poder volver al mundo real y volver a clavar tu personaje.

Las chicas comenzaron a salir de la habitación: Catwoman, una Niña pequeña (o putón), una Chacha (o ídem), otra Niña pequeña, una Pantera, Marilyn Monroe, y la novia de mi amigo, que se disfrazó de Liza Minelli en Cabaret, cosa que tuvo que aclarar al resto de chicas. Entre los tíos hubo disfraces de poco interés, un par de Batmans cutres, un Spiderman (modelo pijama), un par de putones, etc. Yo me limité a ponerme una gabardina gris y un sombrero negro. Salí bastante airoso. Y una vez nos reunimos todos otra vez para esperar a los invitados, quedé estupefacto ante la facilidad con que la gente se desinhibe solo porque toca. No había chica sin escote o tío que no fuese susceptible de hacer un calvo a la más mínima. Hay que decir que el alcohol ya estaba ayudando, pero siempre he pensado que mucha gente, a lo largo de la historia, ha utilizado la excusa del alcohol para justificarse. Si se abre una pequeña ranura a través de la cual se ve lo que eres, siempre hay que tener una excusa a mano: “fue por el alcohol”, “fue por los disfraces”, “…nos dio un calentón y…”, “mi perro se comió mis deberes”, “mi padre me maltrataba”, “¿cómo voy a ir al trabajo si no?”, “se me fue la olla”, “esto pasa en las mejores familias”, etc. Podemos violar a nuestras novias, cargarnos a nuestros padres y arrasar el mundo siempre que tengamos una explicación a mano: “Es que nací humano”. Y mientras mis ojos iban de un escote a otro pensaba en que la culpa de todo la tenía el Big Bang. Eres libre, pero ya sabes, olvídalo. O búscate un buen abogado.
Comenzaron a llegar invitados, amigos de amigos de amigos, y primos y novias. Y hasta alguna pareja de veinteañeros ya casada. La creatividad en cuanto a los disfraces de los nuevos conocidos me sorprendió gratamente. Había un Kurt Cobain pos suicidio, con su maquillaje sangriento; una pareja iba de J. F. Kennedy y Jackie Onassis, había una Uma Thurman con el look Pulp Fiction y hasta un Frankenstein sorprendentemente logrado. Por supuesto había también otras tantas chicas que aprovecharon para explotar su potencial de calientapollas, y otros tantos tíos que pensaban que aún es original dejarse barba y ponerse un suéter y una falda. Por lo general el ambiente era colorido y más logrado de lo que había prejuzgado. Y cuando ya estuvimos todos (unas cincuenta personas abarrotando el patio), hicimos lo que se espera de personas jóvenes con una gran proyección de talento y posibilidades de cambiar el mundo: beber.

Había varios barriles de cerveza distribuidos por el patio y hasta una barra en la que podías servirte lo que quisieras. Había un montón de dinero invertido en nuestro probable desequilibrio etílico. Había llegado el momento -una vez acabó la eterna fase de las presentaciones- en que había que disfrutar de la fiesta, eso a lo que mucha gente se refiere de forma alegre como “conocer gente”. Es algo de lo que muchos y muchas presumen, la auténtica habilidad para romper el hielo enseguida y charlar de forma espontánea con extraños. Es el tipo de actitud recomendada para la juventud que, luego, choca (sí, choca) de frente con la idea de la monogamia y la familia. Supuestamente, de joven has de ser tan abierto como para confraternizar y poder ligar con cualquiera, y llegado el momento en que todos te dicen que lo más sano es formar una familia, entonces tu antigua habilidad para con las personas se convierte en tu auténtico obstáculo para mantenerte fiel. Creo que, la conclusión, es que ninguna actitud sirve a largo plazo: si te distancias de la gente cuando eres joven, sufres; y si desarrollas una habilidad asombrosa para caer bien, acabas sufriendo también. Este es otro de los discursos que siempre evito soltar en según qué ambientes. Ya sabes, olvídalo.

Bebí, formando grupo con mi amigo (Batman, el de la serie de los setenta), Liza Minelli y Jackie Onassis, hasta que me noté realmente mareado. Kennedy estaba en otra zona del patio, flirteando con Catwoman, mientras Jackie Onassis hacía algo similar conmigo, creo que en una competición entre ellos para dar celos. Yendo lo suficientemente borracho le decía a todo el mundo que sí, que iba de Humphrey Bogart, y todos decían: “Guai, tío”. Alguien tiró a la piscina a Marilyn y todo el mundo comenzó a aplaudir. Y seguimos bebiendo. Y un grupo de tíos disfrazados de gangsters de los cincuenta hicieron una competición de beber chupitos, alguien disfrazado de Michael Jackson vomitó cerca de la piscina, Marilyn se paseaba borracha en ropa interior, alguien tiró un barril de cerveza y nos puso perdidos los zapatos a Jackie y a mí. Y seguimos bebiendo.
Reinaba una especie de caos controlado que, sumado al alcohol, te hacía ser realmente feliz por momentos. Jackie estaba cada vez más insinuante. Miré a mi alrededor y J. F. K. no estaba por ningún sitio. Catwoman tampoco. Atisbé hacia la casa y vi luces encendidas en el segundo y tercer piso. El anfitrión, que iba disfrazado de Peter Pan, hacía una hora que había desaparecido del patio. El anfitrión, de hecho, era verdad que no quería crecer.

La fiesta de Halloween, en realidad, tuvo unos orígenes poco (o nada) parecidos a la celebración típica que conocemos de tíos que beben hasta desfallecer, tías disfrazadas de putón y niños pidiendo caramelos puerta por puerta. La mayoría de gente no sabe que Halloween fue una tradición promovida por unos sacerdotes Druidas que llegado el día señalado iban casa por casa pidiendo todo tipo de comida para realizar sus rituales satánicos. Si eras brujo o simplemente querías hacer algún tipo de magia o sacrificar una virgen para beberte su sangre por el motivo que fuera, ese era tu día. Si querías maldecir a tu vecino o provocar la muerte de tu jefe y nunca daba resultado, en Halloween era la fecha adecuada para volver a intentarlo. Así que la gente, cuando ese día alguien llamaba a la puerta, en lugar de con los hijos del vecino, topaban con los Druidas; si no les dabas lo que pedían te lanzaban una maldición, y supuestamente durante el siguiente año alguien de tu familia moría. Esa es la historia que yo sabía desde bastante antes de aquella fiesta, y sea la auténtica o no, esa era la historia en la que creía Peter Pan, nuestro anfitrión.

Jackie Onassis y yo nos quedamos solos y ella me metió la lengua hasta la campanilla. Ese es el último buen recuerdo que tengo de ese día. Debió ser a eso de las cuatro de la mañana. Muchas parejas se habían metido en la casa, y si nos poníamos de acuerdo para no hacer ruido hasta se podía oír gemir a alguien. Había una orgía en el interior y borrachos en el patio. Y nadie sabía dónde narices se había metido Peter Pan. El cerebro lavado de Peter Pan.
El declive fue de repente, vi caer a Michael Jackson a la piscina y su cuerpo flotó inerte mientras se diluía en el agua el rojo de la sangre con su maquillaje blanco. Yo sujetaba mi octavo o noveno cubata y a Jackie, y vi como apenas cuatro o cinco personas nos dimos cuenta enseguida de que había habido un asesinato. Un tiro en la cabeza. Jackie me vio pasivo y sacó su lengua de mi boca. Miramos hacia arriba, hacia el tercer piso de la casa, donde había una terraza, y vimos a Peter Pan, que ya no iba de Peter Pan. El anfitrión llevaba un atuendo blanco en el que se distinguían dos cruces cristianas al revés. La gente comenzó a correr hacia el bosque en pendiente que había si conseguías saltar el muro del patio. Oí cómo la ametralladora que sujetaba Peter (nunca he sabido su nombre de verdad) escupía sus balas con sonidos sordos de silenciador. Todos corrimos hacia el muro mientras se levantaba el polvo detrás nuestro de los impactos de bala. Jackie llegó antes al muro, pero al disponerse a trepar por él recibió un balazo a la altura del sujetador. Fue cuando creía que mi vida acababa. Joder -pensé al cabo de los días-, ni tan siquiera era Halloween de verdad. Aquel tío necesitaba veinte litros de sangre. No era Halloween de verdad, pero quedaba poco para el de verdad. Y qué mejor idea que invitar a un montón de desconocidos que no te importan una mierda, y convertirlos en algo útil para tu ritual soñado. Eso debió pensar él. Era la versión psicótica de cuando de pequeño te dicen que no hagas caso a desconocidos. La casa del anfitrión era una construcción sólida que por un lado se sujetaba con tres patas de acero a la montaña y por el otro tenía una pendiente que iba a parar a una autopista. Y sí, conseguí saltar el muro y escapar dando tumbos entre árboles y desperdicios. Yo y buena parte del resto de borrachos y borrachas. De la gente que andaba por dentro de la casa no quedó nadie vivo o vestido.
Bajamos la pendiente boscosa hasta la autopista, y algunos intentaron cruzarla cuanto antes con el ansia de huir. Un coche atropelló de lleno a una chica y frenó de golpe. La chica debió haber muerto en el mismo instante, pero en lugar de eso pasó dos semanas en coma y murió. El conductor del coche bajó, y para cuando iba a decir algo una bala atravesó su cabeza. Peter Pan nos seguía. La chica muerta era Marilyn, una joven de diecinueve años que aún iba en ropa interior. El asfalto comenzó a estallar por todos lados debido a la ráfaga de ametralladora; muchos coches comenzaron a derrapar al ver tanta gente en medio de la autopista y cómo muchos de ellos caían muertos sin motivo aparente. Porque Peter Pan necesitaba veinte litros de sangre; porque según se supo con el tiempo, Peter Pan no tenía amigos auténticos. Peter reunió a todos los conocidos posibles para vengarse, para reafirmar su condición de inadaptado y echarnos a la cara su satanismo -según declaró más tarde- provocado por nuestra actitud ante la vida con la gente como él, poco agraciada, tímida y poco sociable. Era mi versión sin amigos. Podía ser yo pasado un tiempo. Eso creía entonces. Allí en medio de aquel caos vi cómo los coches pasaban pitando a mí alrededor y algunas personas agonizaban en el suelo pidiendo ayuda. Sentí un terror repentino invadirme cuando vi que seguía vivo y pensé en el porqué; o cuando pensé en dónde estaría mi amigo, en si había sido real mi amigo. Me detuve a fantasear con si podía esquivar las balas. Miré hacia las luces de los coches y vi cómo dos de ellos venían de frente, hasta cegarme. Los dos coches se detuvieron, eran dos coches patrulla.
Cuatro policías vinieron hacia mí y me hicieron dejar la ametralladora en el suelo y poner las manos en la cabeza. Y me vi pensando en la razón por la cual les había dicho a todos durante la noche que yo iba de Humphrey Bogart, y todos habían sonreído exageradamente: “Guai, tío”.

[Marilyn Manson siempre me ha caído bien. Es un tipo que siempre ha atacado justo donde más le duele a la gente, y ha demostrado que lo que más le duele a la gente son cosas como ver a alguien que se viste, maquilla y muestra como le da la gana. Criticando facilmente a tipos como él quedamos justo por debajo de ellos. Me parece uno de los grandes provocadores de los últimos años, y además con buenos temas y directos aún mejores.]

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3 comentarios en “Halloween

  1. La idea del cuento en sí no me parece demasiado original, pero me ha molado mucho el desarrollo y tiene imágenes super chulas. Así que diría que de lo último que he leído tuyo es probablemente lo que más me haya gustado… Lo que mola de M. Manson y de R. Smith es que cuando se bajan del escenario y se quitan el maquillaje, nadie les reconoce por la calle. Pero sobre escena, me quedo con los Cure sin duda 🙂

  2. creo que esta noche no hara falta terminar de ver alguna pelicula , me quedo con esta historia original, con contenido con elementos fotograficos que me han hecho ir mas alla de la inmaginacion buena beso despe buenas noches nota: me quedo con marylin manson y the beutiful people hasta escuchar mas de the cure .

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