Marcar la diferencia

Soy mi última gota de sangre haciendo las maletas. Impertérrito. Procuro permanecer inalterable por fuera, que no se note que me incomoda el aparato de aire acondicionado, la tele demasiado alta o los comentarios de alguien que se está comenzando a poner pesado. No quiero que nadie atisbe quién me gusta o que me compré el último número de Hustler. En mi obra de teatro los demás actores no pueden darse cuenta de que miro constantemente al apuntador. Y todo eso yo, que presumo de ser un detector de la impostura ajena. Engullo la comida a sabiendas de que ya me sobran unos kilos, y luego no entiendo por qué ya casi no quepo en los tejanos. Todo da vueltas a mi alrededor alejándose de mí; alguien debe haber cambiado el guión vital, y se han olvidado de darme una copia.
Hay varias mesas redondas y pequeñas rodeadas de sillas e incómodos taburetes. Apenas con el servilletero, la carta de cafés y el cenicero, ya hay media mesa ocupada. Luego te traen el café, y si se te ocurre leer el periódico no creas que podrás hacerlo lo que se dice cómodo. Diseño, me dice Dios al oído: Habéis sucumbido a lo mismo que los niños pequeños: formas agradables, sabores sin matices, arte de rápido consumo, vida llevada por la inercia y lo mejor de todo, condescendencia. Es probable que tus éxitos te conviertan en lo que odiabas cuando decías que no querías ser como todos los demás.
Así que, cavilando, me acomodo solo en mi mesa, y procuro disimular una inesperada erección: La camarera. Todo está en tu cabeza, no hace falta ir a un club de streptease para inspirarse. A veces cuanto menos conoces y más ropa hay… a veces cuanto menos ves, menos has tocado y menos sabes… en ocasiones sólo por una cara, pues bueno, toda la sangre se te va al mismo sitio; y paso las hojas del periódico sin mirar ni las fotos. Ella no lleva ropa ajustada, ni puedes decir que, al margen de sus rasgos, te la pudieras encontrar en las páginas centrales de ninguna revista o como azafata en un concurso. Digamos que el sectario libreto de percepciones sobre lo que nos tiene que gustar ya hace mucho que lo machacaron, lo mezclaron con agua y nos lo inyectaron a todos vía intravenosa. Tetas grandes, culos… o en su defecto, una modelo, sin tetas ni culo, pero modelo. Si afirmas que te gusta otra cosa, todos van a decir que estás colgado por ella, que quieres tener un montón de hijos con esa otra cosa, y que deberías acercarte a hablar con ella, porque no siendo ninguna belleza de folletín, está claro que debe ser más accesible, más… como tú, del montón, apartada, casi sin maquillar, rarita: Diferente. Hay muchos niveles de xenofobia, y la mayoría gozan de un alto grado de aceptación.
La cara de la camarera es de esas caras que no gustan a todo el mundo; demasiado exótica, ojos grandes y negros, boca pequeña. Y extranjera. Líate con una extranjera y cuando todo el mundo lo sepa, no tendrás que hacer ningún esfuerzo para imaginar a cualquiera que conozcas arrugando el ceño. Esa gente que dice que no es racista, pero luego no sabe aceptar la inmigración y jamás apostarían por un novio negro para sus hijas. Corrección política ante todo. Una cosa es crear una ley antitabaco, y otra muy distinta que ésta funcione. La teoría es que tú eres de una manera según dices, pero luego en la práctica la mayoría nos convertimos en el último mono, con apariencia simpática, y sin embargo dispuesto a beberse sus meados en cualquier momento.

Afuera, justo en frente del local, hay una mancha negra en el suelo. La camarera, que va de un lado a otro, parece evitar mirar en esa dirección siempre que puede. Hace una semana un chico de quince años se plantó a las nueve de la mañana delante del local con una lata de gasolina. Bueno, algunos dicen quince años, otros veinte, otros que estaba casado, y algunos que llevaba una botella de dos litros y no una lata. La cuestión es que, quien fuera, vertió el contenido del recipiente encima suyo, encendió una cerilla, y justo antes de quemarse a lo bonzo, dejó un papel doblado enfrente de la cafetería, algo como una carta. La historia que se ha filtrado en el barrio dice que el tipo era un acosador de la camarera, y que ya había amenazado con matarse si ésta no se dignaba a… salir con él, supongo. No sé qué esperamos de los demás. ¿Qué es obsesionarse con alguien? ¿Y es duradero? ¿Si el tipo en cuestión hubiera esperado un mes, o un año, seguiría con ganas de morir de la peor manera posible por una cara que provoca erecciones indeseadas? Vamos, no seamos falsos, la mayoría de clientes adultos habituales ya habrán imaginado su esperma resbalando por esa inmigrante barbilla, pero, ¿eso quiere decir que debes hacer algo al respecto? ¿Actuar? Todos los que se llenan la boca acusándote de dejar pasar tus oportunidades y haciendo metáforas con trenes que se te escapan y moralinas del tipo “por tu bien”, ¿no saben que todos los trenes no van al destino que tú puedes haber elegido? ¿Cada maldito paso que das tiene que ser un reto? ¿Aún no hemos aceptado el miedo como otro ingrediente más; y que nos puede joder vivos, sí, pero también puede salvarnos la vida?
Si dicho muchacho hubiese tenido más de dos dedos de frente, creo yo, en lugar de obcecarse -algo muy de moda, por otro lado- ahora seguiría vivo, quizá con una chica que no tuviera que salir con él por obligación, sino por elección propia. Pero nuestro mundo es nuestro y, para casi todos, una vida sin ciertos retos intocables -ya sea una camarera o estudiar magisterio- no tiene ningún sentido, sólo es un cúmulo de trenes que estás dejando pasar en pos de tu eterna infelicidad. Y Dios sigue hablándome, diciéndome: Cuán equivocado estás, hijo mío.
Así de simple es vivir, según la mayoría. Basta con ponerse cabezón, tirarse al cuello de todo el mundo sin pensárselo dos veces, y convencerse a uno mismo de que el fracaso no importa. Y no es que fracasar sea malo, pero de ahí a decir que no importa… Seamos francos, hay gente que no puede perder, no sabe perder y no encajará perder, aunque compitas con ellos sólo para ver quién escupe más lejos. Intentemos entre todos bajar el volumen de la tele, quitar el aparato de aire acondicionado si no hace falta, y cerrar la puta boca más a menudo, aunque sólo sea para decir la mitad de tonterías. En definitiva, hagamos un esfuerzo por ser menos hipocritillas, y un poco más respetuosos con los demás; ya hay bastante orgullo de pose como para seguir potenciándolo.

Cada vez que vengo a esta cafetería, ya sea solo o con amigos, he visto que la camarera apenas mira a nadie a los ojos. ¿Si alguien que amenazaba suicidarse por ti, lo hace, dónde te coloca eso? Obviemos la culpabilidad, es obvio que no tienes culpa de nada, pero ¿basta con achacar un suicidio así a la locura? ¿O al amor? ¿Qué idea debía tener ese tipo sobre la vida, las relaciones y el futuro? ¿Acaso aspiraba a ser algo más que un monógamo en serie hasta superar la treintena y casarse? Y eso en el caso de querer ir por el camino preestablecido, pero, ¿qué hubiera pasado si se hubiera enterado de que la monogamia está pasando a ser como una tele en blanco y negro o un gramófono? ¿O acaso se suicidó al comprender eso?…
Son las seis de la tarde. Los trenes pasan a mi alrededor y no cojo ninguno. La gente que va en ellos me señala y sonríe, y yo no puedo dejar de pensar en judíos apelotonados camino de un campo de concentración. Uno lleno de carteles publicitarios, estantes con marcos para cuadros familiares y posavasos de los que se te pegan a la copa y caen al suelo antes de que la vuelvas a dejar en la mesa. Y yo sigo disimulando, como si no tuviera sangre, como si de verdad en cualquier momento fuera a abandonar esta estación de la que todo el mundo que se considera íntegro y valiente, huye (aunque muchos sólo lo hagan para que los demás vean lo íntegros y valientes que son). Es importante lo que piensen de ti; no relevante, pero sí importante si eres de los que piensan subirse a todos los trenes posibles por mucho que éstos te lleven por mal camino, o a ningún lado. La camarera lo sabe, y en su caso, es imposible desconectar; no puede evitar oír cómo la gente cuchichea; “Si la chica le hubiese dado un poco de cancha…” “¿Es extranjera?” “Mira, es ésa” Si te va lo suficientemente mal, tu vida se convierte en el opio de de la rutina de los demás; todos se convierten en periodistas durante el 11-s, en porteras con putas en una de las plantas del edificio. Nos gusta la carnaza hasta que somos carnaza, la violencia hasta que somos víctimas de ella, los toros porque no somos toros, y las drogas porque supongo que nos hacen olvidar lo alarmantemente equivocados que podemos llegar a estar. Y así se podría seguir hasta llenar una enciclopedia. Finalmente, la mayoría de gente de mayor sigue siendo como cuando de pequeños cogían una lupa un día soleado para quemar insectos, y así poder verlos retorcerse, sufrir y morir sólo porque son más pequeños.

La camarera sólo tiene como aliado el tiempo, o quizá otra estupidez de la que la gente pueda hablar, algo lo suficientemente rastrero y morboso para que todos dejen de lado el tema del suicida. Si pasara algo lo suficientemente ruidoso, la chica podría comenzar a ver la luz al final del túnel, a sonreír, y a convencerse de que nadie ha muerto por su culpa; hasta el punto de que, de una forma retorcida e indirecta que jamás llegaría a reconocer nadie, es posible que esos que cuchichean y hablan sobre ella, podrían tener más culpa de la que pueda tener ella en cuanto a la muerte de aquel imbécil. Un tipo que, desde que me ha comenzado a atraer la camarera, cada día me parece más capullo; un papanatas muerto al que dudo que se le eche de menos mucho más allá del recorte de sucesos que todos tienen en el barrio para contar. Tal y como yo lo veo, desde mis opiniones declaradamente subjetivas, la familia de ese chico debería venir a hablar con la camarera, para decirle que no se preocupe, que un muerto no es más que eso, y que la muerte sólo es grave según la circunstancia. Como ejemplo, la muerte de un anciano no es menos trágica, pero sí menos desagradable que la de un chico joven; a no ser que dicho chico joven decida que suicidarse por una mujer es una buena idea. Para que luego digan que el amor mueve el mundo.
Es mentira, el mundo lo mueve la capacidad de crecer, de mejorar, pero eso sí, sólo de un modo individual, y a la mierda todo lo demás. Mis amigos dicen que desde cuándo apoyo la pena de muerte. ¿La muerte sólo es grave según la circunstancia? Y entonces, hace unos días, mientras charlaba sobre el tema, fue cuando supe que estaba pillado por ella, la víctima de aquel cretino. Por su tristeza y su injusta situación. Hay personas que sólo con nacer parecen estar rodeadas de minas, por las que los demás podríamos morir o quedar lisiados, ya sea física o emocionalmente. Como ésta, la inmigrante sin nombre, blanca pero extranjera, inocente pero culpable.

Me levanto para pagar los tres cafés solos que me he tomado. Estoy como una moto, parpadeo con rapidez y me da la sensación de poder saltar con facilidad la barra sin tocarla. Le doy a la camarera un billete de cinco y ella me lo coge sin mirar. Y cuando va a devolverme el cambio, justo como planeé, entonces sucede. Fran, que está en la esquina del local, finge desmayarse; se escurre hasta el suelo y queda tendido mientras todo el mundo le mira. Convulsiona, pensando en los cien euros que le he prometido, y hasta suelta saliva por la boca. Intento actuar de forma que no parezca que sé de qué va todo esto. Mientras suelta palabras inconexas, lo más obscenas y absurdas posible y con los ojos cerrados, la camarera me da el cambio, mirando hacia donde mira todo el mundo. Salgo de la cafetería mientras la gente de la calle se amontona en la puerta para ver qué pasa. Fran sabrá salir de ésta, de un modo u otro, antes de que llegue una ambulancia o la policía. Yo me alejo del lugar. Y vale, no sé si esto puede competir con un tío que muere quemado en plena calle, pero de momento lo que haré será esperar unos días, volver a la cafetería de vez en cuando, y reunir el valor suficiente como para decirle algo a la chica, de la que espero alguna sonrisa antes de actuar. Normalmente no hago estas cosas, nadie las hace, y precisamente por eso me pareció una buena idea. La forma de provocar que, al fin, llegue a la estación un tren del cual me interese de verdad el destino.

[Estoy colado por Sarah Chalke, la Elliot Reed de “Scrubs”. (Si me apuráis, la mejor sitcom que he visto. Sí, mejor que Friends; si por sitcom entendemos serie que no llega a la media hora.) No es más que otro amor platónico para echar al montón, junto con la Meg Ryan de “French Kiss”, la Cameron Diaz de “Algo pasa con Mary” o la Scarlett Johanson de “Lost in translation” etc…; pero por Dios, se me cae la baba cada vez que la veo, y no sé por qué. Igual es por su personaje, algo tontorrón, o porque choca frontalmente con la chica de poster de camionero. No sé qué será, pero estoy dispuesto a tragarme las cinco o seis temporadas de “Scrubs”, cuyos guionistas, por cierto, merecen por mi parte cualquier tipo de elogio (he llegado a llorar de risa con tonterías de cinco segundos). El video es un sentido homenaje a Sarah, claro está, unos cuantos recortes de la susodicha haciendo el payaso en la serie, que algún otro fan como yo ha editado.]

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9 comentarios en “Marcar la diferencia

  1. Qué grande, después de este cuento no me queda más remedio que postrarme ante ti.

    Feliz año, y que siga usted tan prolífico 🙂

  2. Me ha gustado el relato 🙂 y el título!!!:)

    No conozco la serie pero la chica sale con Ted de Cómo conocí a vuestra madre unos cuantos capítulos 🙂

    p.d: ¡Odio los cafés con mesas minúsculas!

  3. En una ocasión un estudio de Hollywood quiso contratar a Eisenstein para dirigir una película. Empezado el rodaje el productor le preguntó porque filmaba de determinada forma al personaje que para sobrevivir se vio obligado a matar tras un intento de robo. Eisenstein trató de darle una explicación en relación a la culpabilidad que el productor no terminaba de entender: ¿pero si el chico asesino no es el culpable, quién lo es? La culpa la tiene la sociedad capitalista que lo ha empujado a obrar así. Al día siguiente Eisenstein estaba despedido.

    ¿Quién nos dice que podemos tener todo lo que queremos? ¿De dónde surgen nuestros numerosos antojos?

    Buen texto Jordi.

  4. Igual no hay por qué coger ningún tren, igual cualquiera que tomes te aleje del meollo, o de ti mismo y no haga más que dar un rodeo para dejarte en el mismo sitio; o puede que el destino esté en el centro de uno y no al otro extremo del mundo, quién sabe…

  5. Me ha gustado el retorcido planteamiento que has hecho. Como (casi) siempre acompañas la historia con unas interesantes reflexiones. Me encanta el combo que haces historia + divagacion terapéutica.

    Buen comienzo de año, si señor. Feliz año!!

  6. qué bueno, dios santo.
    empiezas con buen pie el año, jordi!
    la mejor frase, “¿Aún no hemos aceptado el miedo como otro ingrediente más; y que nos puede joder vivos, sí, pero también puede salvarnos la vida?”
    cada loco con su tema……
    un beszo
    me has vuelto a enganchar

  7. Me encantó la historia. Es… apabullante.

    Odio Friends. El que haya tenido tanto éxito durante tantos años, es algo que escapa a mi comprension, pero bueno, ya sabemos el cuento de las moscas y la mi…

    En cuanto a Scrubs, tiene buena pinta.

  8. Me ha gustado cuando dices “el éxito te convertirá en aquello que odiabas”, o algo así.
    No me gustan las series americanas con jóvenes como protagonistas. Y ya puestos no me gusta ninguna serie ni me gusta la televisión menos cuando dan fútbol.
    Me ha gustado venir a leer.
    Un saludo

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