Bilis

No voy a poder deshacerme nunca de esta actitud de mierda (según dicen). Un cúmulo de sarcasmos constante, un millón de comentarios que se apelotonan en mi cabeza, no sé si producto de la infelicidad o de la verdad común que la mayoría de humanos negamos. Quisiera comandar ejércitos en pos de un cambio, pero sólo soy un dolor de garganta, una inyección mal puesta, el dardo venenoso que todos se quitan antes de que mi mala sangre pueda hacerles efecto. La verdad es que a menudo sueño con un pelotón de fusilamiento que acribilla a Espinete, a Chema el panadero, a Miliki… Mi infancia, que pasó a cámara súper lenta, ha quedado reducida a un pegote de pasado del que no puedo librarme, de críos malcriados y supuesto tiempo perdido. El fútbol en polideportivos, en el colegio; mi habilidad con el balón, cuatro tonterías mal dichas y ya tenías metidos a tus compañeros en el bolsillo, las niñas cuchicheaban sobre ti y los profesores casi ni se atrevían a castigarte de lo bien que les caías. Esto es así, como estrella infantil de la hora del patio crees que la vida siempre será igual. Luego cambiar no es fácil, es obligatorio. Pero el único cambio que harás realmente está en el paso de la infancia a la vida real, que se te presenta poco después de la adolescencia en forma de decisiones que tendrás que tomar, que en importancia quizá serán inversamente proporcionales a tu madurez. Luego quizá descubras que has acertado, que tu vocación de cuando tenías diecisiete años coincide con la que tienes con treinta. O también puede ser que de momento prefieras pensar en otra cosa, y por ejemplo poner “Rita Irasema” en Google para ver qué sale.

Y sí, piensas, Rita Irasema era más que follable, incluso con su pinta de profesora de primaria remilgada, sus pañuelos al cuello y sus pantalones de finales de los ochenta. Erotismo para padres. No debía ser fácil ver a tu mujer cambiando de peinando cada dos semanas sin poder cambiar de cara, mientras Rita Irasema cantaba en la tele con aquellos niños repeinados de casting catódico. Lo bueno del pasado es que no siempre vuelve para joderte, a veces te echas unas risas recordando.
Uno llega a los treinta años y ya se cree que va a poder aconsejar a todo el mundo, uno cree que tiene cosas que aportar, consejos basados en experiencias propias. Si alguien, por ejemplo, te quiere aconsejar sobre el modo de ligarte a una chica, te dicen qué es lo que hicieron ellos con sus novias, y que seguro que funciona, como si las mujeres fueran todas iguales y sólo tuvieras que leerte el libro de instrucciones. Putos sabios de baratillo bienintencionados, en serio, meteos vuestras experiencias por el culo, yo persigo otra cosa.
La discreción no está de moda. La sinceridad se confunde con la mala educación. Levantas una piedra y encuentras cuatro entrometidos; tipos que se saben con más vivencias que tú: “Tío, qué dices, yo a mi novia la conocí en una discoteca”. “Tío, en serio, tienes que salir, salirrrrr”, “Tío, por qué vas tan lento, adelántale”. “En serio tío, quita esa música rara”. “¿Y qué hiciste ayer en tu casa, ver una peli?”. Y tú vas y les sueltas tu sarcasmo de chico raro en toda la frente, una declaración de principios camuflada y a la vez un mensaje claro y directo: NO QUIERO SER COMO TÚ.
Uno de lo mayores logros de tu vida puede ser el de que ciertas personas no vuelvan a dirigirte la palabra. No es que haya un camino a seguir, me digo, es que la gente sólo ve un camino a seguir, con ciertas normas, dimes y diretes. Si ya tuviste tiempo desde los diecisiete hasta los veinticinco para descubrir que no te gustan las discotecas, no tienes por qué seguir yendo cada fin de semana “de fiesta”; puede que no te gusten los coches o Jennifer López; y puede que aún conserves cierta idea romántica de las relaciones, que te aleja del apego por inercia y del formar una familia porque sí, porque ya se te están adelantando todos los de tu generación.

Hay que hacer un esfuerzo agotador por desaprender si realmente quieres pasar por la vida con más altibajos que un geranio. Métete en mi cabeza, concéntrate en la imagen de Espinete teniendo espasmos mientras las balas acaban con su vida de erizo infantil; su sangre rosa salpicando el Barrio, sus vísceras de diferentes y divertidos colores desperdigadas por el plató: mi pasado hecho añicos; los reyes magos, los regalos con ilusión, los veranos eternos sudando en partidos de fútbol de cuatro horas, las bragas de la niñas, mi madre llamándome a gritos por la ventana. Sinceramente, un aburrimiento muchas veces, el preludio de la vida adulta que a la gente le gusta mitificar. Y todas esas canciones que hablan del pasado como algo maravilloso; muchos ven un anuncio de la lotería de hace quince años y luego pierden el culo por escribir mamonadas en facebook (sí, a gente que hace diez años que no ven, normalmente porque no han querido). Acicala tu hipocresía y seguro que te va a ir bien con todos, pero luego no le des muchas vueltas a tu vida en tu lecho de muerte.
Preludios eternos, lo sé, a veces te metes en un laberinto y nunca acaba de llegar la parte divertida, el embrollo romántico con crisis hacia la mitad y beso al final. Nos encanta alardear de vida maldita. Me encanta. Es mucho más atrayente pintar las cosas de rojo pasión y hacerle dudar a la gente sobre si lo has hecho con sangre.

Llega la mañana -cualquier mañana- y despierto después de haber vuelto a soñar con mi infancia violada por el ejército nazi de la vida adulta. La racionalidad quizá sea el cáncer de todo esto, el ignorar a los dioses o al horóscopo; la escasa capacidad de espiritualidad. Dispara en la cabeza de tu yo matemático, captador de lo tangible y negador de las intervenciones divinas. Vuélale los sesos a ese tipo cínico que llevas dentro; o a esa chica puñetera que lo critica y juzga todo. Conviértete en Ken. En Barbie. No desprecies tu pasado ni demonices tu futuro. No tengas miedo de exagerar las anécdotas. No tires la salsa de la vida por el desagüe. (La salsa de la vida; repítete a ti mismo: ¿Qué sería de tu vida sin esas pequeñas cosas que haces porque todo el mundo hace?) CAMBIAR suena demasiado escalofriante. ¿Por qué quitarle el polvo a un libro si puedes seguir viendo las fotos de las revistas? ¿Acaso no vas a acoger a Dios en tu corazón? ¿Así de insensible vas a ser? ¿Vas a ir en contra de Dios? Mira a tu madre, vas a hacerla llorar con tu agnosticismo al borde del demoníaco ateísmo. Sin la historia más grande jamás contada no vas a ser nada. ¿Cómo vas a ser capaz de ir en dirección contraria? Los faros de los otros coches te van a cegar y vas a claudicar por estúpido, por no agregarte a la corriente de lo NoRmaL. Aunque para ti ese estilo de vida común no sea nada más que tradiciones y críos desnutridos. Dispárame en el corazón y frena el discurso moralizante. Envuelve todo esto en aleccionamiento, etiquétalo, archívalo en la “A” y sigue con tu vida.

Y todas las frases y las ironías siguen entrando en mi cabeza a falta de otras mentes por aquí lo suficientemente abiertas o estúpidas. Es lo que queda cuando vas deshaciéndote de las etiquetas que ya no te interesan, cuando haces limpieza en tu cerebro y conservas sólo lo lógico, lo que abarca el sentido común. Claro que, todos sabemos que hay mucha gente a la que no le gusta tirar nada, por la nostalgia, porque, de algún modo deben tener miedo de que -aun con todo su optimismo declarado- el futuro pueda ser mucho peor que el pasado y haya que lamentarse por haberse deshecho de cosas a las que podían aferrarse para recordar tiempos mejores. Lo cual quizá sea en parte el motivo por el que cuando le preguntas a un católico por qué cree en Dios, siempre te podrá contestar: Porque sí. Es como intentar hacer que alguien vomite cuando ya sólo le queda bilis. No puedes seguir forzando la situación, no puedes obligar a nadie a pensar si de verdad quieren ser como son, o por qué creen en lo que creen; porque sólo te podrán decir que tienen fe, o que para gustos los colores, o que la tradición es la tradición.
Y mientras tanto, yo, como tantos otros, jamás podré deshacerme de esta actitud de mierda. Así que os lo pido. Por favor. Iluminadme.

[Los aficionados al monólogo de altos vuelos es probable que ya conozcan a George Carlin. Es uno de esos monologuistas que en solo diez minutos puede coger algunos de tus principos, retorcerlos con facilidad y enseñarte lo realmente tonto que eres al defender o creer en ciertas cosas con demasiada energia. Por desgracia este hombre ya murió. De todos modos, preparaos un buen cubata (o un buen café según la hora), encendeos un cigarrillo si fumais y disfrutad del video.]

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13 comentarios en “Bilis

  1. Puede que sea el único blog que me haya enganchado más que mirar a la luna. Ayer noche me robaste minutos de luz. sí, me he dejado absorver,, y me encantó; supongo que a veces me gusta perder. Y perderme.

    Primero, felicitarte, y no me arrodillo xk mis piernas sufren al levantarme, x eso supongo k tb me gusta caer, y caer, y perder.

    Quería comentarte que tb sufro dolores de espalda, de la vista, de los dedos meñiques y anulares, padezco migrañas, tengo piedras en los riñones y muchas más cosas de las que me hacen sentir especial, xk fortaleza en el espíritu tengo para donar a los más débiles de alma; x lo que no puedo quejarme por nada…. casi nada… Me gusta leer, y leerte por internet tb, xo es agotador estar tanto tiempo delante de la pantalla donde se hace todo…

    Solo me gustaría que me recomendases algunos libros que rocen tu estilo. Palaniuk me encanta -me enamoré de victor mancini- supongo k a ti tb, xk sigues su misma linea anikiladora de almas. Ya sé que se parece a breat ellis e Irvin w. , xo me gustaría algo más fresco, mas puro, como tus minirelatos, pero sobre papel!!

    Entiendeme, para algo de lo k me kejo… 😉

    Y Muchas gracias x los minutos robados

  2. Gracias por lo halagos Ro. En cuanto a recomendaciones más allá de Palahniuk y Ellis (que ya son algo así como estrellas del rock actuales) en esa línea dura o no complaciente está por ejemplo Kurt Vonnegut, cualquiera de sus libros. También Martin Amis, recomendado por un lector del blog, que también merece la pena. J.G Ballard, si no has leído nada de él, que ya es un clásico. Amy Hempel, que ha publicado poquita cosa en España, pero que es demoledora, una de mis favoritas. Quim Monzó, que va por derroteros más surrealistas. Los relatos de Hernán Migoya. Don Delillo, cualquiera de sus libros. Y bueno algunos más que no recuerdo ahora o no he leído 🙂 De momento creo que alguno de esos habrá que no hayas catado.

    Gracias otra vez.

    Saludos a todos.

  3. Me dijo un amigo hace pocos días que yo soy todo lo contrario al resto de las personas de mi edad. Normalmente, cuantos mas años va cumpliendo alguien, mayores son los complejos y los tabúes que les cortan las alas. Yo soy todo lo contrario. Cuanto mayor me hago, menos ganas tengo de dejarme modelar por la generalidad. Estoy desevolucionando como adulta.

    “Es lo que queda cuando vas deshaciéndote de las etiquetas que ya no te interesan, cuando haces limpieza en tu cerebro y conservas sólo lo lógico, lo que abarca el sentido común”

    ES lo que llevo años haciendo. Crecí siendo un arquetipo y en la adultez espero ser un molde original. Me deshago de las etiquetas, los chiches, las manías, las obligaciones que no me interesan. O por lo menos lo intento. Y los que están a mi alrededor, no han tenido mas remedio que aceptarlo o desaparecer de mi vida.

    Me ha encantado la reflexión de este post.

    Besos.

  4. A mí otro escritor que me gusta mucho y que, si no has leído, creo que te gustaría a ti también es Douglas Coupland. “Generación X” es tremendo.

  5. Como dijo Ernesto Sábato, “en el mundo nada puede contra un niño que duerme en brazos de su madre”. Supongo que ser “algo grande” es destacar del credo de la multitud. Pero creo que sólo se puede hacer para sufrir, ya que el dolor es lo único que no es compartible.
    Me has hecho tragarme mi propia bilis; un relato demoledor: Chapó y Touché.

  6. Una certeza inapelable:
    no puedes obligar a nadie a pensar si de verdad quieren ser como son, o por qué creen en lo que creen; porque sólo te podrán decir que tienen fe, o que para gustos los colores

    Sobre todo lo de para gustos los colores, me provoca verdaderos deseos de matar, es la segunda afirmación que más odio escuchar. La primera es esta otra que dice: No me arrepiento de nada.

  7. Cuando entro a un blog y veo taaaantas palabra seguidas, sé casi con certeza que no voy a leer el post entero. Pero tío, te confieso que me has enganchado hasta el final, cojonudo!!! Debe ser muy gratificante leerte cada día, así que me propongo hacerlo!!!
    Al final he pensado si lo que habías escrito era el monólogo de George Clarin, jaja.
    Después he comprobado que no…
    Gracias!! volveré depués de cenar…

  8. No estoy para nada de acuerdo con el vídeo. Me dedico al tema medioambiental de la industrias, y me parece increíble la cara que tiene ese hombre al decir que no pasa nada. Que se informe primero, y si no que se calle la boca. A partir de ahora los vertederos se construirán al lado de su casa.

  9. Obviamente ese señor no tenía la verdad absoluta (pero nadie la tiene); y además estaba haciendo un monólogo de humor, lo cual condiciona el tema. Pero yo no creo que su discurso sea totalmente errático, y creo que con sentido del humor cualquiera se puede sentir identificado con la hipocresía que condena.

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