Iris

Yo tenía once o doce años y estaba en mi habitación, y mientras mis padres hablaban con mis tíos en el comedor, me enteré de que mi mamá había tenido dos abortos. Podría escribir un libro con lo que mis padres creen que no sé. Con lo que mis hermanas creen que ignoro, y con los secretos de mis amigos. Realmente, si un día quisiera enemistarme con todo el mundo, sólo tendría que ponerme a hablar, a rajar de verdad. ¿Lo pilláis? Bastaría con sacar los temas adecuados y luego yo sólo tendría que ir apostillando, llenando los huecos. Comidas familiares, cenas con amigos, celebraciones varias. Serían buenos modos. Bastaría con que alguien me sacara de quicio de verdad y se romperían parejas, se harían nuevos enemigos y hasta podría haber algún divorcio. Es otra forma de ganarse el respeto, al estilo de la mafia, porque no sabías lo que pasaría si me calentabas, si me ponías al límite. Antes de convertirme en el baúl de tus miserias, debes saber que no soy tu diario, debes saber que yo sólo soy como tú.

Cuando tenía diez u once años ya estaba obsesionada con tener unas buenas tetas. A los dieciocho me parecían exageradas, y aún entra en mis planes reducírmelas. Esa es mi única anécdota personal jugosa.
Mis hermanas nacieron tres años después que yo. Rubias igual que mi madre, cinco horas de parto, cesárea: mis padres tienen un video del espectáculo escondido en el fondo de armario de su habitación. Aún no sé quién lo grabó. Primero salió Vanesa, berreando y llena de sangre. Un par de desmayos de mi madre después, vino al mundo Ana: en algunas sectas eso te convierte en la hermana pequeña. Eran tan monas que cuando yo tenía cinco años estuve a poco de asfixiarlas de celos con las almohaditas de sus cunas color pastel. Yo de pequeña era así, o me hicieron así; no puedes tener tres hijas y empezar a ser dura con una sólo por ser mayor y no estar repetida y no ser tan mona y tan rubia porque en lugar de parecerse a mamá se parece a papá y papá solo tiene un aburrido pelo color castaño. No puedes. Pero aun así, aunque me vi tentada a hacer muchas cosas, mis hermanitas sobrevivieron. Y lo cierto es que ahora las quiero mucho, supongo que por todos los problemas que hubiera tenido si estuvieran muertas. Problemas de conciencia. Esas cosas te persiguen toda la vida, las cosas de las que te acusan o que escondes. Todo el mundo es mucho más interesante cuando se comienza a saber la verdad. ¿Y qué pasaría si alguien comenzara a decir la verdad? Es decir, toda la verdad, no solo la que se desprende de los álbumes de fotos, los fotologs o los perfiles personales de los currículums. Nada de la imagen amable que la gente da en las agencias matrimoniales, nada de rutina o discretos paquetes color marrón que llegan a tu casa escondiendo revistas porno o juguetes sexuales. ¿Qué pasaría si alguien de tu entorno se enfadara de verdad? ¿Aún no lo pillas?

Vanesa, mi hermana, siempre ha mostrado un gran interés por los hombres negros. Si vas a su habitación, solo tienes que apartar la mesilla que tiene la lámpara encima, y verás que en el hueco que hay debajo de la misma esconde un consolador de unos treinta y cinco centímetros. Un consolador negro y maloliente. Si irrumpes en su cuarto cualquier sábado cuando haya llegado de alguna discoteca, la podrás encontrar usándolo. Y papá y mamá creen que aún es católica, que esperará hasta después de casarse. Si coges el coche desde mi casa y conduces dos manzanas cuesta abajo, encontrarás la casa número treinta y tres, y allí vive Abdoulie, que puede confirmar esta información. Una de las confesiones que me hizo Vanesa a sus quince años, fue el modo en que Abdoulie y ella fueron un día de farmacia en farmacia sin conseguir condones tamaño… Abdoulie. Y ese fue el día que Vanesita dejó de ser católica para pasar a interesarse por África y la sección de juguetes de la revista Hustler.
Vanesa es un chica muy responsable, eso sí, inteligente y humilde, encantadora. Pero digamos que, a veces le gusta unirse al rebaño, y es entonces cuando se pierde a sí misma para poder encontrarse con los demás. Esto es extrapolable a la mayoría.

Lo de mi hermana Ana es más…“vox populi”, pero sólo la parte amable, la fe. Cuando tenía dieciocho años conoció a un chico en el instituto, y el chico creía en Dios. De una forma que iba más allá de lo habitual; digamos que creía en Dios de la forma en que un musulmán cree en Alá. Lo suficiente para matar o matarse o para lavarle el cerebro a una chica que odia a una de sus hermanas por burlarse del tamaño normal del pene de sus ligues. Si Vanesa era la chica sexual, Ana tenía que ser María Teresa de Calcuta. Tanto, que acabó con ese novio suyo acudiendo a reuniones extrañas de las que estuvo un par de años sin hablar. No recuerdo el nombre de la secta, “Hijos de la Luz” o “Hijos del Mañana”. Algo así. El caso es que el año que todos sabéis en que empezaron a desaparecer bebés en la ciudad, pues esos bebés eran ofrendas a Dios. Un día mi hermana llegó a casa y se metió en mi habitación llorando, para contarme cómo esa noche había huido de la casa donde celebraban los rituales; me contó cómo drenaban la sangre de los niños aún vivos y que esa noche le tocaba a ella realizar un sacrificio. Pero no pudo. Los días subsiguientes llegaba a casa con moratones que sólo me enseñaba a mí, en la entrepierna y cualquier zona que cubriera la ropa. Presiones para que no abandonara el grupo. Ana fue una creyente firme y aún sigue siéndolo aun sin ver a aquella gente, y aun bajo amenaza perpetua. La respuesta al motivo por el cual no huyó antes de allí sólo la sabe ella, aunque seguramente tenga bastante que ver con el hecho de que seas quien seas, no puedes dejar de leer esto.

Es en parte nuestra naturaleza la que nos hace ser como somos. Quizá queremos ser mucho más civilizados de lo que podemos. Quizá nos autoexigimos demasiado. Mi padre, por ejemplo, es otro de esos hombres que nunca ha entendido qué gracia tiene lo de tener familia, o qué hay de malo en ser solitario. Mi padre siempre ha sido un hombre solo, pero con mujer e hijos. El problema está en que por mucho que intentes adaptarte, si no te sientes en tu salsa vas a ser infeliz de todos modos. Así que lo que mi padre lleva haciendo más de diez años, es irse de putas. Y mi madre ahí sigue, encantada de la vida, todos los días de chismorreo con las amigas y sin hacer preguntas, sin saber que también se puede dinamitar la negación.

También tengo algunos amigos con secretos que ya no lo serán. Conocí a Javier cuando aún se meaba encima, y a Marta hace unos cinco años. Se conocieron y comenzaron a salir. Llevan tres años juntos y Javier lleva uno de esos tres años con Marisa, que a su vez le pone los cuernos a Luis, otro al que conocí en pañales. Un primo que tengo le ha comenzado a tirar los trastos a Marta y ella parece responder; así que supongo que Javier ya mismo tendrá vía libre con Marisa, lo cual puede que haga que Luis se quede solo, para así yo poder cruzármelo un día de forma casual y convertirme en su vagina de transición, para quién sabe si incluso formalizar algo serio, el autentico objetivo de este párrafo, mi mini carta de amor.
Tengo también otros familiares de los que guardo más de un trapo sucio. Si por ejemplo quisiera joder viva a mi prima Cristina Soto, solo tendría que explicar esa vez que, para conseguir dinero rápido para un concierto, lo que hizo fue rodar una escena pornográfica que todos podéis encontrar por internet con tan solo meter su nombre y el primer apellido en Google, ya que la muy gilipollas ni siquiera se protegió bajo pseudónimo.
Si por otro lado mi intención fuera arruinarle la vida a mi abuelo (el padre de mi padre), bastaría con desvelar las cosas que les hacía a mis hermanas cuando eran pequeñas, tocamientos que yo conseguí sortear, pero que ellas, las muy tontas, aguantaron hasta los ocho años, el momento en que me lo contaron y les dije que no fueran lerdas, que eso que las obligaba a hacer no era un masaje para la artritis.
Podría también hablar de mi tío y de aquella noche loca en que le pillé masturbándose un día de reunión familiar en el lavabo, con un catálogo de moda infantil, ya que el muy capullo ni tan siquiera se molestó en correr el pestillo. Decirle eso a todo el mundo sería una putada, sí, igual que si contara cómo Ismael, el primer novio de Ana, fue pillado in fraganti por sus padres penetrando a su hermana de trece años; motivo por el cual Ana le dejó para después guardarle el secreto porque decía que seguía enamorada. Realmente airear todos estos trapos sucios sería bochornoso. ¿Lo pilláis? Y podría ser más explícita e ir más allá y hasta hacer un mural con flechas y chinchetas de colores clarificando todos los casos de adulterio, incesto y pederastia de esta familia y alrededores. Como el caso de mi primo, Dani, que hizo que mis dos hermanas se besaran en el colegio a cambio de cinco euros mientras él se tocaba. O el gran día de navidad en que pillé a mi madre y a mi tío (el mismo del catalogo infantil) besándose en el pasillo mientras los demás comíamos turrón en el comedor. En serio, podría amargarle la vida a tanta gente.

He sido siempre la inocente y la chica de confianza, alguien a quien mirar por encima del hombro, pero también alguien a quien recurrir cuando tienes que contar algo, algo terrible que no puedes guardarte solo para ti. Soy alguien a quien todo el mundo respeta a solas, y la misma persona de quien todos juntos pueden reírse. La mascota. La que no dirá nada porque se siente demasiado especial con los secretos de los demás. Así que he decidido irme no sin antes contar unas cuantas cosas. Quiero que cuantos leáis esto sufráis de verdad. Imaginaré vuestros divorcios y vuestras discusiones, vuestras peleas y los lloros, imaginaré vuestras familias rotas y respiraré hondo durante el camino. Esta mañana he hecho las maletas y me voy, lejos, a un sitio donde la gente pueda conocerme y valorarme, donde no me traten con condescendencia, y donde todos me llamen por mi precioso nombre en lugar de llamarme “Panda”. Os he dejado esta carta en una veintena de buzones elegidos, y mientras lo hacía he sonreído de oreja a oreja. Se acabaron las reuniones familiares en las que poder reíros de mí. Se acabaron las cenas y las hipocresías. Os deseo todo el sufrimiento posible, y que vuestro pasado os persiga hasta que os canséis de correr.

Adiós.

[Este video es la primera parte de la entrevista que dió Marilyn Monroe justo dos días antes de suicidarse, ser asesinada, o morir en definitiva. La entrevista es el audio, y las imagenes son de archivo. Es curioso cómo al margen de su risa chispeante y de su caracter dado a disfrutar de la vida, aun así parecía una tipa bastante atormentada (hay alguna declaración muy fuerte en ese sentido); no sé si lo suficiente como para matarse pero… En fin, que mejor que la escucheis a ella. Video especial para los mitómanos que no supieran de esta entrevista. (Quedan dos partes, disponibles en Youtube.]

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15 comentarios en “Iris

  1. Engancha sin que te des cuenta. Según llegas al momento de la secta y sus rituales, uno se introduce de pleno en la historia.
    Sería espectacular fotografiar las caras de los personajes mencionados según leen la carta.

    Marilyn: “[…] De ser feliz, de eso se trata […]”.

    Pd) Ya he hablado con mi madre el tema que comentamos, Nausicaä. Estoy esperando respuesta.

  2. Joder, joder, jooooder! (con perdón) pero qué bien escribes…

    En fin, dejo este comentario como prueba de que he pasado por aquí, pero… ahora (si me lo permites y si no también… jejeje), quiero seguir leyendo.

    P.D. Ahora en serio: gracias por tu visita y por taerme hasta tu blog.

    Un besote!

  3. Está de puta madre ejeje a mi me ha gustado mucho y que los secretos sea de indole sexual, pues tiene su porqué!!! pero vamos que me ha flipado así que a favoritos y te aconsejo que busques en mis contactos el blog me tropiezo!!!

    Saludos

  4. Joer, menuda familia de enfermos. Me da que eres de los que harían una hoguera sobre las barbas de Jorge Bucay o vudú en vivo sobre el cuerpo de Paulo Coelho.

    Enhorabuena por el relato: en su punto brutal de mala leche, como de costumbre. Un gran saludo.

  5. Hola Jordim. Vengo a agradecerte (por fin) tu paso por mi blog. Muchas gracias por comentarme.

    He leído el relato dos veces porque la primera (será por no haber leído todavía nada tuyo) no podía creer que lo que estaba leyendo fuese cierto (en especial cuando lo de la secta). Digo, joer, qué fuerte, qué fuerte, qué fuerte. Y el caso es que mientras leía pensaba en las cosas que sé de ciertas personas y las que otras personas saben de mí… y el desastre macanudo que podría formarse si todos contásemos las cosas que sabemos de todos… incluso las propias que no nos atrevemos a confesar.

    Un relato, y perdona la expresión, cojonudo. Ha sido un placer leerte.

    Un saludo!

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