Humo

Detrás del colegio hay un muro que da a un descampado lleno de serpientes y escorpiones: lo que vendría a llamarse un desierto, una zona edificable; puedes encontrar hierbajos secos y jeringuillas, neumáticos, condones usados, catálogos de moda de hace diez años; es lo que vendría a ser la naturaleza durante el ser humano; lo que no fue con los dinosaurios y lo que no será después de nosotros. Por suerte la Tierra hará suya toda nuestra mierda e intentará readaptarse, los dioses desaparecerán junto a la miseria, y yo ya no tendré que aguantar más este dolor absurdo en el pecho.

Cuando quiero sentirme bien pienso en valles pre-ser humano, en acantilados y bosques mucho antes de que el primer mono se arrastrara fuera de su entropía. Pienso en animales devorándose unos a otros, en tormentas que después no rellenaban ningún programa de sucesos, pienso en paisajes idílicos a salvo de la mala poesía. Prados nevados sin colas de coches atascados para los que han tenido que partir montañas en dos. Imagino cómo debía ser la pureza de ver un terreno salvaje sin torres eléctricas, sin carteles publicitarios anunciando un nuevo parque temático. No paro de pensar en esos animales que sólo sabían comer y follar. Lo que pasa es que pienso, y luego existes.
Por más que quiera montar mi fantasía natural, ella siempre acaba colándose; y luego siempre termino hablándole de tú a cualquier cosa que vea. Por la calle le echo broncas a semáforos y papeleras, hablo solo y no paro de cruzarme con parejas sonrientes por todos lados. Es una invasión, una ola de felicidad occidental de diseño; les ves y parece que si una onda expansiva nuclear fuera a alcanzarles, ellos sacarían sus móviles/cámara/pijada/pijada/pijada murmurándose: “en facebook lo van a flipar”.
Veo todos esos anuncios falsamente juveniles con niñatos de diecisiete años con la gorra torcida y me digo: Hitler no estaba loco, sólo se equivocó de colectivo. Su fallo fue creer que podía librarse de la purria canalizando su odio en todo lo que no fuera su raza aria. Pero lo que en realidad querría haber hecho es matar a todo el mundo y quedarse solo. Él y Eva Braun. Todos hemos fantaseado alguna vez con cosas parecidas, no hace falta ser un nazi para pensar como un nazi.
Claro que, sólo es una teoría. Pero de esa forma descubrimos la ley de la gravedad y llegamos a la luna… Y para el amor, el enchochamiento y la fijación psicopática, sólo tenemos a un montón de escritores intentando mojar la ropa interior de las más inocentes; o peor, intentando ganar dinero hablando sobre sus propios ombligos, y lo muy desgraciados que son por no poder ver un atardecer con Helena de Troya. Y qué puta manía con los atardeceres y los amaneceres, en serio, escribir sobre ellos es más o menos como escribir sobre un orgasmo: si no estás allí estás perdiendo el tiempo.

Yo hubiera encajado más con el modelo de escritor mojabragas. Yo quería ser escritor porque Marilyn Monroe estuvo con Arthur Miller. Miller, un tipo que podía ser cualquier tío de los que te cruzas yendo por la calle, haciendo la compra, o cola en el INEM. Aunque cierto es que eran otros años. Ahora mucha gente joven prefiere marcar abdominales. Y en cuanto a los libros, en fin, existe esa clase social de lo práctico; esos que van a trabajar, luego toman algo con los amigos, van al gimnasio, cenan fuera, van al cine, ven la tele, se acuestan con su pareja, se duermen con la radio puesta… y luego dicen que no tienen tiempo para leer. El presente no es un buen momento para incitar a la gente a pensar, y ellos lo saben, podrían acabar sacando alguna conclusión.

La parte trasera del colegio, tras el muro, es el lugar donde ir a fumar sin que los críos de primaria te vean. Algunos padres se quejaron por el mal ejemplo que se les puede dar a los niños. Concretamente, un día un matrimonio llegó en su coche de lujo, aparcaron en una zona para minusválidos más allá de las canchas de baloncesto, comenzaron a caminar hacia mí por el patio, con sus pieles, sus zapatos caros, él con su maletín negro y ella con su pelo enlacado. Y me dijeron que si me parecía bonito, como profesor, fumar sin más cerca de donde juegan los críos. Hice mutis, ellos se fueron con su hijito uniformado al medico o algo así, y se despidieron arrancando el coche, dejando atrás una nube de humo. Luego el director proclamó que nada de fumar en el recreo, y después Gloria y yo nos conocimos a fondo marginados tras el muro con nuestros cigarrillos y, eso sí, a salvo de hipocresías.

Un colegio privado puede ser tétrico de por si, con todos los alumnos vestidos iguales y llenos de presión por proyectar convertirse en tiburones financieros y ejemplos de dignidad de despacho. A veces los miro y me dan ganas de secuestrarlos a todos, llevarlos a ver el mundo que van a ayudar a destruir. Todos con sus pantaloncitos y falditas a cuadros, un pequeño ejercito de buenos estudiantes y mentes crueles; llenos de ese egoísmo de serie que te convierte en una replica exacta de todos los hombres que han colaborado para evitar un posible “desmadre” en cuanto a la redistribución de la riqueza. Incluso en el neofeminismo no se busca tanto el hecho de ser mujeres íntegras e inteligentes, como el hecho absurdo de ser como los hombres, trabajar como ellos y tener las mismas ambiciones, como si eso nos hubiera traído muchas alegrías.

Me enamoré de Gloria porque sí. Nunca hay una razón concreta, simplemente te parece poder ver más allá en su expresión, o cuando la ves caminar, ese tipo de cosas… O quizá es que ninguna otra mujer me hace caso. De todas formas, siempre he creído que muchas parejas llevan años juntos porque nunca se han planteado su relación. Así que no lo pienso mucho, ni intento justificarlo, sólo me gusta.
Aunque creo que ella tan solo se ríe de mí, y piensa que voy a acabar mal algún día, de una forma estúpida. Hace unos seis meses que trata conmigo, y no sabría decir ni si me ve como polvo aprovechable. Creo que le doy un poco de pena por algún motivo, como si fuera la víctima de una enfermedad terminal que hubiese llevado una vida muy saludable. Eso siempre me ha hecho gracia maliciosamente. Mi mensaje en las cajetillas de tabaco sería algo como: “Fumar puede matar, pero vivir mata seguro”. El tabaco, desde el principio ha sido el vínculo básico entre Gloria y yo. Y siempre lo comentamos en susurros, si hemos venido a este mundo a llenarlo de mierda para cubrir nuestras absurdas necesidades, parece lógico que nos traguemos parte de esa mierda, y si la nicotina lo hace placentero, pues bendita sea. Eso sí es justicia divina.
Desde que nos conocimos, pasa el tiempo y seguimos siendo los únicos fumadores. Cada día comentamos las películas que hemos visto, lo patética que es la televisión. Cada día jugamos con las palabras justificando la autodestrucción. Y aspiramos bien fuerte del mercado tóxico de la muerte. Fumar es quizá el acto más cínico que hay. Sabes que te perjudica, todo el mundo lo sabe, se hacen campañas de concienciación y nos bombardean con estadísticas y reportajes. Pero la industria nunca desaparece. El tabaco es el resumen perfecto del ser humano. Te mueres, pero no vas a dejar que eso les fastidie a los demás la posibilidad de tener un jardín con piscina. Así que fumamos, y es nuestra forma de decir: Que os den a todos, este es el mundo que queréis, así que ahora no me vengáis con consejos de madre. El tabaco convierte en cínicos a los fumadores, sí, y en pardillos a todos los demás. Las ONG’s modernas son las zonas habilitadas para fumar, como si el humo fuese a quedarse quietecito al llegar donde la gente a priori sana. Es la inutilidad de una medida muy representativa de cómo funciona todo: se escribe una ley, se limpian conciencias, y todos juntos nos ponemos a ver el fútbol.

Pero ella no me quiere. Es decir, ella, conmigo, tiene esa actitud con la que parece estar sentimentalmente vacía por dentro. Dicen que el nerviosismo agita el sistema digestivo, y de hecho, desde que la conocí, no puedo parar de ir al lavabo cada dos por tres. Siempre me estoy meando, siempre parece que hace cinco minutos me tomé un café largo. Cuando a los dos meses decidí invitarla a salir, o algo… justo en esa conversación ella me comenzó a hablar de lo bien que estaba sola, y me dijo que menos mal, que yo por lo menos no estaba intentado ligármela “para variar”. Luego yo bajé la cabeza y saqué otro cigarrillo, todos los días, y procuré que no viera la expresión de drama romántico en mi cara. Yo soy su compañero de humo, somos nuestro propio proyecto de cáncer en pareja. Soñé una vez que los dos enfermábamos, he llegado a fantasear con la posibilidad de acabar en la misma habitación de hospital que ella, agarrados de la mano, muriendo en el mismo momento de igual forma en que una pareja llega a la vez al orgasmo.
El enamoramiento no es un estado transitorio, es un fallo de Dios; alguien se equivocó, el ser humano debería haberse quedado en los bocetos, debería ser un proyecto fallido guardado en un cajón. Pero en lugar de eso, algo tan rutinario como la hora del patio se puede convertir para mí en un esfuerzo titánico por no hacer planes de boda. Y los días pasan y blablablá, y los minutos blablablá y los meses son años, y mi vida ya no tiene sentido, y Julieta es fumadora y solterona y ha perdido la fe. Y no la culpo. Eso es lo peor de todo, hay mujeres demasiado valiosas como para tener que conformarse con un hombre. Es un milagro que los vibradores aún no controlen la Tierra.

Hay tres soluciones. O dejo el trabajo, o el tabaco. O ella muere. La tercera opción no es tan definitiva y dolorosa, en realidad lo hace encajar todo: ella muere, y yo conservo el trabajo y fumo diez veces más hasta morir por ella, mi gran homenaje. Es algo bonito a su manera. O también podría hincar la rodilla y regalarle un anillo, que visto lo visto ya sería la única manera de salvar mi alma.
O algo a medio camino, menos aparatoso, no tan humillante para mí y más cómodo para ella.

– Me gustas. – Se lo digo justo después de que ella dé su primera calada. Día uno del séptimo mes de agonía. Cinco minutos más y me mearé encima, por algún motivo no he pensando en ir al lavabo antes. Ella me mira sin expresión.
– Me dejas de piedra… – dice.
– Ya…
– No sé qué decir…
– Lo siento, tenía que soltar lastre…
– Ya… no sé… déjame pensar. Nunca te he visto de esa manera, creo…
– Lo sé.
Silencio largo.
– Estoy pensando en fumar tabaco de liar – dice, con toda naturalidad.
Asiento.
Y digo:
– ¿Quieres dejarlo?
– ¡No!… es que… gasto mucho dinero. Voy a paquete por día…
– Podrías dejarlo, puedes intentarlo…
– No, no lo he pensado…
Silencio otra vez. Y ella de repente dice:
– Es gracioso porque… tengo una foto en casa, pegada en la nevera…
Dice:
– Es un pulmón, de un exfumador… Parece un neumático derretido. La puse para intentar asustarme. Pero luego me he acostumbrado a verla… y ahora ya casi la he cogido cariño…
Se queda mirando hacia el desierto, esa zona apestosa y abandonada, donde la gente va a hacer o tirar las cosas sucias. Donde se esconden. Más lejos hay un bosque, un lugar que acaba abruptamente en una alambrada, tras la cual hay una autopista, más humo.
Y más allá, simplemente, un bucle paisajístico. Gloria parece intentar ver más de lo posible, mostrando gestos inéditos en ella.
Después me mira, grave pero abierta, escrutadora. Y dice:
– Cuando veo esa foto me acuerdo de ti.

[A los verdaderos amantes del cine -los que saben gastarse el dinero yendo al cine, se informan y, sobre todo, no dan por culo en las salas con sus comentarios estúpidos o las putas comilonas que se meten-, recomendación: “Déjame entar”. Película sueca, adaptación de la novela de John Ajvide Lindqvist, que dirige una tal Tomas Alfredson, el cual ha hecho desde ya una de las mejores películas del año, y en cuestiones de género un largometraje que fácilmente pasará a la historia. La elegancia y la crudeza con que se maneja el material de la novela es sencillamente delicioso, es el cine de género tomado absolutamente en serio, y no apto para devoradores de blockbusters (los tocapelotas antes mencionados). Trailer arriba y fotico abajo.]

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16 comentarios en “Humo

  1. que buen blog!!! totalmente de acuerdo, se confundió de colectivo….
    La última gran peli que he visto la compré hace unas semanas con el Público. Se llama Factotum, la has visto? Es……demasiado!!!…hacía mucho que una peli no me hacía llorar despues de que acabase…si a caso me pilla durante…..
    Saludos y un placer leerte.
    Clorofila

  2. Pues sí Clorofila, Factotum es una de esas joyas que pasan demasiado desapercibidas. Papelón de Matt Dillon. Y un par de escenas hacia el final… la madre del protagonista guardandose la carta del periódico en el bolsillo, y él mirando de frente a la streaper cigarrillo en mano… en fin, una joya, recomendada queda.

    Saludos a todos.

  3. wooow lo de la madre creo que no me di cuenta….increible ese final….o sea, todos los relatos que citan en la peli, son de Bukowski?…que buena es!!! el verdadero y autentico perdedor…Al fin!!!…ahora entiendo lo de la senda……De acuerdo contigo, Matt Dillon se come el papel…..y Lilly Taylor me a-lu-ci-na!!!!que gran película…que gran escritor
    Me gusta tu blog…..acabo de terminar esta entrada…..y me ha encantado…
    Saludos Jordim!!!

  4. hola J!!

    un post hermoso, cargado, potente… siempre es un placer leerte. En este momento estoy escuchando al canción “the man who sold the world” versión de Nirvana, y no se por que me he acordado de ti….

    ¡saludos!

  5. “Eso es lo peor de todo, hay mujeres demasiado valiosas como para tener que conformarse con un hombre. Es un milagro que los vibradores aún no controlen la Tierra”.

    Qué buena frase… Vibradores gigantes controlandolo el planeta. Para qué queremos nazis, teniendo vibradores…

    Ahora hablando en serio… Si hay que ser sincera, pienso constantemente en idear un plan para exterminar a medio planeta. ¿Qué digo medio? Me quedo corta… Exterminar el 120% del planeta.

    El -80% restante me lo agradecería y me pondrían un supervibrador de altar.

    Bueno… basta ya!!! Llevo tres horas en el curro y estoy desvariando mucho. Lo siento… voy a desvariar en mi blog, que para eso lo tengo…

  6. Estoy totalmente de acuerdo. Cómo fotografa de bodas, he visto unas cuentas bodas donde los susodichos estaban mucho menos enamorados que la trucha y el trucho (jajaja) por no decir nada de nada…

    Pero ya sabes… después de siete u ocho años, “qué hacemos?”, “Nos casamos o lo dejamos?”. Y tres años depués viene el “qué hacemos?”, “Tenemos un hijo o lo dejamos?”…

    Muy triste…

  7. Te vas mejorando con las cabeceras. Esta es genial, el nuevo look le sienta bien al blog.

    Graaaan película. Que les den a los que joden la peli en el cine 😛

    Esta tarde me leo los que tengo atrasados 😉

  8. Tendría unos 12 años y para la asignatura que por aquel entonces se llamaba Ciencias Naturales, (creo que ahora es Conocimiento del Medio o algo asi, supongo que porque natural queda muy poco), tuvimos que hacer una colección de minerales, plantas e insectos. Se me metió en la cabeza que tenía que poner un escorpión y me fuí a un descampado a las afueras con dos amigas más en busca del bicho. Había de todo y con constancia, levantando piedras, di con uno. Lo metí en un tarro de cristal a través de un tubo de papel que hice con un folio y me lo llevé a casa. La parte más dura fue acabar cómo acabar con él. Le di vueltas al tema y decidí clavarle una aguja larga y cada vez que lo pienso se me ponen los pelos de punta, porque se agitaba violentamente de un lado para otro. ¡Qué impresión! creo que fui consciente de lo difícil que es matar y desde entonces estoy en deuda con los bichos. Eso si lució lo suyo en el insectario y la profe de Ciencias debió quedarse a cuadros y replantearse lo de las colecciones. En fin, que el comienzo del relato me trajo a la memoria aquel descampado en el que aprendiamos tantas cosas sobre una parte de la vida que intentaban protegernos. El comienzo del relato me gusta mucho.

  9. Un error. Marilyn no estuvo casada con Henry Miller sino con Arthur Miller (nada que ver el uno con el otro aunque ambos eran escritores

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