Masturbación teológico-panfletaria

De esta historia no hace tanto, hablo de cuando yo tenía fe y mi madre ya estaba lo suficientemente jodida como para considerar sagradas las rampas y los pasos de cebra.
Ella sí tuvo que hacer el amor con mi padre para que yo naciese, así que éramos una familia más, terrenales y débiles, ovejas, contribuyentes de medio pelo, ganado al servicio del capitalismo.
Si mis padres te invitaban a comer y surgía el tema, no podías decir “Aborto”, tenías que hablar de “Asesinato”. Y no podías comenzar a comer sin más sin haber dado Gracias, y el vino no era solo vino. Etc.
No digo yo que todas las familias católicas sean iguales, pero por lo que he vivido, la verdad es que hoy día podría ser un auténtico gilipollas.

Mi educación en tal ambiente dado al adoctrinamiento podría haber resultado trágica. Pero es una suerte crecer en un entorno en el que a la larga también hay personas que creen que hay vida antes de la muerte. Eso te da la opción de elegir.
Y digo que esto podía haber sido trágico, porque de haber sido inyectado con otra religión, hace tiempo que podría haber reventado en trocitos. Todos tenemos un interruptor potencial hacia las creencias religiosas, pero no es justo que ese interruptor lo toquen por ti antes de tener voz y voto. Supongo que la duda está en si alguien abrazaría ese tipo de fe habiendo estado a salvo del adoctrinamiento. En mi caso, mi padre siempre quiso hacerme devoto. Pero mi madre, los amigos y el sexo, me acabaron escupiendo fuera de ese mundo. Doy gracias a tener una conciencia libre de culpabilidad católica; doy gracias a no ser como esa gente que antepone un feto a los preservativos o unos derechos civiles al servicio de todos. En definitiva, yo no me meto con Dios y él no se mete conmigo. Pero estoy seguro de que, si realmente existe y ve su representación establecida aquí abajo, debe estar retorciéndose en su nube.

Mi madre era una beata, pero también tenía apego por lo físico al mismo nivel. Yo quizá no fuera Jesús, pero era su hijo, y eso tampoco estaba mal. Al los sesenta años salió un día sola de casa, cruzó una calle y un coche se llevó por delante su silla de ruedas, matando lo que quedaba de ella. Yo tuve la culpa. Ella no podía salir sola. Es decir, sí podía, pero había que detenerla, sacarle esas ideas de la cabeza.
Un tiempo antes de morir, ella decía que hablaba con Dios. Bueno, la cuestión no era esa, más bien decía que Dios le contestaba.
Ella escribía la conversación a medida que ésta se producía. Mi padre al principio estaba exultante. Lo que para mí eran delirios graves de tratamiento urgente, para él era la experiencia más importante de su vida, la más positiva, el milagro que había estado esperando para justificar toda una existencia de fe ciega. Ya estábamos iluminados. La mujer que me trajo al mundo llenó diarios con diálogos como éste:

Ella: Vuelvo a estar aquí, Señor, en busca de tu misericordia, culpable y ajada… Vuelvo a estar aquí… llamándote…
Dios: Te oigo, hija mía, te tengo presente.
Ella: Quiero pedirte fuerzas una vez más, para los míos, para mi marido y nuestro hijo… No quiero ser un lastre para ellos.
Dios: Tranquila, hija mía. Tu virtud les hará fuertes.
Ella: ¿Qué quieres decir con eso?
Dios: Tu marido necesita de tu fuerza, él está más perdido que tú. Dale fuerza, dale sabiduría.

Según sus notas, las conversaciones apenas duraban uno o dos minutos. Luego Dios se iba, mi madre rezaba un padre nuestro, y se disponía a dormir.
Llevaba a cabo estos rituales sola. Mi padre esperaba fuera, pegando el oído a la puerta sin oír nada. Mi madre decía que con alguien más en la habitación no había respuesta. Y Dios nunca hablaba de mí.
Por más que lo piense, aún no sé bien qué pasó. Advierto que, cuando cuento esta historia no puedo evitar esconder cierta información para el final, ya que mi nivel de sorpresa al descubrir la verdad, fue justo el que debería sentir el oyente del patético relato de mi familia, sobre la religión en mi familia, y de algún modo sobre lo que puede suponer ésta en el mundo. Cuando se trata de Dios, no suele pasar como con las bebidas sin alcohol o los platos bajos en calorías, no suele haber término medio; la gente que se ha reconocido creyente ante mí, ondea una bandera perpetua de condescendencia hacia el ateísmo y el agnosticismo. Algunos siempre me han odiado por mi discurso científicamente ciego, condicionado y subjetivo, a la vez que reforzaban su fe respirando bocanadas de aire llegadas de su amado creacionismo.

Las conversaciones con Dios se sucedían casi a diario. Los diálogos, con el tiempo, pasaron a ser algo enrarecidos, como escritos por un hipotético guionista musulmán adolescente. Todo eran frases genéricas y absolutas, como si más que aconsejar, Dios hablara entre líneas sobre el tamaño de su pene; era como si mi madre fuera una veinteañera sola en un bar y Él quisiera ligársela más por una apuesta que por atracción. Todo sonaba así de chocante y mundano.
Ella abría al día siguiente su diario sin pudor, y nos leía la conversación mientras a mi padre se le humedecían los ojos. Por aquel entonces, yo comencé a sentir asco, un asco generalizado por todo.

Después, ese hastío invadió a mi padre. Pero por motivos muy distintos a los míos: Los celos; por supuesto celos de mi madre. Con el paso de las semanas mi padre comenzó a imitarla cuando tenía un momento a solas. Pero Dios nunca hacía acto de presencia con él, no había manera. Podías encender velas o construir un pequeño altar o rezar durante cinco horas antes, que Él siempre estaba ocupado. La habitación de mis padres se convirtió en una iglesia mileurista, todo estaba lleno de imágenes e intenciones paternas por recibir una sola respuesta que nunca llegaba. Dios seguía insistiéndole siempre a mi madre en que mi padre estaba perdido, tenía un problema, necesitaba ayuda. Cuando ya había tres diarios llenos de garabatos de ese tipo, lo único que le había faltado insinuar a Dios era que compráramos viagra. El nivel de humillación paterno llegó a ser alarmante. La conclusión para mi padre era: Mámá progresa adecuadamente, Papá no lleva una vida adecuada; cuando se enderece, Dios iluminará esa vida con otro milagroso diálogo de dos minutos.

Día tras día fue creciendo el monstruo que había alimentado la fe católica de mi progenitor. Dentro de sí ya no cabía nada más que rencor hacia su mujer; el rencor que hubiese sentido por Dios si no hubiese puesto siempre todas las esperanzas de su vida en colgantes, estampitas y pasos de semana santa.
Fue por aquel entonces cuando yo comencé a tener serias crisis de fe. El ambiente en casa estaba revolucionado, mi padre pasaba de los lloros a la rabia al rencor al miedo hasta los lloros nuevamente. Mi padre era un hijo no deseado de Dios, y mi madre era su geisha gratuita, su amante de confesionario, su mano derecha, y quien tenía que sacar fuerzas de flaqueza para encarrilar a su marido, que por cierto, hasta el momento en que ella comenzó a tener línea directa con el cielo, era un señor bastante equilibrado, por más beato que fuera.
Había algo que no cuadraba. Yo a los tres meses de discusiones y conversaciones surrealistas paterno-filiales, me compre una Biblia satánica.
Ouh yeah, pensé. Me sentí como una estrella del rock, un rebelde anarquista, cuando lo único que estaba haciendo era leer mi primer libro no “autoimpuesto”. Es cierto que elegí una especie de mamotreto para adolescentes góticos. Pero también es verdad que el esquema era el mismo que el de la Biblia. Sandeces, es igual, decidí de entrada: es una copia en color rojo Satán del libro sagrado; un juego siniestro para alimentar el reverso oscuro.
Pero los meses pasaron y leí otros mamotretos religiosos, investigué otras religiones, y descubrí que también seguían el mismo esquema histórico, y todos con textos tan sugerentes y bellos como podían serlo los de la Biblia. Veía similitudes muy sospechosas; y quizá estaba buscando errores o pistas falsas, paralelismos gratuitos, pero ahora ya me da igual. Lo que cuenta es que, así, poco a poco, a medida que fue entrando información en mi cerebro, fui desprendiéndome del niño adoctrinado. El hastío se fue disipando. Todo, mientras mi padre se consumía buscando masticar el aire, volar, morir y resucitar, montarse en una nube…
Pero Dios nunca le hacía caso, seguía sin hablarle, no era merecedor de esa dicha, había algo que estaba haciendo mal. Y cuando no, el Señor estaba demasiado ocupado coqueteando con mi madre.

Una vez resuelto a investigar y leer otras cosas, descubrí otros placeres del conocimiento. Durante mis años de abstracción espiritual esquematizada era muy reacio a leer ciertos libros o ver ciertas películas. Y si lo hacía, tenía una crítica preestablecida incluso mucho antes de leer o ver o analizar. No todos eran como yo, pero ese era yo. Era el prejuicio sobre el prejuicio. La religión para mí fue la única capa, la única piel de todas las cosas, hasta que descubrí que el mundo podía ser terrible y fascinante, maravilloso y asqueroso, deprimente y disfrutable. Sin la necesidad -ahora creo que dañina- de cabos extraterrenales a los que aferrarme continuamente para darle un sentido a todo. Un sentido que además era un sin sentido detrás de otro. Todo se amoldaba de manera que cualquier cosa que pasaba formaba parte de un gran plan maestro. Los humanos éramos imperfectos y estúpidos y simplistas, y Dios, en su infinita misericordia, nunca se equivocaba. Él podía ser un genocida o un tranquilo paseante, o hablar contigo o no hacerte puto caso, podía matar, crear guerras, accidentes, enfermedad. No había por dónde cogerlo, y yo llevaba años justificándolo.
Se podía crear un mundo desde cero, se había hecho. Y ese mundo podía ser un reflejo de la pobreza y la miseria. ¿Qué haces cuando no tienes nada y estás abandonado y desamparado? Rezar. Y luego debió comenzar para otros la lluvia de bienes materiales, de objetos o alimentos o dinero. Las Iglesias comenzaron a crecer del suelo a partir de semillas hechas de bondad, ignorancia, pobreza y la susodicha potenciación de esos factores.

Así era como pensaba yo al cabo de un tiempo, y como pienso. Puedo estar equivocado, claro, lo mío solo es otra opinión. Precisamente esa es la mejor baza de la fe ciega, la muerte. Nadie sabe nada de ella; sólo vemos cuerpos que se pudren. Los católicos dicen que se desprende el alma de ellos. Y a mí eso ya tan solo me parece el mejor truco de marketing de la historia. Eso sí, maravilloso, insuperable, al parecer una auténtica genialidad que ha viajado durante siglos y sigue triunfando, superando todas las épocas; y de todas esas épocas no queda ya nada excepto las Iglesias. Admirable. Ni tan siquiera la ciencia puede hacer o demostrar nada; es la muerte, la muerte es la mandamás, la auténtica jefa. Siempre la he imaginado con forma de mujer de escándalo, de negro, inalterable y aguantándose la risa mientras nos ve dudar como a idiotas. Ella es Dios y el Diablo, es lo palpable y lo espiritual. Es incluso mejor que la propia religión, es real e incontestable, demostrable y definitiva, el mejor polvo posible de la realidad conocida. Ella es lo que hay antes y después, y mi teoría favorita sobre la vida.

Coge una cruz cualquiera y ponla del revés. La cruz invertida es un símbolo antagónico: Belcebú. Muchos creyentes te asegurarán que el Diablo no existe. En mi etapa de monaguillo social, ni tan siquiera me lo planteaba. Creo importante explayarme, dejar claros los principios para poder matizar sobre la historia de mis padres. Mi padre comenzó a poner del revés todas las cruces que había en casa. Mi padre había encontrado mi Biblia satánica. Estaba perdiendo la cabeza. Según él, eso provocaría a su Señor. Cuando ya habían pasado unos quince meses, mi padre prefería una azotaina de Dios a la mísera indiferencia. Antes del caótico día de la muerte de mi madre, el último diálogo escrito fue el siguiente:

Ella: Vuelvo a estar aquí, Señor.
Dios: Dime, muchacha, qué te perturba hoy. Qué revolución hay bajo tu vestido.
Ella: No creo ser merecedora de tus halagos, que además creo impropios.
Dios: No debes creer nada, debes escuchar y asentir. Eres una de mis favoritas.
Ella: No sé cómo interpretar tus palabras. Y no sé qué miedos nuevos aplacan a mi marido.
Dios: Tu marido no tiene solución. No es digno de escuchar mi voz en su mente. No lo es como no lo soy yo de tener fantasías sobre lo que hay bajo tu vestido.
Ella: Yo ya no tengo edad, Señor.
Dios: Tienes razón, ya no tienes edad. Y a mí se me ha acabado la paciencia.

No hacía falta ser un ser de luz o un ángel o el anticristo para deducir que mi madre sencillamente se inventaba todos esos diálogos. Se encerraba en la habitación y aguzaba el ingenio. Su ingenio. Cuando comenzó a escribirlos yo era un creyente firme, y para cuando había escrito el último, sólo con oír hablar de Dios se me escapaba la risa. Ni siquiera soy ateo, me parece ridículo considerarse ateo; de algún modo te mete en la discusión teológica. Ahora la religión me parece tan interesante como cabreante, tan retrógrada como dañina; lamentablemente hay una fina capa de filosofía que la ha hecho flotar como a un trozo de madera del Titanic. Y digo Titanic, con la esperanza de que algún día hablemos de los curas, y los chicos de quince años solo puedan verlos en fotos y videos antiguos.

El día del accidente, tuvieron que bajar la silla de ruedas de mi madre de la copa de un árbol, y recogerla a ella del suelo de una sucursal bancaria de la que atravesó el cristal. Tenía algo de irónico, la silla en el árbol y ella muerta en un banco. Y la pregunta era ¿por qué escribió mi madre todos esos diarios? Y mi conclusión fue el desgaste. Mi madre decidió volver loco a mi padre. Mi madre continuó creyendo en Dios, pero dejó de tener fe en el fanatismo, en la Iglesia; dejó de ver a mi padre como a un fiel encantador, para comenzar a odiarlo. Ella, aquejada de dolores crónicos que apenas la dejaban dormir, con cierta dificultad en el habla, una progresiva pérdida del control sobre sus brazos, y mientras su diagnostico de alzheimer comenzaba a materializarse, pues bien, expresó su deseo de morir. No una, sino en repetidas ocasiones.
Ni que decir tiene, que en mi familia estaba prohibido morir por voluntad propia. Incluso a esas alturas, cuando mi padre ya estaba del todo tarado, su negativa fue cerrada y concluyente.
Con todo, el día del accidente casi recupero la fe. La idea de mi madre era hacerle la vida imposible a mi padre. No era difícil, bastaba con los celos, y en mi casa hablar de celos era meter a la santa trinidad de por medio. Así que mi madre comenzó a escribir aquellos diarios, cada vez con más torpeza pero con la suficiente claridad, yo me volví antisistema, y mi padre se volvió loco. Y digo que casi recuperé la fe, porque lo sucedido pareció intervención divina, justicia divina: Mi madre salió del piso, se metió en el ascensor, bajó un par de rampas colocadas por algún político en campaña electoral, y se dispuso a cruzar por una parte de la calle en la que no había paso de cebra.
Y en aquel momento, el único coche que pasaba por allí, lo conducía mi padre.

Voilà. Mi madre murió de una forma terrible, pero en el acto, y mi padre ya iba tan ciego de fe y celos que ni tan siquiera se ponía el cinturón de seguridad. Murió al chocar con el árbol de la silla, pero diez horas después. La situación era inexplicable, la visibilidad era total, la hora y la calle eran propicias para que no hubiera nadie más. Fue un encuentro, una cita de mis padres con la muerte que parecía apalabrada. Yo estaba en la universidad. Para cuando me llamaron y llegué allí, ya había media ciudad malmetiendo. La policía y el personal sanitario me miraban con extrañeza al ver que en ningún momento lloré ni se me tensó el gesto. No sé que sentía.
Días después reía y después lloraba. Me quedé en casa de unos tíos, el hermano de mi madre. A ella, una vez muerta, no la imaginé con Dios ni con el Diablo, pero en esos momentos me negué a aceptarla como un trozo de carne en descomposición. La vi en mis sueños de vigilia, en una relajante estancia, jugando a sus amadas damas con la mujer de negro, la que yo creo que provocó el accidente; mientras mi padre, una vez negada la entrada al paraíso de la muerte, mendigaba el perdón a sacerdotes con cruces invertidas colgadas al cuello, en un agorafóbico valle sin fin.

[En el video, una de esas escenas que hicieron a Tarantino. Una de esas escenas que divide a los que saben separar la realidad del cine, y los que no. Con esta escena Tarantino deja claro que la libertad creativa no está para desaprovecharla, y que se puede considerar al espectador un ser inteligente. El tempo de la escena es perfecto, el diálogo, claro y meridiano, el humor negro, tocando el cielo, la cámara se coloca en el lugar adecuado… y ya está, Tarantino es una estrella del rock. Aunque solo es mi opinión. El debate queda abierto.
Y para la foto, el amor platónico esta vez se llama: Thora Birch. Bastó con “American Beauty” y “Ghost World”.]

thora-birch

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40 comentarios en “Masturbación teológico-panfletaria

  1. Me parece un texto de ficción que se sustenta
    sobre una base real .
    Tengo mucho respeto por las creencias de los
    demás.
    Yo solo aspiro a ser un buen ser humano.

    Graciñas por visitar mi xanela.

    Un abrazo.

  2. Bastante denso tu post e imposible de comentar con dos frases hechas. Me llevaba a veces a un libro que estoy leyendo sobre implicaciones sistémicas escrito por el psicólogo David Solá titulado “Víctimas de víctomas”. A mi también me gusta Tarantino aunque sea tan insoportablemente gore. Y gracias por pasarte por mi blog, a pesar de la “envidia cochina” jejeje
    Bss
    😉

  3. No suelo leer textos tan largos en el PC, y contigo ya van dos excepciones. Por algo será.
    Supongo que el relato tendrá algo de realidad y mucho de ficción; o sea, como la vida misma.
    Sea como sea, me ha parecido genial.

    Un saludo.

  4. me ha gustado el relato… un poco largo para leerlo en el ordenador… me gustan los personajes porque no sé cual de ellos son más extremistas (si la madre por su situación física que se agarra a la religión, el padre que me parece el más loco con razón o sin ella, y el hijo con su incomprensión por el dolor ajeno, comprensible también..)

  5. Adoro la gente que habla con Dios ……….y este le contesta.
    No sé donde leí hace tiempo que si hablabas con un ser superior(léase Dios) , estabas loco, pero si este te contesta, eres un esquizofrénico.

    A mi me ha respondido un par de veces……
    (Dios?….Eh dios!!!!!………………………………………………..
    Ya se me ha ido de nuevo….)

  6. El creer o no es tan personal, como si te han inculcado (obligado?) o no el creer. Uno llega a una edad en la que definies lo que crees como algo, fé en Dios o en uno mismo. Yo creo, pero a mi manera. Tengo respeto por la Iglesia como por cualquier religión, no comulgo con todo lo que es el catolicismo pero ciertas cosas me las creo por que sí, …. digamos que lo divino esta en lo inexplicable, y si tuvieramos las respuestas a todo seríamos directamente Dios. Ja! Buen relato, para pensar.

  7. Me pasa como a Pedro, generalmente noleo nunca relatos tan largos en pantalla; de hecho, cuando encentro alguno verdaderamente intereante, lo suelo imprimir en papel. Pero con este he roto la costumbre, me lo he leído del tirón y en la pantalla, y aparte de no haberlo encontrado denso, no era capaz de dejar de leerlo.

    En el desarrollo de la historia tocas casi todos los temas que considero básicos para entender la incidencia de la religión en la sociedad, y lo haces con la precisión de na disección. Retratas un prototipo de familia bastante típica en una época determinada, los intentos de catequización familiar segramente con las mejores intenciones, las dudas ante todo ello, la autoreflexión primero y posterior rebeldía y así, todos los factores de este tema.

    realmente habría que hacer una extensa valoración de tu artíclo, pero me limitaré a felicitarte por él, magníficamente conseguido.

  8. Gracias Ernesto. Es verdad que es muy largo para leerlo en pantalla, pero cuando me salen así prefiero dejarlos “enteros” a hacer un ejercicio de sintesis que podría lastralo.

    Gracias nuevamente. A todos.

  9. No voy a blasfemar, pero, “Joder de Dios” se debería titular.
    Es la historia de la que no podemos escapar, la historia familiar. Como dice Nick Hornby, “nadie elige a su padre, ni a su madre, ni a sus tíos”. Y tampoco al Dios de sus padres, ni a las paranoias bíblicas sacadas de contexto. Todo es mentira, siempre mentira.
    De acuerdo con esa afirmación de que llamarse ateo supone que te metas en ese debate. Totalmente de acuerdo. Es una pérdida de tiempo meterse en esas chorradas mentales.
    Y el fin, en plan kale borroka, atentado contra la oficina bancaria, muy bueno. Me acabas de alegrar las 17 horas y pico de este caluroso miércoles.
    Ciao!!!

  10. Me he paseado por tu blog…genial…a veces es dificil leer post tan largos, pero a ti se te lee y te quedas con la cosa de ooooh se ha acabado…

    Escribes muy bien ….seguiremos viendonos

    Un saludo

  11. Cuando nos inculcan algo de manera exagerada, siempre se consigue una reacción muy contraria.

    Pienso que cada uno debe ser feliz como puede y comoquiere. Y creer en lo que quiera. El caso es ser nosotros mismos, y cultivar lo que verdaderamente sentimos.

    Un beso.

  12. de religion “cada uno tiene sus cadaunadas”, ni entro ni salgo, las gallinas que entran por las que salen, dime con quien andas y te dire y a mi que me importa, en fin Serafin. Pero de Pulp Fiction, esta escena es alucinante,¿ te has fijado en la tapiceria blanca del coche?, y luego la resolucion del Sr. Lobo. Buenisimo Tarantino…. Que la fortuna te sea propicia…

  13. Que te puedo decir, tienes razon nacemos y ya decidieron por nosotros nuestra fe y muchas cosas mas, mi familia tambien era catolica, no tan ajustada como la tuya, pero lo era, nunca entendi nada y jamas me adapte a eso, no hice la primera comunion y esas cosas, en ese tiempo asi lo decidi, despues entre a una religion por mi cuenta, me lo crei todo, buscaba fe, pero no eran las personas adecuadas, y probablemente tampoco la doctrina adecuada, termine siendo agnostica, creo en Dios, pero no pertenezco a ninguna religion, las respeto pero por el momento creo q no son para mi.

    Saludos.

  14. “mi familia tambien era catolica, no tan ajustada como la tuya, pero lo era”.

    Ofelia:
    Proyecciones blog
    **RELATOS**

    En cuanto a la religion, efectivamente es algo muy personal y respetable. Hasta que los “representantes de Dios” se dedican a condenar el uso del preservativo, la homosexualidad, muchos avances científicos, etc, etc, etc. Yo no sé nada de ningún Dios, no creo en él porque la vida no me ha dado ningún motivo para hacerlo; lo único que conozco son doctrinas y fanatismos, y éstos hacen mucho daño, envenenan muchas ideas de progreso y libertad; e incluso diría que frenan el potencial de muchas personas para valorar la realidad por lo que van a recibir de ella. En esta realidad palpable, los que no creemos no tenemos porqué pagar por los que sí.

  15. Me alegro de tus muchos comentarios. 🙂

    Mmm… Me ha ido gustando progresivamente. A pesar de habérseme hecho un pelín largo, al final te queda muy buen sabor de boca.
    Al principio, pensaba que lo de las conversaciones con Dios era una copia de la mística rollo Santa Teresa y así, pero nada… el final lo arregla todo perfectamente.

    Me ha recordado muchas cosas y muchas conversaciones… 😉

  16. Al ver la longitud del texto pensé ¡cómo voy a leer tanto! pero es la magia que tienes de seducir al lector con el lenguaje y de seguir el hilo hasta el final…¡qué final!

  17. Con tu permiso (y sin él) tehe enlazado a mi blog…
    Me quedo a media lectura y esto no puede ser!!!! Necesito algo más de tiempo para terminarla y el maldito teléfono no me deja 😛
    Esta noche 😀

    Un abrazo!!!

    Muakssssssssssssssssssssssssss

  18. Las creencias es algo que hay que respetar, pues es algo muy intimo y personal, atañe a la espiritualidad y eso cada cual tiene derecho a elegir. Dicho eso, también es cierto de que las conductas de los que profesan tener la verdad, han dejado y deja mucho que desear. En fin, la muerte borra todo error, no soy quien para juzgar.

    Me lo he leído de un tirón y me ha encantado.

    Un beso

  19. Lo importante es que las creencias adquiridas o heredadas se pueden cambiar y adapatar a los momentos vigentes de cada cual.

    Asi, la culpa y el fanatismo, asi como la obsesion, pueden iniciar su camino Hacia el cambio.

    Saludos cordiales

  20. Sorprendente relato. No soy en absoluto religiosa, pero cada uno piensa como quiere. Lo que no puedo entender es el fanatismo. En ningún caso, ni en ninguna religión. Es dañino y muy peligroso.

    Saludos

  21. He leído esta entrada tuya de un tirón. Sí, un poco larga, aunque opino como tú, a veces es mejor sacar toda la ” hornada ” de una vez…

    También coincido en lo de los fanatismos… jamás traen nada bueno, vengan de la religión que vengan! Quizás salir de la rueda de dependencia en las religiones, en la que se encuentra muchísima gente pudiese dar otros recursos mentales que no sean ” colgarse ” de lo que proclaman sus dirigentes. Es un tema que daría para mucho.
    En fin… gracias por darte a conocer!

    Saludos, Jordim!

  22. ♦^^¡Atrayente /interesantisimo! vuestro relato. Wao wao! cuantas cosas tiene la vida. Sos todo un personaje, en una gran película. Me gusta vuestra versión de la Muerte. Aunke no la comparto completamente, pero deseo con ansias morir. No kiero llegar a vieja, etc, etc. Además pienso ke la muerte del planeta y/o sistema. Podría dar paso a una, diferente, vida nueva. Kizá sin Gravedad, tanto sin sentido, etc. Para mi la superficie de esta vida actual son como un simulacro de sandeces. Un teatro traji-Comediante. No se, solo se ke vuestro escrito esta ¡bien cool! Esta vez me lo leí todo de una sola vez. Sin poder evitarlo XDDD Como hoja por el rio. ¡Graaacias eternas Atrayente /atractivo ser/estar! Att. vuestra: Odi^^♣

  23. … sorry se puede malentender algo como lo escribí. “sin Gravedad, tanto sin sentido”. Lo ke kise expresar es ke en este mundo, dike actual, hay demasiados insultantes caprichos, etc. Mucho “sin sentido”. Bueno tener Sentido pero no tantas reglas. ¡Fuera tantas reglas también! {si por mi fuera solo existiera una: ¡AMAR! (ke conlleva admiración, respeto, etc.) y ke todo sea bello y valioso claro 😛 bla bla bla ¡Gracias eternas Precioso! ¡Sos Genial! Att. vuestra: Odi^^♣

  24. ♦^^Acabo de terminar de leer y comentar el post anterior. De los 2 o 3 últimos párrafos finales. Ya ke pega bastante para este asunto también. Lo pegare (plis & gracias! ^^)♠:
    ♦^^Sobre “la Belleza de un buen acabado”. No sirve de nada si el producto no hace lo ke “se necesita” (se busca, se kiere /desea, etc). Además es relativa (la belleza) y sale del amor {vemos bello lo ke amamos=). Gibran dice ke ella no pide nada a cambio. Pero es falso por ke la belleza exije cuidado /respeto, etc. Para mi el placer, los deseos, sentimientos, son muy buenas pista de lo ke es (si es ke existe) lo verdaderamente Supremo. Blablabla… ¡Gracias Genial Jordim! Att. vuestra: Odi^^♣

  25. Un poco largo sí, pero hermosamente redactado de forma que no se pueda dejar de leer de principio a fin, yo no me puedo llamar atea, pero creo en lo que quiero creer sin que me haga daño Ni me haga sentir culpable, a mi conveniencia, pues si, y cuando me lo dicen pregunto cual es el problema? Trato se ser mejor ser humano, aunque es bastante difícil y respeto a los que no piensen como yo y no me escandalizo por nada, siempre y cuando no traten de convencerme de algo que me parece ilógico. Creo en los duendes, hadas, hablo con fantasmas y no les temo, bailo con la luna y trato de ser feliz. De el fanatismo es terrible como nos rodea, y ayuda a que se vaya todo al infierno si es que existe, ( no creo). Un abrazo.

  26. Gran relato que es la tónica habitual de este blog…

    Soy de los que opina (yo también) que el respeto a las convicciones religiosas siempre tendría que estar sustentado por el respeto de los creyentes hacia los ateos. Como no es así…

    Enhorabuena.

  27. Hay gente que se pasa la vida con creencias que se transforman en credenciales, regando de agua bendita a quien màs cerca tiene. la educaciôn recibida deja huellas indelebles y se cala en los seres cercanos. Hay que dejar que una lluvia fina nos empape, y nos llene para saber de qué està hecha tanta fe…

    Un beso.

  28. Desde hace poco leo tu blog e intentare ser breve. Me ha gustado el relato por la exposición sencilla , transparente y locuaz del leguaje utilizado sobre dos temas que considero como una lacra dentro de la realidad del ser humano, la fé y la muerte. Como siempre asociados a algún acontecimiento trágico.

    Enhorabuena por esa sencillez.

    PD: lo siento, concibo que solo tu sabes el por qué del titulo, pero mi humilde incultura no lo logra asociarlo al relato.

    Saludos…… y si me lo permites, te seguiré leyendo.

  29. Por momentos me ha venido a la mente la peli “Dogville” no se por qué.
    Y me he reído muchísimo con la silla en el árbol no lo pude evitar.

    Es triste ver como las etiquetas lacradas de algunas personas pasan de generación en generación y se reafirman, por falta de educación, quizás autoestima, o por maldad, hacen que esas pequeñas dosis de amor que ofrecen, no nos lleguen a todos por igual. Slu2

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