Suicidia

Una vez me quedé grogui una mañana en la playa y luego no pude dormir en dos semanas. Detalles. Ni si quiera importa cómo me llamo: eso en esta vida sólo es el número identificativo. Mis padres llevan tantos años juntos que ya casi se puede considerar incesto. Ya cuando tenía quince años y me despertaban con el ruido durante la noche, no podía soportarlo. Y de más pequeña era como oír meterse mano a Heidi y Pedro. No podían jugar conmigo durante el día como si nada y luego por la noche no tener la mínima consideración de follar callados. Quemada, avergonzada. Una recuerda con nitidez sobre todo los momentos malos. Con trece años le di calabazas a un chico delante de mis amigas para hacerme la dura. Culpabilidad. Detalles. Stop. Podría resumir los treinta años de mi vida en un telegrama. Y no dejaría tantas cosas fuera. No creo que haya tantos matices, no en la vida de todo el mundo. Por ejemplo, mi abuelo: Trabajo. Stop. Boda. Stop. Trabajo. Stop. Me lo dijo poco antes de irse, creo para que yo no hiciera lo mismo. No quería a mi abuela, no era feliz, y se murió. Dijo que sólo recordaba una tarde en la que se quedó parado mientras araba el campo, viendo atardecer, en la que sintió algo parecido a un buen momento. No te digas constantemente que eres feliz si no lo eres, me dijo. Y desde entonces he seguido esa regla a rajatabla.

No pude dormir en dos semanas, ni tampoco hacer vida normal. Cualquier nimiedad como vestirme o caminar, era de un sufrimiento agotador. Un dolor físico lo suficientemente intenso te pone de mal humor, te quita las ganas de vivir, te mata. Me río yo de los que dicen sufrir por amor, o de los que tienen celos, o culpa, o un pasado farragoso; me río: todo eso no puede competir con un dolor crónico, una buena hernia, una parálisis, o quemaduras de tercer grado. Por suerte lo mío no fue tan allá, pero decidí que los sentimientos a veces están muy sobreestimados, y que cuando la gente da gracias simplemente por tener salud, eso es algo más que un dicho por inercia. Cuando me enamoré con veinte años mis padres siempre querían hablar conmigo sobre si estaba segura, sobre si no sería mejor dejarlo pasar, que a lo mejor no era para tanto y que una no siempre sabe si es amor. Luego yo les decía que se perdieran (sin hablar, al más puro estilo adolescente), y que el hecho de que él estuviera en silla de ruedas sólo me concernía a mí. Duramos sólo tres meses porque, bueno, porque realmente hay muy pocos sitios con las instalaciones adecuadas. Pero yo no fui la que se rindió; él me dijo que mejor continuara con mi vida, que aún éramos muy jóvenes; y entonces yo respiré hondo, fui y aproveché para liarme con un idiota, un capullo, pero de los que por lo menos no pueden aparcar en zonas para minusválidos; en fin, uno de esos que parecen fabricados por el ayudante torpe de Dios, con sus abdominales y su vocabulario de veinte palabras, al que sólo recurren para convencerte de lo bien que se siente sin condón. La vida tipo de la joven necesitada, la autobiografía de mis hormonas; valía la pena aguantar la vergüenza de verle hablar delante de mis amigos con tal de que luego me la metiera bien hasta el fondo, a lo bruto, a cuatro patas, agarrándome del pelo: su única virtud. Para mis padres era todo un avance, había pasado de buscar rampas por todos lados a disfrutar como es debido de los veintitrés centímetros de un hombre sano y preparado, que podía morir en cualquier momento ahogado en su gilipollez.

Siempre los detalles, son necesarios. Sé lo de los veintitrés centímetros porque de verdad un día cogió una regla conmigo delante y se la midió. Disfrazó el tema de broma divertida, pero lo que en realidad quería decir era: “Esto es mejor que lo de hacerte reír, ¿a que sí?” Al cabo de dos años, le dejé, cuando mis hormonas se dieron por satisfechas, o vete a saber. Dos años, que en una escala de razonamiento moral vendrían a ser unos veinte. Creo que dejé algunas neuronas por el camino, y durante varias semanas seguí notando el culo dolorido.
Me han motivado muchas cosas en la vida, pero ninguna productiva; cualquier tarea que tenga que ver con avanzar o ganar algún dinero a corto plazo y para ir tirando, para mí resulta ser insoportable, trabajos y responsabilidades que no me hacen sentir más llena ni más adulta, sino tan sólo más amargada y llena de rabia; un hastío que luego proyecto en los demás. Creo que represento bastante bien a mucha gente; sobre todo a los que más afirman no sentirse nunca así… Lo peor de que todo pueda ir mal, es que nadie quiera aceptarlo; es como si el ser extraterrenal que sea que nos representa y condiciona, tuviera graves problemas de erección y llevara milenios sin atreverse a ir al médico.
Una vez, mi novio sobre ruedas (su apelativo cariñoso), me dijo que el odio es el sentimiento más puro y duradero. No tiene rival, decía, porque a menudo lo alimenta la ignorancia, y ésta casi siempre es alimentada por la política. Además la mayoría de veces la gente sólo deja de odiarse cuando están seguros de que en el trato el rival ha salido perdiendo; lo cual no es más que otra demostración de odio. Suena exagerado porque no parece tan palpable en la calle, o entre la gente o en las tiendas y supermercados, etc… pero eso sólo es porque donde se fraguan los planes de desgaste que inmiscuyen a toda la gente sencilla, es en los despachos, en las reuniones de la junta directiva, en los encuentros de los mandatarios, en las iglesias. Es en la trastienda donde siguen subiendo los precios y te congelan el sueldo; donde se atusan el bigote rumiando sobre la forma de volver a exprimirte a la vuelta de los días señalados a base de chantaje emocional.

Es una pelota de baloncesto que se te va haciendo más grande cada vez. En el estómago. Un cúmulo de incomprensiones que va creciendo cada año que pasa. Es estar embarazada de escepticismo, en relación a la idea de que lo que te rodea algún día pueda estar cerca de sostenerse en algo más que miseria ajena.
Bienvenido/a a Suicidia.
A lo mejor ya has oído hablar de nosotros. Nunca tuvimos en realidad ánimo autodestructivo; sólo nos gustó el nombre porque invitaba a la confusión, aludía a un tema tabú, y porque llegados a este punto de la historia, preferimos confundir que engañar, ya que por lo menos sembrar la duda invita a pensar. Como creadora de este grupo de revuelta, con este texto tan autobiográfico sólo pretendo captar a aquellos que se sientan identificados y estén dispuestos a dar una patada a su vida, para luchar por comenzar a desasentar lo asentado.
Así dicho quizá sólo suena a cuatro descerebrados que cortan la autopista de vez en cuando, o deshinchan las ruedas de los coches más caros; debe parecer la gamberrada de unos inadaptados que se niegan a trabajar o que simplemente buscan pelea. Pero nada más lejos. En realidad somos mucho más sutiles; lo que intentamos ser es el veneno mezclado en la sopa. Queremos ser la muerte disfrazada de chica Playboy; y quizá no una solución, pero sí una oportunidad de redención en un mundo que consideramos enfermo.
Si llegado a este punto, sigues leyendo, aunque sólo sea por curiosidad, es porque al igual que nosotros quizá tú tampoco eres un conformista. Quiero que me conozcas, que nos conozcas. Que sepas que soy humana igual que tú, que he tenido decepciones, que soy lo suficientemente del montón como para avergonzarme de mis padres, desechar lo que vale la pena, u olvidarme de ponerme crema protectora en la playa. Queremos que sepas que no somos desquiciados, que somos ya más de dos mil personas que simplemente están hartas de tragar, de las clases sociales y de los imperativos aceptados que nunca parecen molestar a la mayoría. Puedes llamarlo Secta si quieres, pero entonces no podrás negar que al fin y al cabo esa vida normal tuya no está asentada más que en otra gran secta, en la que nos han hecho creer -entre muchas otras cosas- que los derechos humanos sólo los merece quien nace en el lugar adecuado. Y eso sólo sería para empezar. No hace falta que intente convencerte; lo que necesitas es despertar.
Hay tíos como mi exnovio el pollilargo, mujeres machistas, homófobos… Hay una larga lista de víctimas de su propia incultura, que nutren el mundo civilizado llevando en volandas a unos pocos que mantienen la miseria a raya para con sus ambiciones; mientras una gran mayoría trabajan por su sustento y otros simplemente mueren, y los cuatro jinetes del Apocalipsis financiero se nutren y fardan en nuestra cara sin que nadie haga nunca nada de verdad. Hay una revolución por allí, una pequeña vaga por allá, una guerra religiosa en el telediario…; todas las protestas y reclamos entrechocan, son distintos y hasta absurdos; quien sabe de qué va esto nos enfrenta entre nosotros constantemente, y al final siempre salimos perdiendo los mismos.
Tenemos infiltrados en grandes empresas, gente preparada que sabe lo que tiene que hacer para que todo comience a ir lo suficientemente mal para que la gente comience a sentirse interesada por un cambio, uno de verdad, al margen de los pequeños logros del día a día; para que las metas personales se conviertan en la persecución sin descanso de los logros comunes. Nuestra gran desventaja es lo podrido que ya está todo de por sí, y que hacer que aún empeore más hasta el punto de que todos se revelen no es cosa de niños. Dicho de una forma sencilla, la idea es poner a la gente a salvo, y luego cambiar el paisaje. Queremos arrancarte de tu piso de alquiler, quemarlo y darte la oportunidad de darle un sentido a tu vida; algo que vaya más allá de la supervivencia. Si eres libre en el sentido contemporáneo de la palabra; es decir, si no tienes hijos ni ataduras que te imposibiliten viajar o hacer una vida a salvo de los horarios y el futuro, nos interesas.
Tanto si has sacado esta carta de tu buzón, como si la has encontrado en el hueco del tronco de un árbol, vuelve a fijarte en la dirección del sobre. Ahí es donde el día diez de cada mes, durante las veinticuatro horas, encontrarás a alguien que te podrá hablar sobre nuestras actividades, nuestro modo de sustento y la forma en que según tus habilidades podrás sernos útil. Ahora que tienes este papel en la mano, te pido que lo consideres como un desvío, una oportunidad, algo con lo que ya no cuentan los que hayan tirado la carta a medio leer o crean realmente que ya todo está bien tal y como está. En Suicidia estarás a salvo de ideologías y ordenes directas; se te aconsejará pero no se te dirá qué es lo que tienes que hacer; podrás combinar tu vida normal con tu labor aquí si no estás seguro de abandonarlo todo de golpe. Podrás irte y venir y nadie intentará cambiarte, ya que nuestra idea es que seas tú el que atisbe un nuevo horizonte. Es tu decisión; otra decisión más; con la diferencia de que de ésta no depende sólo tu futuro. Podrás unirte con trabajadores sencillos y empresarios, gente joven y mayor de todos lados que ya viven para nosotros contentos de haber conseguido salir del rebaño. Si haces este cambio lo pasarás mal, te preocuparás, te arrepentirás a ratos, serás feliz, entristecerás; pero a diferencia de tu vida actual, sabrás que con nosotros todo lo que harás será para un bien común.
Pon a prueba tu cinismo, tu escepticismo, a tu entorno. Demuéstrate que no sólo eres bueno de boquilla. Reconócete a ti mismo que podríamos mejorar, reducir el egoísmo; y que para que un cambio notorio sea posible la primera regla es llenar de explosivos los cimientos de la vida.

[Ya circula por la red un trailer de lo nuevo de Tarantino. “Inglorious Basterds” tiene pinta de ser una película bélica distina a las que hemos visto en los últimos años, cargadas de drama y realismo. Todo parece apuntar a que Tarantino va a cargar las tintas del humor negro y la violencia, algo típico en él, sólo que en el contexto de la segunda guerra mundial. Sólo en poco más de minuto y medio, queda claro que no veremos una película bélica a uso, y que los detractores de Tarantino se pondrán las botas, así como los defensores podremos volver a defender una de sus películas con energía, cosa que no pudimos hacer tan a gusto con “Death Proof”, al estar ésta concebida para un programa doble que el dinero nos quitó… En el reparto, entre otros, Brad Pitt y Diane Kruger, ésta última en la foto de abajo (muy desaprovechada por cierto como Helena de Troya en aquel semifiasco épico que fue “Troya”).]

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12 comentarios en “Suicidia

  1. Arrollador. Mantiene la atención del primer al último párrafo. Destaco la frase final: “para que un cambio notorio sea posible la primera regla es llenar de explosivos los cimientos de la vida”.

    Nacemos dentro de una manada. Por eso la lucha cotidiana no es por la subsistencia, sino por la libertad. Hay que alejarse de la manada. Tenemos derecho a vivir en un lugar donde no nos sintamos humillados: Suicidia.

    Me ha gustado mucho más que el anterior. Genial relato.

  2. Interesante texto, me ha encantado! nuse pero me recuerda al CluV de la lucha, je, me intriga saber si todo esto es ficcion o “realidad”, realidad con parte de ficcion, o ficcion con parte de realidad.

    En cualquier caso, las manecillas del reloj ya se escuchan,

    Tic

    tac

    tic

    tac…

    >

  3. La nueva película de Tarantino, por el trailer que vi, me da la sensación de que utiliza la excusa argumental de los nazis (porque todo el mundo sabe que los nazis son malos y por tanto está permitido ser cruel con ellos) para convertirse en una bacanal de violencia casi gratuita. Es como el final de Death Proof; apruebas que las chicas se ensañen con el tipo y además lo disfrutas un montón porque se lo ha merecido.

    Pero, aun así, tiene muy buena pinta.

  4. Tarantino trabaja al margen de la realidad, a él le da igual si se trata de nazis o de zombis. Y con eso sus películas salen ganado, porque desde el minuto uno juzgarlas como algo serio no tiene ningun sentido. Su cine siempre me ha parecido extremadamente inteligente y mordaz, y sólo apto para quien sepa afinar un macabro sentido del humor que en sus películas se perfila como en pocas..

    saludos a todos..

  5. muy grande este blog,me iré pasando.

    (te agregué al messenger por puro venazo,me pareciste alguien con quien se puede hblar y tal)

    Por ejemplo, mi abuelo: Trabajo. Stop. Boda. Stop. Trabajo. Stop. Me lo dijo poco antes de irse, creo para que yo no hiciera lo mismo. No quería a mi abuela, no era feliz, y se murió. Dijo que sólo recordaba una tarde en la que se quedó parado mientras araba el campo, viendo atardecer, en la que sintió algo parecido a un buen momento. No te digas constantemente que eres feliz si no lo eres, me dijo. Y desde entonces he seguido esa regla a rajatabla.

    este trozo es genial,yo también quiero seguir la regla.un beso muy grande.

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