Así comienza

Estoy sentado en una mesa y nadie me atiende. Necesito café para calmar lo irritada que tengo la garganta debido al tabaco en exceso y mi siempre desacertada forma de vestir en época de entretiempo. Me levanto y cojo un diario, lo comienzo a ojear desde la última página y no paro de sudar porque que estoy solo y me duele la garganta y nadie me atiende.
Al final una camarera se acerca y murmura algo, la miro y tiene un ojo verde y otro azul. Le digo que quiero un cortado y ella se va y al mirar hacia el diario cae una gota de sudor de mi frente en una foto de Salma Hayek. Entra una pareja joven en la cafetería, antes sólo monocliente. Son las siete de la tarde, murmuro, mientras miro mi móvil, aunque no me importa qué hora sea, y la chica bicolor me trae el café y ahora parece que sus ojos han intercambiado sus tonos. La mujer se va hacia la mesa en la que se ha sentado la pareja. Ella debe tener unos diecisiete años y él unos veinte. La camarera quizá treinta y cinco. Pienso que ambas son follables aun con la diferencia de edad e incluso siendo menor una de ellas, y tomo un sorbo de café y me quemo. Paso una página hacia atrás y llego a la sección de economía y cierro el diario. Me levanto y cojo la primera revista que toco de encima de la máquina de tabaco. Me siento y es una revista de moda y comienzo a ojearla desde la portada. Cada dos páginas hay una de publicidad, hay un índice enterrado en la página quince. Una chica tan delgada que sólo parece viva porque intenta sonreír enseña unos zapatos de Manolo Blahnik en la página veinte. Lo aberrante también es fascinante. La pareja comienza a hablar en susurros y comienza a tocarme las narices que el café no se acabe de enfriar nunca.
Decido apagar el móvil y comienzo a beber mi café cuando por fin se puede. Estoy sentado de cara a la puerta, a unos cuatro metros, y fuera hay un paseo por el que no para de pasar gente con cara de no querer volver a repetir este día jamás y a sabiendas de que les toca otra vez justo mañana. El café está mejor de lo que parecía y me relajo un poco, me dispongo a fumarme un cigarrillo. La chica de diecisiete años viene y me toca en un hombro y se disculpa y me dice que si puede coger la revista. Se la cedo aunque no he llegado ni a la mitad e imagino a esta misma chica tan delgada como la modelo de los zapatos de Manolo Blahnik y me pregunto por qué después parece leer la revista con tanta atención. Se me pone la piel de gallina y doy otro sorbo al café. Miro mi móvil y de repente me extraño del porqué lo he apagado y he seguido con la esperanza de que alguien llamara. Pero aun así lo dejo apagado, esperando a que alguien me llame.

Ha pasado media hora y hace diez minutos que me acabé el cortado. Salí del trabajo hace diez cigarrillos. Hago un cálculo rápido y sé que aún me fumaré unos cinco antes de irme a dormir hoy. Abro mi paquete de tabaco y solo quedan tres dosis y me levanto a sacar tabaco. Mientras me desactivan el control de menores y meto las monedas me pregunto por qué le digo a todo el mundo que estoy intentando dejarlo. Me acuclillo para coger el paquete y decido pedir otro café, esta vez solo. La pareja lleva unos diez minutos seguidos mirándose a los ojos sin hablar y agradezco el estar sentado de espaldas a ellos y me debato entre si me dan más envidia o más ganas de hacerles daño de verdad. Al final prefiero pensar que me dan envidia y la mujer de los ojos bonitos me trae el café y sólo con tocarlo sé que tendré que esperar unos cinco minutos. Y podría seguir indefinidamente, pero no pasa nada más. Esto es todo, ya sea solo o acompañado todo lo que hay es lo que tengo en la cabeza; en estos momentos la camarera, la pareja y yo sólo somos compañeros de aire; en lo que se refiere a lo felices o no que podamos ser, puede que estemos en planetas distintos, el Planeta Yo, el Planeta Horario intensivo y el Planeta Sexo.
Enciendo el móvil justo después de salir de la cafetería y hay un mensaje. De mi compañía telefónica. Me dice que tengo tropecientos mensajes gratis siempre y cuando sea lo suficientemente rápido para usarlos en quince días. Carpe Omnius.

Pero no se puede disfrutar a tope si eso choca con tu sistema de valores. Este no es el camino, pero es la ruta secundaria más interesante. Si sigues una rutina típica te pasarán cosas buenas a veces, pero teniendo una vida atípica te podrían pasar cosas extraordinarias. O también podría no pasar nada, que de hecho es lo que suele pasarle a la mayoría de gente. Todos viviendo en su propio planeta y orbitando algunos alrededor de Dios y otros alrededor de sus pollas o sus fondos de armario. El planeta Mí, por ejemplo, ha ardido siempre en deseos de acoger a Dios en su corazón, pero luego comienzas a pensar por ti mismo y decides que allí arriba hay poco más que contaminación y una disminución progresiva de la presión parcial del oxígeno. Siendo estrictos, si Dios hubiera estado viviendo en el cielo, hace mucho que habría caído asfixiado hasta chocar contra la tierra que él mismo creó. Dios, Papá Noel, Catherine Z. Jones…, todos mitos inalcanzables, coitus interruptus emocionales. No es que no exista lo que no se puede tocar, es que la mayoría de cosas que puedes tocar tampoco existen para ti.

Camino hacia casa y me enciendo otro cigarrillo, aspirando tranquilo porque tengo de sobras hasta mañana a estas horas. Tengo un corte en la mano que no recuerdo cómo me hice. Paso por delante de la frutería de mi barrio y una señora mayor se desmaya ante el estante de los melones; aligero el paso. Se oye una sirena de la policía o tal vez de los bomberos y quizá alguien se está muriendo en este momento. Me chupo el corte de la mano, no acaba de cerrarse. Me acuerdo de cuando era pequeño y me enfadaba con mis padres y para no romper nada me mordía con fuerza la muñeca derecha. La marca de la mordedura podía durar días, y hasta que no desaparecía del todo no se me pasaba del todo el cabreo.
Veo un mendigo en una esquina y me siento generoso y cuando le voy a dejar una moneda en la bandeja veo que está recostado y le sale sangre por la boca. Aligero el paso. Y la sirena de la ambulancia o la policía o los bomberos se sigue oyendo de lejos. Llego al portal de mi bloque de pisos y tiro el cigarrillo en la acera. Abro la puerta y el ascensor está roto y tengo que subir cinco pisos a pie, y se sigue oyendo la sirena igual de lejos. Y de repente me entra el miedo en el cuerpo ante la idea de volver a soñar esta noche con que este edificio se derrumbe mientras todos dormimos. Un sueño infantil que me ha seguido hasta la mediana edad. No es que importe, pero el motivo por el que tengo cuarenta años y vivo solo podría deberse a que rehuyo la vida conyugal o soy un bohemio, pero lo único que pasa es que me divorcié hace dos meses y ella se quedó con la casa. Y me entra una sonrisa cada vez que pienso que no tuvimos hijos a los que torturar. Bienvenido al Planeta Yo, el Planeta Mí. Moi. Y yo pedí el divorcio, yo quise esto, estar solo, solo en mi planeta, aligerando el paso por la calle y yendo a lo mío. Aprovecho como nunca mi conexión a Internet y me estoy planteando iniciar una colección de pornografía en dvd. Estoy tan tranquilo que podría decirle que no a Helena de Troya. Y éste no es el camino, pero a quién le importa el camino teniendo la ocasión de ver nuevos paisajes; nuevas grutas en el Planeta Yo. Todo esto me convierte en algo ajeno a los objetivos comunes. Mis secretos más terribles son que mi piso minúsculo me gusta y no quiero dejar de fumar.

En una de las tres habitaciones que conforman mi piso, tengo una especie de escritorio, donde tengo el ordenador, y donde de hecho suelo desayunar, comer y cenar. Tal y como estoy sentado tengo la ventana justo a la altura de mi codo. Puedo ver toda la calle e incluso un bonito amanecer si a esas horas estoy despierto. Ahora ya es noche cerrada y son las nueve y media según mi móvil y las nueve y veinticinco según el reloj del ordenador. Supongo que las nueve y cuarto si voy a la cocina y miro el reloj de pared. Pero da igual quince minutos más o quince minutos menos, de todos modos no sabes cuándo el tiempo que pasa sería más productivo si hicieras otra cosa, o cuándo el tiempo juega en tu contra y lo mejor sería que lo estuvieras perdiendo. Y hasta ahora nunca he llegado tarde al trabajo.
Echaría de menos a mi mujer si no fuera por cómo se ven las partículas de polvo en esta habitación cuando entra el sol en ella a las siete de la tarde.

Siempre me ha fascinado lo minúsculo, algo tan frágil que desaparece o muere con un soplido, ya sea hablando textual o metafóricamente.
En el piso contiguo al mío vive un matrimonio joven, de hecho casi adolescente. La única obsesión que permanece en mi cabeza últimamente es ellos. Están casados y se le oye discutir a menudo. Un bebé llora histérico muchas veces y a veces sus llantos se mezclan con los de su madre, que tiene edad para estar acabando el instituto; pero en lugar de eso ha tenido que renunciar a su juventud porque sus padres creen que cualquier aborto es un asesinato y que ella es una zorra y tiene que pagar por haberlo sido. Y hasta que se rompió el ascensor hace dos semanas, cuando coincidía con ella dentro me hablaba de cómo le iba sin casi dejarme replicar. El Planeta Desolación. Rompía a llorar y salía del ascensor y si su marido descubría que había estado llorando volvían a discutir. Él parecía el maltratador potencial, y ella tenía toda la madurez de alguien que se juega la vida en un examen pero no ha tenido la oportunidad de preparárselo. Justo ahora se vuelve a oír al bebé llorar. Puede que ni tan siquiera haya nadie en el piso. Miro por la ventana y veo una luz extraña e intensa en el cielo: la sirena sigue escuchándose aullar por toda la cuidad, de hecho ahora se oyen varias. El bebé sigue llorando y de repente oigo un rugido entre los lloros (sí, “rugido” es la palabra que me viene a la mente), algo que no parece salido de una garganta humana. Alguien grita en el piso de arriba, una mujer; algo, también arriba, cae haciendo mucho ruido, quizá un mueble. La luz en el cielo se hace aún más intensa. Y algo me dice que mis planes de soltería se van a venir abajo, el futuro. Ya no me importa lo que pase en el piso contiguo. Y entre los lloros del bebé y los sonidos guturales de quien sea, paralizado ante la ventana, mientras la gente mira hacia el cielo sin moverse o palpando sus bolsillos en busca del móvil, me viene una sola frase a la cabeza: Así comienza.

[Ayer me topé con un video que ya había visto en “Sé lo que hicisteis…”. El video produce una mezcla de asco, intensa vergúenza ajena y risa floja. El caso es que este tipo (se hace llamar Delfín Quishpe), con la canción del video, ha tenido nosécuantasmil visitas por estos lares. Este es el tipo de cosas que triunfan en internet, no sé si me hace gracia o me deprime mucho, pero en todo caso no está de más comprobar por uno mismo qué debe ser lo que atre a tanta gente.
El blog ha superado las setenta mil visitas. No sé si en dos años eso es mucho o poco, pero en todo caso gracias a los lectores habituales (que no sé cuántos deben ser), e incluso gracias a los que llegaron aquí por casualidad desde Google y salieron huyendo despavoridos ante tanta letra junta.]

Anuncios

8 comentarios en “Así comienza

  1. Como cada vez que consigo leer un post completo, me apetece dejar mi sello. Me ha gustado, a veces mientras desarrollo cualquier actividad a mi también me surgen historias similares a esta, el problema es que las escribo en mi mente, pero no dejo constancia de ellas y a los pocos minutos las he olvidado para siempre. Gracias por la difícil tarea de relatar el día a día tal y como es, sin artificios.

  2. dioses, el relato bien, pero el video es basura, que cortada de rollo jordi, macho…

    aún asi, felicidades por las visitas…

    deberia leerte mas gente, jejejeje

  3. El relato está bien pero reirte de un pobre diablo como Delfín Nosequé me ha pillado con el paso cambiado. Chico, aquí termina mi labor como personal trainner. Yo trabajo con personas. A partir de este momento, te quedas sólo. Buena suerte!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s