Teolópolis

En lo referente a todo lo que tiene que ver con espasmos posorgasmo, Rafa decía que lo primero era asegurarse de que la chica no cayera de la cama o se diera algún golpe en la cabeza. Rafa usaba los dedos medio y anular para masturbar a sus ligues; decía que bastaba con coger el truco y en pocos segundos podías llevar a cualquier mujer al borde del desmayo. Ésa era la peculiaridad de Rafa.
En cuanto a las tarrinas de vainilla, Aarón decía que no había muchas personas capaces de captar de verdad su sutil sabor, alejado del tosco chocolate o la sobrevalorada nata. Aarón había ganado otro trofeo durante las fiestas de su barrio, sin duda su especialidad; carreras de sacos, torneos de ping pong…, o como en la última ocasión, un concurso de comer tarrinas. Ésa era la peculiaridad de Aarón, su competitividad.
Lo que hacía especial a Celia era su obsesión por las tetas. Siempre alegaba no ser lesbiana, pero decía que no podía evitar sentir atracción por los pechos de las otras mujeres, lo cual, había provocado más de un malentendido.
Y finalmente estaba Hada, cuyo detalle diferenciador era su aspecto. Y su nombre. Hada era rubia, albina, con esa piel que enseguida se quema en la playa. Hada odiaba llamarse así, decía que no intentáran entenderla, pero que pagaría mucho dinero por tener la piel morena y un nombre común.

Así que estaban Rafa, Aarón, Celia y Hada. Se reunían en casa de Rafa una vez a la semana y charlaban sobre sus asuntos; un modo de terapia que consistía sólo en decir la verdad. Los cuatro sostenían que los psicólogos tan sólo te dicen lo que en el fondo ya sabes, pero cobrando y con más vocabulario. El primer día que se reunieron, cada uno tuvo que decir algo curioso sobre sí mismo, lo cual llevó a los orgasmos femeninos y las tetas, la competitividad y el odio hacia uno mismo por cuestiones físicas. Pensaban que era algo saludable poder hablar sin tapujos aunque sólo fuera un día a la semana; o más bien dos horas, que era el tiempo que duraban las reuniones.
Al paso del tiempo un día Hada dijo que ya estaba bien de contar anécdotas absurdas o hablar sobre ligues express o injusticias laborales. El pasado se acaba a cada segundo, dijo, es aburrido. Ese día Hada dijo que lo que debían hacer en la siguiente reunión, era confesarse sobre algo que desearan; y no se refería a planes familiares o de boda o de dejar a sus parejas o conseguirlas; Hada dijo que deberían confesar algo que tuvieran enterrado de verdad, algo que se murieran por hacer: Lo que jamás dirían desear.
Dado que los cuatro reconocieron tener algo que dar a luz al respecto, lo que hicieron al final fue escribirlo, suavizando así la incomodidad de trasmitir a los demás sus temas off the record, los actos o inmoralidades que quizá jamás se atreverían a llevar a cabo.

Al llegar el día de la siguiente quedada, todos trajeron escritas sus confesiones. El primero en pasar su nota, escrita en una de las páginas centrales de una libreta nueva, fue Rafa. Por pura inercia, siempre seguían el mismo orden a la hora de hablar o intervenir. Rafa dejó su libreta en el centro de la mesa y los demás procedieron a leerla uno por uno.
“Lo que yo siempre he querido, quizá sólo por debajo de la salud propia, es un coito con una viuda reciente. Una cuarentona viuda de tan sólo unas horas. Una viuda atractiva y yo follando ( y esto es importante) justo después del funeral de su marido; ver cómo ella suspira y se retuerce y pide más mientras el amor de su vida se comienza a pudrir bajo tierra. Hacerle decir lo poco que le importa su perdida mientras la penetro; masturbarla y hacerla tener su tercer orgasmo mientras Él araña la tapa de su ataúd después de un garrafal error médico. (He soñado con eso en repetidas ocasiones).
En definitiva, lo esencial es la viuda y la pérdida reciente; hacer que,” sólo” con sexo, ella se olvide de sus supuestos sentimientos auténticos y haga algo conmigo que luego jamás podrá atreverse a contar.
Acto que yo después repetiría sin parar, acudiendo a entierros y conduciendo a esas mujeres destrozadas a hoteles baratos para convertirlas en infieles culpables que en el fondo sólo quieren una cosa de verdad de la vida, algo que no tiene que ver con los seres queridos ni el amor ni el materialismo.”

Los demás leyeron la confesión de Rafa y decidieron no decir nada hasta que se hubiesen leído todas. Aarón fue el siguiente, abrió su portátil y buscó el documento word.
“Mi deseo inconfesable tiene que ver con mi madre”.

Leyeron esa única frase y se esforzaron por no gesticular. Después de un incómodo minuto, una vez todos miraron a Aarón y él los miró a todos haciendo un pequeño “sí, es eso” con la cabeza, Celia sacó un folio blanco y se lo pasó a los demás.
“Lo que siempre he querido es que alguien me masturbe como nos contó Rafa. Que me hagan cosas así. Llevo cinco años saliendo con mi novio y nunca me hace nada así.”

Hada, justo después de leer la hoja de Celia, sacó un diario forrado de cuero marrón, y lo abrió por la última página escrita.
“No quiero que os asustéis, pero mi mayor deseo inconfesable siempre ha sido el de matar a alguien. No con una pistola o provocando un accidente, sino con mis propias manos, quizá con un cuchillo. Siempre he pensado que no sé si soy de las que no podría soportar eso, o de esas personas que disfrutan asesinando.”

– Vale – dijo Rafa -, si os parece empezamos por mi confesión.
– No creo que ninguna viuda quisiera hacérselo contigo el día del funeral de su marido – dijo Hada sin dudar.
Se hizo un silencio.
– ¿Nada más que decir? – prosiguió Rafa.
Silencio.
– Vale, pues seguimos con Aarón…
– Me parece repugnante que piense de esa manera de su madre – murmuró Hada.
– ¿Por qué? – dijo Aarón, con un hilo de voz.
– Qué asco – murmuró Celia.
– Bueno, ¿nos tranquilizamos? – dijo Rafa con voz firme. – Entonces…, seguimos con la confesión de Celia.
– Reprimida… – soltó Hada.
– ¿Tú de qué vas? – explotó Celia – ¡Has dicho que quieres matar a alguien!
– Sí – contesta Hada, mirando al vacío -, hace cinco minutos me parecía terrible…
Fuera comenzó a llover. Hada se levantó y se encendió un cigarro cerca de la ventana. A esto le siguió un silencio incómodo que Rafa rompió;
– No me gusta que nadie fume aquí.
– Follaviudas…. – murmuró Hada, expulsando el humo.
– No sé por qué te ofendes tanto, chica, de eso se trataba, de decir algo inconfesable.
– Podrías ir a un pueblo pequeño, seguro que allí hay muchas mujeres solas de negro.
– Eres gilipollas, Hada – dijo Celia – nadie se ha ofendido por lo que has dicho tú, y tú te inventaste esto.
– A ti tampoco te ha gustado lo que ha dicho Aarón, ahora no te hagas la profesora de párvulos comprensiva.
– Ya, pero si Aarón quiere follarse a su madre es problema suyo.
– ¡Yo no he dicho que quiera follarme a mi madre!
– Aarón – dijo Hada – deberíamos irnos y dejar a estos dos solos, que creo que Rafa le puede enseñar lo que es un orgasmo a Doña Comprensiva. ¿No es eso lo que has hecho, tirarle los tratos a sexmachine? – dijo Hada mirando a Celia a los ojos.
– ¿No te da asco tener la piel tan blanca? – contestó Celia.
– ¿Es que no vais a parar? – interrumpió Rafa. – Está claro que esto se nos ha ido de las manos.
– Mira qué bien – murmuró Hada -, el gurú de la psicología amateur. Y yo que pensaba que lo tenías todo bajo control.
– No entiendo por qué te has puesto así, fuiste tú la que propuso esto.
– No fui yo – dijo ella, secamente, algo que Yo ya pude oír de viva voz.
Levanté la cabeza del portátil, y era verdad, Hada no había hecho nada. Donde tenía que haber una pared de ladrillo y una ventana, mi habitad de creador se había ampliado. Más allá había una mesa y cuatro sillas, y sin decoración, una chica rubia muy delgada cerca de una ventana, otra con el pelo corto que deduje tenía que ser Celia, y dos tíos de aspecto muy común.
– Fue él – dijo Hada, mirándome -, siempre es él.
Juro que estaban allí, y que detrás de mí había una pared de ladrillo que tapiaba el resto de mi sala de estar real. Hada comenzó a caminar hacia mi mesa con el cigarrillo en los labios. Dio una calada y lo dejó en el cenicero que yo había estado usando mientras escribía.
– ¿A quién se le ocurre? – me dijo
Y yo no podía hablar.
– Soy la única a la que has dado forma. De Celia lo único que has dicho es que le gustan las tetas, ¿quién puede ser tan rastrero?
Celia se levantó de su silla y se acercó también hasta mi mesa. Rafa y Aarón se quedaron sentados, pero miraban con atención.
– “Lo que hacía especial a Celia era su obsesión por las tetas” – dijo Celia en tono de burla. – Cuánta imaginación. ¿Estabas a punto de acabar? ¿Cómo acabo, consigo tocarle las tetas a Hada? Hada… por Dios, ¿quién se llama Hada?
Yo seguía sin poder abrir la boca. Rafa, o Aarón, uno de los dos, dijo algo, intentó salir en mi defensa.
– El chaval sólo quería que esto fuera divertido – creo que dijo.
– Claaaro que sí – interrumpió Hada – diversión a raudales, sexo y violencia.
Vio dos hojas impresas en mi mesa, las cogió.
– ¿Ya habías impreso lo que habías escrito? Joder. A ver… “En lo referente a todo lo que tiene que ver con… ¿espasmos?… posorgasmo, Rafa decía que…” Es patético, sexo ya en la primera línea. Pero a falta de ideas, ¿verdad?
– ¿Y qué era lo siguiente que ibas a escribir? ¿Ibas a hacer que nosotras nos enrolláramos? – dijo Celia – ¿O Hada iba a matar a alguien?… Sí, seguro que era eso. “Hada mató a alguien y Fin”, ¿verdad?
Hada se alejó de mi mesa y se encendió otro cigarrillo. Después cuchicheó algo con Rafa y Aarón mientras Celia me soltaba improperios y yo seguía sin poder hablar.
Luego los cuatro ya estaban junto a mi mesa.
– Ya que tú eres Dios aquí – dijo Hada – vas a tener que dar una explicación, tendrás que amueblar este sitio, dar color a nuestros ojos y despojarnos de nuestras miserias. No vas poder irte, ni dormirte o despertar. No somos tus juguetes, no vas a poder seguir proyectando la inmundicia de tu mente en mí o en todos los demás. Danos una identidad de verdad.
Y yo seguía sin poder hablar, paralizado. Hada se metió la mano en el pantalón y sacó un arma, una pistola. Yo no le había dado una pistola junto a las ganas de matar, no era su estilo, pero ella ahora la tenía. Me apuntó a la cabeza.
– ¿Quieres que hagamos historia? – me preguntó. – Están los católicos y Jesucristo, los islamistas y Alá… Estamos nosotros y tú. Pero nunca se da esta situación, ¿verdad? Entonces qué, ¿quieres que hagamos historia o no?… Bueno, ya está bien.

Recuerdo haber oído el sonido del disparo. Risas.
Después desperté en la penitenciaría. Me pinchan a menudo. No recibo visitas. Un doctor me viene a ver una vez a la semana. Hablamos. Él dice que hay que llamarlo fe. Yo digo que nunca nadie echa abajo la puerta del despacho de Dios para apuntarle con una pistola en la cabeza. Hay una mujer entre el personal que se parece mucho a Hada. Dentro de poco quizá me dejen recibir visitas. Quizá algún día vuelva a escribir, y quién sabe si con el tiempo podré darles a todos su color de ojos favorito, las aficiones adecuadas, ganas de vivir y decorados a la altura.

[He visto una película a la que le tenía ganas: “Repo!: The Genetic opera”. Un musical bizarro, en el que el clasicismo, el gore, el rock de aires “power” y el tono de los musicales de toda la vida, se mezclan con una estética gótica ciberpunk que hacen casi imposible que no pudiera gustarme semejante ida de olla controlada, en la que tiene cabida (y encaja) hasta Paris Hilton. Darren Lynn Bousman se desmarca de la saga Saw y se marca este peliculón potente y personal basado en un corto propio. Es de esas películas encantadoras e imperfectas que, como “The rocky horror picture show”, sólo te gustan si estás dispuesto a entrar en el juego que propone la cinta. La etiqueta de “cine de culto” le viene al pelo. A falta de otro video mejor, os he puesto el trailer.]

10 comentarios en “Teolópolis

  1. Me ha gustado la historia. Me perdí un poco – al inicio- cuando entró el “escribiente” en la trama, pero me encontré en nada.
    Los penúltimos párrafos… no sé…

  2. ¡Hola! En el segundo párrafo creo que una vez dices Rafa cuando querías decir Aarón. Y en el párrafo que empieza diciendo: “- Ya que tú eres Dios aquí – dijo Hada (…)” hay dos errores tipográficos… Todas las historias de este tipo, en que personajes y autor coinciden en el mismo plano, me hacen pensar en Cortázar… ¡qué grande el tipo!!

  3. Tomo nota de las recomendaciones literarias.Gracias Jordim. Empezaré a trabajar pronto. La búsqueda nunca termina.

    Teo-ló-polis (¡?) tiene un desarrollo curioso, y el final… una mezcla de Niebla de Unamuno y El club de la lucha(del final del libro, claro)….

    “Porque Tyler Durden no es Tyler Durden”, Jordi, tu tp eres Jordi..

    “…El desastre es una parte natural de mi evolución hacia la tragedia. Estoy rompiendo las ataduras a las fuerzas físicas, ya que solo mediante la autodestrucción llegaré a descubrir el poder superior del espíritu”

    Buenas noches

  4. El triple salto mortal en el cambio del punto de vista del narrador me descoloca salvajemente; me confunde tanto que, en mi opinión, resulta demasiado arriesgado.

    Como me ha pasado con algunos otros en los que has seguido un esquema similar (planteamiento-nudo-desenlace), la primera mitad del texto me cautiva un huevo para después dejarme medio confundido y con el huevo un tanto deshinchado. Apreciación personalísima que tendrá más que ver con mis propias inclinaciones que con la realidad objetiva de tus cuentos.

    Desde luego, lo que más me gusta es tu estilo, sin discusión, y eso me gusta mucho.

    Saludos afectuosos.

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